El Partido Comunista en la Argentina ante Moscú: deberes y realidades, 1930 - 1941

Silvia Schenkolewski-Kroll Universidad Bar Ilan

 


La historia del Partido Comunista en Argentina (PCA) fue tratada en distintas publicaciones, desde la escrita por el propio partido hasta investigaciones de historiadores que analizaron el tema basándose en el material que estaba a su alcance. [1] El presente trabajo se ocupa de un período y de una faz que hasta ahora no se han tratado: la década del 30 y principios de la del 40 y la actividad del PCA vista desde las relaciones con la central en Moscú.

El período está delimitado por dos hechos que cambiaron la situación del PCA: el golpe militar de septiembre de 1930, que lo convirtió en ilegal, y la invasión de Alemania a Rusia, que transformó a esta última en una potencia aliada y por ende amplió las simpatías hacia el comunismo local. Este trabajo se basa principalmente en documentación primaria del Centro Ruso de Conservación y Estudio de Documentos para la Historia Moderna (ex Archivo del Partido Comunista) y del Archivo de Estado de Rusia, ambos de Moscú.

En este marco surgen varias cuestiones a tratar: si hubo cambios en las actividades del PCA y cuáles fueron, dado el estado de clandestinidad en que le tocó actuar, tanto en sus relaciones con la central en Moscú como desde el punto de vista local; cuál fue la postura de la central de Moscú ante la ilegalidad; en qué medida las organizaciones colaterales suplieron las actividades del partido, tanto en el marco nacional como frente a sucesos mundiales; qué lugar ocuparon las secciones idiomáticas durante el período determinado.

En base a la documentación antedicha y las preguntas que se desprenden de la misma, la hipótesis propuesta es que la central del Comintern en Moscú no cambió su actitud hacia el PCA después de que éste pasó a ser ilegal. Sus exigencias con respecto a la actividad a desarrollar, así como a la autocrítica a posturas y acciones en las que, de acuerdo a la línea del Comintern, se habían cometido errores, no disminuyeron en comparación con el decenio anterior. Conforme a esas exigencias, el PCA trató de cumplir su cometido, si no por vía directa, mediante las secciones idiomáticas o mediante las organizaciones colaterales. El resultado final fue relativo, y estribó más en el interés que un tema determinado despertó en el público que en los esfuerzos que el partido invirtió en esclarecimiento.

El Partido Comunista Argentino durante los años veinte

En 1930, el PCA contaba con diez años de actividad como tal. Durante la década del veinte había llegado a tener dos representantes en el Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires. En 1928 sufrió una crisis por la cual fueron expulsados parte de sus principales activistas, los llamados "chispistas", entre los que se destaca el líder y concejal José Penelon. El motivo fue el haberse identificado con la oposición de izquierda en Rusia, contraria a reivindicaciones inmediatas y que preconizaba la obstrucción a regímenes parlamentarios. La plana dirigente que quedó e introdujo al PCA a los años treinta estaba constituida por algunos de sus fundadores o figuras ya conocidas: los hermanos Rodolfo y Orestes Ghioldi, Victorio Codovilla, José Mallo López, M. Rosen.

En julio de 1929 se reunió en Buenos Aires la Conferencia de los Partidos Comunistas Latinoamericanos, con la participación de 38 delegados de la mayoría de los países del continente. Allí se trató la línea estratégica y táctica a seguir, teniendo en cuenta las características comunes en el orden social, económico y político. El Secretariado Latinoamericano de la Internacional Comunista que debía coordinar las actividades en los distintos países también tuvo su asiento en Buenos Aires.[2] Estos hechos demuestran la centralidad de Argentina en el PC a nivel continental. Las relaciones interamericanas entre sí, y éstas con respecto a la central del Comintern, merecen ser objeto de un trabajo aparte, utilizando los archivos abiertos a la investigación a partir del último decenio.

El PCA contaba a principios de 1930 con aproximadamente 1600 afiliados, la mayor parte de ellos en la Capital Federal y alrededores, además de diversos grupos en las provincias de Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos y en la gobernacion de Chubut (Comodoro Rivadavia). [3] En su mayoría eran inmigrantes, de allí la importancia de los grupos idiomáticos, siendo el PC el único de los partidos argentinos que permitió, de acuerdo al sistema soviético, la existencia de una organización basada en un común denominador étnico. Los principales grupos idiomáticos eran el judío y el italiano; el primero tenía intereses directos en la Unión Soviética, tanto por el origen de parte de sus afiliados como por el tema de la Región Judía Autónoma de Birobidjan, hechos que repercutieron en su actividad; el segundo, dada la suspensión de la inmigración italiana durante el gobierno de Mussolini, parece haber tenido una actuación menos notoria. El PC contaba con una periferia de simpatizantes, en parte adheridos a las organizaciones colaterales como el Socorro Rojo Internacional (SRI) o ligados a un grupo idiomático comoProcor, fundado en 1924 como "organización de ayuda a la productivización de las masas judías declasificadas de la Unión Soviética". El número de simpatizantes adheridos a esas organizaciones llegó a cerca de 10.000. A pesar de que el PCA contaba también con simpatizantes en círculos intelectuales, no se concretó su meta principal: convertirse en un partido de masas. [4]

La situación del Partido Comunista Argentino en la ilegalidad

El golpe de estado que destituyó el gobierno democrático del presidente Hipólito Yrigoyen en septiembre de 1930 produjo un cambio radical en la situación del PCA. El gobierno militar, encabezado por el general José E. Uriburu, lo declaró ilegal. Esta medida no resultó extraña, dado el corte conservador-fascista del régimen impuesto y los antecedentes de sus gestores con respecto al comunismo. Esta situación jurídica implicó allanamientos a locales del partido y domicilios privados, arrestos y deportaciones de afiliados y simpatizantes. La filial local del SRI, que en los años veinte se había dedicado principalmente a la ayuda a presos políticos en Polonia, tuvo que abocarse a auxiliar a los presos de Villa Devoto, a los confinados en Ushuaia y a los extranjeros deportados en virtud de la ley de residencia y a sus respectivas familias.

