Las Derechas. The Extreme Right in Argentina, Brazil and Chile


SANDRA McGEE DEUTSCH: Stanford: Stanford University Press, 1999.

Sandra McGee Deutsch, ya conocida para los lectores de historia de América Latina por su Counterrevolution in Argentina, 1900-1932: The Argentine Patriotic League (Lincoln: University of Nebraska Press, 1986) y numerosos artículos en revistas especializadas, emprende en su nueva obra el ambicioso proyecto de escribir una historia comparada de las derechas extremas de Chile, Argentina y Brasil durante las primeras cuatro décadas del siglo. Ambicioso no sólo por la envergadura, la cantidad de fuentes primarias y secundarias empleadas, la extensión geográfica y cronológica de la obra, sino especialmente por el hecho de entrar en un área sumamente complicada como lo es la historia comparativa.

Antes de entrar de lleno a la obra, debemos preguntarnos sinceramente si este área de estudio realmente existe y tiene validez científica. En las ciencias sociales, donde el uso de modelos y de parámetros cuantitativos hace más fácil las comparaciones, a menudo encontramos que, mas allá de lo institucional propio o dimensiones fácilmente mesurables -elecciones, producción económica, publicaciones de prensa o datos sobre comportamiento poblacional u opinión pública, para mencionar algunos ejemplos-, es sumamente difícil establecer comparaciones. Esto se debe a que cada fenómeno, además de su mesurabilidad cuantitativa, siempre posee un claro aspecto cualitativo muy difícil de medir, y por ende de comparar y apreciar con respecto a fenómenos que parecieran similares a vuelo de pájaro. Y cuando uno se pregunta qué, en lo cualitativo, establece las diferencias, la respuesta es, en gran parte de los casos, la particularidad del desarrollo histórico. Aquí encontramos una de las grandes dificultades con las que McGee Deutsch se enfrenta en su obra. Aun si aceptáramos que Brasil, la Argentina y Chile poseen un cúmulo de similaridades básicas sobre las que se apoya la comparación, el propio desarrollo histórico del período examinado dificulta mucho la tarea. A esto debemos agregar la salvedad de que siendo los tres países exportadores, y por ende altamente dependientes del mercado mundial, la influencia de fenómenos internacionales como la gran expansión imperialista de fines del siglo XIX, la Primera Guerra Mudial o la crisis económica mundial a partir de 1929, llega a todos en forma más o menos pareja. Lo que no se puede establecer es que haya grandes similitudes entre los tres países, más allá de la vecindad geográfica. La demografía -incluyendo los procesos inmigratorios, tan importantes para el argumento-, el clima, las economías y la historia política de la Argentina, Brasil y Chile son muy diferentes. Y si bien es cierto que, como lo afirma la autora, a principios del siglo XX los problemas de desarrollo y progreso eran centrales para los tres, la comparación es sumamente complicada.

Pero de estos problemas deriva una de las grandes virtudes de este libro. La autora, indudablemente consciente de los problemas antes mencionados, divide sabiamente la obra en tres secciones cronológicas: una que va desde los años noventa del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial, otra que cubre el decenio posterior y algo más, y la tercera, desde los tardíos veinte hasta vísperas de la Segunda Guerra Mundial. El uso de secciones cronológicas paralelas, con períodos relativamente cortos, reduce parte de los problemas señalados al enfocar el análisis. Pero Sandra McGee Deutsch no se contenta con esto y, para alzar el nivel de precisión, cada capítulo cuenta con una conclusión propia sobre cada país; asimismo, al final de cada sección de época hay una conclusión que intenta atar cabos con respecto a todos los temas tocados y, por último, al final del libro, un capítulo especial titulado "The Legacy" (El Legado). Este capítulo intenta resumir el impacto de lo analizado anteriormente sobre cada uno de los países, tocando también los elementos que aparecen a lo largo de todo el texto como 'variables' (tan difícil de usar esta palabra en historia…) centrales y productos de lo ocurrido -revisionismo histórico, populismo, los militares, la iglesia-, y concluyendo con una apreciación sobre el peso del legado. Debemos afirmar que el uso de variables comparativas en todos los casos y en todas las secciones da plausibilidad al ejercicio comparativo, aunque presenta innumerables dificultades para la autora misma.

