En torno a los campesinos argentinos: aportes críticos para su estudio y discusión    
MARCELO GERMÁN POSADA Universidad Nacional de LujÁn / FLACSO, Argentina
 

 

La dirección que tomó el desarrollo económico argentino, asentada sobre la expansión de la producción agropecuaria pampeana, marcó en gran medida las preocupaciones académicas acerca del carÁcter de la misma. A lo largo de las décadas se multiplicaron los estudios económicos, econométricos, sociales e históricos que intentaron desentrañar la matriz de origen de dicha evolución, como así también el desarrollo futuro del sector y de la región en general. Los anÁlisis políticos tampoco estuvieron ausentes de estas preocupaciones; son muchos los textos que versan sobre la estructura social pampeana, sobre la forma de producción predominante en la región, acerca de la dirección que adoptarÁ la actividad agropecuaria, etc. En general se trata de textos críticos para el todo o para algún aspecto de la cuestión, o bien laudatorios para una determinada política o sector social.

La notable preponderancia pampeana hizo perder de vista al agro del resto del país. No queremos decir con esto que no existan investigaciones, ensayos y discusiones sobre la situación agraria en el interior de la Argentina; basta recordar la recorrida efectuada por Bialet Massé y su posterior informe, [1] o las investigaciones efectuadas por enviados del Poder Legislativo que fueron publicadas por el Congreso Nacional. [2] Podríamos continuar agregando las investigaciones mucho mÁs recientes que efectuaron (y efectúan) las distintas Universidades Nacionales, centros de estudios privados, algunos organismos nacionales, etc. Intentamos expresar que el papel desempeñado por la región pampeana impidió que se centrara la discusión en importantes aspectos del desarrollo agrario extrapampeano. Así, no se asistió nunca a un debate sobre la asignación de recursos, por ejemplo para la región noroeste, como el que ocurrió entre fines de los 60 y mediados de los 70 para la pampeana. Las discusiones en torno a las formas organizativas de las explotaciones, de larga data para la región pampeana, son de origen mÁs o menos reciente para el resto del país; los actores que llevan a cabo el proceso productivo y las relaciones sociales que los unen fueron objetos de estudio aún mÁs reciente. 

Podemos decir que desde fines de la década de 1960 es cuando comienzan a sistematizarse estudios que se centran en el agro extrapampeano. Los trabajos realizados por el Grupo de Sociología Rural del Servicio de Economía y Sociología Rural (dependiente de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación), los efectuados por técnicos del Consejo Federal de Inversiones, los estudios llevados desde el Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales (CICSO) son sólo algunos ejemplos de los nuevos bríos que alcanzó este campo de estudios. [3

Si bien los estudios sociales y económicos siguen teniendo por objeto, muchas veces, al agro pampeano, ya se dispone de un corpus de investigaciones y reflexiones sobre la economía y la sociedad rural extrapampeana. Del mismo, queremos analizar en este breve estudio aquéllos que tratan de un sujeto que en reiteradas ocasiones es presentado como el actor fundamental de la actividad agropecuaria analizada: la figura del campesino. Para esto nos referiremos sucintamente a la teoría del campesinado, a su aplicación a nuestro país y, finalmente, se analizarÁn algunos estudios seleccionados.

Sección I

A diferencia del resto de América Latina, donde la discusión campesina es de larga data y donde hubo un desarrollo teórico considerable, en Argentina tal temÁtica carece de semejante tradición. No vamos a encontrar reflexiones ni discusiones del tenor de las llevadas a cabo por los campesinistas y descampesinistas mexicanos, ni un volumen de estudios de caso, como los efectuados en Ecuador o Perú. Por tal motivo, debemos partir de un somero repaso de las posturas teóricas sobre los campesinos en general, con el objetivo de ubicar al lector en torno a los sujetos de anÁlisis:
"( ...) la familia campesina, una familia que no contrata fuerza de trabajo exterior, que tiene una cierta extensión de tierra disponible, sus propios medios de producción y que a veces se ve obligada a emplear parte de su fuerza de trabajo en oficios rurales no agrícolas". [4]
Tal es la unidad de anÁlisis que selecciona Alexander Chayanov para su estudio sobre el campesinado ruso. En este texto abrevarÁ buena parte de los analistas del campesino latinoamericano. De él se deriva la noción de economía campesina como una forma especial de organización de la producción. La economía campesina encerraría al sector agropecuario donde el proceso productivo se desarrolle en unidades del tipo familiar, teniendo por objetivo asegurar -de ciclo en ciclo- la reproducción de sus condiciones de vida y de trabajo; es decir, la reproducción de los productores y de la misma unidad de producción. En otras palabras, la explotación debe generar los medios necesarios para asegurar el sostenimiento biológico de los integrantes de la familia y la satisfacción de las otras necesidades, cultural e históricamente determinadas, como así también debe proveer los medios para reponer los bienes consumidos en la realización del ciclo productivo; incluso, como sostiene Wolf, serÁ menester que genere, ademÁs, un fondo de ceremonial y otro de renta. [5] De tal manera, encontramos ahora una mÁs compleja definición de campesino, dada por A. Warman:
"(...) el campesino es el segmento social que a través de una relación productiva con la tierra logra subsistir sin acumular. Esto se traduce en relaciones que le son características y que pueden analizarse a dos niveles: uno horizontal, entre iguales, en que se realizan acciones de cooperación y de redistribución en el marco de la comunidad rural; y uno vertical y asimétrico, desigual, con un conjunto social mÁs grande y poderoso a través del cual se despoja al campesino de su excedente productivo". [6]
El manejo productivo campesino, persiguiendo los objetivos descritos, se basa en "(...) una racionalidad propia y distinta de la que caracteriza a la agricultura empresarial". [7] Tal como lo expuso Chayanov, la actividad económica de la familia campesina se rige por el equilibrio existente entre el consumo de los miembros de la misma y la autoexplotación del trabajo. El agrónomo ruso elabora la ecuación de trabajo y consumo, diseñando una matriz donde se combinan el tamaño de la familia y la relación entre miembros que realizan actividades (trabajadores) y miembros que no lo hacen (consumidores). El resultado de ese cruce va a señalar el grado de "penoso esfuerzo" que requiere la combinación entre el trabajo, la tierra y los instrumentos de trabajo. Cuando los requerimientos de los consumidores sean mayores, mÁs elevado serÁ el grado de autoexplotación del trabajo familiar, mientras que cuando la presión derivada de una relación desfavorable (menos consumidores por cada trabajador) disminuya, la autoexplotación evolucionarÁ en concordancia:
"La producción del trabajador en la explotación doméstica se detendrÁ en este punto de natural equilibrio porque cualquier otro aumento en el desgaste de fuerza de trabajo resultarÁ subjetivamente desventajoso. Cualquier unidad doméstica de explotación agraria tiene así un límite natural para su producción, el cual estÁ determinado por las proporciones entre la intensidad del trabajo anual de la familia y el grado de satisfacción de sus necesidades". [8]
En el modelo teórico de Chayanov la única categoría económica visible es la remuneración del trabajo, equivalente al ingreso anual disponible para la familia después de deducir los gastos. No hay salarios imputables al trabajo familiar, ni ganancia (que no se busca, dado que el nivel de actividad se regula por la satisfacción de las necesidades familiares), ni renta (en el sentido capitalista). El beneficio de la explotación se obtiene mediante el balance trabajo-consumo, establecido por el equilibrio "económico bÁsico" entre las fatigas del trabajo y la satisfacción de necesidades. El producto bruto de la unidad se constituye mediante la sumatoria de todos los ingresos anuales de la misma, tanto agrícolas como extra-agrícolas; al descontarse los gastos de explotación y renovación del capital, se obtiene el producto neto. Este serÁ reconocido como satisfactorio o no por la evaluación subjetiva de las fatigas propias del trabajo que realice la familia campesina.