Las elecciones de noviembre de 1931 llevaron al poder al general Agustín P. Justo. A pesar de que éste no siguió la línea dura de su antecesor y tomó en cuenta algunas necesidades de la clase obrera, por ejemplo mediando en huelgas, continuó las deportaciones de agitadores y amplió las atribuciones de la policía, para lo cual creó la Sección Especial, que se ocupaba de reprimir las actividades de la izquierda. A partir de 1932, como consecuencia del resurgimiento del conservadurismo, el ex ministro del interior de Uriburu, senador M. Sánchez Sorondo, propuso el proyecto de ley de represión del comunismo. [5]

Hasta 1932 no hubo cambios en los cuadros dirigentes; ese año Codovilla pasó a España y volvió a la Argentina recién en 1941. Rosen se trasladó a la Unión Soviética. Los acontecimientos del período tratado no cambiaron básicamente la dirección del partido, como ocurrió a fines de los veinte. Purgas de elementos definidos como trotzkistas y de elementos declarados disidentes no parecen haber pertenecido al liderazgo propiamente dicho. Por ejemplo: Rodolfo y Orestes Ghioldi continuaron actuando; Luis V. Sommi, que había sido expulsado en 1928, volvió a las filas. Cuadros procedentes del proletariado como Arnedo álvarez y Peters se sumaron a la dirección. Desde sus comienzos, el contacto con la central del Comintern en Moscú estaba basado en correspondencia. En la época tratada, firman los documentos enviados por el Comintern Stephanof, G. Dimitrov y algunos seudónimos como Bernard, Ghitor, Orestes. En cuanto a la influencia de Codovilla desde el exterior, la documentación de archivo no la atestigua y está basada en memorias que podrían ser fidedignas.

Los principales documentos eran informes acerca de la situación política y socio-económica del país, como así también acerca de las actividades del partido mismo que el PCA enviaba al organismo central, especialmente a la oficina latinoamericana, y las directivas que éste remitía al comité ejecutivo del partido local. Tanto los unos como los otros estaban basados en los esquemas que la doctrina comunista había fijado. En otras palabras, los informes se adaptaban a lo que la central quería recibir. Otras fuentes de información, no existiendo entonces relaciones diplomáticas entre la Argentina y la Unión Soviética, si las hubo, fueron secundarias. De acuerdo a esas premisas, el análisis de los informes y el confrontamiento con otras fuentes de la historia argentina de la misma época darían por resultado una interpretación que raya en distorsión de los hechos por parte del ente informante.

A esto debe agregarse hasta qué punto discernían en Moscú entre las situaciones reales de los distintos países del continente, dados los informes normativos. Sólo un estudio comparativo de las relaciones entre el Comintern y otros partidos latinoamericanos, basados en fuentes paralelas a la del presente trabajo, podrán dar una respuesta definitiva al respecto. [6]

Este planteo explica en parte el motivo por el cual, desde el punto de vista del Comintern, básicamente no hubo ninguna diferencia entre la reacción ante el golpe de estado que cambió el régimen de gobierno y la situación legal del partido, y la que hubo con respecto a cuestiones anteriores, cuando el partido gozaba de libertad de acción. En ambos casos existió una gran brecha entre las exigencias del organismo central y las posibilidades reales del partido local. Sobre todo tratándose de un partido que era una ínfima minoría en el campo político y que para acrecentar su potencial debía aprovechar situaciones que en la realidad no eran tan críticas como Moscú hubiera querido. Esta diferencia entre las exigencias de Moscú y las posibilidades del PCA se acentúa durante el régimen militar de Uriburu y la presidencia de Justo, cuando el partido es perseguido. A pesar de ello, como veremos, no hubo ningún cambio en la política del Comintern con respecto al PCA. El mecanismo de la autocrítica implantado por el Comintern, que debía juzgar las acciones del partido local de acuerdo a los cánones vigentes en Moscú, funcionó de la misma forma en el caso de la crisis económica de 1929 como después de septiembre de 1930. En ambos casos, el comité ejecutivo del PCA reconoció, bajo la firma de V. Codovilla, que no había aprovechado la situación (hambre, desocupación, fusilamientos en el segundo caso) para llegar a las masas. [7]

Durante los meses que siguieron al golpe de estado disminuyó naturalmente la actividad partidaria; los cuadros que no sufrieron persecuciones prefirieron actuar por medio de las organizaciones colaterales, por considerarlas menos peligrosas. A pesar de ello, en mayo de 1931 se reunió en Rosario una convención nacional, en la que se llegó a conclusiones de acuerdo a la autocrítica. Su eje central giró sobre el tema de no haber pronosticado los sucesos y haber empleado todas las energías en combatir el régimen de Yrigoyen, así como el no haber sabido conquistar elementos anarquistas que sostenían que todos los partidos eran el mismo mal. El error más notorio que se autocriticaba el ejecutivo era el no haber sabido conectar al partido con las masas. Para ello, de acuerdo a las órdenes del Comintern, era necesario conquistar posiciones en los grandes establecimientos industriales y luchar contra los oportunistas que no estaban interesados en la proletarización del partido. Dicha conquista debía realizarse a través de la táctica del "frente único desde abajo", lo que significaba proponer la unificación en los comités de fábricas y poner al frente de ellos a dirigentes leales al partido, que lucharan por las reivindicaciones del proletariado desenmascarando tanto a socialistas como a sindicalistas y anarquistas. Desde las fábricas se debía llegar al campesinado. éste debía ser el camino que llevara a las masas desde el punto de vista organizacional. Desde el punto de vista ideológico-político, esta organización debía estar respaldada por un contenido monolítico, sin desviaciones. Cada lucha obrera argentina debía vincularse con la lucha contra la guerra interimperialista y sobre todo contra la guerra antisoviética. El slogan debía ser: "la causa de la URSS es la causa del obrero argentino". De acuerdo a esa consigna, el PCA debía aglutinar un entorno de adherentes netamente proletarios, deslindando elementos pequeño-burgueses. [8]

