La cura del espíritu por el espíritu: la santidad y los hongos
NAHUM MEGGED  Universidad Hebrea de Jerusalén

 


 

Desde tiempos inmemoriales, los humanos consideraron como dioses o como materia divina a la planta que ingerían para vivir: el maíz fue sagrado, el material divino con el cual se hizo al hombre. Mas hubo otras plantas sagradas, aquellas hoy conocidas como psicotrópicas, plantas que alejan al que las usa de lo cotidiano y permiten ver y sentir realidades que irrumpen desde un mundo sacro y desconocido.

Aquel mundo, el desconocido, era visto como la fuente de todo lo existente. En él viven los dioses y los espíritus, y desde allí regulan todo lo que vive en la tierra.. No en vano captaron los primeros españoles que llegaron a Tenochtitlán, la capital mexica, la semejanza entre la misa cristiana al ingerir el pan sagrado como cuerpo de Cristo y el ritual en el cual se ingería el cuerpo de Huitzilopochtli, hecho de maíz y miel.

Estos mismos españoles usaron términos como "uso demoníaco" y "plantas del demonio" al describir el uso de las "plantas dioses" o "plantas del saber" utilizadas por los sacerdotes y médicos indígenas para poder captar y sentir a lo sacro, y para poder entender una situación que su raciocinio normal no entendía. Bernardino de Sahagún habló del hongo conocido por los indígenas con el nombre de Teonanácatl ("carne de lo divino"), por medio del cual "tenían visiones de cura o de muerte, sentían que caían en campos de batallas o que eran devorados por animales salvajes o que se convertían en acaudalados". [1] Durán escribió que "por efecto de estos hongos veían visiones y tenían revelaciones del futuro pues el Demonio les hablaba en medio de su locura". [2] Por esa misma causa en distintos lugares, principalmente en Guatemala, cuya iconografía antigua aún conserva centenares de Dioses-Hongos, se persiguíó a los sacerdotes de "los hongos de los infiernos" desde muy temprana época en la colonia.

El "hongo de los dioses" no existió ni existe sólo en América, sino que fue y es parte de los ritos chamánicos en Siberia y Mongolia. Fue posiblemente el Soma, la deidad vegetal venerada por los hindúes en el Rig Veda (segundo milenio antes de Cristo), y tuvo un papel importante en el culto del sol en la Escandinavia de la era del bronce. En el Códice precolombino de Viena aparece como deidad femenina de la tierra y madre de los rituales referentes a su uso.

A pesar de la larga trayectoria del uso de la "carne de lo divino", el conocimiento de su uso en distintas zonas de México, como Oaxaca, era prácticamente inexistente. Este desconocimiento se debía en parte al hecho de que los dirigentes espirituales, o chamanes, celaban el sacro secreto y, por supuesto, el uso religioso y terapéutico. En 1936 el etnólogo Roberto Weitlaner recogió muestras de hongos mágicos usados por los mazatecos en Oaxaca y las envió al museo botánico de la universidad de Harvard, mas por el largo recorrido y su estado de deterioro fue imposible identificarlos. En 1938 llegó Weitlaner a Huautla de Jiménez, entonces un lugar aislado y lejano, convirtiéndose en el primer europeo a quien se le permitió asistir a un ritual curativo, que duró toda una noche. En ese rito se ingerían hongos sagrados.

Quien abrió, en 1953, el universo de los hongos al mundo fue Gordon Wasson [3] . Presentado a los mazatecas por Weitlaner, fue el primer extranjero que ingirió los hongos como parte de un rito ancestral. En 1955 conoció a María Sabina, una mujer cuya sabiduría, a partir de entonces, fue fuente de inspiración indígena y occidental durante décadas [4] .

En 1957, Wasson publicó parte de sus experiencias en la revista Life. Esta publicación sobre las propiedades experimentadas de los hongos trajo a Oaxaca a masas de "hijos de las flores" de EE.UU. y Europa. Los jóvenes rebeldes de entonces iban allá a buscar la experiencia de una droga nueva, accesible, fácil y permitida, con efectos rápidos. Esta "droga" permitía tener una fuerte vivencia, sin la necesidad de atenerse a las leyes de sus países de origen o cumplir con las reglas de sacralidad y el largo recorrido de los chamanes mazatecas, para quienes los hongos de los dioses eran parte de un camino sagrado. Este camino estaba vedado a quien no había tenido una iniciación.

