Frondizi and the Polities of Developmentalism in Argentina, 1955-62    
CELIA SZUSTERMAN: London, St. Antony's Macmillan Series, 1993.
 

La elección de Arturo Frondizi a la presidencia en 1958 despertó esperanzas en los corazones de muchos argentinos. Tras un decenio de gobierno peronista y un trienio de "Revolución Libertadora", que dividieron a la sociedad en dos bandos hostiles, accedió al poder un civil que prometió unir a la nación y hacerla marchar hacia adelante, hacia un futuro mejor. Pero la decepción fue directamente proporcional a las expectativas. En su excelente y muy bien documentada investigación, Szusterman analiza el ascenso y la caída de Frondizi, los vaivenes del partido Radical y la visión engañosa del "Desarrollismo".

El punto de inicio del libro es el derrocamiento del régimen del general Juan Perón en septiembre de 1955. La gran facilidad con que se realizó el golpe de Estado causa aún perplejidad a numerosos investigadores, ya que los insurgentes eran básicamente una minoría dentro de las fuerzas armadas. Pero la pregunta principal en este contexto es por qué no se produjo una movilización de las masas, tal como la que salvó a Perón en octubre de 1945. La autora no profundiza en esta cuestión. Se refiere, con cierto prejuicio anti- peronista, a las dificultades económicas del régimen, a las relaciones problemáticas con los Estados Unidos (el trato que reciben las relaciones exteriores argentinas desde la Segunda Guerra Mundial hasta la destitución de Frondizi es decepcionante), a lo que parece una creciente enajenación de los miembros de los gremios del régimen y al conflicto con la Iglesia Católica.

El tema de la Revolución Libertadora, que también aún provoca discusiones y fuertes emociones en la Argentina, está mucho mejor tratado. Szusterman aclara las divisiones que irrumpieron en la coalición vencedora, que incluía, junto a militares, a radicales y conservadores, socialistas y católicos, liberales y nacionalistas. Una vez derrocado Perón, se desintegró también el cemento que unía esta frágil y heterogénea alianza dando lugar a una lucha de todos contra todos. En este contexto se produjo la deposición del general Eduardo Lonardi, ya en noviembre de 1955, y se adoptó una política rígida, liderada por el general Pedro Aramburu, que rechazaba todo compromiso con el bando peronista. De tal manera, en vez de lograr el objetivo deseado de desperonización de las masas, la Revolución Libertadora contribuyó a una reperonización de partes de los sectores populares. Paralelamente Szusterman señala la división dentro de la UCR y la estructuración paulatina de la fuerza y del liderazgo de Arturo Frondizi, cuando desafiaba al gobierno de la Libertadora.

Pero el núcleo del libro lo constituye, por supuesto, un análisis de los años de la presidencia de Frondizi y del Desarrollismo, que llegó a ser para sus seguidores una especie de nueva fe y una solución mágica para todos los males de la Argentina. En esta parte del libro, el aporte de Szusterman no está en el análisis económico de la política de aquellos años, sino en la descripción del desgaste gradual de la base sobre la que se apoyaba Frondizi, y en el énfasis en que la desilusión de su gobierno, al que algunos tildaban de maquiavélico, profundizó desde un comienzo la enajenación de un número creciente de argentinos del sistema político en general. Esta desilusión contribuyó a lo que Szusterman llama "vacío moral", un ambiente en el que oficiales con pretensiones mesiánicas y grupos armados ilegales competirán por el gobierno arrojando al país al abismo de la dictadura brutal, la arbitrariedad y la desesperanza.

La mayor decepción de Frondizi se produjo en gran medida por la sorpresa que generaron algunas de sus acciones tras entrar a la Casa Rosada. La mayoría de quienes le habían apoyado supieron qué era lo que habían votado sólo después que aquél asumiera su puesto. El Desarrollismo como ideología se cristalizó de hecho después de la victoria electoral de febrero de 1958. El arquitecto de esta corriente, y el que la convirtió en un dogma élitista, fue Rogelio Frigerio, a la sazón mano derecha de Frondizi. En el corazón de la nueva doctrina estaba la creencia en la necesidad de atraer capital extranjero para desarrollar industrias pesadas en la Argentina y la necesidad de integrar al bando peronista en el marco de una alianza clasista, o un "movimiento nacional", que posibilitara al país encarrilarse en las vías del desarrollo y la modernización.

Las elecciones para la Asamblea Constituyente de julio de 1957 demostraron la potencia del peronismo (expresada en más de dos millones de votos en blanco). Frondizi comprendió que no podría llegar a la presidencia sin cooperar con el peronismo. El acuerdo al que llegó con el líder exiliado abrió efectivamente su camino al cargo, pero indicaba también la forma en que administraría sus políticas como presidente. Se trataba de un acuerdo logrado en secreto y cuya publicación, por parte de Perón en junio de 1959, contribuyó a la suspicacia y la desconfianza hacia Frondizi.