A pesar de la afirmación de Rodolfo Ghioldi, miembro del Secretariado Latinoamericano (1932), de que el partido se transformó en proletario, documentos de la época de la presidencia de Justo atestiguan que el PCA no se había sobrepuesto a los defectos que le señalaban. De acuerdo a la tradición del partido de los años veinte, la situación nacional es formulada en los informes en un tono pesimista, según la predisposición en Moscú para escuchar: la presión del imperialismo anglo-americano que acarrearía a la guerra, la pésima situación del agro que llevaba hasta a la burguesía a pensar en una reforma agraria, la crisis económica que traía aparejada la devaluación de la moneda y por ende la reducción de los salarios y la desocupación; el PCA no sabía sacar provecho de esa situación, porque estaba debilitado, reaccionaba con retardo. Por ejemplo, se incorporaba a destiempo a las huelgas; no sabía organizarse contra la reacción que organizaba pogromos contra obreros extranjeros, principalmente judíos. En parte, este estado de cosas se debía a desviaciones internas en el propio partido, que todavía no se había adaptado completamente a la línea leninista. Existía una desilusión de la democracia, que no trajo ningún logro, y una corriente que sostenía que "cuanto más ilegal el partido, mejor"; esto significaba cambiar la labor entre las masas por actos de heroísmo. Por otra parte, reinaba la sensación de que la mala situación acercaría en forma espontánea a los obreros al partido.[9] La consecuencia de esa autocrítica debía ser: "no pasar a la ilegalidad sin ofrecer gran resistencia a la reacción, sin movilizar a las masas en la lucha contra la reacción". [10] Había que demostrarles a las masas que había relación entre los ataques al comunismo y la guerra que gestaba el imperialismo. En la práctica, las tareas del partido en la lucha contra la guerra debían ser la sublevación contra la exportación de carne y trigo al Japón, que conquistaba China y amenazaba a la Unión Soviética. Esto se basaba en el hecho de que "el PCA no es un partido nacional sino la sección del partido internacional de la clase proletaria". [11]

Por dos motivos principales, tanto la autocrítica como lo que se desprende de la misma no concuerdan con la realidad. La crisis de principios de los treinta, como consecuencia del colapso de 1929, trajo aparejada la devaluación de la moneda y por ende la reducción de los salarios, pero no acarreó en Argentina una desocupación masiva como en países netamente industrializados; la baja en la exportación de cereales se notó recién en 1930. La Confederación General del Trabajo (CGT), creada el mismo año, estaba dirigida por elementos socialistas e incluía sindicalistas, siendo entonces el Partido Socialista mayoría en la Capital Federal. El PCA, siguiendo las directivas del Comintern, había tratado de incrementar por intermedio de los "comités de fábrica" tácticas más extremas que las de la CGT, que no le aportaron popularidad. El tema de pogromos de la reacción tampoco tiene asidero en la realidad argentina de la primera mitad de los años treinta; hubo temores, sí, pero éstos no llegaron a la práctica. Por otra parte, la falta de logros llevó a una política determinista, que sostenía que la mala situación de por sí atraería a las masas al partido. En cuanto a la exclusión de elementos definidos como pequeños burgueses, la misma falta de adherentes dificultaba el prescindir de afiliados que no fueran absolutamente proletarios. La práctica ordenada, la sublevación contra la exportación de Argentina al Japón, tampoco concordaba con la realidad, pues Argentina no tenía entonces relaciones comerciales con el Japón. [12]

La premisa básica del Comintern de que "la causa de la URSS es la causa del obrero argentino" y de que el PCA no era un partido nacional son la clave de la falta de consideración de la situación real del país en general y del PCA en particular. De ella se desprenden la necesidad del PCA de informar de acuerdo a lo que en Moscú estaban dispuestos a escuchar. Por lo tanto, la autocrítica en sí estaba por encima de las posibilidades del PCA; lo mismo puede afirmarse con respecto a lo programado para subsanar los errores cometidos. Tanto desde el punto de vista del entorno social como desde el numérico y organizacional, el PCA no estaba capacitado para conquistar a las masas. Así continuó el abismo entre las exigencias del Comintern y la realidad.

El problema de la nacionalidad y las exigencias del Comintern

En su afán por llegar a algún logro ante Moscú, en 1933 el ejecutivo del PCA trató el problema de la nacionalidad. El objetivo era llegar a un internacionalismo basado en la autodeterminación, como lo formularon Lenin y Stalin. La experiencia soviética era desconocida en Argentina: "Si no lanzamos la consigna de Unión de Federaciones de Repúblicas Soviéticas, por lo menos debemos discutir el asunto". [13] Se decidió investigar los componentes étnicos de las provincias y gobernaciones. En la Capital Federal era imposible tratar el tema; ni en el barrio de la Boca, de neta ascendencia italiana, ni en el de Villa Crespo, donde los judíos eran mayoría. Aunque no hay explicaciones al respecto, es claro que el ambiente cosmopolita de Buenos Aires no era el lugar apropiado para experiencias de ese tipo. Por el contrario, zonas rurales densamente pobladas por inmigrantes de un origen común fueron terreno propicio para tratar el problema de la nacionalidad. El ejemplo más sobresaliente traído al caso es el de las colonias judías de la provincia de Entre Ríos. Según los informes remitidos a Moscú, esa concentracion judía estaba constantemente amenazada de pogromos. Niños argentinos nativos no eran admitidos en las escuelas por ser judíos. No les permitían desarrollar su cultura y abrir escuelas propias. Clubes y asociaciones culturales estaban en peligro de clausura. Lo mismo ocurría con los italianos en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba y con los galeses de la gobernación de Chubut. Cada grupo étnico hablaba su idioma y tenían sus propias costumbres. En resumen, ninguno de ellos gozaba de derechos ciudadanos. [14]

Esta descripción de la situación estaba lejos de la realidad, tratándose de la segunda y hasta tercera generación de hijos de inmigrantes. Con referencia a judíos e italianos, en los años treinta existía ya un alto grado de aculturación. El proceso de amalgamar a la inmigración fue parte de la política educativa de principios de siglo. Por una parte, después de que esa política fuera impuesta, la educación estatal estaba abierta a todos los habitantes. Por otra parte, el Estado no se inmiscuía en organizaciones étnicas voluntarias dedicadas a la cultura y la educación. Ejemplos de ello existen en la misma Entre Ríos, donde en 1934 se fundó una organización techo de las escuelas complementarias judías de la provincia, y en la red de escuelas alemanas que funcionaban en la Capital Federal y en el interior. El hecho de que durante la época tratada organizaciones étnicas identificadas con la izquierda fueron reprimidas o clausuradas, no admite una generalización al respecto. [15]

