In the Shadow of the State:


Intellectuals and the Quest for National Identity in Twentieth-Century Spanish America

NICOLA MILLER: . London/New York: Verso, 1999.

En el abundante panorama de publicaciones dedicadas, por un lado, al estudio de la identidad nacional en Hispanoamérica y, por el otro, al papel del intelectual como actor social y cultural, acaba de aparecer un nuevo libro cuyo subtítulo, Intellectuals and the Quest for National Identity in Twentieth-Century Spanish America (Los intelectuales y la búsqueda de la identidad nacional en la Hispanoamérica del siglo veinte), liga ambos ámbitos académicos y refleja claramente tanto el tema abordado como la importancia atribuida por la autora al papel del intelectual en la construcción de la identidad nacional. Por otra parte, el título, In the Shadow of the State (Bajo la sombra del Estado), nos da muestra inmediata de los límites impuestos por el poder político a esta actividad creadora y crítica.

El papel del intelectual en la sociedad ha sido un tema harto debatido en la literatura desde mediados de los años sesenta, primordialmente por los intelectuales mismos. De acuerdo con la autora, en Hispanoamérica, éstos han tendido a caricaturizar su papel tanto como guardianes de la conciencia nacional o, por otra parte, como elementos que han ayudado a perpetuar un orden social injusto. Este libro responde a tales cuestiones a través de un estudio histórico que hace el balance del papel desarrollado por el intelectual en este continente a lo largo del siglo veinte. Tomando como referencia los casos de Argentina, Chile, Cuba, México y Perú y el poder comparativo que éstos ofrecen, la autora se esfuerza por destilar los rasgos comunes en cuanto a la cuestión planteada, no sin ilustrar, con conocimiento enciclopédico, la diversidad existente en la evolución de la vida intelectual de la región entre el final de la primera guerra mundial y la década de los años setenta.

Para ello se refiere al concepto de modernización periférica --comenzado a finales del siglo diecinueve-- indicando que, al contrario del proceso modernizador ocurrido en Europa, la sociedad hispanoamericana sufrió las consecuencias de una falta de tejido social completo y maduro, lo cual produjo un proceso de modernización en la vida intelectual que --al igual que otros aspectos de la sociedad hispanoamericana-- fue desigual y dependiente. Este proceso fue acompañado de una clara separación entre los respectivos universos del conocimiento y del poder político, del mundo intelectual y del Estado. Desde entonces, la figura del intelectual ha sido condenada a vagar el espacio existente entre estos dos ámbitos de tal manera que las consecuencias de estos hechos todavía se hacen notar. La tesis de este libro defiende que en Hispanoamérica, en mayor o menor medida, el mundo intelectual siempre ha participado en la forja de identidades nacionales a las órdenes del mundo político y no a la vanguardia, como algunos intelectuales quisieran creer.

El libro, dividido en dos secciones, analiza las siguientes cuestiones. La primera mitad parte del concepto de modernización periférica ya señalado para analizar de manera sistemática su profunda influencia formativa en los conceptos de 'intelectual' e 'identidad nacional'. Para ello, el capítulo primero critica ciertos paradigmas dominantes en la teoría actual por el hecho de que tienden a reproducir perspectivas que solamente son históricamente válidas dentro de los contextos europeos que por lo general las han visto nacer, y reivindica la necesidad de tener en cuenta la especificidad histórica hispanoamericana en cuanto a los distintos conceptos de 'identidad nacional' y al papel jugado por la intelectualidad en la formación de ésta.

La segunda sección examina el contenido de algunas de las contribuciones que los intelectuales han hecho en el campo del discurso nacional-popular, como son las cuestiones del 'biculturalismo', del 'antiimperialismo' y de la 'historia'. Haciendo referencia a los distintos casos nacionales, la autora indica que todo intento de creación de identidad nacional ha estado basado en dicotomías que han dado lugar a intervenciones políticas ambiguas. Así, la idea del biculturalismo --indígena / europeo--, mientras que ha asentado visiones de una identidad nacional gloriosa y ancestral, ha sido responsable también de la casi erradicación de esas mismas culturas en tanto se contemplaban 'retrasadas' y por lo tanto como un obstáculo para la modernización del país. De manera similar, la visión antiimperialista del mundo intelectual hispanoamericano ha oscilado entre los extremos cosmopolita y nacionalista. Como consecuencia, esta modernización parcial de la vida intelectual ha tenido resultados nefastos para el estudio de la historia donde, durante gran parte del siglo veinte, ha dominado el paradigma bicultural --como en México y Perú-- o el paradigma antiimperialista -- como lo hizo en Argentina y en Cuba.

La conclusión final del libro da una imagen sopesada de la figura del intelectual en Hispanoamérica, que no es considerado ni como responsable total por los defectos que las distintas identidades nacionales pudieran manifestar, ni como totalmente irrelevante en la formación de éstas. Por otra parte, el libro reconoce la importancia del papel del Estado en la creación de las diversas identidades nacionales y, en este sentido, estima que el papel del intelectual durante el siglo veinte en Hispanoamérica se ha desarrollado siempre como mediador de proyectos políticos de formación de identidades nacionales y nunca de manera totalmente crítica e independiente.

Las posibles críticas que se le pueden hacer a este estudio pertenecen a varias categorías. Por una parte, tanto la cuestión principal tratada como el lapso histórico son tan amplios que se podría decir que el nivel de generalización necesario para acomodar todas las especificidades nacionales potenciales es necesariamente inmenso. En el terreno conceptual, la noción cambiante del intelectual es rechazada a favor de una concepción quizás extremadamente reduccionista como lo es el concepto de Estado, que, aunque definido, parece a veces --como lo es en el caso de Cuba-- confundirse con los deseos individuales de un solo hombre. Independientemente de estos detalles, nos encontramos ante una obra que constituye, sin duda, una importante contribución al estudio histórico de las ideas y del papel del intelectual en su formación dentro del contexto hispanoamericano.

Kepa Artaraz University of Wolverhampton




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