Como se observa, en la unidad económica campesina de Chayanov sí existe la categoría "capital", pero con leyes diferentes a las que lo rigen en una unidad capitalista. Su incremento, formación y renovación estÁn sujetos al equilibrio bÁsico de la unidad (intensidad de la fuerza de trabajo, satisfacción de las necesidades).

Hasta aquí los lineamientos mÁs esquemÁticos de los aportes teóricos de Alexander Chayanov. Su influencia es señalada por Archetti:
"El interés en la teoría de Chayanov, que puede explicarse no solo en base a una ideología marginalista existente, sino también por la falta de una teoría consistente acerca de la economía campesina, puede ser justificado a través de un cuidadoso examen de sus hipótesis centrales". [9]
Ahora, de realizarse ese anÁlisis, difícilmente pueda hallarse el tipo ideal de unidad campesina descrita por el agrónomo ruso. Como sostiene Murmis, la unidad de producción fundada en la combinación de tierra y trabajo familiar, "la unidad campesina por excelencia", no es mÁs que un punto de referencia. [10] Por otro lado -como marca el mismo Murmis- los términos campesino y pequeño productor son conceptos teóricos y por ende son debatibles, aunque es claramente visible que son categorías dinÁmicas, en permanente evolución ascendente o descendente, alejadas de la estÁtica visión chayanoviana.

Cómo se utilizó esta categoría analítica en los estudios sobre el agro argentino es lo que trataremos de describir en la sección siguiente.

Sección II

En primer lugar, veamos qué tipo de conceptualización se realizó del término "campesino". Sabemos que el mismo se utiliza tanto para designar a un tipo social agrario como a una forma de organización económica distinta de la capitalista, pero también tiene implicancias culturales y religiosas. La carga teórica del término campesino es considerable; remite a una sociedad global con fuerte peso de rasgos campesinos, donde
"( ...) la población rural debe ser mayoritaria, el desarrollo capitalista débil y, por lo tanto, el sector industrial es incipiente y no estÁ concentrado, una parte importante del trabajo productivo rural se dedica al ciclo de subsistencia, una gran proporción de los insumos productivos del campo se producen artesanalmente, el desarrollo de los mercados locales y regionales presenta características de dispersión de la oferta y de la demanda y el crédito es escaso". [11]
Por su parte, G. Foladori señala que el concepto "campesino" encierra un triple aspecto: un Ámbito espacial - lo rural; un proceso en la división social del trabajo - lo agropecuario; un aglutinador demogrÁfico - pequeñas comunidades. [12

Como podemos apreciar, estas condiciones no son las predominantes en Argentina; hallamos un proceso de industrialización de larga data, iniciado en buena medida antes de comenzar la etapa sustitutiva, y que se reafirmó luego. El mercado adquiere una dimensión nacional desde que se integra al país, y aun desde antes; la importancia de la producción de subsistencia es sumamente relativa, al tiempo que gran parte de los insumos agrícolas requeridos se adquieren en aquel mercado, que es donde se coloca lo obtenido en la explotación, comprÁndose también en él lo necesario para la vida diaria. Lejos estÁ Argentina de presentar rasgos similares a los del agro peruano, ecuatoriano o boliviano, sin esa masa poblacional campesina, sin su tradición atÁvica de larga data, sin el componente indígena que prima en esos y en otros países; vemos sumamente dificultoso el uso de este término referido a la realidad social agraria argentina. Hablar de campesinos sin especificación alguna, utilizÁndolo como un término genérico, abstrayéndolo del marco óOtemporal histórico y social, no contribuye en nada a la explicación de la realidad social rural del país. En este marco parece relevante la distinción que realiza Archetti sobre los usos del término en cuestión: sostiene que puede aplicarse en forma circunscrita a un tipo de productor agrario, que utiliza tecnología sencilla y fuerza de trabajo familiar; también es factible de aplicar para designar un modo de producción determinado, donde los campesinos son propietarios de la tierra, la población rural es mayoritaria y el sector capitalista de la sociedad, débil. Por último, el término "campesino" fungiría como
"( ...) un término meramente descriptivo que designa a produc- tores agrícolas que, desde el punto de vista de la economía política, tienen cada vez menos en común con los `campesinos' pero que todavía deben ser considerados como tales desde el punto de vista del modelo invariable de la `explotación basada en el trabajo familiar'." [13]
En los estudios que se recopilan en esta revisión se observarÁ que raramente se toma en un sentido amplio lo campesino, limitÁndolo para identificar a ciertos sujetos sociales, por lo general asignÁndoseles ser portadores de una racionalidad diferenciada. Pero esta utilización implica un abandono de la tradición teórica, entendida no como una cristalización dogmÁtica, sino como un campo común de entendimiento intelectual. Si llamo "A" a un sujeto o una situación definida por "B" y por "C", ¿qué sentido tiene seguir llamando "A" a otro sujeto o situación, esta vez definida por "D" y "E"?