Tampoco en este caso se conformó el comité central de Moscú con las teorías del ejecutivo argentino. De acuerdo a un modelo marxista que ponía como ejemplo la lucha por la independencia de pueblos subyugados, como Polonia del siglo XIX, la Argentina nunca llegó a una unificación porque era un país semicolonial donde existían intereses de diversos grupos. El capital extranjero explotaba principalmente a los indígenas y no les permitía tomar decisiones propias. Parte de la revolución antiimperialista debía ser: " manifestándonos contra las tendencias particularistas de las clases gobernantes de diferentes provincias y desenmascarando su ligazón con los agrupamientos [agrupaciones] imperialistas, debemos al mismo tiempo apoyar y encabezar el movimiento nacional revolucionario de las nacionalidades oprimidas, contra el bloque burgués-terrateniente gobernante y los imperialistas que lo respaldan". [16]

Así como el análisis del partido local no concordaba con la realidad, tampoco la respuesta de Moscú era más acertada, en parte por estar atada a teorías preconcebidas, y en parte por falta de un contacto directo y objetivo que no solamente pintara la situación de acuerdo a lo que la teoría comunista quisiera ver. Aunque se entendiera a la Argentina como un país semicolonial, por ejemplo por sus relaciones económicas con Gran Bretaña, como vimos, no es el caso de nacionalidades oprimidas. Asimismo, el tema indígena, si bien existió, no tuvo la preponderancia que tuvo en otros países como Perú o Bolivia, por haber en la Argentina una mayoría de habitantes de ascendencia europea. Moscú no supo diferenciar entre las características de los distintos países del continente; por eso, aunque hubiera pretendido que el PCA se ocupara de ese problema, éste estaba completamente fuera de su radio de acción, dado que su influencia se limitaba casi con exclusividad a zonas pobladas por inmigrantes y sus descendientes. [17]

A mediados de los treinta, cuando se trató el tema de las nacionalidades en forma artificial, paradójicamente se trató de cambiar también las influencias en los grupos idiomáticos judío e italiano. Se los criticaba por tener influencias nacionalistas pequeño-burguesas el primero, y expresiones socialistas el segundo. La recomendación fue mejorar estos grupos en base a las actividades de individuos en las fábricas y no por dictámenes del ejecutivo. Es sabida, por ejemplo, la influencia de afiliados judíos en la industria del mueble y la del vestido o la de italianos en el ramo de la construcción; por otra parte, las organizaciones parapartidarias que a su vez influían en el PC contaban con adherentes que no podían calificarse como netamente proletarios y no podía prescindirse de ellos. [18] Limitar las agrupaciones idiomáticas únicamente a actividades de tipo laboral concordaba con la exigencia de proletarización del partido, pero por otra parte alejaba a inmigrantes cuyos medios de vida no eran exactamente los de asalariados de "cuello azul". Sobre todo teniendo en cuenta el proceso de desproletarización por el que pasaba parte de los inmigrantes. [19]

El frente popular

Hacia 1935, el PC había restructurado sus filas y se calculaba que contaba entre 4.000 y 5.000 afiliados. Para ese entonces se habían reestructurado también los patronatos por nacionalidades del SRI, que en parte suplían las secciones idiomáticas y gozaban de más flexibilidad que ellas por estar definidas como "movimiento" y no "organización", lo cual permitía mantener un círculo de adherentes no netamente proletarios. De acuerdo a la situación en Europa, el principal objetivo de los patronatos era la lucha antifascista. También en este caso cupo a los patronatos judíos e italianos la primacía [20] ésta fue la respuesta práctica a la imposibilidad de prescindir de simpatizantes y adherentes no netamente proletarios, tanto como periferia política como por ayuda económica. A pesar de ello, esto no representó un cambio radical en la situación del partido que le permitiera cumplir con su cometido de acuerdo a los planes de Moscú.

El cambio en la línea de acción aconteció en 1935, cuando surgieron los frentes populares en los diversos países de Europa que conglomeraron bajo un mismo techo partidos proletarios y burgueses en la lucha contra el nazifascismo; de ejemplo debía servir el congreso del Partido Comunista de Francia. Esta línea fue corroborada por el VII Congreso del Comintern reunido en Moscú (25.7-21.8.1935). La meta del PCA siguió siendo su transformación en "un gran partido de masas del proletariado argentino", a lo cual se agregó "la lucha por la constitución del más amplio frente nacional antiimperialista". [21] Este último punto significaba colaboración con partidos políticos que hasta entonces habían sido enemigos a los que se debía desenmascarar: el Partido Socialista, el Partido Demócrata Progresista, la Unión Cívica Radical, como tambión la Confederación General del Trabajo. Las instrucciones eran actuar en todo movimiento de masas, hasta de la derecha, para ayudar a los partidarios del Frente Popular a escalar posiciones y, en ese marco de acción, tratar de llegar a un acuerdo con los socialistas. [22]

"El movimiento de masas lucha contra el imperialismo, contra la oligarquía latifundista y brega por las libertades de la democracia". El punto débil es --de acuerdo a esta postura del PCA-- la carencia de un frente único obrero, ésa es la causa por la cual el Frente Popular estaba dirigido por la burguesía democrática. Dadas las circunstancias, a pesar que el PCA aspiraba a que por intermedio del Frente Popular se plasmara un gobierno nacional revolucionario, debía conformarse momentáneamente con un gobierno de tipo democrático reformista. Este anhelo de unificación no impidió que, dentro del marco determinado, el PCA tuviera su propio orden de prioridades: "El PC debe prevenirse contra los peligros de no apreciar exactamente el momento actual del desarrollo y madurez del movimiento nacional y en vez de dar las consignas que el movimiento mismo pone en el orden del día, adelantar aquellas que, como la expropiación del latifundio y la confiscación de las empresas imperialistas, pueden poner trabas a la creación del frente nacional". [23]

Esta nueva línea política vino acompañada de la autocrítica correspondiente. Se cometieron errores durante el régimen radical porque se consideró a la Argentina un país imperialista; se pensó que la burguesía se había pasado al frente contrarrevolucionario, siendo la realidad distinta: la burguesía nacional reformista -- la Unión Cívica Radical -- fue derrocada por Uriburu. A consecuencia de este cambio de política, el tema del IX Congreso a realizarse en 1936 fue: "La ofensiva del imperialismo y la lucha por la formación del frente único nacional antiimperialista". [24]

La clave de todo este cambio está en la definición del PC mismo respecto de la nueva educación de los cuadros: "viraje táctico del partido". [25] El PCA, actuando conforme a las órdenes recibidas de las instancias superiores, realizó un viraje táctico semejante al de otros partidos comunistas en diferentes países; no cambió para nada premisas básicas, sino que veía en el Frente Popular un nuevo camino para llegar a su meta. Los partidos con los que el PCA quizo llegar al Frente Popular --el Partido Socialista, el Partido Demócrata Progresista y la Unión Cívica Radical-- no tuvieron interés en hacerlo partícipe de negociaciones que se tramitaron al respecto, tanto por su ilegalidad y su escaso valor electoral como por la aprehensión negativa hacia el PCA, arraigada en el liderazgo de los partidos mencionados. En el caso de la Argentina, el Frente Popular no llegó a concretarse debido a circunstancias ajenas al partido mismo.

