Escritura y frontera noroeste mexicana: bases para una investigación    
JOSEPH HODARA Universidad de Bar Ilan
 

 

 

Preguntas iniciales

¿Cabe hablar en rigor de literatura - o espacio de las letras- en la frontera norte de México y, más estrictamente, en Baja California? Más allá del calificativo que merezcan los escritos que se publican en este contorno, ¿comparten una intención, un enunciado, una forma peculiar de leer (y narrar) las situaciones-límite que aquí aparecen como vivencia cotidiana y memorable? ¿Y cómo interpretar los signos y las expresiones de la híbrida modernidad que se metaboliza en este perímetro? ¿Tienen los escritores mexicanos bajacalifornianos un estilo peculiar, que ensaya traducir las representaciones colectivas con el auxilio del lenguaje escrito? ¿Asimilan influencias de los centros (empezando por la propia ciudad capital) que crean literatura castellana, o más bien calcan motivos y maneras que se originan en la literatura norteamericana? Acaso hay lugar para una tesis más extrema: independientemente de la cultura literaria del escritor y de su orbe referencial, éste prefiere apegarse a una ruta propia y se inclina a subvertir palabras, metáforas y estilos deliberadamente, para reflejar las aristas caóticas e informes de la realidad fronteriza. En suma: ¿es legítimo y útil aventurar una sociología de la literatura fronteriza mexicana como una línea especializada de investigación?

Algunos de estos interrogantes tienen ciertamente carácter retórico, otros didácticos, y los últimos analíticos; pero todos refieren los encuentros y desencuentros con la modernidad fronteriza (parafraseando a Ramos, 1989) por parte de escritores bajacalifornianos. El propósito final de este trabajo, como se adelantó, es sentar bases para una sociología de la literatura en este espacio. De momento entrego un fragmento que alude, primero, a las transacciones entre signo escrito, modernidad (la atmósfera urbana predomina) y frontera (J.M.Valenzuela [coord.], 1993); referiré, después, un caso particular - El agente secreto, de Rosina Conde, 1990-, que almacena rasgos significativos para una sociología de la literatura singular del norte mexicano, y, por fin, sugeriré una agenda de estudios que deben efectuarse con el designio de instituir sólidamente este género de indagaciones. Dije "fragmento", por cuanto estas páginas constituyen un anticipo de un estudio más amplio que he emprendido. Tal vez tendré la ventura de completarlo.
 

Escritura y frontera: signos e imaginologías

No sólo por prudencia metodológica empleo el término "escritura". Es cierto que buenos críticos de la narración bajacaliforniana (Berumen F. 1982) se preguntan si existió o no literatura en Baja California antes de 1982. Esta acertada interrogación apunta a la marcada inmadurez estilística de los escritores del noroeste mexicano, en el señorío imperfecto de los planos temporales y del monólogo interior, y - añado - en la alusión desprolija o excesivamente visible a símbolos que decantan vivencias e imágenes de la frontera.

El cuestionamiento de Berumen debe ir más lejos, sin embargo. En rigor, apenas existe un mercado literario en esta geografía. Todavía no se ha institucionalizado la figura del editor profesional; muchas obras ven luz con modesto tiraje (apenas 500 ejemplares) y son financiadas por el propio autor y los amigos cercanos; la crítica literaria es ocupación intermitente y parcial, y suele confinarse a la sumatoria realista y superficial de las obras; y, acaso lo más importante, el oficio de escribir no es excluyente, obsesivo, profesional, a causa de los apremios económicos cotidianos. En estas condiciones, sin pasión literaria sostenida, la escritura se torna un ejercicio marginal, que alimenta y reproduce círculos viciosos, que algunos autores han indicado en el subdesarrollo latinoamericano (Vargas LLosa, 1983).

La prudencia parece sensata por razones complementarias. No sólo el cultivo de los géneros es perceptiblemente incompleto; escasean también exploraciones profundas de las experiencias y de la imaginación colectiva en la frontera noroeste mexicana - aun reconociendo los significativos aportes efectuados por García Canclini y Renato Rosaldo (1993)-, salvo, acaso, en "los recuerdos de infancia y de la provincia" que Campbell gusta evocar. Para efectuar estas exploraciones, se precisan dos circunstancias: la vivencia directa e intensa con el objeto de la escritura y el diálogo inmediato y fecundo con los observadores y personajes fronterizos que procuran, con sus instrumentos especializados, arribar a "diagnósticos", "enunciado de problemas y soluciones", que sin duda enriquecen y socorren al escritor (como J.M. Valenzuela, Monsiváis y Salle, en J.M. Valenzuela, 1993).