Nos parece mucho mÁs fructífero -y metodológicamente adecuado- emplear en los anÁlisis la categoría de "pequeños productores". Como indicamos, tampoco es un concepto teórico, pero su uso nos evita cargar con lo que acarrea "lo campesino". Su delimitación incluye a todos aquellos sujetos que manejan unidades ubicadas entre estos dos extremos: un piso señalado por aquellas unidades productivas cuya significación es sumamente limitada, o nula, por ser muy pequeñas o semiproletarias y un techo indicado algo mÁs ambiguamente, que para Murmis es el nivel que evita basar a la unidad en la renta de la tierra y para Piñeiro y Llovet es la capacidad de comprar trabajo asalariado y comenzar a acumular. [14] Dentro de este espectro, los pequeños productores realizarÁn una amplia gama combinatoria de trabajo familiar y tierra; siendo estos dos factores productivos los ejes que se toman para delinear las numerosas definiciones de campesinos, tanto en forma genérica como en el caso particular de nuestro país. [15

Por otro lado, seguir insistiendo en la utilización del término "campesino", reduciéndolo a su significado económico, apareja una serie de peligros metodológicos y de anÁlisis que distorsionan la realidad estudiada. Orlando Plaza enumeró algunos de estos problemas:
  1. centrÁndose en el anÁlisis micro de la unidad productiva, resaltando su autonomía, se puede caer en la ahistoricidad de la noción campesino, perdiendo todo contenido de relaciones sociales;
  2. el sesgo economicista en que se suele incurrir, impide analizar todos los aspectos que intervienen en su funcionamiento;
  3. en cierto punto del anÁlisis, se puede acceder a un nuevo tipo de dualismo, donde dos sectores sociales conviven en un mismo país,'sin mayor vinculación entre sí;
  4. aun de optarse como elemento analítico la noción de economía campesina, al tratar de aislar sus componentes en el proceso productivo se cae en el olvido de las propias relaciones sociales de esta economía, ignorÁndose los procesos e instancias en que se inserta esa noción. [16]
Sección III

Tras las consideraciones anteriores, pasemos a describir cómo se estudió al conjunto de los pequeños productores, y que los autores que citaremos identifican con los campesinos (la utilización de este término no fue exclusiva de los mismos, ni se inició con ellos; ya a principios de siglo, diversos escritos y mensajes políticos, en especial de los socialistas y mÁs tarde de los comunistas, se referían a los agricultores argentinos en general, y a los chacareros pampeanos en particular, empleando tal terminología, aunque sin la carga teórica que veremos mÁs adelante).

Mabel Manzanal utiliza indistintamente "campesino" y "minifundista", aunque aceptando que la carga teórica del primero es mayor. Su definición del campesino argentino, distinto del latinoamericano, es:
"Identificamos como campesinos a los productores agropecuarios que utilizando predominantemente la mano de obra familiar se distinguen de otros productores familiares por la ausencia de acumulación sistemÁtica de capital, a causa de restricciones estructurales que lo impiden. En este contexto, el campesino asume una conducta que lo lleva a maximizar su ingreso global, para alcanzar la subsistencia del grupo familiar que vive en la explotación. La permanencia de la producción campesina en el círculo vicioso de la pobreza es causada por restricciones sociales y económicas de carÁcter estructural". [17]
Francisco Delich, por su parte, veía una sociedad rural argentina basada en campesinos y asalariados rurales, siendo los campesinos "una cuarta clase", ubicada entre la clase media rural y los asalariados. [18] Pedro Tsakoumagkos definió las explotaciones campesinas de la siguiente manera:
"( ...) son campesinas las unidades domésticas de producción basadas en el trabajo familiar no necesariamente exclusivo y cuya dotación de medios de producción impiden superar el umbral de la acumulación". [19]
Archetti, en su estudio sobre la capitalización de los campesinos argentinos, recurre al bagaje teórico elaborado por Chayanov para analizar la zona norte de la provincia de Santa Fe. En el mismo, se utilizan indistintamente los términos "campesino", "colono", 'farmer" y "productor familiar capitaliza- do". [20

R. Benencia señala en un trabajo de 1987 que en Argentina son asimilables los términos "campesinos" y "pequeños productores", pero en una reedición reciente del mismo, ya no aparece tal acotación, limitÁndose a utilizar el primero sin necesidad de referirlo al otro. [21] N. Giarraca y S. Aparicio, por su parte, derivan de la categoría analítica "campesinado" toda su elaboración tipológica sobre los cañeros tucumanos, utilizando dos variables: el tipo de mano de obra empleada y el nivel de mecanización. [22

CentrÁndose en el estudio de la provincia del Chaco, N. D'Alessio opta por
"( ...) definir como pequeña producción campesina al tipo de unidad productiva basada predominantemente en la fuerza de trabajo familiar". [23]
Pero luego, analizando la generación de valor en estas producciones, precisa los límites de ellas (basÁndose en las teorizaciones de Marx), entendiéndolas como
"(...) una unidad de producción mercantil y no (...) una unidad de producción mercantil capitalista a consecuencia de lo cual el campesino se propone la creación de valor, la maximización de la creación de valor y no la maximización de la valorización del capital". [24]
Como vemos, en los casos que tomamos como ejemplos de los estudios sobre el campesinado en la Argentina, el término "campesino" aparece recortado, menos globalizador de lo que significa en otras regiones de América Latina. Una tendencia marcada en buena parte de los estudios utilizados es la de relacionar campesinos con minifundistas y a ambos con pobreza rural. Por otro lado, aparece otra vertiente que remarca el carÁcter subordinado de las explotaciones campesinas en el país. Comencemos por el primero de estos aspectos.

