Regueros de tinta. El diario Crítica en la década de 1920


SILVIA SAYTTA: Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1998.

Silvia Saytta nos acerca, en Regueros de tinta, al que sin duda fue el proyecto editorial argentino más exitoso de los años veinte: el diario Crítica. El impresionante volumen de la prensa de la época (en los años treinta Argentina llegó a ocupar el 4o puesto mundial en lectura per cápita de diarios) justifica por sí solo el interés del objeto de análisis. Si además consideramos su comprometida participación en la vida política y cultural, el estudio cobra mayor relevancia por constituir una sugerente forma de acercamiento al contexto ideológico de la época.

La autora presta atención a dos aspectos diferentes de la publicación, aunque igualmente interesantes. La mayor parte de la obra está destinada a reconstruir las tácticas puestas en marcha por Natalio Botana para convertir su diario en una publicación con amplio respaldo popular. El capítulo final rompe con este enfoque para contextualizar las cambiantes relaciones políticas mantenidas por el periódico.

Saytta reconstruye con gran habilidad esas tácticas que permitieron a Crítica no sólo ganarse un público leal, sino establecer con el mismo una relación de estrecha camaradería que marcó una importante diferencia entre él y el resto de los periódicos argentinos. La publicación, que se presentaba a sí misma como la voz del pueblo, supo dar un contenido real a esa expresión a través de concursos, colectas para solucionar casos desesperados, reparto de juguetes y máquinas de coser en los suburbios o el mantenimiento de una oficina abierta a las quejas de la ciudadanía. Aunque Crítica ha aparecido siempre vinculado al sensacionalismo, los sucesos truculentos o la crónica deportiva, la autora rompe con esta imagen cierta pero insuficiente y demuestra el interés de Botana por usar unas páginas construidas a la medida de un lector sin mucha preparación, para acercarle a su entorno político y cultural. En este contexto se inscribe la participación en Crítica de autores vinculados a las vanguardias literarias, de intelectuales latinoamericanos y europeos y de jóvenes promesas argentinas, un aspecto apenas considerado cuando aparecen referencias a la publicación.

El análisis que realiza Silvia Saytta de la estructura y los contenidos de las variadas secciones de Crítica permite descubrir las estrategias específicas usadas por el diario para ganarse el interés y la confianza de los sindicatos, las mujeres, el público infantil o la campaña. Natalio Botana y sus redactores fueron capaces de articular espacios en los que cada lector pudo reconocerse de forma concreta y leer mensajes específicamente pensados para él.

Toda publicación, más aún un diario de tan amplia tirada e influencia como Crítica, constituye una rica fuente de información para conocer múltiples aspectos de la época en la que fue escrita. Detrás de cada historia y de cada argumento existe un trasfondo de ideas, asumidas muchas veces de forma inconsciente, que nos remiten al punto de partida en el que se sitúan los actores de una época para juzgarla. En este sentido, Silvia Saytta señala con gran acierto cómo la publicación de Botana, aunque fue vehemente denunciando la pobreza y las injusticias, luchó contra ellas desde la aceptación de la sociedad existente. La repetición de historias en las que se alaba al niño o al joven que reacciona frente a la miseria tratando de formarse en un oficio o incorporándose, pese a las dificultades, a un mundo laboral con el que espera mejorar la situación de su entorno, es la mejor muestra de esa aceptación de las estructuras socio-económicas vigentes. Precisamente esta interesante reflexión de la autora lleva al lector a preguntarse sobre cúales fueron las consignas lanzadas desde las páginas del diario a diversos sectores de su extenso público como las mujeres, los sindicatos o los habitantes de la campaña. Los discursos construidos y el tipo de información elegida por el diario para acercarse a ellos son una forma de conocer los roles asignados a estos grupos sociales, que no resultan suficientemente explorados.

El último capítulo, destinado a presentar los maleables contactos políticos establecidos por Botana con los líderes partidarios de la época, deja esta misma sensación de respuesta incompleta. En él la autora muestra las ambiguas relaciones establecidas entre Crítica y los socialistas de J.B. Justo, la creciente intransigencia frente al yrigoyenismo, el apoyo entusiasta al P.S.I. de Pinedo y de Tomaso, su activa participación en el golpe de Uriburu o el respaldo a la gestión del general Justo. La importante actividad política desplegada por Crítica hace lamentar que el libro no tenga más capítulos en los que se reflexione sobre el modo en que esa publicación, la cual supo retener el mayor número de lectores hasta la llegada del peronismo, entendía el sistema político. Siendo la prensa de los años veinte un intermediario político crucial y un elemento fundamental de difusión del ideario de los partidos, el lector queda con ganas de conocer las coordenadas desde las que Crítica interpretó su democracia. Conociendo su intensa actividad al lado de las formaciones partidarias, uno no puede evitar preguntarse acerca de la imagen que el diario construyó del ciudadano responsable y capacitado para ejercer el voto, los rasgos considerados más deseables para los partidos o las funciones atribuidas al ejecutivo y al parlamento. La concepción de la política que subyace a los cambiantes apoyos de Botana a las formaciones partidarias o los argumentos que justificaron el derrocamiento de Yrigoyen tampoco son explorados.

A lo largo de los años veinte y treinta, Crítica no sólo participó en la vida política cediendo sus páginas a los líderes partidarios de su agrado o mostrando sus apoyos en editoriales contundentes. La publicación, como todos los diarios de gran tirada del período, convirtieron el sistema político argentino en un tema de debate central al que destinaron espacio considerable. Profundizar en el conocimiento de estas discusiones y de las propuestas para asemejar su democracia a la de los países más desarrollados es una tarea de indudable interés. Posiblemente sea el enfoque cultural privilegiado por la autora en su análisis lo que explica la falta de profundización en los aspectos políticos. Sin embargo, es su incursión en este terreno la que suscita interrogantes sobre los discursos e imágenes lanzados por un formador de opiniones tan influyente como Crítica.

Laura Ruiz Jiménez                                                                                    Instituto Universitario Ortega y Gasset





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