¡Emiliano Zapata!, Revolution and Betrayal in Mexico
SAMUEL BRUNK:  Albuquerque, University of New Mexico Press, 1995.

Zapata y el zapatismo, a más de 85 años del comienzo de la revolución, siguen siendo dos de los temas más prominentes en el México contempo- ráneo. Bajo la crisis actual del Estado, la imagen de este líder deja de ser un asunto puramente académico, para convertirse en uno relevante en la discusión pública mexicana. Sobre este trasfondo, la monografía de Samuel Brunk es de suma importancia, pues devuelve la imagen de Zapata de la esfera mitológica en la que se encuentra a su contexto histórico.

Basándose en abundantes fuentes primarias nuevas o que fueron poco exploradas hasta el momento, el autor nos presenta una nueva biografía política de Zapata. Según Brunk, todas las obras escritas hasta el día sobre el tema, tanto por protagonistas de la revolución como por investigadores, enfatizan más al movimiento que al líder mismo (p. xiii), explicando tal tendencia como parte de una inclinación más global de los investigadores a minimalizar la función de los individuos en la sociedad rural (p. xiv).

La investigación sobre Zapata, según el autor, se encuentra frente a obstáculos objetivos, que surgen de la falta de fuentes primarias de las cuales se pueda aprender distintos aspectos de la trayectoria de su protagonista. Tales aspectos son, por ejemplo, los movimientos diarios de Zapata, los factores de su niñez y su juventud que influyeron en la formación de su personalidad y, finalmente, la dificultad de evaluar hasta qué punto los distintos documentos que firmó son obra de su mano y no de las de los intelectuales del movimiento (pp. xv-xvi). Conviene señalar aquí que, a pesar de estas observaciones certeras, el autor no logra a lo largo de su obra sobrepasar los límites de escribir sobre Zapata sin entrar de lleno al movimiento zapatista, lo cual evidentemente es imposible.

El libro se divide en nueve capítulos que siguen una narración cronológica de los hechos. A través de la narrativa, se presenta una tesis poco novedosa: según ésta, Zapata ejerció un excelente liderazgo sobre su movimiento a nivel local y regional, pero fracasó frente a los desafíos nacionales después de la derrota de Huerta. No obstante, a pesar de su poca novedad, el autor presenta nuevos argumentos que explican el fracaso del zapatismo a nivel nacional. Según Brunk, Zapata y su gente se identificaban como parte de la nación mexicana, pero sus intereses inmediatos se concentraban en sus problemas agrarios locales (p. 9). Dicha conciencia constituía la base de movilización y consenso del zapatismo hasta la derrota de Huerta. Mas, tras el triunfo en 1914, las diferentes perspectivas nacionales de los jefes e intelectuales (rurales y urbanos) sobre el futuro afectaron decisivamente la posibilidad de que el movimiento representara una visión integrativa a nivel nacional.

El autor sostiene su tesis a través de un análisis brillante de las distintas fuerzas y clases sociales que constituían el zapatismo. Dicho análisis está enfocado en las relaciones amistosas y conflictivas entre Zapata, los distintos jefes e intelectuales. Zapata, según Brunk, logró hasta 1914 arbitrar entre las distintas fuerzas, pero su liderazgo regional, limitado geográficamente a la zona de Morelos, Puebla y Guerrero, fracasó a partir de entonces frente a la necesidad de mediar entre fuerzas sociales mayores. Todo lo antes mencionado surge frente a la necesidad de decisión en el conflicto entre Carranza y Villa y el dilema interno en el zapatismo de decidir si aliarse al "Barón de Cuatro Ciniegas" o al "Centauro del Norte". Concluye el autor que Zapata y Manuel Palafox fueron las dos figuras dominantes en la decisión de aliarse a Villa.

Otro tema muy bien analizado, en los capítulos II y III, es la época de la revolución maderista y las relaciones conflictivas entre Zapata y Madero. Según el autor, la defamación de Zapata por parte de los porfiristas, la influencia que ello tuvo sobre Madero, y la poca conciencia de Zapata sobre la necesidad de difundir las metas del zapatismo en el Distrito Federal fueron contundentes en cuanto a los factores que condujeron a la ruptura entre Madero y Zapata, aun más allá de las diferencias socio-económicas que contribuyeron a dicha desavenencia.

A pesar del excelente análisis del autor de los temas principales, es preciso hacer algunas objeciones y observaciones, comenzando por la influencia de la identificación de Zapata y su visión histórica, un aspecto que queda borroso y contradicho por el propio autor. Pues, ¿cómo puede ser que Zapata se sintiera desinteresado por gobernar la nación mexicana moderna, a la que se autodefinía como perteneciente, desde su mismo centro - la Ciudad de México? El autor no ofrece una explicación alternativa a esa pregunta y, por el contrario, vuelve a las explicaciones clásicas de lo poco familiar y cómodo que se sentía Zapata en el Distrito Federal, causa que lo llevó a fines de 1914 a volver a Morelos, en los momentos cruciales de la lucha contra Carranza.

Pasando al tema clave de la lucha de fracciones en 1914, creo que es indiscutible que la causa principal de la ruptura entre Villa y Carranza, más allá de las pretensiones personales, se encuentra en las diferencias socio- culturales entre ambos líderes. El autor acierta sobre dichas diferencias entre Zapata y Carranza y la similitud entre Villa y su protagonista. Pero, a mi forma de ver, dicho análisis es insuficiente, por lo que es imprescindible enfocar el tema bajo una perspectiva más amplia, que contemple no sólo los factores conflictivos entre las fracciones mencionadas, sino también las características comunes. En otras palabras, entre los intelectuales cercanos a Zapata se encontraban personas que tenían mucho más en común con los carranzistas que con los villistas. Por dar sólo unos ejemplos, Antonio Díaz Soto y Gama, uno de los emisarios de Zapata a las pláticas con los carranzistas, compartía con Antonio Villarreal (uno de los emisarios de Carranza) un pasado político e ideológico común como veteranos del P.L.M.; otro ejemplo es la amistad de juventud entre el zapatista Gildardo Magaña y el carranzista Francisco J. Múgica. Los dos eran oriundos de Michoacán y compartían, además de su mentada amistad, una ideología anticlerical radical. Dichos líderes zapatistas, que junto con Manuel Palafox llevaron adelante la política interfaccional del movimiento entre 1914-1916, tenían más en común con distintos líderes carranzistas que con los nuevos miembros del villismo: la familia Madero, Manuel Bonilla o Felipe Angeles.

Tomando en cuenta que es muy dificil separar a Zapata de su movimiento como tema histórico, creo que es imprescindible referirse a lo observado. Por último, la elección del autor de narrar la biografia de Zapata cronológica- mente, volviendo sobre hechos ya relatados, así como la falta de conceptualización y tipología de su liderazgo caudillista frente a los de otros caudillos revolucionarios, impide una visión mas novedosa del tema.

A pesar de dichas observaciones, creo que, a treinta años de la clásica obra de John Womack, el libro reseñado es un verdadero aporte a la investigación de la revolución mexicana en general y del zapatismo en particular. Al actualizar el tema, la obra de Brunk puede ser de interés no sólo para especialistas o estudiantes de la revolución, sino para un público más amplio.

Marcelo Blidstein Universidad de Tel Aviv




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