Las 339 páginas de texto se leen con facilidad pese a las dificultades del tema. Las 147 páginas restantes contienen numerosísimas notas que establecen una firme base de fuentes primarias de archivo, hemeroteca y biblioteca, así como de fuentes secundarias, las cuales denotan un amplio conocimiento de todo lo que se ha escrito seriamente al respecto. Esto va complementado por una extensa bibliografía y un índice onomástico-temático muy detallado, haciendo del libro un instrumento de trabajo imprescindible para quien se dedique al tema.

Antes de remarcar algunos puntos sustantivos, permítaseme señalar lo que, en mi opinión, constituye una de las ventajas cualitativas de este texto. McGee Deutsch se preocupa de señalar, aunque brevemente, el rol cumplido por la mujer en cada uno de los casos y en cada época. Es indudable que historias modernas de estas sociedades deben incluir a "la otra mitad" de la población, aunque el carácter cultural masculinista haya relegado a las mujeres, en el pasado, a roles que casi no les daban acceso a la esfera pública. La falta de acceso, muy ligada al papel de la Iglesia, no anulaba el problema sino que lo difería hacia el futuro, creando presiones que, sin duda, se manifestaron de diferentes maneras a lo largo del período examinado.

Tiene razón la autora al expresar el pensamiento de que el impulso revolucionario, tan notorio en la política sudamericana durante la mayor parte del siglo XX, atrajo la atención de los investigadores, quienes 'descuidaron' el estudio de las derechas. Esta tendencia se ha visto revertida en los últimos años cuando historiadores y científicos sociales, frente a la magnitud del impacto de las dictaduras militares, especialmente en el área de derechos humanos, comenzaron a fijarse con seriedad en las raíces de este fenómeno. Puedo atestiguar mejor sobre el caso de Chile, en el cual sí se presto atención a las derechas desde la aparición de La Fronda Aristocrática de Alberto Edwards Vives y hasta El peso de la noche de Alfredo Jocelyn-Holt Letelier, pasando por la propia obra de Francisco Encina y la de Mario Góngora. Lo que no se puede aceptar como respuesta conceptual es la definición de Roger Eatwell, presentada en el libro, que califica a la derecha como "una variedad de respuestas a la izquierda". No es verdad que la derecha -y tampoco la derecha latinoamericana y la de los tres países analizados- se consolide como reacción a las tendencias igualitarias y liberadoras del momento. La derecha posee claras fuentes ideológicas que van desde el pensamiento de Tomás de Aquino a Edmund Burke, creando tanto conservadorismos reaccionarios que pasan por Vásquez de Mella y de Maeztu, como corrientes conservadoras consuetudinarias pero democráticas, mejor ancladas en el mundo anglosajón, pero que no dejan de influir ideológicamente sobre América Latina. Y esto, sin mencionar la mezcla liberal-conservadora (o liberal elitista) que es la que quizás más influyó sobre los políticos del nuevo mundo latino, quitando peso al argumento que lo liberal provoca reacciones de derecha.

Más adelante, ya ha sido ampliamente probado que las derechas radicales y fascistas
--con la variante del nazismo alemán- poseían claras fuentes ideológicas que no reaccionaban frente a la izquierda sino que, en una sociedad que ya había vivido, o estaba viviendo parcialmente, la revolución industrial, proponían fórmulas revolucionarias alternativas al socialismo marxista y al anarquismo. Tampoco es precisa la división entre una vieja y nueva derecha, ya que la derecha conservadora podía ser ultramontana y sumamente reaccionaria o democrática, mientras que lo que en este libro se llama la nueva derecha es analizada en general como derecha radical y derecha fascista, con la salvedad de que el fascismo, al menos en sus orígenes, escapa a la calificación derecha-izquierda.

Al final quedamos con derechas moderadas y extremas como una alternativa aceptable. Esto pese a que hoy no está claro que, tal como lo afirma la autora, la derecha extrema influyó más en Argentina que en Chile o Brasil. Quizás sea la naturaleza más autoritaria de las sociedades chilena y brasilera la que hizo que en esos países no fuera necesaria la presencia abierta, y quizás más violenta, de la derecha extrema, tal como lo sugería Juan Linz con respecto al fascismo en Europa, cuando afirmaba que donde los conservadores eran suficientemente fuertes el fascismo no había prosperado.

