El pensamiento industrialista argentino en el período de entreguerras - el estudio de un caso:

La influencia de List en Bunge

 MARÍA CRISTINA LUCCHINI, TEODORO V. BLANCO, ÁNGEL CERRA Universidad de Buenos Aires

Una de las características más sobresalientes de los dos últimos siglos de la historia mundial ha sido la constante división de los bienes materiales entre las regiones del mundo y entre las naciones. Esta diferenciación es el resultado de complejas interrelaciones de fenómenos que se expresan en desigualdades de riqueza, distintos grados de estancamiento económico, retraso de unos países en relación a otros, diferentes potencialidades productivas y en la mayor o menor dependencia tecnológica, económica, política y cultural. Esta división se puede medir a través de variables que nos muestran los distintos niveles de vida: salud, educación, vivienda, ingreso disponible, industrialización. El análisis del conjunto de los resultados obtenidos ha permitido referirse a una jerarquía internacional de riqueza [1]

Al abordar el estudio de esta problemática tan general desde el enfoque del análisis de las ideas, y antes de exponer el objetivo delimitado en este trabajo, corresponden algunas consideraciones metodológicas. Recurriremos para ello al planteo de Robert Nisbet [2] Las ideas --según este autor-- son estructuras discernibles de significado, perspectiva y fidelidad a un propósito. Como las instituciones, las ideas tienen sus propias relaciones y continuidades. Esto puede apreciarse cuando se las estudia en el marco de una teoría, o escuela. Estas últimas pierden vigencia cuando dejan de dar respuesta a las necesidades de una época determinada. Como dice Kuhn, en estos casos se produce una crisis de paradigma [3] Lo que no arrastra a la declinación necesariamente, según Nisbet, a todas las ideas que lo integraban. Es la combinación de ellas que dio lugar a un determinado ismo, lo que dejará de tener interés. Las ideas que per se continúan teniendo vigencia en el presente son el objeto de la historia de las ideas. Como decía Marx, la historia se reescribe de acuerdo a las necesidades de cada época [4]

¿Qué criterios guiarían la elección de las ideas - elementos de una problemática? Nisbet señala varias. Entre ellas, lageneralidad: debe tratarse de ideas discernibles en un número considerable de figuras sobresalientes de un período, y de distintos círculos; la continuidad: deben aparecer tanto al comienzo como al fin de un período, y ser tan importantes con respecto al principio como al presente; la perspectiva: debe tratarse de un marco de referencia donde los hechos, las concepciones abstractas, la observación y la intuición formen una unidad.

¿Cuáles serían, entonces, las ideas rectoras de la problemática que nos ocupa? En nuestra opinión, la de desarrollo económico y su antinómica, la de subdesarrollo. Están presentes en la historia económica de la modernidad --implícita o explícitamente (y con diferentes connotaciones)--, en el mercantilismo, la fisiocracia, el liberalismo clásico, la escuela histórica alemana, la escuela económica nacional norteamericana de filiación hamiltoniana y las más contemporáneas teorías de la modernización, de la dependencia y de la globalización.

Como desarrolladas definimos a la generalidad de las economías de los países que con mayor continuidad y desde una misma perspectiva, su carácter de industrializados, figuran a la cabeza de la jerarquía de las naciones. Subdesarrollados, en cambio, serían la generalidad de aquéllos que persistentemente ocupan los escalones más bajos de la pirámide mundial y que coinciden en el sesgo de economías primarias.
Para el análisis de esta cuestión central, proponemos tres duplas de ideas antinómicas:

  • Libertad de comercio vs. Proteccionismo;
  • Economía nacional vs. Economía cosmopolita;
  • Ventajas comparativas naturales vs. Industrialización deliberada.

 

Objetivos

Nuestra pregunta es por la Argentina, y por el debate industrialista en el período 1918-43 [5] En este artículo, nos ocuparemos específicamente del papel intelectual de Alejandro Bunge y de la vinculación de sus ideas con las de List. Por ello, pues, haremos también algunas consideraciones biográficas sobre ambos personajes [6]

Corresponde aclarar que nuestro interés por Bunge fue provocado por el Profesor Di Tella [7] y que en lo que hace al período histórico mencionado, también tenemos una deuda con Juan José Llach [8] Este último parte de la afirmación de que "la Argentina que no fue" es una sociedad frustrada por tantos proyectos incumplidos:

La Argentina que no fue es la que quedó sepultada nonata debajo de los problemas irresueltos...es la que nunca pudo llevar al éxito un programa reformista moderno.. [9]

Destaca, a continuación, que éste no sería el caso del proyecto de Bunge y del grupo que nucleó en torno a la Revista de Economía Argentina, argumentando que los problemas --según él-- inicialmente planteados por Bunge y su grupo continúan irresueltos hasta nuestros días y siguen siendo materia de debate. El hecho de haberlos señalado hace tantos años --opina-- sólo pudo ser obra de una inusual visión del futuro.

El caso de la Argentina soñada por Bunge y su grupo de la REA [10] es diferente... La clave está en el certero diagnóstico de Bunge acerca de cómo y por qué comenzaron los problemas del desarrollo económico argentino... La Revista resultó ser la principal iniciadora de un prolongado debate de ideas sobre las estrategias de desarrollo y las políticas económicas capaces de devolver al país el dinamismo económico perdido hacia la Primera Guerra. Durante las décadas siguientes, las principales cuestiones en discusión fueron invariables; las complejas relaciones triangulares de la Argentina con Gran Bretaña y los Estados Unidos... El desarrollo del mercado interno como alternativa total o parcial a la economía abierta; el papel de la industria mnufacturera y de otros sectores urbanos; la cuestión de las economías del interior; el desarrollo capitalista del campo y, como tema omnipresente, el de la intervención del estado en la economía para resolver este y otros problemas [11]