Para los mazatecas, "el Dios que habla desde los adentros" era una fuente de vida y saber, y no una experiencia psicodélica. En su autobiografía, María Sabina recuerda a los "jóvenes de pelo largo" que la visitaban "en busca de Dios", pero que no respetaban las reglas mazatecas e ingerían el hongo cuando se les daba la gana. Nunca antes de la llegada de estos jóvenes, recordaba, se comía hongos "con semejante falta de respeto". Este comportamiento sacrílego despojaba a las plantas-dioses de su fuerza antigua y sagrada y al mismo tiempo despertó fuerzas externas en la forma de autoridades, para quienes el hongo sagrado se convirtió en una droga peligrosa.

Lejos de Huautla, en un lugar caluroso y húmedo de Oaxaca, realicé mis estudios del hongo en su plano sagrado, con ayuda de chamanes que comprendieron mis intenciones y me creyeron cuando les expliqué que quería mostrar este aspecto sacro de las plantas, que son a un tiempo voz divina y la voz más profunda de los que, tras un largo camino, tocan con su espíritu los confines de la verdad. Prefiero no dar el nombre del pequeño poblado, a 150 metros sobre el nivel del mar, para evitar las peregrinaciones profanas que tanto daño hicieron hasta ahora.

El pueblo es mazateca, del grupo lingüístico macro-mixteco, descendientes de la última gran civilización que se desarrolló en Oaxaca, incluyendo la gran cultura del Monte Albán. Los miembros de esta etnia abandonaron el territorio en el que vivían cuando se construyó la represa Miguel Alemán y sus casas y campos fueron cubiertos por las aguas. Algunos siguen viviendo en las islas que se formaron en el nuevo lago; otros se dirigieron a tierra caliente, zona en la cual se encuentra el poblado en el cual llevé a cabo mi investigación (temperatura máxima de 42°C). Alrededor del poblado se extienden 16 ejidos, para los cuales el pueblo sirve como centro de servicios y mercado regional. La población es considerada y se declara católica, a pesar de que raras veces se encuentra un sacerdote en su iglesia.

En los últimos años creció, aunque en pequeños números, el credo espiritista Mariano Trinitario. Los miembros de este credo tienen un sistema paralelo de religión y cura tradicional. Los marianos trinitarios no usan en sus curas el "teonácatl", hongo sagrado. Distintos grupos evangelistas intentaron, sin éxito hasta ahora, levantar un templo en la población central y atraer adeptos. La tradición mazateca es la que rige, excluyendo al pequeño grupo espiritista que suma unas trescientas personas entre los 10.000 habitantes.

En este lugar mazateca, el uso de hongos sagrados es un camino de última instancia, después de que todos los otros caminos rituales y las hierbas curativas fueron infructuosos. Los hongos usados son de dos clases: "pajarito" (psilocibe mexicana Heim) y San Isidro (cubensis Singer). Estos hongos se recogen en los pastizales del ganado, cuando el pasto está aún mojado, hacia el final de las lluvias (en esta zona llueve más de 3000 milímetros anuales).

No cualquier persona puede recolectar los hongos. Como se trata de un regalo que da La Santidad misma, sólo pueden llegar a los hongos quienes creen en esta Santidad y en quienes la Santidad cree. El Chamán mazateca, o alguna persona a la que él facultó, los recogerá según la necesidad o diariamente a fin de prepararlos para su uso curativo. Durante la recolección rigen estrictas leyes rituales, tales como evitar ciertas comidas, abstenerse de relaciones sexuales, no pronunciar palabras obscenas u ofensivas, evitar juegos prohibidos, riñas y peleas. En otras palabras, se trata de entrar en un trance de sacralidad que permita el contacto cutáneo y espiritual con estos dioses vegetales.

Una vez reunidos los hongos, se los coloca en sus cestas, cubiertos por papeles, para secarlos gradualmente. En el caso del San Isidro, se guarda también en recipientes con miel abeja, para secarlo muy lentamente. Las causas por las que se pide el permiso de usar hongos son varias, aunque en la mayoría de los casos se trata de una larga lista de dolores físicos y espirituales. Los problemas psicológicos y religiosos son la causa principal, por ejemplo: inseguridad, intranquilidad, desesperación (puede ser también de otro miembro de la familia), problemas matrimoniales o de trabajo, la imposibilidad de aceptar la muerte de un ser querido, malos momentos con padres o hijos, brujería, vientos malos, etc. Al llegar, el necesitado debe explicar al chamán la causa de su visita y éste decidirá si puede usar los hongos. En caso afirmativo, sabiendo que irrumpirán las fuerzas ocultas, prepara al necesitado para que pueda llegar al momento en el cual "la voz divina hablará desde sus adentros". Lo sacro cura, pero puede también matar. La preparación consiste también en fijar el momento de contacto con los hongos y el comportamiento obligatorio hasta que llega la hora fijada.