Estas consideraciones no entrañan ningún juicio de valor acerca de la calidad de las presentaciones literarias en esta frontera. Describen, a lo sumo, una situación empírica, aunque también profesan la creencia de que están madurando las condiciones, en el escribir, en el criticar y en el análisis, para instituir una sociología de la literatura del noroeste mexicano.

Estos señalamientos conciben la frontera como situación límite, como intersección de imágenes distorsionadas, y como punto de confluencia (México- Estados Unidos) de las variedades de la modernidad. El áspero choque con esta realidad (que se manifiesta dramáticamente en la simbólica del "tijuanazo') desafía al escritor, precisamente por la riqueza de evocaciones y arquetipos que conlleva. Es probable que esta abundancia de estímulos bloquee, para- dójicamente, la creatividad. No por accidente el cuento corto y la poesía son los génerós preferidos en la frontera: facilitan la insinuación, acotan y simplifican las percepciones, aíslan algunas nostalgias y peripecias, y abandonan lo demás por desordenado y caótico. Aparentemente, la realidad profusa, contradictoria, supera los instrumentos escuálidos del escritor, y así lo imaginario fronterizo parece indescriptbible, cuando no indescifrable. A estas dificultades hay que añadir las graves imperfecciones del mercado literario.
 

En búsqueda de marcos teóricos de referencia

El empeño teórico es indispensable para acometer la empresa que se sugiere. Presentaré tres propuestas, que tal vez son aptas para organizar significativa- mente los productos de la escritura fronteriza mexicana.

Una de ellas se deriva de I. Howe (Howe, 1990). En un par de ensayos, este crítico literario examina los contextos sociales y espaciales de la literatura norteamericana en el siglo XIX y en el presente. Indica que el mito de la frontera como espacio virgen, limpio, y visceralmente justo fascinó a escritores como Cooper, Twain, Melville y Faulkner. Sin embargo, lo que en verdad los llevó a reaccionar mediante el signo escrito fue la pérdida de esta virginidad, la contaminación urbana, el mercantilismo pedestre y los abusos de la autoridad. La literatura asumió entonces, a contrapelo, caracteres francamente anarquistas que proyectaron nostalgias por lo imaginado-imaginable, por lo que fue, y por el Edén transformado en bien transable. Dice Howe que los lazos primariamente fraternales que se forjaron en la frontera - intersección y confluencia de naturaleza inmaculada y sociedad prostituida- se evaporaron por la infortunada penetración de Moloch y del Leviatán. Y los escritores norteameri- canos protestaron a través de la indisciplina subversiva, la impaciencia respecto a las restricciones y límites de la democracia (Howe: 115). Esta tensión entre la utopía anarquista de Thoreau y la intrusión (presumiblemente) autoritaria del The Federalist habría encendido los temas literarios (Howe: 104).

Por otra parte, la desbordada racionalidad industrial, el desencanto de las relaciones sociales que le es inherente, y los mecanismos institucionales de producción y reproducción de conformismos habrían suscitado una revuelta modernista, visión cultural que se opone a la modernidad tecnológica (Hodara, 1982). Así las cosas, el modernismo y sus dilemas presiden la creación literaria norteamericana en las últimas décadas, por cuanto las demandas de la sociedad presente son inadmisibles por enajenantes. Y no sólo en Estados Unidos. Howe ejemplifica su tesis con Virginia Woolf y con S. Beckett, quienes cultivaron las proximidades del solipsismo; similar propensión revelaron, por cierto, Joyce, Kafka, Picasso y Schoenberg. El progreso secular infinito y lineal no es factible; y si lo es, deshumaniza y aburre. Los postulados de Occidente deben quebrarse, pues despersonalizan las relaciones sociales, niegan "la sabiduría de los instintos", y censuran sueños escatológicos (Howe: 140-142). Son, en suma, "excesivamente transparentes" en momentos en que la geometría no euclidiana gobierna la realidad posindustrial.

Estas sugerencias de Howe parecen útiles en la consideración de la frontera norte mexicana como "espacio pecaminoso", alejado de la prístina Naturaleza, abrumado por rajaduras y caprichos del poder. Por otra parte, la exaltación de motivos modernistas (además del anarquismo y del nihilismo), el festejo de la no-racionalidad instrumental, y las proclividades románticas también se revelan en las descripciones del ajetreo fronterizo. Siguen algunos ejemplos, que, aparte de ilustrar estos motivos, insinúan una característica saliente de esta escritura: la experimentación caótica a través de la subversión del lenguaje.