Del análisis de estas cuestiones, Llach extrae tres hipótesis. Leyendo la RdEA, sin embargo, recogeremos tres enseñanzas útiles para la reconstrucción de nuestro pasado. La primera es que todo el período de entreguerras constituye una interesante unidad de análisis para la historia económica y que en sus comienzos deben buscarse los orígenes de los problemas del desarrollo económico argentino. La segunda enseñanza se deriva de la anterior y consiste en desviar nuestra atención desde las historiografías unilaterales, sin matices, sobre el período 1880-1930 hacia enfoques más realistas en la evaluación de las potencialidades y las limitaciones del desarrollo económico argentino hacia la Primera Guerra. La tercera lección es que las políticas económicas de la década del treinta y del peronismo fueron respuestas no sólo a las conmociones de la Gran Crisis y de la Segunda Guerra sino también, lo supieran o no sus autores, a los problemas de más larga duración que afloraron hacia 1914 [12]

Los antecedentes

Para justificar este cambio en las ideas que hipotetizan Di Tella y Llach, nos parece necesario revisitar (aunque sea brevemente) el pensamiento económico argentino del siglo XIX. Para distinguir el papel asignado a la industrialización, utilizaremos las categorías de "no deliberado - deliberado" de Javier Villanueva [13]

Deliberado en el sentido de que existe una percepción más o menos nítida de los objetivos deseados y la correspondiente formulación de programas de acción gubernamental destinadas a su logro.

E ilustra, a continuación, su definición citando a W. Bauer, Industrialization and Economic Development in Brasil, (Illinois, 1965):

Durante el período posterior a la Primera Guerra Mundial, la expansión industrial fue inicialmente la consecuencia de medidas tomadas para hacer frente a dificultades en el balance de pagos; y sólo, digamos desde alrededor de la década de 1950, estas medidas se han tornado en instrumentos concientes para estimular el complejo industrial.

En coincidencia con esta posición, pero desde otro punto de vista, es interesante el aporte de Pablo Lacoste [14] Comienza diciendo que en 1840, al revalidar Alberdi su título de abogado en la Universidad de Chile, propuso una unión aduanera del Sur. Pensaba que ya era improbable una intervención extranjera en la región, pero reconocía nuevas formas de penetración: la guerra económica:

La actual causa de América es la causa de su población, de su riqueza, de su civilización y provisión de rutas, de su marina, de su industria y comercio. Ya la Europa no piensa en conquistar nuestros territorios desiertos; lo que quiere arrebatarnos es el comercio, la industria, para plantar en vez de ellos, su comercio, su industria de ella: sus armas son sus fábricas, su marina, no sus cañones: las nuestras deben ser las aduanas, las tarifas, no los soldados. Aliar las tarifas, aliar las aduanas, he aquí el gran medio de resistencia americana [15]

¿Qué inspiró a Alberdi? Es difícil saberlo con precisión. Pero posiblemente, además de su situación de exiliado en el país vecino, la polémica entre libertad de comercio y proteccionismo que venía desarrollándose en Europa desde hacía varias décadas y que tuvo su expresión local en el debate propuesto por Ferré. También puede observarse en la cita la que va a ser una de sus ideas principales, la república de interés. La racionalidad reducida al economicismo.

Continúa Lacoste, afirmando que esta intuición alberdiana con respecto a la necesidad de una integración sudamericana no prosperó:

La línea propuesta por Alberdi se desdibujó muy rápidamente. A partir de la década de 1850, la intelectualidad argentina abandonó los ideales de integración americanista, y se orientó hacia Europa. En los próximos 80 años, el proyecto de país alentado por la clase dirigente priorizaba la alianza de subordinación con la potencia hegemónica en ese momento, Gran Bretaña, la total apertura del comercio con ella, y el aplazamiento de toda propuesta de integración con los países vecinos. El mismo Alberdi, al escribir Las Bases (que luego inspiraron la redacción de la Constitución Nacional Argentina de 1853) trazó el ideario que se transformaría en dogma político, con fuerte énfasis en la apertura europeizante. Al decir de Arturo Roig, Las Bases fueron el programa exactamente inverso de la tesis de 1840 [16]

A esta posición sustentada por Villanueva y por Lacoste (como dijimos, desde diferentes puntos de vista), se contrapone la de José Carlos Chiaramonte [17] Este autor afirma que alrededor de 1875, y como consecuencia de la crisis de 1873, hubo un proyecto industrialista. Según él, ninguna de las manifestaciones proteccionistas anteriores a la de 1875 llegó a diseñar una política de desarrollo basada en la industrialización, porque no había ninguna fuerza social en condiciones de hacerse cargo de ese objetivo. Luego de resumir los intentos proteccionistas que considera más significativos entre los anteriores al que centra su interés, reitera su creencia en el carácter distintivo del movimiento de 1875. Y agrega a su suposición de que en la década de 1870 había una base social favorable al industrialismo, que también contaba con herramientas teóricas apropiadas, mencionando la posible influencia de las experiencias europeas y de las ideas de List y de Carey.

En nuestra opinión, y no sólo a la luz de la inconsistencia de sus pruebas, sino también del análisis de los discursos de Vicente F. López y otros personajes referidos, no es convincente su afirmación de que algún sector o grupo dirigente argentino conociera acabadamente la teoría de List y de Carey. Defender posturas proteccionistas frente al libre cambio propiciado por la escuela liberal clásica no es la clave de la teoría del desarrollo económico de estos autores. Tampoco era López un hombre de "método", un científico. Su Historia de la Argentina, brillantemente escrita, evocadora, imaginativa, pero basada en "recuerdos", es un buen ejemplo.

Las referencias --ligeras-- que hace a la formación en economía de la clase dirigente argentina, reducida como él mismo reconoce a la cátedra de Economía de la Facultad de Derecho, tampoco son convincentes como demostración. Una prueba de ello es la lectura de los Apuntes de Clase (o bibliografía obligatoria, como diríamos hoy) de esa cátedra, precisamente en 1875. Es una melange de referencias oscuras al pensamiento de Roscher (Escuela Histórica Alemana) y de consideraciones sociológicas precientíficas [18]

Más plausible es el argumento de Chiaramonte acerca del "efecto demostración", es decir, de lo que se conocía de las experiencias europeas y norteamericana a través de la prensa y de los viajeros.

