De la hacienda a la comunidad: la sierra de Piura, 1934-1990    
KAREN APEL:  Lima, IEP-CNRS-IFEA, 1996.
 

Uno de los temas centrales de la investigación antropológica, histórica y económica del Perú desde los años sesenta han sido las comunidades indígenas o campesinas. Sin embargo, el empleo de ejemplos provenientes exclusivamente de los Andes centrales y sureños ha dado lugar a modelos difíciles de aplicar a la zona norte del país. Los pocos estudios que hay sobre ella coinciden en que los rasgos "típicos" de la cultura andina son muy débiles y casi inexistentes en la región piurana de Frías, que es el objeto de estudio de Karen Apel. El propósito de esta autora es analizar las transformaciones fundamentales experimentadas por el sector agrario en Piura. Mediante la insistencia y demostración de la particularidad de la sierra norte del Perú, intenta reconstruir la situación de los campesinos dependientes de las haciendas y su conversión en comuneros.

Las comunidades de la sierra piurana tienen orígenes diferentes y han obtenido su reconocimiento legal en coyunturas distintas. Aunque entre las décadas de 1930 y 1950 se dio una primera fase en su reconocimiento, la organización de la gran mayoría de estas formaciones sociales respondió a posibilidades legales creadas por la reforma agraria de 1969. Ante ese hecho, son dos las preguntas que articulan el texto. Mientras la primera plantea por qué los antiguos colonos de hacienda escogieron organizarse en comunidades campesinas, la segunda insiste en los motivos que han dificultado su disolución. Para dar una respuesta a ambas cuestiones, el libro se organiza en cuatro capítulos.

En el primero de ellos se discute sobre los distintos movimientos campesinos que se produjeron en el Perú entre las décadas de 1930 y 1950. Al contrario del radicalismo demostrado por los campesinos en otras zonas del Perú, donde las luchas campesinas se centraron alrededor de la posesión de la tierra, los colonos de Piura no cuestionaron el sistema de hacienda, sino que su lucha se orientó a reivindicar mejores condiciones de trabajo. En este sentido, resultó básica la tarea de asesoramiento campesino asumida por miembros del Partido Socialista del Perú, como Hildebrando Castro Pozo, responsables del logro de muchas ventajas laborales para los colonos. El segundo capítulo describe el proceso de la reforma agraria de 1969. Las comunidades campesinas surgidas de las antiguas haciendas no fueron una forma de organización social que satisfaciese las expectativas de los campesinos, sino una respuesta a la política agraria estatal. A diferencia de otros campesinos comunarios, el piurano ha desarrollado su producción a nivel individual, considerándose, al tiempo, socio de la comunidad y propietario de los terrenos de ésta. Karen Apel explica tal ambivalencia a partir tanto del pasado del comunero como antiguo arrendatario, como de las condiciones ecológicas favorables que no demandaban "la conducción de diferentes ciclos agrícolas ni una planificación minuciosa de la mano de obra". A su vez, esa especial consolidación de la organización comunal dio lugar a patrones organizativos poco articulados que han encontrado en las rondas campesinas una forma de compensar las carencias en la solución de conflictos internos, lo que ha fortalecido a la larga la organización comunal. El tercer capítulo se centra en las cuatro comunidades campesinas herederas de las haciendas de Poclús y Pariguanás. Aparecieron en los años ochenta como consecuencia tardía de la reforma agraria en el distrito de Frías (provincia de Ayabaca), siendo sus nombres Sánchez Cerro de Poclús, San Martín de Challe Grande, Túpac Amaru de Pariguanás y José Olaya de Silaguá. Basandose en un riguroso trabajo de campo realizado entre 1989 y 1991, la autora describe las particularidades de las haciendas y el proceso de reforma agraria que las afectó.

Para finalizar, el último capítulo ofrece una discusión en torno a las comunidades campesinas como la organización social más representativa del campesinado andino. Esta última sección recoge las interrogantes sobre el significado que para los campesinos serranos de Piura tiene la pertenencia a una comunidad y los motivos que les llevaron a adoptar ese tipo de organización. Estos planteamientos cobran interés si se tiene en cuenta que, tal como indica Karen Apel, la organización comunal fue un modelo impuesto por el Estado que no respondía a las expectativas de titulación individual de la mayoría de los campesinos. Entonces, ¿los campesinos las han adoptado porque eran la condición previa para la adjudicación de tierras? De ser así, ¿por qué las mantienen, sobre todo si los campesinos organizan su producción y disponen de sus tierras sin que la organización comunal interfiera en el proceso productivo? Los argumentos sobre la funcionalidad de las comunidades que se defienden en el libro en cuestión es que, aunque la organización comunal en el proceso productivo es muy débil, su legislación constituyó un marco de referencia para el funcionamiento interno de la comunidad que contribuyó a evitar los altos niveles de conflictividad internos, sobre todo en el caso de transferencia de tierras.

Sin negar la seriedad documental demostrada por la autora ni las aportaciones de su trabajo de campo, cabría señalar la necesidad de que hubiera habido mayor explicación en las afirmaciones vertidas en el texto, ya que resultan demasiado descriptivas. Además, si se trataba de demostrar la especificidad de la variante piurana frente a un modelo "andino" tradicional, no hubiera estado de más recordar que ese mismo modelo se encuentra profundamente cuestionado por la multitud de variantes existentes en los Andes centrales y sureños. La atención a dicho detalle hubiera proporcionado una base analítica más sólida para dar una explicación comparada a las diferencias de respuesta histórica de los campesinos en unas y otras regiones. La autora aporta la información pero no desarrolla todo su potencial, limitándose incluso a utilizar categorías obsoletas y poco esclarecedoras como las de "semifeudal" para referirse a los hacendados. Asimismo, tampoco queda claro por qué estas comunidades en formación constituyen un paso en el proceso de democratización del medio rural.

Pese al exceso de tecnicismo del trabajo, éste supone un notable aporte al conocimiento de la historia agraria regional peruana y proporciona fundamentos para comprender la continuidad de la organización comunal y la importancia de los artificios culturales en la gestación de la convivencia.

Marta Irurozqui Victoriano                                                                                                           CSIC, Madrid





© 2017 Tel Aviv University