La cita de la portada de Fuera del cardumen (Berumen,1982) no es accidente: "No se escribe para agradar sino para sacudir, para despertar" (E. Sábato). De esta obra extraigo algunos pasajes significativos, escritos por la joven generación de escritores:
"¿Luchar, para qué? Para construir un mundo mejor, te dije. A través de la oscuridad vi brillar tus ojos. Brillo que pronto murió y quise explicarme la causa. 'La esperanza', dije para aceptar su reacción. 'Mierda eres mierda'." (López Hidalgo: 15)
"Y aquella noche estaba extraviado, no muerto. Me sentía abandonado, huérfano de los dioses, sin rumbo y sin luz. No me cagaba, como dices, en la fé (sic) ni en la esperanza, sólo trataba de encontrarles un significado". (ldem.: 18)
"Esa noche debía realizar su propósito. La destrucción era la única salida, tan sencillo como eso.... Sigilosamente llegó al interior y con premura prendió fuego a las bancas, las columnas, el altar..." (Jesús Guerra: 43 y 46)
"... a los ejidos puede acabarlos la sequía, inundaciones, el hambre, pero.... Así jué, seño; aquí Dios acabó con el ejido". (Virginia Corona: 75)
"Mientras me ames estaré contigo, Loren. Algún día nos volveremos a reunir. Nunca moriré completamente mientras me recuerdes, mientras me recuerdes, Lorenzo. Mientras me recuerdes". (Crosthwaite: 99)
El segundo marco de referencia que sugiero _pertenece a José Luis Méndez (1983), un crítico puertorriqueño que pone énfasis en su isla-patria como espacio cerrado a la vez que desganado. Largamente dominada por España (hasta 1898) y después por Estados Unidos, Puerto Rico es, según Méndez, "un mundo enfermo". Su literatura es una crónica de inevitables patologías. Escritores (como Zeno Gandía) revelaron las contradicciones de las clases medias isleñas, atrapadas entre el formalismo burocrático español y las llamaradas promisorias de los norteamericanos. Estas presiones suelen conducir al fraude - tanto en la estructuración psicológica como en el tráfico mercantil- en calidad de recurso defensivo (Méndez: 14). Y también al despojo. Ambas reacciones paren gestos burlones que convergen en la práctica de la distancia como escudo defensivo. La identidad, la autoimagen, sufren. Luis Méndez hace comparecer, en este contexto, al novelista Pedro Juan Soto y su obra primeriza Spiks. El principal personaje es Usmail, quien se libera de su nombre castrador (inspirado por "US mail") matando a un marins.

El motivo del rompecabezas (en la vida, en el espacio isleño) se reitera, obsesiona. Por ejemplo, Luis Rafael Sánchez, otro escritor puertorriqueño, alude a estos frecuentes enigmas ocasionados por la colisión cultural. Revela, por añadidura, expresiones de cínico conformismo, de autoburla y de alienación, que, en conjunto, modelan una cultura escapista. La realidad espacial y social no sólo es ingrata y angustiante: es ininteligible. Presenta estratos o pisos que jamás se comunican entre sí. Esta incomunicación estructural fue estudiada por el sociólogo puertorriqueño residente en México, José Luis González (1980).

Sugiero que estos motivos - despojo, bufonadas, identidad arrebatada, convivencia de soledades, la violencia y el impulso homicida - parecen pertinentes en la interpretación de la escritura bajacaliforniana. Curiosamente, también en Puerto Rico el cuento se adelantó en varias décadas a la novela; ésta avanza sólo en los últimos años.

Ofrezco, a continuación, algunos ejemplos de la escritura del noroeste mexicano, dirigidos a recomendar el valor heurístico de este marco de referencia que brevemente formulé. Los extraigo de la antología de F. Berumen (1992).
 