Con respecto a si había una fuerza social capaz de sostener una política industrialista en la década de 1870, los datos estadísticos y la opinión de los especialistas no confirman esta presunción. Más cercano a la realidad sería hablar de una industria temprana muy ligada al modelo agroexportador y subordinada a las relaciones comerciales que éste suponía [19]

La especulación de Chiaramonte en torno a la "burguesía nacional": "Una clase social cuyo crecimiento y maduración fueron frustrados cuando parecían poder llegar al punto de lograr mayores frutos por la aparición del capital financiero europeo y su acción sobre países nuevos tales como la Argentina" [20] probablemente se vincule más a los supuestos ideológicos de la época en que escribía el autor que a la labor historiográfica.

Como dice Llach, la frustración argentina no es el fruto de la hegemonía de un sector, ni de la alianza o la negociación de varios, sino de las frustraciones de casi todos.

Finalmente, y volviendo al plano de las ideas, cabe distinguir entre "proteccionismo", "industrialismo" y la propuesta de una política industrialista determinada. La Argentina (al igual que Brasil) realizó tardíamente este proceso de madurez conceptual en relación a países como Australia, por ejemplo. Recién hacia 1940 puede observarse con claridad el debate entre diferentes proyectos industrialistas [21]

Alejandro Bunge

Nació y murió en Buenos Aires (1880-1943). Su abuelo paterno fue un inmigrante alemán que llegó a la Argentina a "hacer la América". Se dedicó al comercio, en el que alcanzó un éxito más que regular y luego, como tantos inmigrantes enriquecidos, se casó con una criolla de la clase alta tradicional. Abandonó para ello su religión, originalmente luterana, convirtiéndose al catolicismo [22] Tuvo numerosos hijos, uno de ellos fue el padre de Alejandro. Octavio, tal su nombre, estudió abogacía y se dedicó a la magistratura, en la que alcanzó el más alto nivel. Fue presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación durante muchos años, hasta su jubilación. Se casó, a su vez, con una mujer de una familia muy tradicional pero pobre, con la que tuvo varios hijos. Octavio era un intelectual libre pensador, posiblemente masón, y que pese al alto nivel que alcanzó en la jerarquía institucional, vivía de un magro salario de empleado público. Ninguno de los biógrafos de la familia explica por qué envió a sus hijos varones a estudiar al Colegio del Salvador y no al Colegio Nacional de Buenos Aires, donde se formaba la clase dirigente de la época. Tuvo hijos brillantes como Carlos Octavio, el filósofo positivista, y Augusto, médico y militante socialista. Ninguno de los dos terminó sus estudios en el Salvador, sino en otro colegio, también privado y confesional. Alejandro, mucho menor, se identificó, en cambio, rápidamente con los jesuitas. Pero cuando le planteó a su padre que quería seguir la vocación sacerdotal, éste lo envió a estudiar ingeniería a Alemania, en la Universidad de Sajonia. Esto ocurría en 1900. Ochenta años antes, en esa comarca, List había dejado su impronta al fundar en Leipzig la Asociación Alemana de Industria y Comercio. Para la época en que llega allí Alejandro Bunge, las ideas de List se han transformado en cánones de la potencia industrial alemana. Sus profesores son el hilo conductor, especialmente uno con cuya hija se casaría, abandonando su romántica vocación sacerdotal de adolescente. Luego recorre Europa, estudia el proceso de industrialización incipiente en Cataluña y regresa a Buenos Aires.

De regreso a la Argentina, para la época del Centenario, Alejandro Bunge obtiene el puesto de director de la División de Estadísticas del Departamento Nacional del Trabajo y luego el de director Nacional de Estadísticas. Necesitaba trabajar, y contó con el apoyo de su influyente familia. Pero nótese la correspondencia entre los puestos que le consiguieron y su capacitación. La estadística era la técnica por excelencia de la Escuela Histórica Alemana. En ella apoyaba su fe inductivista[23]

Paralelamente colaboró con su antiguo profesor, Emilio Lamarca, así como con el Padre Franceschi en la Liga Social Argentina, y con el Padre Grote en los Círculos de Obreros. Ambas organizaciones, surgidas del impulso que el Papa León XIII le había dado al compromiso de los católicos con las cuestiones sociales mediante su encíclica Rerum Novarum, estaban diseñadas en la práctica de acuerdo al patrón social cristiano alemán, poco ajustable a la realidad argentina.

En 1918, Bunge funda la Revista de Economía Argentina, que dirigió hasta su muerte. En torno a ella se reunió un conjunto de intelectuales, políticos y empresarios, que compartían la intención de definir e imponer un modelo de desarrollo industrial para la Argentina [24]

Alejandro Bunge era un profesional obsesivo. Toda su obra es rica para los especialistas, pero carente de atracción para los neófitos, incluyendo a sus alumnos de la Universidad, donde fue profesor por muchos años. En realidad a él tampoco le gustaba la docencia, y su dedicación a la cátedra consistió en la formación de sus ayudantes y asistentes, con notables resultados. Muchos de ellos luego colaboraron en la Revista y ocuparon cargos públicos [25]

También desarrolló actividades empresariales ocupando puestos en los directorios de varias empresas, algunas de ellas norteamericanas. Su vinculación con los intereses de EE. UU. ha llevado a algunos autores a descalificarlo en cuanto "nacionalista". Si por tal se entiende solamente el autarquismo económico, Bunge evidentemente nunca tuvo la intención de pertenecer a este grupo.

Sus elecciones políticas e ideológicas escapan de la misma manera a clasificaciones al estilo de la intentada por Nascimbene, a partir de términos como "derecha" o "catolicismo", que pertenecen más al lenguaje vulgar que al científico.

Sus ideas sociales y políticas son más bien las de un conservador. Pero, como el núcleo central de sus preocupaciones era el proyecto industrialista que aspiraba adoptara la Argentina, aun en este conservadurismo se reconocen intersticios. De toda su obra se desprende la crítica adversa a la cúspide de la clase alta de su época, los terratenientes rentistas y ausentistas que pasaban la mayor parte de su vida entre Londres, París y la Costa Azul. Éstos, en definitiva, son los individuos involucrados en su tesis del agotamiento del modelo agroexportador establecido. Por otra parte, esa misma opción industrialista lo inhabilita para clasificarlo como un enemigo de la clase obrera. Parecerá una perogrullada, pero no hay industrial sin obrero. Otra cosa son los términos de la relación. Bunge pretendía una clase obrera disciplinada, consciente de su lugar subordinado y por consiguiente a salvo de cualquier ideología que la propusiera como sujeto de la historia; pero a la vez reconocida como actor social, organizada y con derecho a ser satisfecha en sus necesidades.