En el primer período analizado por la autora se enfatizan dos factores que azuzan a las extremas derechas locales: el dominio extranjero de las economías locales, ya fuera directo o a través del libre comercio, y la inmigración. Pero tal como señala la autora, más allá de la protesta anti-liberal común a los tres casos y las corrientes discriminatorias, es difícil comparar el problema de razas en Brasil con los otros casos, así como el antisemitismo en la Argentina con lo que sucede en Chile con peruanos y bolivianos o en Brasil con los portugueses. También las diferencias organizacionales y potenciales de los movimientos obreros muestran más diferencias que similitudes. Pero lo más difícil de comparar -o quizás imposible- es el área de las culturas políticas de los tres casos, y esto es válido para todos los períodos analizados. Chile, la república en forma de Portales, es el país que había logrado contener, en términos repúblicanos, la violencia social y política de la que estaba preñado, al igual que el resto de América Latina, en la época de la post-independencia. Ello llevó a un desarrollo institucional y político, acompañado por niveles de estabilidad más altos que en los casos comparados, aunque con fuertes contenidos elitistas y autoritarios. A su vez, esto estableció una tradición y cultura política legalistas y constitucionalistas que persisten hasta el día de hoy y que nunca existieron en la Argentina o Brasil, lo cual dificulta la comparación, ya que las matrices de la dimensión donde se lleva a cabo toda la discusión sobre las derechas extremas son diversas.

Lo mismo es válido, sin entrar en detalles, para el segundo y tercer período, donde se agregan dos nuevos factores: en el segundo, la presencia de la Tercera Internacional y los partidos comunistas locales, que señalan un salto cualitativo con respecto a los cánones organizacionales y la combatividad del movimiento obrero, y en el tercer período, la presencia de los movimientos cuasi-fascistas o de extrema derecha radical. Me limitaré a observar con respecto a esto último. El minucioso examen de la mimética y autenticidad del fascismo latinoamericano de entreguerras, tal como se revela en el Movimiento Nacional Socialista de Chile o el Integralismo Brasileiro analizados en el trabajo de McGee Deutsch, muestra muchos detalles mimetizados o copiados de los fascismos europeos y muchos otros de origen local, y la razón es clara. Tratándose de movimientos de extremo nacionalismo, los elementos locales -tanto de forma como de contenido-, así como la adaptación de la doctrina importada a las realidades locales, no pueden dejar de estar presentes. Esto no le quita fascismo a los nacistas chilenos o a los integralistas brasileros. Lo que les impide llegar a los estadios de madurez que requiere una definición conceptual de fascismo es el grado de desarrollo que ha alcanzado la sociedad donde gravitan. Está claro que el fascismo europeo tiene mucho que ver con el impacto de la revolución industrial en Europa, especialmente sobre problemas de identidad social y económica. Esto explica el papel central de las clases medias bajas y muchos de los contendios ideológicos y estilos que en el fascismo juegan un rol central, especialmente cuando el fenómeno es leído como estetización de la política, de acuerdo con Walter Benjamin. Todos estos elementos están ausentes de las realidades de Argentina, Chile y Brasil, donde aún se sueña con industrialización en el período previo a la Segunda Guerra Mundial y donde los problemas de identidad no giran alrededor del primordialismo, sino en torno al problema de la inmigración. Por ende, la clasificación de estos movimientos como fascistas es demasiado generalizadora. De aquí que sea preferible, si se quiere usar la conceptualización de Payne, hablar de derechas radicales o de cuasi-fascismo y no del fenómeno tal como aparece en la Europa industrializada.

Es indudable que la autora de Las Derechas abre un amplio campo de debate y debe ser reconocida como pionera en este área. El libro se convierte desde ya en lectura obligatoria para los interesados en el tema y hay que señalar que constituye una contribución académica de primera magnitud, más allá de la discusión que tal o cual punto puedan suscitar. La riqueza de detalles, la profundidad del análisis, la seriedad de la conceptualización hacen que la obra de Sandra McGee Deutsch salga victoriosa de la difícil confrontación asumida por la misma autora al decidir investigar este tema en clave histórica comparativa. Por lo tanto, no queda más que recomendar la lectura de Las Derechas. The Extreme Right in Argentina, Brazil and Chile 1890-1939.

Mario Sznajder Universidad Hebrea de Jerusalén




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