Generalmente se dejan pasar unos días antes de dar comienzo al uso sagrado, para que el chamán se convenza de que las otras vías menores no ayudaron. En casos críticos, la cura podrá hacerse inmediatamente si el necesitado está listo y en ayunas, habiendo tomado agua exclusivamente. El ritual se lleva a cabo en la noche (alrededor de las 10), cuando las fuerzas nocturnas contribuyen al éxito. El chamán fija la cantidad de pares que podrá ingerir el necesitado. El uso de pares, que posiblemente obedece también a causas farmaco-biológicas, es para formar el completo: lo femenino y lo masculino, cielo y tierra, sacro y mundano, a través de hongos secos y en miel, que juntos forman la totalidad.

El chamán revisa si el necesitado tiene fuerzas físicas y psíquicas para poder incursionar en lo más profundo. Si la persona es débil, recibirá sólo dos pares. Esta cantidad será suficiente para alejarlo del mal que lo afecta y prepararlo para el viaje infinito y maravilloso. El paciente deberá realizar este viaje sin perder en ningún momento el contacto con el mundo real, para poder ver, oír y seguir las indicaciones del chamán. Deberá entender cada paso del ritual y así el éxito de la vía seleccionada se manifestará con más claridad. Si el chamán lo cree posible, le dará al paciente entre 4 y 7 pares, para poder penetrar más profundamente en el mundo del misterio.

Una vez tomada la decisión, el chamán bendice los hongos. Agrega carbón al fuego y copal al carbón, y sahuma la mesa del ritual y a los santos cristianos y paganos que se encuentran alrededor de la mesa y que son los guardianes del éxito del ritual. La mesa tiene un significado muy importante. Sobre ella se presentará la Santidad misma. Por esta causa bautizan la mesa con el nombre de "arca sagrada", de este modo ningún espíritu malo podrá afectar lo que se encuentre sobre ella, no podrá atacar al necesitado ni obstaculizar su camino. Si todo se lleva a cabo debidamente, ninguno de los que vinieron con el paciente para encontrar la cercanía de Dios se verá afectado.

Después de sahumar el espacio por todos los lados, incluyendo debajo de la mesa sagrada, el chamán coloca una silla frente al Arca Sagrada y frente a los santos y enciende una vela blanca (a los dioses del cielo, como en las culturas mayas) dando lugar así a la tranquilidad espiritual necesaria. Luego prepara en el centro de la mesa los hongos que deberán ser ingeridos y une las manos en posición de bendición, y de esta forma toca los hongos para comunicarse mutuamente la fuerza: de la planta sagrada a las manos y de las manos a la planta sagrada. Inmediatamente después comienzan los rezos en mazateca y español pidiendo a la Santidad proteger al necesitado, al que comerá de esta carne de los dioses: que la Santidad lo proteja en su camino de todo enemigo que salga de dentro y de fuera y de todo el mal que pulula en todo lugar. En el rezo se repite varias veces el nombre de la persona, entregada ahora a su sabiduría, porque en el nombre propio están todos los componentes de su identidad y su magia individual. Luego el chamán se dirige a cada uno de los santos presentes en figura, repitiendo el nombre del paciente y añadiendo rezos que se denominan como algunas oraciones cristianas, pero cuyos contenidos están cambiados en parte, debido al sincretismo tan peculiar que reina en el lugar. Así se escuchan plegarias como el "Padre Nuestro" y el "Ave María", en la que junto con la Virgen, madre de Jesús, también aparece el nuevo ser del santoral mazateca: la Santa María Sabina, la gran sabia de los hongos, para que desde su lugar infinito ayude al chamán, su alumno en espíritu, a dilucidar los secretos que se expresarán en el camino.

Después de los rezos, el chamán se confiesa y pide disculpas ante la Santidad por todo hecho malo que hizo, por todo tabú roto. Lo mismo hace el paciente, quien pedirá perdón también por quien le hizo a él mal o piensa hacerlo. En el camino sacro no hay lugar para odios ni rencores, ya que estos sentimientos negativos nublan el camino y cierran las puertas de la luz. Después de bendecir las velas, el chamán y el paciente cambian de lugar. Un vaso de agua es colocado a la derecha del tratado y el chamán apaga la vela blanca.