Si desde el punto de vista político el PCA no consiguió sus propósitos, en lo que se refiere a la organización gremial, las directivas recibidas lo condujeron a pedir en 1935 la incorporación a la CGT de gremios que estaban bajo influencia comunista. Dada la discrepancia entre sindicalistas y socialistas, recién después de la escisión de la CGT en diciembre de 1935, se permitió la incorporacion de estos gremios a la CGT (Independencia), de mayoría socialista. Si bien, como lo señalan diversos autores, la segunda mitad de los años treinta representa un adelanto en la influencia del comunismo en el sindicalismo argentino, [26] la situación del PCA durante dicho período no cambió radicalmente con respecto a su situación local y siguió en sus intentos por llegar a formar a un frente popular e influir indirectamente en elecciones, por ejemplo, apoyando al Partido Demócrata Progresista (PDP) en las elecciones nacionales del 1.3.1936. Había factores democráticos que pese a su oposición tanto a Roma como a Moscú, rechazaron el proyecto de ley de Sánchez Sorondo y lograron que la Cámara de Diputados no lo aprobara. Finalmente, en noviembre de 1936, el gobierno de Justo revocó la ilegalidad del PCA. [27]

La ayuda a la República Española y el Comité contra el Racismo y el Antisemitismo

Las relaciones con la central del Comintern no sufrieron cambios, exceptuando los temas que se trataban, que pasaron en orden de importancia de temas argentinos locales a temas de orden internacional. El Socorro Rojo Internacional tomó riendas en el asunto, pues se trataba de la ayuda a la República Española durante los tres años de la guerra civil. [28]

El SRI compitió con la CGT, que impuso una cotización a sus afiliados. En agosto de 1937 se realizó el Primer Congreso Argentino organizado por la Federación de Organizaciones de Ayuda a la República Española (FOARE), creada por el SRI. Durante el primer año de la guerra, hasta la celebración del congreso, se recolectó más de un millón y medio de pesos de un total de seis millones que se envió. Según la publicación del propio PCA, la Argentina fue el segundo país en el monto enviado. Un papel importante dentro de ese marco cupo a la Comisión Israelita de Ayuda a España, que consiguió la adhesión de quince organizaciones con filiales en el interior, editó propaganda en ídish y llegó a reunir 100.000 pesos del millón y medio antes mencionado.

Durante el curso de la guerra, la prensa partidaria en ídish dedicó proporcionalmente más espacio al tema de la guerra civil española que a cualquier otro que estaba en el orden del día, incluyendo temas de interés local, como la lucha contra el antisemitismo. Además de los informes sobre el avance de la guerra, los comentarios optimistas acerca de los logros del ejército de la República y las brigadas internacionales, los esfuerzos del gobierno republicano por quebrar la política de "no intervención" y conseguir armas, los artículos recalcaban la necesidad de ayuda en general y la necesidad de ayuda por parte del público judío en particular. La guerra civil era considerada como una defensa a toda la humanidad, por lo tanto también a los intereses judíos. Los judíos, experimentados en discriminaciones y persecuciones, debían enrolarse como voluntarios y contribuir en la mayor medida que les fuera posible en la lucha contra el fascismo. Esta fue una aplicación de la consabida teoría de que la solución del problema judío vendrá mediante la solución de problemas universales.

La propaganda que instaba a la contribución estaba netamente influenciada por el sistema de propaganda comunista, que reflejaba estilos y discursos de la época. Los voluntarios se revelaban únicamente como héroes, cuyo máximo anhelo era volver al frente, aun antes de curadas las heridas. Los frutos de ese discurso propagandístico se traducían en la práctica en actividades tales como recolección de ropa, venta de "bonos de solidaridad" y otras. Cabe destacar la publicación de avisos de media página pidiendo contribuciones a la gran campaña nacional de trigo para España, en los que se instaba especialmente a los agricultores judíos a donar parte de sus cosechas. Firmaban los mismos la FOARE, la Comisión Israelita de Ayuda al Pueblo Español y cinco organizaciones de ayuda de las provincias cerealeras.

A mediados de 1938, a dos años de comenzada la guerra, los minusválidos judíos fueron tema en la prensa comunista judía. Se consideraba que parte de la ayuda que se prestaba a la República consistía en eximirla de la rehabilitación de los minusválidos judíos heridos en combate. Muchos de ellos no podían retornar a sus países de origen, por ser estos de régimen nazifascista; otros tendrían que encontrar trabajo adecuado a sus posibilidades. Los judíos debían ocuparse del tema, sobre todo aquéllos que por motivos familiares no se incorporaron a las filas, sostenían los artículos. Significativamente, la Unión Soviética no fue citada como lugar que podría acogerlos. Esta actitud coincide con el cierre de permisos de inmigración a judíos interesados en establecerse en Birobidjan. De acuerdo a estos datos, la dedicación del público judío comunista y una periferia de allegados se debía toda y en todos los aspectos a la causa republicana. ésta era la premisa de la política del Comintern en aquel momento. Esto explica, por lo menos en parte, el por qué esta prensa informó acerca de sucesos concernientes a judíos, como su situación después del Anschluss de Austria, pero no promovió ayuda a los mismos. Cabe destacar el caso, puesto que al mismo tiempo existía el problema de las víctimas judías del nazismo y en más de una oportunidad dentro de la colectividad judía se criticó a los judíos comunistas por no ocuparse de las necesidades de sus hermanos.