El campesino sería un minifundista carente de recursos, incapacitado de desarrollar una actividad que le permita subsistir adecuadamente, e incluso, le coarta la posibilidad de acumular. Si retomamos la definición de Manzanal observaremos que los rasgos de los campesinos derivan de esas carencias estructurales. Sin embargo, en un trabajo anterior, la misma autora sobrepone a esas limitantes estructurales una explicación basada en el tipo de estrategia racional adoptada:
"Los minifundistas no son capitalistas, tienen una racionalidad diferente. No persiguen en su actividad la obtención de la mÁxima ganancia, sino el mÁximo ingreso, para poder hacer frente a sus necesidades mÁs urgentes y las de su familia. Para esto su esfuerzo se concentra en lograr el mejor aprovecha- miento de la mano de obra familiar, único bien disponible por otra parte". [25]
Este anÁlisis abreva, en gran medida, en los trabajos realizados por el equipo del Servicio Nacional de Economía y Sociología Rural, de la Secretaría de Estado de Agricultura y Ganadería. [26] En uno de estos se afirma que:
"La racionalidad económica del minifundista es diferente a la del empresario, debido a su diferente dotación de recursos y forma social de la explotación. (...) su racionalidad económica tiene como objetivo asegurar la subsistencia familiar para lo cual intenta maximizar un ingreso global que cubra dicha subsistencia aún cuando no se retribuyan todos los factores de la producción". [27]
Utilizando el método de confirmación por la negativa (al no cumplirse los preceptos que Max Weber indica como premisas que permiten maximizar la racionalidad del cÁlculo del capital, se estÁ en presencia de algo distinto), concluyen en que se estÁ frente a una racionalidad específica. Esta es vista como manifiesta en la maximización del trabajo familiar con el fin de obtener la mayor masa de ingresos posibles, tanto en efectivo como en especies, en relación al número de consumidores. La influencia chayanoviana es notable, mÁxime cuando se enuncian las categorías económicas presentes en el tipo social minifundista: el ingreso total bruto, los costos en efectivo, lo que resta para la subsistencia familiar y el ingreso no monetario.

Frente a este planteo, aun cuando fue moderado en un trabajo posterior escrito por un miembro del mismo equipo, [28] se aplica la crítica expresada por E. Maffei para posturas similares:
"Con el desarrollo del capitalismo y la aparición de la frontera agrícola en el campo y, por lo tanto, de un mercado de tierra, es dificil poder sostener o aplicar hoy día las tesis centrales de Chayanov y pensar en la existencia de un modo de producción campesino o mucho menos de una clase campesina. MÁs utópico parece aún la idea de que hay una racionalidad opuesta a la maximización de los excedentes que se generan en la pequeña unidad productiva". [29]
Si bien no se plantea en los trabajos analizados la presencia de un "modo de producción campesino", llevando a última instancia la idea de una racionalidad diferenciada, éste puede ser enunciado. Pero lo importante de la cita anterior radica en que Maffei centra a la unidad campesina en el contexto capitalista, marco global en nuestro país. Llambí también planteó que en tanto se incrementen las relaciones entre las unidades campesinas y el sistema capitalista, se generan las condiciones objetivas que se manifiestan en un patrón de conducta y de valorización: una racionalidad común para ambos sectores. [30

Por otro lado, si los campesinos/minifundistas no persiguen la tasa de ganancia, sino que sólo buscan maximizar su ingreso, estarían en condiciones de competir con el capitalismo, impidiendo la entrada de capital al agro, pues producirían para vender a un precio menor que el costo de producción capitalista. [31] Pero es mÁs que evidente que el capitalista puede incurrir en grandes costos iniciales o fijos para poner en producción una unidad mÁs eficiente, capaz de producir a un costo menor que el de los campesinos.

El tema de la racionalidad del campesino/minifundista fue central (por ejemplo en la serie de estudios de la Secretaría de Estado de Agricultura y Ganadería (SEAG) sobre distintas regiones del país) y sigue hasta hoy ocupando un lugar importante en los trabajos sobre estos sujetos, tal como lo muestra uno reciente sobre la mujer campesina del noroeste argentino. [32] Al mismo tiempo se le asigna otra función a esa figura del campesino/ minifundista: jugar el papel de sujeto central del panorama de la pobreza rural.

Manzanal y Rofman señalan que la pobreza rural es una realidad presente en la zona extrapampeana, la de las economías regionales, donde cuantitativamente el campesinado ocupa un lugar importante, no menos que en lo cualitativo. Su importancia reside, afirman, en que son funcionales al sistema económico global, al proveer de insumos a las agroindustrias a bajo costo, mano de obra barata a las grandes explotaciones, trabajadores no calificados al sector industrial y de servicios, etc. Esta explicación es ampliamente coincidente con el anÁlisis de G. Gómes y A. Pérez sobre los objetivos que deben ser cumplidos por la agricultura "tradicional" en función del nuevo patrón de acumulación:
"( ...) se orientan bÁsicamente a: a) crear excedentes de mano de obra y liberalizar fuerza de trabajo para el desarrollo de los segmentos capitalistas modernos agrícolas y, principalmente, no agrícolas; b) suministrar alimentos a bajo costo para el desarrollo de dichas actividades y segmentos; y c) suministrar a las economías centrales alimentos y materias primas a bajo costo". [33]
Esta postura, sostenida desde organismos internacionales como la FAO, encierra la presencia poderosa y articuladora del gran capital, indicando una bipolarización entre un sector integrado a aquél -moderno, capitalista y pujante- y otro sector atrasado, tradicional y funcional al primero. De esta manera se presenta un panorama unilineal, ocultando que dentro de los sectores campesinos hay un importante proceso de diferenciación social, como ya indicamos que señala Murmis. En el campo extrapampeano argentino, ese proceso afectado recurrentemente por las crisis económicas es una realidad no estudiada en profundidad, pero sí mencionada en varios trabajos, como uno de mediados de los 70 realizado por el mismo Murmis. [34] Otro eje de anÁlisis es que la producción de alimentos a bajo costo es entendida por distintos autores latinoamericanos como una trasferencia de valor, de la cual se beneficiarían otros grupos: comerciantes, consumidores y empleadores de asalariados, que verían reducido el salario monetario. Como ya apuntó O. Barsky, siguiendo a Marx, si los campesinos producen, dado su atraso tecnológico, invirtiendo una cantidad de horas de trabajo superior a la media (que es la medida del valor), eso no implica cesión de valor, sino tiempo de trabajo socialmente no reconocido. [35