Después de las acciones preliminares comienza la comida sagrada. Lentamente se ingieren los hongos. Terminada la comida, el paciente bebe el agua colocada por el chamán. Después masticará lentamente pedacitos de copal. Este elemento nuevo desencadena al parecer efectos químicos, pero para el chamán se trata sólo de una acción ritual que trae la calma y permite concentrarse en el camino. No faltan escollos y a cada instante pueden surgir otros. Mientras el paciente consume los hongos, el chamán marca cruces de tabaco en sus manos y espalda y esparce polvo de tabaco ritual para evitar que los enemigos lo ataquen hallándose éste en sus momentos de debilidad, por estar entregado totalmente al vuelo místico.

También el chamán consume generalmente un par de hongos, para poder acompañar en el camino y para ayudar a dilucidar los signos que irrumpirán desde la luz interna que se prenderá. Los hongos le darán también herramientas para luchar contra los males que acechen durante el vuelo. Las luces de afuera están apagadas. Sólo hay oscuridad y voces. También las ventanas fueron cubiertas para que ningún rayo de luz entre en el espacio vedado. La falta de luz externa permite captar la luz interna con mayor claridad, como si detrás de un ventanal iluminado en la noche oscura se captara toda imagen y movimiento.

El paciente comienza a pedir perdón en silencio por sus malas acciones, tanto las que conoce como las que desconoce. Pide perdón para quienes le hicieron mal, pide perdón a sus familiares cercanos y lejanos, comenzando por los padres vivos o muertos. Con lágrimas se dirige a los santos y ante la Santidad que aún no se refleja, confesando no sólo lo malo que hizo sino también lo bueno que pudo hacer y no hizo. Sólo así la Santidad podrá escuchar su ruego y dialogar con él. Junto a la mesa hay otros acompañantes que rezan con el chamán y que juraron no contar lo que se descubrirá en este viaje. Como copilotos en un vuelo celestial, deberán ayudar al paciente y, por ahora, piden el indulto para él. Sus rezos deben despejar el camino y atacar al mal que interfiere entre la persona y su vuelo mágico. El chamán y sus acompañantes comienzan el vuelo místico y soplan mientras dura, para librar el camino del paciente. Los males deben moverse del lugar, aunque parezcan eternos e inamovibles.

El mal empieza a alejarse del camino. El mal principal no viene de afuera: es la mala sombra que creció más que la luz. En esta sombra radican el orgullo, el mal carácter, el sentirse superior a subalternos o a aquellos más inferiores en la escala social, la falta de justicia acompañada de la sensación de que todo está permitido, la ofensa de amigos y de seres indefensos, etc. El soplido moverá estos y otros males del camino, incluyendo algunos que se descubren durante el viaje, males de los cuales adolecen parientes, amigos y conocidos. Asimismo, el soplido moverá de su lugar a brujos y brujeías, para que se pueda llegar antes y de mejor manera ante la luz.

Si alguna vez el paciente utilizó brujería, formó delante de sí un duro escollo, al que tratará de vencer con rezos y cantos. No siempre los rezos ayudan y el vuelo se detiene. Si esto ocurre, el paciente deberá levantarse de la silla, salir a la intemperie y arrojar de sí todo mal que se le haya pegado mediante movimientos crecientes desde la cabeza a los pies, para nuevamente pedir ser límpido y puro, como se debe ser en este trance sagrado. Se tocará las partes afectadas por el mal en su cuerpo, soplará sobre sus manos, área del bien y del mal, moviendo las palmas. Muchas veces vomitará para sacar el mal de adentro y purificarse.

Mientras el paciente lucha contra sus males en el espacio abierto dentro de la cabaña, el chamán, que sigue su vuelo, le guía en cuanto a lo que debe hacer para librarse del mal; le explicará la causa por la que detuvo el viaje y cuándo debe volver junto a la Mesa Sagrada para seguir el camino. Cuando el paciente capte lo que dejó atrás, entenderá por qué esta suciedad que salió de su cuerpo y espíritu impedía su viaje desde "el Arca Sagrada" a la luz Suprema. Ya nuevamente en el camino, se volcará en el área oscura una luz muy fuerte, un manantial que se abrió camino desde el arrepentimiento y los rezos sinceros.

