Taking on Goliath


KATHLEEN BRUHN:  University Park, PA: The Pennsylvania State University Press, 1997.

Este es, en efecto, un trabajo pionero sobre el Partido de la Revolución Democrática en México, cuyo valor, sin embargo, fue dejado atrás por la realidad. Sin duda, si la autora escribiera ahora, llegaría a conclusiones muy distintas, especialmente en lo que toca a su visión más bien sombría sobre las posibilidades políticas del PRD, que no solamente ha ganado la gobernación del Distrito Federal, sino que se ha convertido en la segunda fuerza en la Cámara de Diputados.

El gran mérito del libro reside en su correcta descripción del proceso que llevó a la escisión más importante en el PRI, que da lugar al PRD, y a los eventos que llevan a la consolidación del PRD. Sin embargo, el análisis está sesgado, ya que se concentra solamente en Michoacán y el Estado de México, tal vez porque la autora trató de seguirle muy de cerca las huellas a Cuauhtémoc Cárdenas. La suposición de que el Frente Democrático Nacional se fundó para crear un partido político, y que la llevó a sostener parte de sus análisis sobre los problemas de la fundación del PRD, es errónea. La confluencia de fuerzas que dio lugar a un frente político fue en parte programática y en parte oportunista, porque había fuerzas como el Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional. Este utilizó acertada y oportunistamente la bandera cardenista para registrar un crecimiento artificial que le permitió sobrevivir unos años más antes de caer a su verdadero nivel, que es prácticamente nulo.

Este tipo de error analítico parece coincidir con un cierto desconocimiento de las sutilezas de la política mexicana, por ejemplo, cuando la autora considera que el ser presidente municipal de la capital de un Estado (Morelia) es una "posición básicamente administrativa" (p. 191). Y es que Bruhn fue incapaz de liberarse de sus valores y dejar de comparar el sistema político de México con el de Estados Unidos, tal y como lo hace una buena cantidad de los académicos estadounidenses. No se puede poner a los partidos no conservadores en la izquierda tal y como ubicó al PARM junto con el PPS (p. 58), porque así se crea confusión sobre el espectro político mexicano.

El planteamiento teórico, si bien es muy relevante, se quedó corto, al parecer cometiendo el error común de plantear un marco muy ambicioso y rígido que no resiste la prueba al aplicarse a un caso concreto.

La limpieza del estudio descriptivo contrasta con los errores históricos, y hasta de detalle, que pueden ser muy relevantes. Entre algunos de estos errores está el sostener que Casas Alemán era pariente de Miguel Alemán y a partir de esto sacar conclusiones sobre los intentos de reelección del segundo, o sostener que Fernando Baeza fue candidato del PRI a gobernador de Chihuahua en 1992 cuando en realidad ese mismo año terminaba su período gubernamental. De hecho, a él se le acusó de un flagrante fraude electoral en 1986 contra Francisco Barrio, quien contiende de nuevo en 1992 para ganar. Si bien estos parecen pecadillos menores, no lo son. Tampoco lo es la consignación errónea de fechas y análisis sobre el conflicto estudiantil de 1968, que no empezó con un mitin de celebración de la Revolución Cubana en la UNAM (p. 57).

Dentro de sus omisiones, si bien hace un análisis detallado de Solidaridad, no logró descubrir la gran derrama de dinero realizada para inclinar las elecciones de 1994 por medio de PROCAMPO, que fue un programa de subsidio para los campesinos y que, junto con Solidaridad, buscaba incidir en la elección presidencial. Tampoco identificó o discutió el impacto de Chiapas y el asesinato de Colosio en 1994, donde el gobierno pintó al PRD como un partido proclive a la violencia y a Cárdenas como un promotor de la misma.

Toda vez que el libro pretende discutir la lucha por la democracia en México debió haberle dado más importancia al PAN, y especialmente a su alianza con el PRI. Destacan en este sentido las "concertacesiones", procedimiento por medio del cual se le entregaron posiciones al PAN incluyendo, entre otras, la gubernatura de Guanajuato y la alcaldía de Monterrey.

El análisis económico es flaco y hasta parece repetir la propaganda gubernamental. Esto tal vez se deba a la imagen positiva que tuvo la gestión aperturista de Carlos Salinas entre los académicos estadounidenses y a la fuerza de la ideología.

A la autora le faltó penetrar los misterios de la política mexicana al grado de asumir teoremas ya muy rebasados. Por ejemplo, continúa aceptando la teoría del péndulo, sosteniendo la transición de Lázaro Cárdenas a Manuel Ávila Camacho como si el sistema se auto-corrigiera y el presidente saliente reconociera sus errores y carencias, cuando en realidad la nominación del sucesor muestra la imagen del presidente que no se equivoca (hasta Díaz Ordaz, a partir del cual los presidentes llegan a arrepentirse de sus delfines). Ávila Camacho fue el colaborador más cercano y leal a Cárdenas durante casi 20 años, con lo cual Cárdenas estaba poniendo las bases para la continuación de su poder político; la corrección ideológica es una ficción, porque Cárdenas se declara izquierdista hasta los años 50, muy lejos de su presidencia, aunque nunca deja de promover la Revolución Mexicana.

La última conclusión es inadecuada, porque parte de la base de que el PRD estaba en la lona y que no tuvo la posibilidad de negociar la rendición, mientras que la situación actual del PRD muestra lo contrario, al grado que hoy este partido sufre los problemas del crecimiento: en ciertos Estados creció de una manera inesperada hasta para algunos de sus miembros, pero éste es un tema que la autora ni siquiera se imaginó.

Con todo, es un libro importante, que contribuye a la historización contemporánea de México y a la explicación de la turbulenta transición a la democracia mexicana.

 

Samuel Schmidt Universidad de Texas, El Paso

 





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