Lejos estaba, además, de simpatizar con la demagogia populista de tipo fascista. De haber vivido para presenciarlo, seguramente no hubiera compartido con su hermana Delfina la empatía poética que ésta sintió frente al 17 de Octubre.

Su opción política de apoyar el golpe del 30 y el restablecimiento de una democracia "restringida" como consecuencia del mismo, es también típica de un conservador.

En lo que respecta a su "catolicismo", también nos caben dudas. Comulgaba con el Catecismo de Trento, era un practicante asiduo del culto y su vida personal se ajustaba a los parámetros cristianos del "padre de familia". Pero su pensamiento sociológico explicitado tiene escasa relación con el tomismo instalado a partir de León XIII como doctrina filosófica oficial de la Iglesia Católica. Su darwinismo social, abonado por las interpretaciones biologistas de la sociedad en boga en su época, es un ejemplo [26]

Friedrich List

La vida de List difiere completamente de la de Bunge. Así como éste era metódico, rutinario, constante, siempre vinculado alestablishment y pragmático en sus opciones políticas, List, en cambio, tenía una personalidad extrovertida, variable, inestable, nunca tuvo una formación académica sistemática y se enfrentó toda su vida a los límites de hierro de la burocracia alemana.

Nació en 1789, en un pueblo de la región de Suabia, por entonces bajo el dominio del ducado de Wurttemberg. Su padre, un comerciante, advirtió pronto que no tenía predisposición para acompañarlo en su negocio y lo hizo ingresar a la Administración. Es imposible suponer qué hubiera sido List de no mediar esta circunstancia. Lo cierto es que su experiencia en esa burocracia inflexible en sus procedimientos y con un sistema jerárquico fuertemente estratificado, que sólo permitía el ascenso de los "adaptados", incentivó sus rasgos contestatarios. Adhirió al movimiento político liberal que buscaba democratizar en alguna medida el abosolutismo imperante en los distintos estados germánicos, pero que, precisamente por la división que imponía la particularidad de cada estado (Alemania todavía no era un estado nacional), fracasó. Paralelamente, List se embarcó en la defensa de los intereses comerciales; no sólo redactó, a pedido de los comerciantes de Frankfurt, un petitorio para solicitar la abolición de las aduanas interiores, presentado en la Dieta imperial, sino que alentó a los comerciantes a organizarse corporativamente en defensa de sus intereses. También fundó un periódico para difundir estas ideas; éste es otro rasgo característico de List, que en cada una de sus etapas funda un periódico. No funda publicaciones científicas, sino periódicos. Era un polemista.

Sus acciones finalmente lo arrastraron a la cárcel y al exilio. Perseguido sistemáticamente por el gobierno de Wurttemberg, emigra finalmente a los EE. UU. en 1825. Nótese que es la misma época en que Tocqueville visita aquel país. El impacto es similar, pero los aspectos que interesan a uno y otro son muy diferentes. List, instalado en Pensilvania, casi enseguida funda un periódico para la colonia alemana, se vincula a la Sociedad de Fomento de la Industria de Filadelfia (que había sido fundada a fines del siglo XVIII por Alexander Hamilton) y participa en los negocios mineros. Pero, principalmente, éste es el momento de su "descubrimiento" del ferrocarril como medio de integración. Unos años después, habiendo participado en la campaña electoral de Jackson, decide regresar a Alemania, donde el gobierno norteamericano lo designa cónsul. Ningún estado alemán lo acepta como tal y recala en París, donde desarrolla la mayor parte de su obra clave: el Sistema Nacional de Economía Política. Vuelve a Alemania, recorre toda la Europa Central, publica su obra en 1841 (pronto traducida al francés), vuelve a París, insiste en regresar a Alemania, donde sigue siendo perseguido por los burócratas que lo consideran un peligro para su status quo. En todas estas idas y vueltas continúa fundando periódicos de escasa duración. Finalmente, en 1846, se suicida.

Fue un suicida comme il faut, porque no olvidó la carta a los que lo sobrevivirían. El traductor de la primera edición en castellano de El Sistema la glosa en una suerte de prefacio.

Las diferencias psicológicas con Bunge no pueden ser más marcadas, pero debe tenerse en cuenta que nacieron con un siglo de diferencia, y en ambientes completamente diferentes. List es un típico ejemplo del personaje romántico; Bunge, en cambio, es un victoriano o --si se prefiere-- un guillermino, que es lo mismo en versión alemana. Por eso no debe perderse de vista la opinión de Nisbet; si el objetivo central es estudiar las ideas en sí, las biografías no son el mejor camino. Las ideas tienen sustento propio, como dijimos más arriba, prescindentemente de los individuos que las pensaron o compartieron.

Las ideas

A pesar del hiato temporal y espacial que separa sus existencias, puede legítimamente considerarse a Bunge como discípulo de List. De ningún modo se trató de una asimilación acrítica: cada una de las posiciones sostenidas por el maestro alemán es sometida a revisión. Analizaremos, entonces, los tópicos más relevantes de este vínculo intelectual.

Para List, la economía debe estudiarse a partir de la realidad nacional. Desecha de plano los esquemas cosmopolitas de Adam Smith y la escuela clásica; subraya --a partir del análisis histórico-- las falacias de su argumentación: el libre cambio, aplicado a la economía de mediados del siglo XIX, sólo puede conducir a la hegemonía del país que lleva la delantera en la industrialización: Inglaterra.