Al volver a la mesa, la elevación es rápida, ya que los escollos quedaron atrás. El paciente se encuentra de pronto con laSantidad. Ante los ojos de quien mira desde fuera, se ve el cambio en la cara, nace la sonrisa de felicidad y alegría. La cara se ve rejuvenecida y la sensación es que para el paciente es uno de los momentos culminantes en el vuelo. Allí comienza el diálogo con la Sacra Luz. El paciente comienza agradeciendo con palabras muy rudimentarias el favor nunca visto antes, el haber tocado lo más santo sin que a consecuencia de ello viniera el mal. Luego cuenta a la Santidad los males que lo llevaron a pedir la ayuda de los hongos sagrados. Dada su cercanía a la fuente de todo bien y de todo mal, pide también por sus familiares, conocidos y por todo el pueblo. En esta etapa trata, con la ayuda del chamán --entregado al éxtasis del vuelo-- de entender lo que ve en este viaje maravilloso. Intenta entender por qué y cómo le vino el mal a él o a otros de sus seres queridos y busca vías de solución y curación. Así preguntará a la Santidad sobre plantas medicinales, sobre problemas que aún le esperan, sobre seres queridos, amigos y por toda su etnia.

Durante todo su vuelo no pierde el dominio de sí mismo y escucha las palabras continuas del chamán que vuela junto a él. Sólo el chamán conoce los pormenores del ritual y acompaña con luz. Él ordenará acelerar o disminuir el vuelo según las necesidades, y el paciente escuchará todo lo que ocurre a su alrededor para atender a las indicaciones y hasta a la orden de detener el vuelo, si las circunstancias lo exigieran.

Se necesita un estado de alerta total para escuchar las respuestas que llegan desde El Todo. La aparición de lo más sagrado puede tener la forma de una luz muy fuerte, muy clara y brillante, en la que se combinan colores distintos o en la que cada color aparece separado. Desde la profundidad del infinito comienza a aparecer la luz que se acerca gradualmente. Un manantial se abre bajo los pies y una catarata grita alrededor. El Arco Iris se refleja en el agua sonora y los colores son inconcebibles en belleza. La sensación no es sólo de un viaje, sino de una ascensión por otro camino que llega a otras puertas del cielo. Se huele el incienso y se ve una neblina, tras la cual se encuentra la inconcebible Santidad. También el chamán capta a laSantidad al mismo tiempo y, al sentirla cerca, eleva canciones y loas de agradecimiento, dirigiéndose a su paciente para llamarle la atención sobre su situación de hijo único.

En su supremo éxtasis, el paciente no sabe si reír o llorar. Su espíritu tiende a ambas. Hay momentos en los que padece una mudez absoluta, porque se encuentra ante la inmensidad del espíritu y la luz superior lo cubre, lo baña y le da una felicidad antes desconocida. El mundo se hace pequeño e íntimo. En pocos minutos el vuelo lo lleva de costa a costa. Paciente, chamán y acompañantes vuelan juntos: allí se descubre que en el mundo hay una belleza y un bien supremos, y que también existe el mal inconcebible, que reside en la profundidad de los corazones.

Al recibir la luz que implica la presencia absoluta de lo sacro sobre "el Arca Sagrada", comienza la salvación. El paciente pierde el miedo al mundo. Al terminar el vuelo, le embarga un cansancio enorme y el chamán ordena un descanso. La respuesta a sus visiones la recibirá a la noche siguiente y durante cuatro noches consecutivas, a través de los sueños. Muchas veces, la riqueza de visiones traerá soluciones en sueños durante 16 noches (cuatro veces cuatro). Durante estos días deberá comer frugalmente y evitar el frijol y el arroz, el café y la comida con chile (porque la boca es sensible a los sabores fuertes). Queda terminantemente prohibida cualquier clase de alcohol, porque puede producir fuertes dolores de cabeza. Durante 16 días también quedan prohibidas las relaciones sexuales y, básicamente, debe descansar.

Puede ocurrir que, a pesar de la preparación previa, el viaje no termine bien o no termine. El paciente no consigue liberarse de sus ataduras y por ello no puede encontrar soluciones a sus males. Tal vez no guardó los tabús o no fue sincero en su confesión y arrepentimiento. Tal vez no creía suficientemente o no venció a los odios, que no lo abandonaron. Como consecuencia, se siente mareado y confundido, sin poder entender las visiones. En este caso, es necesario un nuevo tratamiento. Debe descansar, regresar a su casa y en un día fijado (generalmente 16 días más tarde) volver. En estos casos, generalmente en la segunda vuelta se sumarán al acompañamiento activo los otros presentes junto a la mesa sagrada. Estos acompañantes servirán de guías en el camino, por tratarse de seres con gran experiencia. Viajarán juntos y él o los guías tratarán de explicar los errores. Ellos le darán a entender lo que debe hacer y con su soplido tratarán de abrirle el camino.