Los trabajos que hacen hincapié en aquella relación de subordinación de la producción campesina, tanto los latinoamericanos en general como los argentinos en particular, se centran en la articulación de la unidad campesina de producción y con diferentes fracciones del capital, como el agroindustrial.
"(...) en la Argentina el campesinado y las agroindustrias forman eslabonamientos que predominan en las regiones no pampeanas desde hace ya muchas décadas ". [36]
Para Tsakoumagkos y para Manzanal y Rofman, los campesinos aparecen como eslabones en la cadena de producción y comercialización; sus funciones serían las de posibilitar espacios de valorización de capital y de amortiguar ciertas contradicciones del sistema como tal. El primero de los autores, tomando el caso de la producción de algodón, afirma que el componente campesino de la oferta del mismo permite abaratar el producto y, por ende, contribuye a la valorización del capital agroindustrial. [37] En buena medida, esa baratura provendría de la autoexplotación campesina, no remunerando al factor trabajo. Como sostiene Lehmann:
"Los productos de las empresas campesinas, producidos en forma mucho mÁs barata que en las empresas mÁs grandes, tanto en términos de capital invertido (...) como en términos del trabajo, cuyo costo no es calculado en cantidad de salarios, implican que una porción de ese trabajo no remunerado es transferido a los compradores tanto de su tiempo de trabajo como de sus productos. (...) La empresa campesina sobrevive porque puede absorber mÁs explotación que la basada en el trabajo asalariado". [38]
Implícita en la anterior cita, al igual que en la explicación de Tsakoumagkos, se halla la noción chayanoviana de la existencia de un equilibrio interno en la unidad de producción campesina que le permite sobrevivir en condiciones adversas:
"Frecuentemente, el equilibrio bÁsico interno de la unidad familiar de explotación agrícola hace que sean aceptables remuneraciones muy bajas por unidad doméstica de trabajo, lo cual le permite existir en condiciones que llevarían a la ruina segura a una unidad de explotación capitalista". [39]
Pero lo esencial en el aspecto tratado, es que ese producir mÁs barato no es una relación causal con el precio de producción, entendida como originaria de su descenso. Esta situación sí permite acumular excedentes -Como sostiene O. Barsky- dado que el precio depende, entre otros factores, de la relación global de la oferta y la demanda del producto y del carÁcter del proceso de comercialización. [40

Otros autores refuerzan la idea de la subordinación campesina frente a la agroindustria, en tanto que ésta los somete a un intercambio desigual. Si bien la desigualdad siempre se halla presente en la relación entre dos magnitudes distintas de producción, se agudiza cuando se trata de pequeños productores y de un complejo agroindustrial. Durston afirma que:
"El mecanismo de extracción basado en los términos de intercambio en lo esencial no se alteró con la modernización, sino que aumentó al introducir un nuevo elemento: la creciente utilización de créditos y de insumos tecnológico-intensivos por parte de los productores campesinos". [41]
Aplicando esta relación al caso argentino, Tsakoumagkos analiza la relación entablada entre los productores avícolas entrerrianos y las agroindustrias del sector. Su conclusión es que esa relación alcanza tal grado de subordinación de los primeros a las segundas, que terminan por "vaciar" de contenido campesino a esos productores (implicando que el autor consideraba a los mismos como tales):
"Los avicultores totalmente integrados conservan la forma campesina pero ninguno de sus contenidos. Ya no son campesinos pero tampoco son formalmente asalariados". [42]
Como indica Durston, la integración subordinada se realiza a través de una empresa semimonopólica que domina el proceso productivo comercial en prÁcticamente todos sus aspectos pero, sin embargo, no se adueña de los medios de producción del campesino. En última instancia, esos productores se transformarían en semiproletarios, enlazando el "vaciamiento" del que habla Tsakoumagkos con la visión tremendista/escatológica de Ernest Feder respecto al futuro del campesinado latinoamericano. [43

M. Manzanal también observa la relación asimétrica entre el campesinado y la producción capitalista. Sostiene que muchas producciones extrapampea- nas se basan en que el minifundista venda su fuerza de trabajo transitoriamente, se semiproletarice, pero sin abandonar su parcela, dado que el mantenerla en producción es una forma de abaratar el pago de la fuerza de trabajo en las explotaciones capitalistas:
"( ...) la semiasalarización es una forma de obtención de ingresos muy frecuente entre el campesinado argentino y ha consolidado su presencia a lo largo de los años, sin implicar la transformación del campesino en asalariado y, por lo tanto, en muchos casos ha contribuido a mantener la forma campesina". [44]
En Manzanal, la semiasalarización no convierte en semiasalariado a quien la sufra, sino que reafirma su forma campesina. Tsakoumagkos refuerza esta idea al sostener que en la estructura campesina argentina hay cierto predominio de los semiasalariados. [45] Aún mÁs, C. Flood, en una primera aproximación a una tipología de campesinos, con especial referencia al caso argentino, los incluye entre aquéllos como una "forma impura de campesinado"; este tipo
"( ...) combina la explotación de un predio reducido en cuanto a tamaño y nivel tecnológico, con la subocupación del potencial de trabajo familiar en esa explotación y la canalización de este 'resto' al mercado de trabajo local".[46]
Frente a anÁlisis como los anteriores se puede esgrimir que la presencia de trabajo asalariado entre estos pequeños productores es un signo de que su "condición campesina" no se refuerza, sino justamente lo contrario. La venta de fuerza de trabajo fuera del predio estaría reflejando un elevado grado de sumisión al capital, aun mayor que si realizara directamente su producto. Analizando el caso mexicano, G. Foladori dice:
"No puede argumentarse, bajo ningún criterio, que la venta de su fuerza de trabajo es el elemento que refuerza su calidad de campesino. Es mÁs bien el elemento que refuerza la calidad de proletario". [47]
Aun aquéllos que sostienen que en los últimos años se produjo un proceso de "recampesinización" en la Argentina, cuando antiguas parcelas de residencia se transforman en producciones de subsistencia, [48] pueden ser contradichos con la misma línea analítica. En efecto, si lo que se produce en esa parcela es para el autoconsumo, el producto se convierte en parte del salario, beneficiando así al capital:
"Es ridículo pensar que, en una sociedad gobernada por la ley del valor, donde la producción de mercancías se amplía y extiende permanentemente, la producción directa de un proletario agrícola constituye el polo que permita definirlo como campesino". [49]
En los estudios mencionados estÁ implícita la presencia de campesinos en nuestro país; pero, como sostuvimos mÁs arriba, creemos mÁs operativa la utilización del concepto de pequeños productores. Tomando como una de sus delimitantes la venta de una parte significativa de la fuerza de trabajo familiar, [50] los semiasalariados quedarían fuera del espectro de anÁlisis. Pero esto no implica que dentro de las estrategias productivas de las unidades de pequeños productores no se incluya la venta temporal de parte de la fuerza de trabajo familiar. Esta temÁtica nos remite nuevamente a la de la racionalidad de estos productores.