Frigerio creía que el desarrollo de la industria pesada fomentaría el crecimiento impulsado desde dentro. Para ello el Estado debía autoabastecer sus necesidades energéticas, a fin de quitar de la balanza de pagos el peso de la importación de hidrocarburos. Para aumentar la producción nacional de energía, Frigerio estaba dispuesto a utilizar capitales extranjeros; su argumento era que los objetivos a los que se destinaban estos capitales eran lo importante, y no su procedencia. El programa fue presentado como "nacional y racional" y no como "nacional y emocional". No obstante, el anuncio de Frondizi respecto a acuerdos a los que había llegado con compañías petrolíferas extranjeras fue visto como una traición a los principios por los que había luchado durante décadas. La conservación del monopolio del Estado sobre sus recursos naturales era un estandarte que enarbolaron durante largos años los Radicales en general, y Frondizi en particular. También en este caso se trató de acuerdos a los que había llegado en secreto, sin informar a sus ministros, ni a representantes de su partido en el Congreso, ni al público en general. No sorprende, pues, que el discurso con que hizo este anuncio causara estupor a muchos en la Argentina.

Otro tema central que produjo una sensación de engaño, doble faceta y maquiavelismo fue la autorización dada a instituciones educativas privadas, incluidas las religiosas. El mantenimiento de la educación laica y gratuita en todos los niveles era también uno de los fundamentos más identificados con el Radicalismo desde la reforma universitaria de 1918. Mas Frondizi, deseoso de asegurarse la cooperación de la Iglesia Católica, reconociendo el papel importante que le cupo en el derrocamiento de Perón y con la esperanza de mejorar su imagen en los Estados Unidos, realizó un viraje en su política. Tampoco esta vez precedió a los hechos un debate abierto y un intento del Primer Mandatario de convencer a la opinión pública, imponiéndose esto a una población sorprendida y confundida. Todo ello causó estragos en la credibilidad de Frondizi y del sistema político en general, lo que, tal como se mencionara, ayudó al desgaste de la base de la estabilidad democrática en la Argentina.

Frondizi no condujo su gobierno en forma democrática. Escuchó principalmente a Frigerio e ignoró a los ministros de su propio gobierno y a personalidades centrales de la UCRI. Eludió al Poder Legislativo, abusó de su amplia mayoría en ambas Cámaras para diversas manipulaciones, trató a. partidos opositores como si no fueran críticos legítimos sino enemigos subversivos cuyas intenciones patrióticas debían ser cuestionadas, aplicó mano dura a obreros en huelga e impuso el estado de sitio en todo el país durante la mayor parte de su período al frente de la nación. Szusterman demuestra cómo, de hecho, Frondizi destruyó el partido que había formado, la UCRI, negando al país un partido que podía haber sido una alternativa democrática al peronismo y al ejército.

Frondizi fue perdiendo paulatinamente el apoyo público y partidario, y su gobierno empezó a depender de la buena voluntad de las fuerzas armadas para poder subsistir. Estas, escindidas por dentro en diversas cuestiones, manifestaron una gran suspicacia y falta de confianza hacia el Presidente, asumiendo finalmente la responsabilidad de su derrocamiento.

Cabe hacer alguna mención de las fuentes con las que trabajó Szusterman. Todo aquél que se ocupa de la investigación de la Argentina después de la Segunda Guerra Mundial conoce la dificultad de localizar documentos de la época; gran parte de éstos han sido destruidos deliberadamente o por negligencia; muchos otros fueron llevados por distintas personas a sus casas y no los depositaron en archivos públicos. Respecto a la situación de los archivos, éstos dejan bastante que desear. Ante tales circunstancias, el uso de documentos norteamericanos y británicos es vital para completar el cuadro, aunque su utilización requiere cierta medida de cuidado, ya que con frecuencia instruyen más sobre los conceptos e imágenes de los oficiales burocráticos anglosajones respecto a la Argentina que sobre la Argentina misma. Szusterman, como muchos otros investigadores, no siempre actuó de esta manera, y abunda en citas de diplomáticos estadounidenses e ingleses que criticaban el nationalism, individualism, intolerante, and lack of co-operative capaci~y which are unfortunate elements in the Argentine character (p. 31), o que los argentinos se caracterizan por su egocentrism and naivety (p. 61), o que sufren de un inferiority complex y que their acute nationalism is an expression of this psychological condition (p. 242). Queda la duda si estas citas, y otras similares que menciona Szusterman, contribuyen a que entendamos mejor la sociedad argentina contemporánea.

Precisamente por tratarse de un buen libro, es una pena que no haya pasado por una edición adecuada y una corrección suficiente. En consecuencia, está demasiado cargado de citas, hay repeticiones innecesarias, y ocasionalmente oraciones largas y complejas. En el texto han entrado algunos errores de tipografía e imprecisiones menores, de los que se desprende, por ejemplo, que el general Benjamín Menéndez encabezó el fallido levantamiento de junio de 1955, que los miembros de la Asamblea Constituyente de 1957 debieron resolver cuál constitución era la válida y debía ser reformada -la de 1949 o la de 1953, etc. Es de lamentar también que la autora haya preferido escribir sólo los apellidos de diversas personalidades, sin incluir nombres propios y títulos, lo que facilita la lectura. En varias ocasiones no se corresponden las notas con la bibliografía.

Pese a ello, el libro de Szusterman es una monografía importante, que contribuye a aclarar diversas cuestiones, y por ello se recomienda su lectura a todo aquél que se interese en la historia de la Argentina después de la Segunda Guerra Mundial.
 
Raanan Rein Universidad de Tel Aviv
Traducción: E. Nowodworski




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