Por otra parte, cabe señalar que la ayuda a España no fue sólo material. Entre 200 y 500 voluntarios partieron desde la Argentina a las brigadas internacionales, por indicación expresa del Comintern. [29]

Otro evento, esta vez de orden local, que ya fue estudiado en otras publicaciones, fue el papel del PC en la formación del Comité contra el Racismo y el Antisemitismo en 1937 y el Primer Congreso reunido en 1938. A esta organización se adhirieron en un principio personalidades de todo el espectro político argentino; al frente estaban figuras de intelectuales identificadas ideológicamente con el PC, pero no activistas. [30] Pueden considerarse los dos años de actuación del Comité como un logro para el partido, a pesar de que muchos de los primeros adherentes se alejaron justamente por su origen e intenciones. El principal logro fue, como en el caso de la ayuda a España, atraer la atención de círculos más amplios.

El pacto Molotov - Ribbentrop

El gran problema del comunismo local en lo que se refiere a esclarecimiento, que representó un cambio total a los éxitos antedichos, se planteó al comienzo de la Segunda Guerra Mundial con el pacto Molotov - Ribbentrop. Las ofensivas de Alemania a Europa Occidental y la declaración de guerra de Gran Bretaña como consecuencia de la invasión a Polonia se explicaron como una guerra entre potencias imperialistas: "La única política realmente popular, realmente argentina, tiene que ser la más estricta neutralidad, la de impulsar el progreso del país, librándolo de su papel de apéndice económico de imperialismos extranjeros. Cada argentino honesto... repudia la invasión, pero sabe que son males del imperialismo capitalista y no de una raza o de un país". [31]

El PCA se opuso terminantemente a la tendencia del PS y hasta de la cancillería argentina, que en un momento dado pensó ponerse de parte de los países agredidos. Según el PCA, no les interesaba la libertad de pueblos oprimidos, pues de ser así tendrían que liberar las islas Malvinas y luchar por la independencia de Irlanda del Norte; los movilizaba, en cambio, "el triunfo de un grupo de capitalistas imperialistas sobre otro rival". [32] De acuerdo a estas premisas, basadas en comparaciones impertinentes, el PCA se opuso al boicot de mercaderías alemanas y aprobó con simpatía el asilo concedido a los marinos del Graf Spee. Los judíos comunistas se vieron en una situación más comprometida aun, cuando llegaron noticias sobre el trato que recibían sus congéneres en Polonia bajo la ocupación nazi. Por una parte, defendían la neutralidad, y por otra no publicaban la verdad de lo que acontecía en Polonia. [33] No cabe duda de que el viraje que medió entre el pacto germano-soviético y la invasión de Alemania a Rusia en junio de 1941 fue uno de los más difíciles de explicar, una situación insostenible por su falta de lógica, sobre todo tomando en cuenta la lucha contra el nazi-fascismo que desarrolló el partido hasta 1939.

La invasión alemana a la Unión Soviética

El impacto de la invasión a Rusia produjo un vuelco en la opinión pública y el PCA se benefició de la popularidad de la que gozó la Unión Soviética. Se organizó la Comisión Democrática Argentina, en la que participaron representantes de distintos sectores, como así también la Comisión Médica y la Comisión Israelita, con el fin de enviar ayuda. En septiembre de 1941, la prensa argentina reprodujo el manifiesto del "mitin hebreo de Moscú", organizado por el Comité Hebreo Antifascista, hecho que conmovió especialmente a miles de judíos argentinos. Las tres organizaciones mencionadas hicieron el primer envío de 120 toneladas de víveres y ropas ese mismo mes; mientras tanto, prosiguió la campaña y se dirigieron a la Cruz Roja Soviética para averiguar cuáles eran las necesidades más urgentes. [34] No cabe duda de que siendo el judío un sector importante en el PCA, esta preponderancia se acentuó. No en vano el gobierno soviético resurgió la organización judía con miras a pedir ayuda de los judíos del mundo libre.

En conclusión y sin haber entrado en detalles, podemos decir que la relación entre el PCA y el Comintern no cambió a consecuencia del estado de ilegalidad del partido local y las exigencias superiores a las posibilidades reales no disminuyeron. El Comintern, por su parte, no supo o no quiso tomar en cuenta las particularidades de la situación argentina, sino que aplicó moldes preconcebidos que cambiaban de acuerdo a sus propias decisiones. El PCA trató de satisfacer estas exigencias, dependiendo el éxito no del partido mismo sino de las circunstancias nacionales e internacionales. En la política local, no consiguió la colaboración de otros partidos porque, de acuerdo a las órdenes recibidas, los atacó; luego, cuando trató de reconciliarse, una vez más siguiendo directivas que emergían de una esfera ajena a la realidad argentina, no lo necesitaron. En el terreno sindical, sí logró introducir a algunos de sus afiliados en gremios donde los inmigrantes eran numerosos, llegando incluso a la dirección de los mismos. Esto puede considerarse paralelo a la actividad en organizaciones o movimientos por origen étnico. Las agrupaciones idiomáticas tuvieron un papel importante, especialmente el de mantener una periferia de simpatizantes. Sirvieron de ejemplo para transplantar teorías soviéticas a una realidad no adecuada. La periferia de simpatizantes era mantenida también por las organizaciones colaterales que, aunque también perseguidas, podían actuar bajo otros rótulos. También tuvo cierto éxito y logró ampliar la periferia de simpatizantes cuando promovió actividades no abiertamente partidarias, de corte humanitario, tal como es el caso del antisemitismo, de la guerra civil española y la invasión alemana a la Unión Soviética.

Visto desde el punto de vista de la sociedad argentina durante el período tratado, el comunismo fue una ideología importada cuya importancia estriba más en el experimento en sí que en el grado de influencia que tuvo en la sociedad argentina. Desde el prisma del PCA mismo, no logró satisfacer todas las demandas y exigencias del Comintern. En cuanto a éste, por sus métodos de acción, no supo dedicar al PCA, como posiblemente no lo hizo con respecto a otros partidos comunistas de la región, un tratamiento específico acorde a las circunstancias particulares de la política y la sociedad argentina.

Cabe ahora un estudio comparativo con otros países latinoamericanos, que utilice la documentación puesta a disposición de los investigadores en tiempos recientes. Falta también estudiar la especificidad del arraigo del PCA en sectores determinados de la Argentina.