Recordemos que numerosos trabajos les asignan una racionalidad diferenciada, no capitalista, que no busca la ganancia, sino que, basÁndose en los aportes chayanovianos, se limitan a maximizar el ingreso, persiguiendo la reproducción simple de la unidad. Desde organismos internacionales se postula lo anterior en los siguientes términos:
"La producción en las unidades agrícolas campesinas tiene por objeto la reproducción de la unidad y no la maximización de la tasa de ganancia capitalista. Esto significa que la ley fundamental de movimiento de la economía campesina es garantizar la reproducción de las familias vinculadas a sus unidades al nivel mÁs alto posible (maximización del ingreso familiar indivisible). Por consiguiente quedan excluidas de esta definición de la economía campesina todas aquellas unidades de producción cuyo objetivo fundamental es maximizar su tasa de ganancia". [51]
Esta racionalidad impediría, según los sostenedores de este anÁlisis, superar el umbral de la acumulación; de ahí la relación que se establece entre campesinos y pobreza rural. Si aceptar esta idea de una racionalidad diferencial es complejo, aun en sociedades de larga tradición de comunidades campesinas (como en la región andina), mÁs lo es para la Argentina, donde el desarrollo capitalista es temprano. Uno de los autores que analizamos, P. Tsakoumagkos, si bien acepta aquella idea, la matiza frente a la realidad del país; sostiene que la lógica campesina no resulta suficiente si no se la entiende desde el c )ntexto de una economía global, dependiente y de bajo nivel de absorción de población en empleos productivos. Esto parece mucho mÁs sensato que afirmar que la racionalidad campesina/minifundista se asocia a la herencia cultural transmitida por generaciones desde antes de la colonia, en cuanto a prÁcticas productivas y de intercambio, como lo hacen Manzanal y Rofman. [52]Sostener esto en forma generalizada equivale a afirmar que sobre el territorio nacional se desarrollaron civilizaciones que desplegaron algún modo de producción que implicaba la presencia de la tradicional unidad campesina, sea el feudal o el asiÁtico. ¿Lo fueron el Chaco, el litoral `o los valles neuquinos? ¿Qué tradición campesina pudieron legar mapuches, tobas o matacos?

Relacionado con la posición de Tsakoumagkos aparece Durston afirmando que las estrategias económicas campesinas derivan en forma directa de su situación de clase social. [53] Estudiando el caso ecuatoriano, O. Barsky enmarca las estrategias campesinas en la sociedad global:
"No vamos a entender desde los estudios de caso la variabilidad del espacio socioeconómico donde estÁn inmersas las comuni- dades. Hay una serie de determinantes de los procesos de cambio que no se entienden desde la propia unidad, sino que la unidad justamente es un organismo que va adecuando y ensayando respuestas de diverso corte a procesos de cambio cuya lógica es mÁs regional, inclusive muchas veces es mÁs nacional. Pero por lo menos tiene una lógica en un espacio social mÁs amplio". [54]
En efecto, los agentes sociales toman sus decisiones respondiendo no sólo a las señales de la "mano invisible" del mercado (las instituciones mercantiles), sino que inciden también factores extraeconómicos (las instituciones no mercantiles). Como sostiene Llambí, la racionalidad de los actores sociales es siempre contingente, por lo cual, si se problematiza, se resolverÁ por la investigación empírica y no por la teorización abstracta. [55

Hay un número considerable de estudios, a nivel latinoamericano, que enfatizan este aspecto, llegando a conclusiones opuestas respecto a los postulados chayanovianos. Por ejemplo, los trabajos sobre la acumulación campesina en Ecuador muestran que en condiciones adecuadas, los productores campesinos logran superar el umbral mencionado e iniciar un proceso de reproducción ampliada. [56] En contrapartida, para el caso de los pequeños productores argentinos, entendiéndolos o no como campesinos, las investigaciones empíricas parten del paradigma de la imposibilidad de acumulación de los mismos, enfatizando que esto proviene de la lógica interna de esas unidades. Sólo algunos trabajos aislados, con estudio empírico, dejan entrever que entre los minifundistas las posibilidades de acumulación no son descartables per se. [57] Pero, insistimos, la opinión predominante es la de asignarle una racionalidad diferenciada. Implica olvidar, ocultar o desconocer que estos productores combinan ciclos agrícolas y pecuarios, la producción propia o en aparcería, el distribuir la producción a lo largo del ciclo en diferentes lotes con el objetivo de disminuir el riesgo climÁtico, la producción de subsistencia y para el mercado:
"Todo ello implica una racionalidad signada por una clara atención a las señales del mercado y, al mismo tiempo, una adecuación sutil de las estrategias familiares para transformar estas señales en la mayor captura posible de excedentes ". [58]
En otras palabras, estos pequeños productores que los autores tratados llaman campesinos o minifundistas no tienen una racionalidad económica distinta de la del pequeño burgués o del farmer; [59] la especificidad planteada por esos autores (siguiendo a otras escuelas de pensamiento agrario) se debe, en lo fundamental, a las restricciones determinadas desde lo social que enfrentan esos actores, así como a la precariedad de su reproducción económica y aun física. Y por otro lado, al mismo tiempo entrelazado con el uso "amplio" del término "campesino", ¿se puede, seriamente, llamar campesinos y asignarles una racionalidad diferenciada a los chacareros/ farmers de la pampa húmeda o a los colonos del noreste? ¿O es que la presencia de la mano de obra familiar -rasgo campesino paradigmÁtico para muchos de nuestros autores- tiene tal peso que articula, absolutamente, en sí, a todos los otros factores que intervienen en la lógica de la unidad? [60