En cambio, una unión universal basada en el predominio político, en la riqueza predominante de una sola nación, es decir, en la sumisión y dependencia de otras nacionalidades, traería como consecuencia la ruina de todas las características nacionales y la noble concurrencia entre los pueblos; contradiría los intereses y los sentimientos de todas las naciones que se sienten llamadas a realizar su independencia y a lograr un alto grado de riqueza y de prestigio político; no sería otra cosa sino una repetición de algo que ya ocurrió en la época de los romanos; de un intento que hoy contaría con el apoyo de las manufacturas y el comercio, en lugar de utilizar como entonces el frío acero, no obstante lo cual, el resultado sería el mismo: la barbarie [27]

¿Cuál es el camino elegido por List para criticar el modelo de crecimiento propuesto por la escuela clásica? La respuesta la encontramos en la propia historia de la industrialización británica, basada en una serie de decisiones políticas de carácter mercantilista y antiliberal. Entre estas decisiones, el economista alemán menciona el Acta de Navegación --que limitó la participación de los holandeses en el transporte de bienes ingleses-- y el acuerdo de Methuen con Portugal, que les aseguró el mercado de las Indias Orientales y el Brasil [28]

Propone entonces aplicar en Alemania el proteccionismo, como herramienta necesaria para lograr la industrialización. La protección arancelaria debe ser moderada y transitoria; en ningún momento se postula la necesidad de cerrar el mercado nacional a la competencia extranjera:

Lo más pernicioso y reprobable es el aislamiento repentino y absoluto de una nación mediante prohibiciones. Estas son justificadas cuando, separada la nación de otra a causa de una prolongada guerra, se halla en un estado de prohibición involuntaria de los productos manufatureros de otras naciones, y en la absoluta necesidad de bastarse a sí misma (...) Cuando los aranceles a la importación, con los cuales trata de eliminarse la competencia extranjera, son demasiado altos, perjudican a la nación que los establece, ya que desaparece el afán de competencia de los industriales nacionales con el exterior, y se fomenta la indolencia[29]

Los aranceles aduaneros no pueden ser aplicados de manera abusiva; su objetivo es lograr la "educación industrial" del país, es decir, la articulación de la economía a nivel interno y la adopción de las técnicas necesarias para el crecimiento de la actividad manufaturera. Para apoyar este razonamiento, critica la teoría de los valores de la escuela clásica e intenta reemplazarla por la noción de "fuerzas productivas". Más importante que las riquezas que las naciones han acumulado es el desarrollo de las condiciones necesarias para producirlas:

Es cierto que, inicialmente, los aranceles protectores encarecen los artículos manufacturados; pero igualmente cierto es, y hasta ha sido reconocido por la escuela, que con el transcurso del tiempo, una nación capacitada para instituir una perfecta energía manufacturera puede fabricar, en la propia nación, más baratos los productos que importa de fuera. Así, pues, si con los aranceles protectores se exige un sacrificio de valores, esta pérdida está compensada por la adquisición de una energía productiva mediante la cual se asegura a la nación para el porvenir no sólo una suma infinitamente mayor de bienes materiales, sino también la independencia industrial en caso de guerra [30]

Finalmente, List critica la aplicación de cualquier tipo de protección arancelaria para el sector agrícola. La razón de esta excepción en su esquema proteccionista es que la agricultura de un país ya recibe suficientes beneficios con la industrialización. Ésta le proporciona un mercado interno más desarrollado, estable y con demanda creciente. Además, el encarecimiento de las materias primas y alimentos perjudica a la industria y --finalmente-- en este caso sí se puede hablar de división natural, dependiendo los cultivos del clima y la fertilidad de las tierras [31]

La lectura de Bunge

Describiremos brevemente el contexto histórico en el que Alejandro Bunge desarrolla su tarea. La economía argentina de principios del siglo XX puede ser encuadrada claramente dentro del denominado modelo agroexportador, que se caracteriza por los siguientes elementos:

  • El crecimiento económico se relaciona con la exportación de bienes primarios;
  • Un grupo reducido de terratenientes concentra la mayor parte de la riqueza y controla el aparato del estado;
  • Las inversiones extranjeras se dirigen principalmente a la construcción de la infraestructura necesaria para permitir el traslado de las materias primas a los puertos de exportación;
  • El país se muestra fuertemente dependiente del capital británico, con el cual la clase dirigente asume una actitud de franca colaboración;
  • La política económica es ortodoxamente librecambista.

La enunciación de las características anteriores no debe hacernos olvidar ciertos elementos de la economía argentina que la diferencian de buena parte de América Latina: las tasas de crecimiento de los indicadores económicos y sociales son espectaculares y además existían algunas actividades industriales que, a pesar de su escaso grado de integración, atendían distintas necesidades del mercado nacional [32]

Estas industrias eran un apéndice del modelo agroexportador y habían crecido para complementarlo. Un buen ejemplo es el de los frigoríficos, que permitían la venta de la carne argentina hacia los mercados de ultramar. Otras actividades, como la fabricación de dulces o la elaboración de vinos, se conformaron gracias a la protección "natural" que ofrecían la distancia y el significativo peso de los fletes sobre el costo del producto. El crecimiento sostenido de la economía y la incesante llegada de inmigrantes europeos no permitían a la clase gobernante tomar conciencia de las debilidades del modelo, completamente dependiente de las fluctuaciones de los mercados mundiales de bienes y capitales.

Las propuestas industrialistas de Bunge se enfrentan, entonces, al ambiente intelectual de su época, que creía tan firmemente en los beneficios del librecambio como los contemporáneos de List y, por lo tanto, consideraba innecesaria la introducción de cualquier tipo de protección arancelaria [33]

A pesar de la oposición del establishment --al que Alejandro Bunge ciertamente pertenecía--, el ingeniero argentino expresa sus ideas claramente:

La mayor parte de las rebajas de derechos de aduanas que han perjudicado al trabajo nacional se han establecido en la Argentina al amparo de una frase mágica, mitad política, mitad ingenuidad: "hay que defender al consumidor". Esta frase vino a prolongar la vida de la política económica pastoril que tanto mal está haciendo a nuestro país. La defensa del consumidor es, pues, una pamplina económica o una estratagema política para embaucar al pueblo consumidor. Yo prefiero la defensa del "pueblo productor" único que tiene derecho a consumir bueno y mucho [34]

Como en el caso de List, cree que carece de sentido disfrutar de una ventaja inmediata --el bien manufacturado, importado a bajo precio-- hipotecando el desarrollo nacional; la evaluación costo-beneficio debe realizarse de distinto modo:

Los que sostienen doctrinas internacionalistas en nuestro país suelen simpatizar también con la producción uniforme y simple y con el libre cambio y resultan colaboradores con la política de los estados astros. Ellos dividen al mundo en zonas: ésta es apta para el trigo, aquella para el algodón, la de más allá para el hierro, etcétera. El bienestar consiste para ellos en que las poblaciones respectivas se dediquen a producir muy barato algunos artículos y los cambien con los de las demás zonas. ¿Qué naciones practican esta doctrina? Solamente las más atrasadas (....) Hay zonas extensas y países enteros que, efectivamente, se dedican a recoger de los árboles sus bananas y sus naranjas y a embarcarlas en los buques extranjeros que los van a buscar. Con el dinero que obtienen compran los mismos artículos manufacturados que esos mismos buques les traen. (....) Pero no se podrá citar un solo país adelantado que no haya multiplicado los objetos de su producción y de sus industrias [35]

Nos encontramos en la senda del pionero alemán: la economía cosmopolita de la escuela clásica no fue la que permitió el despegue industrial de los países centrales; sólo la protección aduanera que permita una "educación industrial" posibilitaría el cambio de rumbo.

¿Qué características debe tener esta protección arancelaria? En este punto podemos advertir la influencia de las ideas de List y de la escuela histórica alemana: es necesaria una protección moderada de las industrias nacientes como único mecanismo de defensa ante otras economías desarrolladas que realizan prácticas de dumping. Así, en 1926, sostenía que era preciso establecer aranceles del 26% al 50%:

Con carácter de derechos proteccionistas, a fin de defender a aquellas industrias nacionales convenientes para la economía del país, de la competencia de salarios y monedas inferiores, de la eficiencia excepcional para cuya obtención necesita la producción nacional de un plazo prudencial [36]

Sin embargo, en ciertos aspectos de la política económica, Bunge discrepaba con el economista germano, particularmente en la política arancelaria del sector agrícola. Sus ideas se aproximan más a la práctica concreta de la Alemania finisecular que a la teoría. Bismarck había propiciado proteger no sólo la industria sino también la agricultura, respondiendo a la peculiar coalición que sostenía la unidad alemana [37] En la Argentina, el proteccionismo agrícola era necesario, especialmente para la defensa de aquellas producciones regionales que favorecían la integración territorial argentina: arroz, yerba mate, tabaco, entre otras.

¿Cómo podemos explicar esta posición? Por un lado, debemos recordar que, desde el fallecimiento de List, la corriente proteccionista continuó sumando adherentes: podemos mencionar a varios integrantes de la escuela histórica alemana y algunos economistas norteamericanos. Entre estos últimos destacamos a Patten, profesor de la universidad de Pensilvania y citado con frecuencia por el propio Bunge. Las ideas de Patten se dirigen al logro de la autarquía: un país sólo es independiente cuando produce dentro de su territorio todos los bienes que necesita. Portavoz de un nacionalismo acentuado, el economista estadounidense propone cerrar la importación y reemplazarla con producción local.

Alejandro Bunge combina las ideas de List y de Patten: la solución de los problemas económicos argentinos comprende la protección de la producción agrícola nacional aplicando aranceles aduaneros moderados. De ninguna manera postula la autarquía, pero considera deseable la diversificación del sector primario.

Para explicar su posición, debemos sumar a las influencias mencionadas su procupación por otros aspectos de la realidad social: los problemas de la población, de la vivienda urbana y el desequilibrio regional. Si las provincias del interior no se dedican a la producción de uno o varios cultivos propios, la consecuencia será el desempleo rural y la migración hacia los grandes centros urbanos: Gran Buenos Aires, Rosario, Córdoba. La consecuencia final es previsible: hacinamiento y dificultades en el transporte ciudadano, en la zona metropolitana; desnutrición y analfabetismo en el interior despoblado [38]Desde esta perspectiva, resulta comprensible su defensa de los aranceles proteccionistas para las producciones agrícolas regionales.

Las relaciones internacionales

Los puntos de vista de List y de Bunge respecto de las relaciones económicas internacionales revisten gran interés, no sólo por su contenido histórico. El realismo de su apreciación, combinado con la visión de conjunto sobre la economía mundial, invitan al análisis de este tema.

El economista alemán es, indudablemente, un precursor valioso en la comprensión de las posibilidades de complementación entre países. Desdeña por irreales las ideas de Smith y la escuela clásica; un sistema internacional basado en el libre intercambio entre los estados no es posible: guerras, conflictos étnicos y apetencias imperiales atraviesan el pretendido edén. Reconociendo esta realidad, List propone partir de la existencia de la nación como realidad política y social; a partir de ella, debe buscarse la coexistencia. No culpa a Inglaterra por su predominio, porque su acción --que impide el desarrollo industrial alemán-- responde a una voluntad nacional. Él mismo afirma que:

El autor no siente la vanidad de contradecir viejas autoridades y de fundar nuevas teorías. Si fuera inglés, difícilmente hubiera puesto en duda el principio fundamental de la teoría de Adam Smith [39]

Desde esta perspectiva, propone un sistema económico mundial que, reconociendo la legitimidad de la dimensión nacional, permita la armonización entre los diferentes países. De esta concepción se deriva su crítica al proteccionismo agrícola y al prohibicionismo arancelario; todas las naciones deben acceder a mercados extranjeros, especialmente aquéllas que, por condiciones naturales --clima y suelo--, dependen para su subsistencia de los cultivos tropicales.

Se postula entonces una nueva división internacional del trabajo, con un criterio más amplio que el formulado en Inglaterra: por un lado, se ubicarían los países que tienen un clima templado, especialmente de Europa y Norteamérica; a ellos corresponde el desarrollo industrial (protegido) y la producción agrícola acorde a su situación geográfica, sin aranceles protectores. Cada uno de estos países debe proveerse de productos tropicales en sus colonias, a las que --pretextando razones climáticas-- la industria les era vedada.

Más allá de la justicia de esta división internacional, por cierto discutible, sorprende en la misma su carácter profético: se encuentran delineados claramente los caminos de la historia económica mundial de la segunda mitad del siglo XIX. Básicamente, el desarrollo industrial de Alemania y los Estados Unidos, el reparto imperial del mundo y la competencia por las colonias.

