Peronismo, populismo y política. Argentina 1943-1955


RAANAN REIN:  Buenos Aires: Editorial de Belgrano, 1998.

Este nuevo libro de Raanan Rein consiste en una colección de ensayos sobre algunos aspectos que el autor considera como los menos estudiados de uno de los temas más investigados de la historia argentina moderna. Como ya nos tiene acostumbrados Rein, el libro está en general bien argumentado y sostenido por una impresionante compulsa de fuentes primarias. Los tres ejes temáticos alrededor de los cuales se articulan los ocho capítulos del volumen son: la segunda línea de liderazgo dentro del sistema peronista, la socialización política mediante el uso de la educación y el deporte y ciertos aspectos de las relaciones internacionales. Respecto de esto último, algunos de los aspectos tratados en este libro ya habían sido explorados por Rein en obras anteriores, con mayor grado de detenimiento.

Como toda colección de ensayos, el volumen reseñado presenta heterogeneidades. Está claro desde el comienzo que el autor se encuentra pisando terreno más firme cuando trabaja en temas de su especialidad (las relaciones internacionales) que cuando incursiona en otras áreas que ya han sido elaboradas por otros y en las que su contribución es menos sólida y original. El primer capítulo comienza con una revista de la literatura sobre la naturaleza populista del peronismo, donde se reiteran argumentos en el sentido de que el régimen de Perón debe ser distinguido del Fascismo mussoliniano.

El capítulo continúa con una discusión sobre la segunda línea del liderazgo peronista, centrada en las figuras del Canciller Juan Atilio Bramuglia, el estadístico catalán José Figuerola, el industrial y mago de las finanzas Miguel Miranda, el coronel Domingo Mercante y el Ministro del Interior Ángel Borlenghi. Esta segunda línea peronista, según el argumento de Rein, tuvo una doble función: por un lado sirvió en los comienzos del régimen (y aún antes) para articular las relaciones entre Perón y determinados grupos sociales y, por otro lado, aportó una serie (heterogénea) de elementos ideológicos a la doctrina peronista. Sin duda, un análisis exhaustivo del papel cumplido por la segunda línea de liderazgo sería central para una comprensión más acabada del fenómeno peronista. Como Rein muestra, sin embargo, esta segunda línea de liderazgo tuvo una relevancia (y duración) bastante fugaz y sirvió más para organizar la coalición que llevó a Perón al poder que para mantenerla en pie.

La situación particular del Canciller Bramuglia, como demuestra el autor, parece haber sido bastante complicada. Su triunfo mayor, la negociación entre las potencias occidentales y la Unión Soviética durante el sitio de Berlín, que le tocó presidir como Presidente de Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, no sólo no le reportó prestigio en su propio país, sino que provocó recelos entre círculos importantes de poder (aquellos cercanos a Eva Perón, quien le profesaba una antipatía personal) y acabó siendo uno de los factores que determinaron su caída. Pero aún antes, su poder efectivo parece haber sido bastante limitado. El viaje de Eva Perón por Europa se organizó en buena medida a sus espaldas. Al mismo tiempo, como Rein muestra en el capítulo sobre la Argentina y la partición de Palestina, Bramuglia tuvo serios problemas para imponer sus puntos de vista al embajador argentino ante las Naciones Unidas, Dr. José Arce. De hecho, cuando Bramuglia decidió poner coto a la independencia de éste último, lo hizo a través del número dos de la delegación argentina, Enrique Corominas, y no dirigiéndose directamente a Arce, quien, por su parte, parece haberle prestado poca atención a sus exhortaciones (pp. 220-221).

El tema de la segunda línea de liderazgo, sin embargo, no se agotaría sólo con las figuras más descollantes de la primera administración peronista. Hubiera sido interesante, por ejemplo, continuar esta línea de investigación en lo referido a las políticas educativas del régimen. El establecimiento de los libros de texto peronistas, por ejemplo, ¿fue resultado de órdenes directas de Perón, o de la exagerada lealtad de algún funcionario (el Ministro de Educación, o aun de alguien de un nivel inferior) que luego fue aprobado por Perón ya envuelto en la dinámica de auto-glorificación? ¿Cómo se tomaban esas decisiones? ¿Cuál fue el papel exacto que les tocó cumplir a los ministros Oscar Ivanissevich y Armando Méndez de San Martín? Lamentablemente, Rein no intenta responder a estas preguntas y se limita en sus capítulos sobre socialización política a repetir, sin mayor análisis, lo que la literatura sobre el tema (que él mismo cita) ya ha discutido ampliamente.

Los cuatro últimos capítulos constituyen, sin duda, la parte mas sólida y original del texto de Rein. Los capítulos quinto y sexto, tal cual mencioné más arriba, elaboran material e hipótesis que ya habían sido trabajadas por Rein en trabajos anteriores. El capítulo séptimo, sobre la Argentina y la partición de Palestina, es realmente interesante y muestra hasta qué punto el régimen peronista no era la unidad monolítica que la historiografía tradicional presentaba. Además, analiza cómo decisiones de relativa importancia (como ser el voto de la Argentina en las Naciones Unidas referido a la cuestión de la partición de Palestina) eran, al menos en los primeros años del régimen, más el resultado de conflictos y negociaciones personales entre funcionarios de segundo nivel que el resultado de una política estricta impuesta por Perón. Finalmente, el capítulo octavo, sobre las imágenes conflictivas del peronismo en la prensa israelí, presenta material totalmente novedoso y muestra lo heterogéneo de dichas imágenes. A diferencia de los judíos norteamericanos, que por lo general veían en el peronismo un vestigio del nazismo, en Israel el régimen de Perón contó con una prensa variada, a tono con la ideología partidaria que representaba cada periódico. Este tipo de trabajo (junto con otros, como los elaborados por Ignacio Klich), deberían poner punto final a la vieja imagen del peronismo como un régimen antisemita (más allá de lo que Perón pudiera haber pensado personalmente y en privado acerca de los judíos).

En resumen, el nuevo texto de Rein discute una serie de temas interesantes, algunos de los cuales son tratados con mayor profundidad y originalidad que otros. Los capítulos sobre política exterior son altamente recomendables. En cualquier caso, el volumen plantea preguntas importantes que invitarán (es de esperar) investigaciones más profundas sobre ciertos aspectos del régimen peronista que han sido descuidados hasta el presente.

 

Mariano B. Plotkin Boston University

 





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