A título de ejemplo, repasemos otro trabajo sobre el agro argentino que se inscribe en la línea de la racionalidad diferenciada. H. Vessuri, estudiando una zona tucumana, caracteriza la economía campesina como mercantil, constituyendo las mercancías el principio y el fin de las transacciones. En ese vender y comprar no hay lugar para la búsqueda de la ganancia o de la acumulación, logrÁndose sólo la satisfacción de las necesidades:
"El vender para comprar implica que su participación en el mercado como vendedor de mercancías es sólo un medio para realizar un propósito no conectado con la circulación de mercancías, a saber, la satisfacción de necesidades -las de su grupo doméstico- que estÁn definidas culturalmente". [61]
Sin eludir que su universo de anÁlisis sufre cambios de diferenciación, Vessuri sostiene que los mismos vienen impuestos desde fuera, por fuerzas externas a la economía campesina; implícitamente, la producción campesina no es capaz por sí sola de variar. En realidad, como marcó W. Thiesenhusen,
"El 'capullo del hÁbito' que, según algunos antropólogos, envolvía a los campesinos, casi siempre ha resultado ser notablemente débil". [62]
La experiencia en América Latina es profusa en antecedentes de inversión, por parte de estos pequeños productores, de su fuerza de trabajo en actividades que conducen a posibilitar la agricultura o a intensificarla. En los casos de comunidades, es corriente el trabajo colectivo en obras de drenaje, de protección contra crecientes de los cursos hídricos, la construcción de infraestructuras de regadío, etc.; en el espacio individual de producción, es común encontrar inversiones importantes en montar cultivos permanentes, como en los casos del café, el cacao y la viña. Ante esto -y refiriéndose a América Latina en general, pero aplicable a nuestro país-, E. Ortega dice:
"Se sugiere por tanto revisar la hipótesis que sostiene que la agricultura campesina no tiene capacidad de acumulación; lo que ocurre es que la naturaleza de la intervención es distinta. (...) Su inversión se basa en el conocimiento del medio y apela fundamentalmente a un recurso abundante como es la mano de obra (...). Infortunadamente se carece de todo tipo de dato cuantitativo que permita ilustrar el significado de este tipo particular de inversión que realiza el campesino". [63]
De manera similar es necesario obrar respecto a la tendencia a considerar a estos productores como reticentes al cambio, en especial el tecnológico. El clÁsico estudio de E. Rogers sostiene que uno de los rasgos de los campesinos es su no aceptación del cambio, de las ideas nuevas en general, estando esto originado y reforzado en la herencia cultural que reciben. [64] En cambio, otros autores afirman que si la nueva tecnología, aun la mÁs sencilla, no es adoptada rÁpidamente por los pequeños productores, las causas son otras. Por ejemplo, en el caso de las tecnologías mecÁnicas, la inadecuación de la escala de uso óptimo frente a la escala de superficie controlada por aquéllos:
"( ...) nos queda poca duda respecto a que la extrema parcelación de la tierra es efectivamente un freno al cambio técnico, pero no por una supuesta `aversión' de los campesinos al cambio, sino porque existe una inadecuación entre la oferta de técnicas mayormente indivisibles y la estructura de la propiedad muy parcelada".[65]
La cita anterior, correspondiente a un estudio de caso efectuado en la sierra peruana, es ampliamente generalizable para destacar que, en buena parte, la "lenta modernización" de los pequeños productores tiene como causa factores externos a éstos. El mismo estudio afirma que en un primer anÁlisis, la hipótesis ampliamente difundida de la adversión al riesgo de estos productores no se vería correspondida en situaciones dadas (requiriéndose para corroborar esto, investigaciones específicas). Y mÁs aún, cuando ciertos productos tienen una elasticidad de precio elevada, es mÁs factible que los pequeños productores adopten tecnologías que influyan sobre su obtención. Esto mismo es analizable en el caso argentino, estudiando un proyecto de desarrollo rural impulsado por una organización no gubernamental (FUNDAPAZ) entre pequeños productores cabriteros de la provincia de Santiago del Estero.

La actividad ganadera caprina se combina con la transformación de la leche obtenida, produciendo quesos. En dos zonas (Robles y Garza) de características estructurales de profunda pobreza, se pasó a organizar a los productores, entrenÁndolos en técnicas de manejo de los rebaños, en los cuidados de la leche ordeñada y en la construcción de mejoras. El primer paso, y que es lo que a nosotros nos ocupa aquí, comenzó con la difusión del llamado "botiquín veterinario comunitario", destinado a disminuir la mortandad del stock de animales. Este fue rÁpidamente aceptado por los productores, contradiciendo aquello de la resistencia al cambio y motivando el siguiente comentario de unos de los técnicos encargados del proyecto:
"( ...) esto demuestra que cuando el diagnóstico del problema estÁ bien hecho, es mentira que el pequeño productor sea resistente a la innovación tecnológica". [66]
Para finalizar este aspecto, nos parece importante rescatar el anÁlisis que realiza C. Flood acerca de la racionalidad del campesinado (recordemos que este autor escribe en términos genéricos, pero con mención especial al caso de lo que él llama campesinos argentinos). Si bien acepta algunos de los postulados tradicionales de Wolf respecto al manejo de la unidad por parte de los campesinos, considera que las diferencias entre el empresario y el campesino no son tan profundas y derivan en gran medida de la dispar magnitud y estabilidad de los recursos de que disponen, originando que en caso de una caída de la tasa de ganancia, el empresario pueda cambiar de ramo de actividad, mientras que el campesino no tiene siquiera la posibilidad de acceder a tal ganancia. Todo productor, aun el mÁs pequeño, realiza un balance anticipado de sus recursos y sus necesidades, y se aferrarÁ a la producción de un rubro que le asegure una combinación óptima de recursos disponibles. De manera similar se puede analizar su adopción o no de ciertas tecnologías, concluye Flood:
"El apego a técnicas de cultivo (y modos de comercialización) ya conocidas no sólo constituye un comportamiento erigido sobre el principio de la seguridad a corto plazo, sino que tiene que ver con la evaluación de recursos disponibles. No puede atribuirse a ignorancia o indolencia, a fatalismo o temor al riesgo". [67]
En síntesis, los estudios agrarios efectuados sobre el heterogéneo espectro de los llamados pequeños productores presentan como una de sus características principales la de asignarles a los mismos rasgos campesinos, no sólo utilizando esa expresión de manera genérica, descriptiva, como proponía Archetti, sino con gran parte de su carga teórica. Así, aparece la noción de una racionalidad diferenciada, no maximizadora de ganancia sino del ingreso, lo, cual se entrelaza con la idea de resistencia a los cambios y de búsqueda de minimizar riesgos.

El extrapolar ciertos anÁlisis micro de matriz chayanoviana para efectuar explicaciones con implicancias de lo macro termina por desvirtuar la realidad social imperante en el agro. El entender a todo productor con mano de obra familiar, y con escasa dotación cuantitativa de recursos de tierra y capital, como un campesino, englobando incluso aquí a semiasalariados y a proletarios rurales, no hace mÁs que ocultar los procesos de diferenciación social imperantes en el agro, como las dificultades propias de cada grupo. Aprovechamos las palabras de N. Giarraca en referencia a la aplicación de políticas y que nosotros podemos extender a otros campos:
"Con la conceptualización generalizada de minifundista o campesino, aun con buenas intenciones, se puede llegar a velar estas heterogeneidades y diferencias que es necesario sacar a la luz y respetar en las formulaciones de políticas opcionales". [68]

NOTAS

Juan Bialet Massé fue un médico y jurisconsulto catalÁn que, a pedido del gobierno argentino, realiza en 1904 una recorrida por todo el territorio nacional recogiendo información sobre las condiciones laborales de los trabajadores argentinos, tanto del Ámbito urbano como del rural. De su informe se nutren los fundamentos del proyecto de la primera Ley Nacional del Trabajo. Una reedición de su escrito puede verse en J. Bialet Massé (1986). 
F. Seguí (1898). 
Varios de estos trabajos son los que analizaremos en este artículo, por ejemplo los de M. Basco et al. (1981 a) y (1981b). El Consejo Federal de Inversiones es un organismo federal de planificación económica, en el cual intervienen los gobiernos provinciales y el nacional; cfr. Consejo Federal de Inversiones (1975). El CICSO es un instituto privado de larga tradición en la investigación en ciencias sociales; cfr. H. Vessuri (s/f). 
A. Chayanov (1985:44). 
E. Wolf (1970). 
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CEPAL (1982:62). 
A. Chayanov (1985:85). 
E. Archetti (1981a:41). 
M. Murmis (1992:82). 
E. Archetti (1981b:207). 
G. Foladori (1981). 
 