Es destacable también la viabilidad del sistema: reconoce, por lo menos a los que llamaríamos actualmente países centrales, el derecho al propio desarrollo y a la defensa del mercado interno. Se contemplan los conflictos y guerras internacionales e intranacionales; se llegará en algún momento a la armonía universal cosmopolita, pero no en el corto plazo.

Alejandro Bunge, por otro lado, comparte una serie de elementos que se encuentran destacados en List: la dimensión nacional como base del análisis económico de las relaciones exteriores, el realismo y la búsqueda de la armonía sobre estas bases. Como en su maestro, no existe denuncia del comportamiento de los países que poseen la hegemonía; resulta natural que cada nación defienda el propio interés. En cambio, critica elocuentemente la escasa visión de los gobernantes argentinos y de buena parte de la intelectualidad, que pretende descargar en otras naciones sus propias debilidades. La clase dirigente argentina protesta contra los aranceles prohibitivos que fijan los EE. UU., pero abandona el propio mercado a la competencia internacional [40]

Así como List vaticinó las tendencias fundamentales de la economía mundial en el siglo pasado, Bunge prefiguró ciertas líneas de las relaciones comerciales internacionales del siglo XX. La percepción de la división del mundo en bloques económicos y la necesidad de conformar un mercado común en el Cono Sur de Améric [41] anticipan realidades actuales.

Se adelanta, así, a la creación del Mercado Común Europeo y la conformación de los EE. UU. como potencia claramente hegemónica. En ese contexto, los países latinoamericanos deben unirse, no por razones sentimentales ni por su común herencia cultural: simplemente, actuando en forma aislada, tienen una dudosa viabilidad económica y serias dificultades para lograr el desarrollo industrial.

 

NOTAS

    1
    Maizels, A., Industrial Growth and World Trade, Cambridge, Cambridge University Press, 1963

    2
    Nisbet, R., La formación del pensamiento sociológico, Buenos Aires, Amorrortu, 1977, vol. 1, pp. 15-20

    3
    Kuhn, T. S., La estructura de las revoluciones científicas, México, FCE, 1980, 4ª reimpresión

    4
    Lo que no debe confudirse con el "presentismo", posición que conlleva al relativismo. Cfr. al respecto, Adam Schaff, Historia y Verdad, Madrid, Grijalbo, 1984. Lo que salva, según este autor, a la objetividad como requisito indispensable del conocimiento científico, es que el conocimiento es un producto de la intersubjetividad social. De esta manera, y habida cuenta de que la verdad absoluta no es aprehensible por la razón, sino que es un telos; en cada época habría una verdad parcial pero objetiva, porque es sostenida por la conciencia social correspondiente. Esta proposición pondría límite al relativismo, pero debe tenerse en cuenta que, por su parte, priorizar la intersubjetvidad social de una época cualquiera como criterio principal de verdad puede conducir a una suerte de dictadura del pensamiento. De todos modos, es una visión más progresista que la de Kuhn, que reduce la legitimación a la "comunidad científica"

    5
    Nuestro proyecto de investigación es más amplio, pretendemos comparar los procesos de adopción de un modelo industrialista en Argentina y Brasil en la primera mitad del siglo XX, teniendo en cuenta las ideas y los actores sociales. La comparación es relevante a la luz de la historia regional y de la hipótesis de T.S. Di Tella a propósito de los bloques regionales como alternativa para competir en un mundo globalizado

    6
    En la introducción dijimos que adoptaríamos como metodología el estudio de las ideas como tales, es decir, desprendidas de uno u otro paradigma, pero tratándose de un estudio de casos, tiene relevancia comparar los contextos en que pensaron los autores

    7
    Cfr., por ejemplo, Lucchini, Cristina, Apoyo empresarial en los orígenes del peronismo; Di Tella, T. S., (comp.), Sociedad y Estado en América Latina, cap. XV, "La Unión Aduanera del Sud", por A. Bunge. Esta obra fue el primer compendio de la bibliografía obligatoria de la Cátedra Di Tella en la Universidad de Buenos Aires

    8
    Cfr. Llach, J. J., La Argentina que no fue

    9
    Llach, J. J., La Argentina que no fue, p.10

    10
    Revista de Economía Argentina. Fundada por Bunge en 1918 y dirigida por él hasta su muerte, en 1943. Termina su publicación en 1952

    11
    Llach, op. cit., pp. 10, 11

    12
    Ibídem, pp. 11, 12

    13
    Villanueva, J., "Aspectos de la estrategia de industrialización argentina", en Di Tella, T. S. y Halperín Donghi, T. (comps.), Los fragmentos del poder, p. 328

    14
    Lacoste, P., "Las propuestas de integración económica sudamericana: de Juan Bautista Alberdi a Alfredo Palacios (1849-1939)", Separata (pp. 311-313)

    15
    Alberdi, J. B., Memoria sobre la conveniencia y objetos de un congreso general americano, Primera edición: Anales de la Universidad, Santiago, Universidad de Chile, año 1, no. 1. Citado por Lacoste,op.cit.

    16
    Lacoste, op.cit., p. 314

    17
    Chiaramonte, J. C., Nacionalismo y Liberalismo Económico en Argentina - 1860 - 1880

    18
    Cfr. "Apuntes de Economía", Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, 1875. A propósito de las tesis que cita Chiaramonte, cabe preguntarse, a partir de las mismas referencias que da de ellas, en qué medida expresaban una postura proteccionista per se o una postura industrialista.Ya hemos aclarado la diferencia.También nos preguntamos qué repercusión pudieron tener tres o cuatro tesis universitarias, que, según como las cita Chiaramonte, aún siguen inéditas

    19
    Acerca de la historia económica del período, cfr. Vázquez Presedo, Cortés Conde, etc

    20
    Chiaramonte, J. C., op.cit., p. 27

    21
    Cfr. Villanueva, J., op.cit., pp.328, 329

    22
    Dan Morgan, en su obra Los traficantes de granos, a propósito de los Bunge de la firma Bunge & Born, explica que los Bunge provenían de un tronco común -judío-- que emigraron de Suecia en el siglo XVI. La rama que se estableció en Alemania se convirtió al cristianismo luterano; la que se radicó en Amberes, en cambio, continuó observando la religión judía (estos últimos son los Bunge que fundaron en el siglo XIX la multinacional cerealera de tanta importancia en las economías argentina y brasileña)