Los guías, quienes tomarán también un par de hongos, tratarán de descubrir los íntimos secretos escondidos por vergüenza. Los guías no indicarán lo que ven en su viaje, sino que le permitirán al necesitado hacerlo por sus propios medios. De esta manera le darán a entender que ellos y los seres superiores ven los problemas que detienen el avance, pero que si el paciente no se explica a sí mismo qué es lo que le impide moverse, no habrá solución. Cada uno debe enfrentarse con sus problemas hasta vencerlos. Le prometerán que nada de lo que descubran saldrá a la luz del día. Por ello no debe temer ni avergonzarse. Errar es humano y sin reconocer el propio error, no habrá perdón o solución. Para vencer los escollos, si es necesario se llorará, a pesar de que generalmente "los hombres no lloran". En este camino, el llanto es válido y haste deseable. Ninguno de los presentes se erigirá en juez. Ellos son humanos como él y entienden lo que es sufrir; ellos se identifican con su dolor al tratar de salir de lo que lo acosa sin encontrar el camino para hacerlo.

La enseñanza de los hongos es que se trata de un camino por el cual pueden transitar quienes tienen la capacidad de reconocer errores, de arrepentirse y perdonar. Sólo así se escucharán las voces tan antiguas como el mundo mismo, voces de Dios y de la Santidad, voces de los interiores mismos del ser, que generalmente no escuchamos. Así el mal desaparecerá y se iniciará el camino a la redención que todos ansían. El fracaso y el éxito dependen de cada individuo responsable de sí mismo. Las causa del fracaso son generalmente la falta de fe suficiente, las acciones prohibidas, los tabús rotos, la agresividad y, principalmente, la imposibilidad de reconocer las propias debilidades. Los hongos no ayudan cuando el que los usa no se ayuda.

No todo el que pide ayuda del chamán la recibe. Si usó alguna otra planta psicotrópica, especialmente el toloache, [5] los hongos podrán el mal. Las visiones serán pesadillas y no podrá librarse de los dolores de cabeza. Si no cuenta al chamán sobre las drogas que tomó, el chamán lo descubrirá mirando la cara del paciente entre dos velas que deben alumbrar la verdad. Si las velas indican que todo está en orden, aún quedan los espíritus a quienes se consulta sobre las posibilidades del viaje.

Los hongos son en esta cultura la última y no la primera puerta para la salvación. Toda la vida está regida por esta fuente de revelación y del saber. Se trata de un Dios o una creación de dioses para salvar cuerpo y alma y para encontrar el camino a la verdad.

¡Qué distancia infinita existe entre este largo proceso de la cura del espíritu por el espíritu, de esta expresión cultural tan profunda, y la búsqueda indiscriminada de vivencias de los que llegan de otros lugares y convierten lo sagrado en otra droga más!

 

NOTAS

    1
    Bernardino de Sahagún, el clérigo franciscano que hizo el primer y más profundo estudio etnológico ya en el siglo XVI, publicó sus descripciones municiosas en su obra monumental, titulada Historia General de las Cosas de Nueva España. Parte del material que sirvió para escribir su obra de 16 tomos se encuentra en los códices llamados Informantes de Sahagún. La cita usada es de los informantes, citada por Peter Furst en Enciclopedia de las drogas psicoactivas, Tomo sobre Hongos, México, Diana,1995, pp. 84-85. 
    2
    Al igual que Sahagún, Diego Durán publicó sus experiencias con el mundo indígena mexicano en su libro Historia de las Indias de Nueva España y islas de tierra firme, que volvió a imprimirse en México en la editorial Andrade y F. Escalante (2 vols.) en 1867. 
    3
    Wasson R., Gordon, The Wondrous Mushroom: Mycolatry in Mesoamerica, N.Y., Mc Graw Hill, 1980.
    4
    Estrada Álvaro, María, Sabina, Her life and Chants, Santa Barbara, California, Ross Erikson, 1981. 
    5
    Toloache es una pequeña flor de la familia de la datura, con terribles efectos tóxicos y mal neurológico irreversible. El toloache fue considerado por los indígenas mismos como parte de las fuerzas del mal. 




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