 

Notas

    1
    Debo mencionar especialmente los trabajos de Emilio J. Corbière acerca del partido mismo, como también las obras de David Tamarin, Hiroshi Matsushida y Joel Horowitz, que tratan sobre el lugar que ocupó el PCA en el movimiento obrero que precedió al peronismo; asimismo, el trabajo de Mario Rapoport sobre las relaciones entre la Unión Soviética y la Argentina. Este último es tangencial a este estudio, ya que trata los lazos político-comerciales entre ambos países. Comité Central del Partido Comunista, Esbozo de historia del Partido Comunista de la Argentina, Buenos Aires 1947 (en adelante, Comité Central); Corbière, E.J., "La fundación del P.C., 1917-1920", Todo es Historia, 106, pp. 6-31; ídem, Orígenes del comunismo argentino, Buenos Aires 1984; Rapoport, M., "Las relaciones argentino-soviéticas. Comercio y política entre la Argentina y la URSS", Todo es Historia, pp.8-32; Matsushita, H.,Movimiento Obrero Argentino, 1930 - 1945, Buenos Aires 1983; Tamarin, D., The Argentine Labor Movement, 1930-1945, Albuquerque 1985; Horowitz, J., Argentine Unions, the State and the Rise of Perón, 1930-1945, Berkeley 1990. 
    2
    Corbière, pp. 15, 17; CRCEDHM, 495/134/132, Partido Comunista Obrero, informe septiembre 1927;ibíd., 495/134/134, 1928, Projet de Résolutions du Comintern -- Argentina, pp. 54-56, expulsion de Penelon; ibíd., 495/134/148; Comité Central, p. 66; Alexander, R.J., Communism in Latin America,$$ New Brunswick 1957, pp. 160-167. Acerca del liderazgo y la ideología de V. Codovilla y R. Ghioldi, véase: Liss, S.B., Marxist Thought in Latin America,$$ Berkeley 1984, pp. 51-53, 56-59. 
    3
    CRCEDHM, 495/134/178, 7.9.1930. 
    4
    Poppino, R.E., International Communism un Latin America, New York 1964, pp. 224-226; Ciria, A.,Parties and Power in Modern Argentina, 1930-1946, Albany 1974, pp. 140-142; Schenkolewski, S., "Zionists versus the Left in Argentina", en H. Avni & G. Shimoni (eds.), Zionism and its Jewish Opponents, Jerusalem 1990, p. 183 (en hebreo); ídem, The Zionist Movement and the Zionist Parties in Argentina (1935-1943), Ph.D. Thesis, Hebrew University, Jerusalem 1984, pp. 224-244 (en hebreo); CRCEDHM, 495/134/119, 28.12.1927, Normas para la constitución y funcionamiento de los grupos comunistas idiomáticos en Argentina; ibíd., 495/134/148, 16.7.1928, Grupo comunista italiano; ibíd., 23.7.1928, Informe grupo comunista israelita; ibíd., 2.8.1928, Asunto del Procor; relaciones entre Gezerd, Moscú y Procor, Buenos Aires, 1925-1936, véase: GARF, 9498/1; Giuliani-Balestrino, M.C.,L'Argentina degli Italiani, 2, Roma 1989, pp. 3-5. 
    5
    Rock, D., "Argentina, 1930-1946", en Bethell, L. (ed.), Argentina Since Independence, Cambridge 1993, pp.176-185; CRCEDHM, 539/3/320, abril 1931, 21.8.1931, 2.10.1931, Directivas para la reorganización del Socorro Rojo Internacional; Senado de la Nación, Represión del comunismo, Proyecto de Ley, M. Sánchez Sorondo, 1.9.1932, Tomo I, pp. 9-14; Rock, D., "Antecedents of the Argentine Right", en S. McGee Deutsch & R. H. Dolkart (eds.), The Argentine Right,, Wilmington 1993, pp. 9; Dolkart, R.H., "The Right in the Década Infame", ibíd., pp. 76-77. 
    6
    Herman, D.L., The Comintern in Mexico, Washington 1974. Este libro, obviamente, no pudo basarse en documentación de archivos soviéticos. Con respecto al liderazgo del PCA, dada la ilegalidad, en publicaciones y documentos figuran seudónimos o no aparecen firmas, lo que dificulta la identificación de los autores. Véase, por ejemplo, CRCEDHM, 495/134/188,16.2.1831, Vers la Bolchevisation du Partie; ibíd., 495/134/191a, Boletín interno, mayo 1931; ibíd., 495/17/52, 1937, Las etapas del desarrollo del Partido Comunista de la Argentina (firmado Bernard); ibíd., 495/17/62, 7.4.1938, El carácter de la discusión; 495/134/255, Resolución del CE sobre depuración del partido; GARF 9498/1/360, 15.4.1931, de Gezerd, Buenos Aires a Gezerd, Moscú. Véase también, Comité Central, pp. 75-91; Brega, J., ¿Ha muerto el comunismo?, Buenos Aires 1990, pp. 85-89, 93-96; Alexander, pp. 161, 167. Sobre la influencia de Codovilla desde el exterior, ver el testimonio de R. Puiggrós citado por Alexander, p.167, nota 50. 
    7
    CRCEDHM, 495/134/178, 13.4.1930, Autocrítica; ibíd., 495/134/183a, 18.11.1930, Boletín, Autocrítica; ibíd., 495/134/186, 3.8.1931, Codovilla, Autocrítica; Claudín, F., The Communist Movement from Comintern to Cominform, London 1975, pp. 242-271. 
    8
    CRCEDHM, 495/134/188, 16.2.1931, Comité político; ibíd., 495/134/191a, mayo 1931, Boletín interno. 
    9
    CRCEDHM, 495/134/193, 28.1.1932, R. Ghioldi al Secretariado Latino-Americano; ibíd., 23.3.1932, E. Ghitor (R. Ghioldi), Informe sobre la situación en Argentina; ibíd., 495/134/194, 4.9.1932, Circular sobre el 20 de agosto. 
    10
    CRCEDHM, 495/134/194, 4.9.1932. 
    11
    CRCEDHM, 539/3/321, 1931, solicitada; ibíd., 495/134/208, [fecha] Las tareas del partido en la lucha contra la guerra. 
    12