E. Archetti (1981a:31). 
M. Murmis (1992:80-81); M. Piñeiro e 1. Llovet (1986a:27). 
Citemos sólo un ejemplo de tal combinación de factores para elaborar una definición de campesinos: "( ...) el campesino es un trabajador directo de la tierra que posee (ya sea en propiedad, arrendamiento o cualquiera otra forma de tenencia); que utiliza fuerza de trabajo familiar, a la que no remunera en dinero y del total que produce guarda una parte para el autoconsumo y el resto lo destina al mercado". S. Gómez (1980:6). 
0. Plaza (1979:20-23). 
M. Manzanal (1990:299). 
F. Delich (1972:61). 
P. Tsakoumagkos (1987:230). 
E. Archetti (1981b: 216). 
R. Benencia (1987:3). 
N. Giarraca y S. Aparicio (1991). 
 
N. D'Alessio (1969:385). 
N. D'Alessio (1969:388) 
M. Manzanal y A. Rofman (1989:67). 
Si bien la labor de este grupo influyó notablemente en trabajos posteriores, otros estudios sostienen posturas similares para pequeños productores argentinos sin nutrirse, necesa- riamente, de aquellos trabajos; por ejemplo: "( ...) la conducta campesina no estÁ guiada por el móvil de la ganancia capitalista tal como ésta es concebida en el sector agrario capitalista". N. D'Alessio (1969:403). Incluso, autores que no se refieren a la presencia campesina, sino a pequeños productores, utilizan el bagaje de aquel marginalismo-chayanoviano. Así, refiriéndose a los horticultores cercanos a la ciudad de Rosario (Santa Fe), S. Cloquell y M. Trossero sostienen que en esas unidades, el sistema familiar sólo registra ingreso bruto, sumas destinadas a la renovación del capital, presupuesto personal y ahorros no invertidos en la explotación, concluyendo: "El productor de una unidad doméstica a medida que se incrementa la producción de su trabajo realizarÁ un balance entre los factores económicos y una disminución en su cuota de trabajo. Si satisface la demanda de la familia con menos desgaste de trabajo, decrece la intensidad técnica de su trabajo como un todo." S. Cloquell y M. Trossero (1992:16). 
M. Basco et al. (1981a:13). 
 
P. Tsakoumagkos (1987). 
E. Maffei (1979:126). 
L. Llambí (1981). 
Cfr. K. Vergopoulos (1980); C. Servolin (1977). 
M. Basco (coord.) et al. (1992). 
G. Gómes y A. Pérez (1983:141). 
 
M. Murmis (s/1). 
O. Barsky (1990:48); cfr. C. Marx (1986: vol. 1, cap. V). 
 
P. Tsakoumagkos (1987:232). 
P. Tsakoumagkos (1987:237). 
D. Lehmann (1980:18-19). 
A. Chayanov (1985:94). 
O. Barsky (1990:51). 
J. Durston (1982:168). 
P. Tsakoumagkos (1987:247). 
E. Feder (1976) y (1984); si bien cabe aclarar que Tsakoumagkos remarca que éste no es necesariamente el destino de todos los campesinos, dependiendo el mismo del desarrollo de la rama agroindustrial a la que se encuentren articulados. 
M. Manzanal (1990:302). 
P. Tsakoumagkos (1987:238). 
C. Flood y A. Tobin (1978:67). 
 
G. Foladori (1981:107). 
S. Aparicio, N. Giarraca y M. Teubal (1992:136). 
G. Foladori (1981:108). 
M. Piñeiro e I. Llovet (1986a:28). 
R. Brignol y J. Crispi (1982:144). 
P. Tsakoumagkos (1987:245); M. Manzanal y A. Rofman (1989:68). 
 
J. Durston (1982:161). 
0. Barsky (1984:122-123). 
L. Llambí (1990:225). 
O. Barsky (1984b); O. Barsky e I. Llovet (1986). 
Algunos de estos trabajos fueron reunidos en una compilación efectuada por O. Barsky, aún inédita; entre los que abordan de lleno nuestra cuestión, se menciona una investigación de G. Neiman sobre los pequeños productores de Formosa. 
O. Barsky (1990:49). 
"No hay nada, por tanto, misteriosa -ontológicamente, si se quiere- distinto entre el cÁlculo del campesino y el del farmer. Son sólo producto de distintas condiciones de mercados, acumulación, etc.". J. Caballero (1984:10). 
Cfr. los distintos trabajos de E. Archetti. 
 
H. Vessuri (s/f:39). 
W. Thiesenhusen (1979:224). 
E. Ortega (1982:108-109). 
E. Rogers y L. Svenning (1973). 
E. GonzÁles de Olarte (1987:163). 
J. Iglesias (1990:29); M. Posada (1992). 
C. Flood (1978:49). 
N. Giarraca (1990:64). Un caso particular de confusión de la realidad agraria argentina y, por ende, de diagnósticos erróneos -con su consecuencia de propuestas divorciadas de la sociedad- son los distintos trabajos que analizan el campo argentino efectuados por autores ligados al aparato partidario del comunismo argentino. Intentando conciliar el anÁlisis de Lenin sobre la Rusia pre-revolucionaria y el agro pampeano y extrapampeano, se esforzaron por reconocer a campesinos ricos, medios y pobres, a semiproletarios y a terratenientes; y mÁs aún, asignan a una corporación representativa de una fracción de la burguesía agraria, como es la Federación Agraria, una base campesina. Cfr. J. García (1964); (1972) y (1987); R. San Esteban (1975) y (1979); C. Mendoza (coord.) (1985). 

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