    23
    Más adelante, fue asesor de Herrera Vegas, cuando éste ocupó el Ministerio de Hacienda durante el gobierno de Alvear. Pero su función también fue técnica

    24
    También se dedicó a la actividad empresarial, ocupando puestos en los directorios de numerosas empresas; algunas de ellas de capital norteamericano (en particular representó los intereses del financiero Jacob Schiff)

    25
    Puede mencionarse a García Mata, Emilio Llorens, Carlos Moyano Llerena, aunque seguramente el más famoso haya sido Raúl Prebisch. Y también el más interesante, por el nexo que permitiría establecer entre el pensamiento de Bunge y las tesis cepalianas

    26
    Cfr. Nascimbene, M., y Neuman, M., "El nacionalismo católico, el fascismo y la inmigración en la Argentina (1927-1943): una aproximación teórica", en Estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe, vol. 4, no. 1, Enero - Junio, 1993. No es nuestro propósito agraviar a Nascimbene, que es un investigador serio y responsable, pero en este artículo incursiona en un terreno que no domina: la filosofía. Ejemplo de ello es la mezcla que hace entre el pensamiento greco-romano, San Agustín, Santo Tomás y los pensadores reaccionarios contrarios a la revolución francesa. Para peor, no hay en esa "urdimbre", como él mismo la denomina, ni una sola cita que la demuestre. Por otra parte, no hay en todo el artículo nada que demuestre su intención explicitada en la introducción de utilizar como referente teórico para un análisis histórico a la fenomenología de Husserl, de lo cual lo disculpamos, porque es una empresa imposible. Hace, en cambio, una interpretación que compartimos: la iglesia católica en la época en cuestión efectivamente jugó un rol nucleador de todas las posiciones que, por diferentes razones, se oponían a ella. Y en esto fue pragmática. Como cualquier insititución burocrática, su primer objetivo es la supervivencia. Por eso, después de 1943, abandonó a su suerte a los fascistas y alumbró a la democracia cristiana, lo que le permitió al cabo de la II Guerra Mundial seguir en el bando de los vencedores

    27
    List, F., Sistema Nacional de Economía Política, pp. 39-40

    28
    Cfr. List, F., op. cit., pp. 79-92

    29
    List, F., op. cit., p. 46

    30
    List, F., op. cit., p. 159

    31
    Cfr. Gide, C. y Rist., C., Historia de las doctrinas económicas, Tomo I. Los autores opinan que la oposición de List al proteccionismo agrícola se vinculan con la situación especial de Alemania, a la que siempre tienen presente. A mediados del siglo XIX, Alemania era exportadora de trigo y, por consiguiente, resultaba afectada por los derechos ingleses sobre los cereales

    32
    Cfr. Lucchini C., El proceso de industrialización por sustitución de importaciones

    33
    Excepciones al consenso liberal pueden considerarse las posiciones del grupo que se reúne alrededor de Vicente Fidel López en la década de 1870. Cfr. Chiaramonte, J. C., op. cit. Ya en este siglo, Ernesto Quesada --aun siendo claramente liberal-- denuncia el dominio de los capitales extranjeros sobre la comercialización de los productos argentinos. Cfr. Quesada, E., La crisis del café en el Brasil

    34
    Bunge, A., "El manifiesto de los banqueros e industriales europeos" en Revista de Economía Argentina, Tomo XVII, noviembre de 1926, pp. 484-485

    35
    Bunge, A., "Nueva orientación de la política económica argentina", en Revista de Economía Argentina,Tomo VI, 1921, pp. 462-463

    36
    Bunge, A., "Los socialistas adoptan el proteccionismo" en Revista de Economía Argentina, Tomo XVI, marzo de 1926, pp. 194-195

    37
    En la época en que List se opone al proteccionismo agrícola, la unidad alemana estaba en su primera etapa, la del Zollverein, y algunos de los estados miembros eran exportadores de trigo; por otra parte, Inglaterra aún no había abandonado la protección de su insuficiente sector agrícola. Cuando se concreta la unidad alemana, en 1870, esto implica la integración de los estados agrícolas del Sur (principalmente Baviera), cuya economía y organización social eran principalmente rurales. Bismarck entonces tiene que satisfacer los intereses de esta región. Además, su intento de unificación cultural "germánica", que suponía eliminar la influencia "latina" y que se expresó en la llamada KulturKampf,cuyo objetivo era suprimir la influencia católica, fracasó por la resistencia exitosa de los católicos, que organizaron el ecléctico Zentrumpartei. Éste reunió los intereses confesionales de los católicos, los intereses rurales del Sur y al conjunto de las fuerzas minoritarias. De esta manera, lograron la mayoría parlamentaria. Como por otro lado Bismarck era amenazado por el creciente ascendiente del socialismo en los medios urbanos industriales, se vió obligado a negociar con el partido católico. La estabilidad de la unificación alemana dependía de la preservación de la clase media de pequeños propietarios rurales, porque la burguesía industrial no tenía la fuerza para organizar un partido liberal que equilibrara al socialismo. Cfr. Nipperdey, T., "Problemas fundamentales de los partidos políticos alemanes en el siglo XIX", en Nipperdey, T., Sociedad, Cultura, Teoría, Buenos Aires, Alfa, 1978

    38
    Cfr. Bunge, A., "El desequilibrio económico: Argentina país abanico", en Una Nueva Argentina

    39
    List, F., op. cit., p. 38

    40
    Cfr. "Reportaje a Alejandro Bunge", en Revista de Economía Argentina, Tomo XXV, 1930

    41
    Sobre los proyectos de integración regional de Bunge, cfr. Lucchini, C., Blanco T. y Cerra, A., "Industria y Nación en la Argentina y el Brasil (1890/1950). La integración regional en el pensamiento del nacionalismo económico argentino", XVI Jornadas de Historia Económica, Universidad Nacional de Quilmes, Quilmes, Argentina, septiembre de 1998
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