    Rock, D., "Argentina...", pp. 184, 187-190; Tamarin, pp. 77-102, 130-131; The Statesman's Yearbook, London 1932, pp. 663, 1060; ibíd., London 1934, pp. 676, 1076; "La ola antisemita", Mundo Israelita, 2.4.1932, p. 1; "La inexplicable apatía de la comunidad ante la propaganda antisemita", ibíd., 6.8.1932; "¿Se intenta un pogrom?", ibíd., 20.8.1932, p. 2. 
    13
    CRCEDHM, 495/134/201, 26.8.1933, Autocrítica; Rutland, P., "The 'Nationality Problem' and the Soviet State", en G.W. Lapidus (ed.),The "Nationality" Question in the Soviet Union, New York 1992, pp. 10-11; véase también nota 33. 
    14
    CRCEDHM, 495/134/204a, 5.12.1933, Boletín interno. La cuestión nacional; ibíd., 495/134/205, 15.10.1934, La cuestión nacional. Las concentraciones de inmigrantes en Argentina. 
    15
    Carli, S., "Modernidad, diversidad cultural y democracia en la historia educativa entrerriana, (1883-1930)", en Puiggrós, A. (comp.), La Educación en las Provincias y Territorios Nacionales (1885-1945), Buenos Aires 1993, pp. 210-225; Ossana, E., "Una aproximación a la educación santafesina de 1885 a 1945", ibíd., pp. 468-471; Avni, H., Emancipation and Jewish Education. A Century of Argentinian Jewry's Experience, 1884-1984, Jerusalem 1985, pp. 29-49 (en hebreo); Schenkolewski-Kroll, S., The Zionist Movement and the Zionist Parties in Argentina, 1935-1948, Jerusalem 1996, p. 84; Zadoff, E.,Historia de la educación judía en Buenos Aires (1935-1957), Buenos Aires 1994, pp. 94-95, 100, 199; ACS, A/305, Archivo I. Kaplan. 
    16
    CRCEDHM, 495/134/206, Crítica del Comité Central, Moscú; Puiggrós, R., Las izquierdas y el problema nacional, Buenos Aires 1967, pp. 121-122. 
    17
    Rock, D., "Argentina...", pp. 174, 190-194; Carrera, N. I., 'Violence' as an Economic Force: The Process of Proletarization among People of the Argentinian Chaco, 1884-1930, Copenhagen 1982, pp.30-44. 
    18
    CRCEDHM, 539/3/320, 21.8.1931, 21.10.1931, Grupos idiomáticos. 
    19
    Schenkolewski-Kroll, The Zionist Movement..., pp. 64-65. 
    20
    CRCEDHM, 495/134/218, 4.11.1935, Informe; ibíd., 539/3/328, marzo 1935, Informe sobre el movimiento de Patronatos. 
    21
    CRCEDHM, 495/134/225, 14.3.1936; Claudín, pp. 166-182; Sasoon, D., One Hundred Years of Socialism, London 1996, pp. 52-56. 
    22
    CRCEDHM, 495/17/51; ibíd., 495/134/209, 31.10.1934, al Comité Ejecutivo del Partido Socialista. 
    23
    Ibíd., 495/17/51. 
    24
    CRCEDHM, 495/134/226; ibíd., 495/134/225. 
    25
    Ibíd., 495/134/225, 14.3.1936. 
    26
    Matsushita, pp. 163-171; Tamarin, pp. 127-135, 145-155; Torre, J.C. (comp.)., La formación del sindicalismo peronista, Buenos Aires 1988, pp. 12-13; Ciria, pp. 46-47, 141-142. 
    27
    CRCEDHM, 495/134/217, Sobre la creación del Frente único Nacional; ibíd., 495/134/230, 2.3.1936, 30.3.1936, Tras la elección del 1o de marzo: a formar el frente popular; ibíd., 495/134/233, 16.12.1936, 30.12.1936, Proyecto de ley de M. Sánchez Sorondo; ibíd., 495/134/236, L. de la Torre a Ms. Franceschi; ibíd., 539/3/328, 24.11.1936, Enrique a Comité Central del Socorro Rojo Internacional; ibíd., 495/17/51; ibíd., 495/17/52, 17.3.1937; Sassoon, p. 48; Dolkart, p. 77. 
    28
    CRCEDHM, 495/17/55, 539/3/330, 1937, Bilan d'une Année de travail d'Aide pour L'Espagne. La postura de diversos sectores del público argentino con respecto a la guerra civil y la ayuda a los bandos contingentes fue tratada recientemente por Raanan Rein: "Entre la España Republicana y la España Nacionalista: la Argentina y la Guerra Civil Española, 1936-1939", en T. Medin & R. Rein (eds.), Society and Identity in Argentina: The European Context, Tel Aviv 1997, pp. 81-104 (en hebreo). 
    29
    CRCEDHM, 539/3/330, ver nota 25, ut supraibíd., 495/74/353, 10.7.1937, Ayuda a la República Española; ibíd., 495/134/240, 27.1.1937, Partido Comunista de la Unión Soviética a Partido Comunista Argentino; ibíd., 495/134/245, 18.1.1937, Informe de Borda; ibíd., 495/134/249, 26.1.1938, I. Libenson y Dr. G. Berman; ibíd., 495/134/250, 1938, O. Ghioldi al Partido Comunista Francés; ibíd., 495/17/54, Materiales llegados de la Argentina; GARF, 9498/1/478/, enero de 1937; Comité Central, pp.85, notas 145 y 146; Schenkolewski, The Zionist Movement... (Ph.D. Thesis), p. 237, nota 293; Divoj, 18.3.1938, p. 8; ibíd., 13.5.1938, pp. 1, 10; ibíd., 27.5.1938, pp. 5, 11, 10; ibíd., pp. 7, 10, 11; ibíd., 8.9.1938, pp. 5, 7, 12-13; Rein, p. 86. 
    30
    Schenkolewski, The Zionist Movement..., pp. 189-192; Actas del Primer Congreso contra el Racismo y el Antisemitismo, Buenos Aires 1938. 
    31
    CRCEDHM, 495/17/64, 16.5.1940, Orientación, defender la neutralidad es defender las conquistas obreras y democráticas; Schenkolewski, The Zionist Movement..., p. 241; Schenkolewski, "Zionists versus the Left...", p. 185. 
    32
    CRCEDHM, ver nota 28, ut supra
    33
    CRCEDHM, 495/17/81, "Imperialismo anglo-americano", La Hora, 7.3.1940; Schenkolewski, The Zionist Movement..., pp. 238-244. 
    34
    CRCEDHM, 495/17/84, 2.9.1941, 8.9.1941, telegramas; Schenkolewski, The Zionist Movement..., pp. 244-251; Redlich, S., The Rise and Fall of the Jewish Antifascist Committee in the Soviet Union, 1941-1948, Tel Aviv 1990, pp. 106-138. 




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