- "¿Quihubo, compadre? ¿Qué pasó?" "Nada, que siempre acaban viéndole a uno la cara". - "Muchachos, en la Baja California las tierras están solas, nomás pa llegar y comenzar a sembrar la tierra de uno. Aquí, ya ven, que somos muchos". (Jesús Guerra: 79)
"El camión se alejaba, dejando el calor atrás ... Nunca se acostum- braría a este clima, de día un calorón y de noche uno se congela... Un día descontado pa nada. El Gabriel tenía razón, aquí no sale uno de perico perro; hay que brincarse la línia"... (sic) (Jesús Guerra: 81) 
"Ana María se empina el vaso de cerveza. Genaro ya está de pie y la toma de la mano. Roxana, la prostituta, los saluda desde la mesa donde está... Oye - le pregunta Ana María - ¿Cuándo me llevas a ver una película pomo al Fox en Calexico?... Ohhh un día de éstos ... nada más que haya feria porque acuérdese que es en dolarucos... - No importa, yo disparo. Ah pero eso sí, que sea ya en la noche..." (Edgar Gómez Castellanos: 81)
"Angelina sintió que estallaba. - Y me quieres a mí como puta personal, y para que te pase la `merca' al otro lado y me tengas a tu disposición cada vez que se te antoje... Me quieres en tu banda y en tu cama... como liandra, un burro de carga..." (Oscar Montaño: 136) 
"Se quedó en silencio, hacía mucho que no pensaba, no lo había necesitado. De pronto abrió los ojos y entendió. Vio su vida miserable en ese pueblo donde Dios jamás había posado sus manos ... donde se embruteció en su ignorancia ... porque no sabía qué era lo que quería... Quiso reaccionar, escapar, estuvo a punto de decidirse a cambiar ... volvió la mirada y vio la sombra, la enorme sombra de él entrando tambaleante..." (Irma Torres: 198).
"Uno no quiere vivir en Londres ni en París ni en Barcelona. Uno quiere vivir aquí porque no hace frío. Porque aquí están sus amigos ... porque aquí están sus pasiones. Y de pronto quedó hecha pedazos. Se nos hizo pedazos la ciudad, como una madre finalmente desahuciada (sic) y carcomida". M (Campbell: 14)
(Digresión: en mis lecturas de la literatura del norte mexicano, he advertido constantemente errores ortográficos. Su origen es asunto de conjeturas. Véase Hodara [1992].)

Un tercer marco de referencia útil y pertinente para los propósitos señalados encontré en Julio Ramos (1989). Su análisis de El Facundo ilustra el saber del otro. Y mucho más. Escribir - dice Ramos- es una forma de superar... el vacío de discurso, la anulación de las estructuras (Ramos: 19). Alude al aislamiento espacial; atosigado por la barbarie americana, que fue pesadilla - y motivo literario- de Sarmiento. Escribir - agrega- es civilizar, ordenar el sinsentido...

Conjeturo que la literatura de este contexto aspiró a la modernidad, pero como un ícono, una liturgia de coherencia. Trata de llegar a una semiótica de la racionalización para vencer la barbarie de la geografía y de la cultura. Como se sabe, la imaginación del otro es un tema recurrente de la literatura musulmana y europea (Said, 1978) y Ramos la refiere constantemente; Sarmiento - ignorante de antecedentes- proyecta la otredad a la cultura "primitiva, informe, y mal disciplinada" (Ramos: 25) representada por Facundo. Y al otro lo venera e impugna pues está en el límite entre la sabiduría visceral, voluntariosa, y las estructuras normativas, racionales, de la ciudad. El limite "barbariza", secciona entre modernidad y modernismo, escinde espacios y tiempos, asunto que también preocupó a literatos europeos cuando cursaron la penosa experiencia de mudanzas repentinas de fronteras e identidades (véase, por ejemplo, Gossman L., 1986-87). De ahí que el papel - y la justificación- del escribir sea aproximar la modernidad y el enunciado racionalizador, a fin de despejar los enigmas revueltos por y en la transacción con el otro. Y en las calles y bibliotecas del otro se busca la propia identidad. Ramos señala a Martí como un escritor arquetípico, que indagó la topografía simbólica norteamericana para señalar, en canjes dialécticos, opciones de identidad a culturas latinoamericanas apretujadas por entornos estrechos (Ramos: 145 ss.).

Siguen algunos ejemplos tomados de la literatura del noroeste mexicano, que se ajustan al planteamiento teórico de Ramos:
"Desde la construcción más alta de la zona del Río Tijuana se pueden ver los edificios, las grandes tiendas, mercados, las calles, el congestionamiento de los automóviles ... Por avenidas principales, los arroyos de gente circulan en ambos sentidos... Son las siete A. M." (Gómez Nieves, en Berumen F., 1992)
" Bobby se parece a Clint Eastwood: habla sin mover los labios, poco y casi en murmullo ... El moreno-malo escupe muy seguido pero de ninguna manera se parece a Lee Van CleeL..El negro maneja un inglés neoyorkino que nadie comprende ...Bobby hubiera sido un buen borracho de no ser gringo o militar..." (Juan Escutia, íd.) "La avenida Revolución es una calle importante ... Hay casas de money exchange, cabarets, burros rayados, fotógrafos ... En la Revolución también está el World Famous Tillies, el Jai Alai, y el hotel donde preparaban las mejores ensaladas césar..." (Juan Escutia)
"Stienka Rasin, Stienka Rasin. ¿Quién será ése?, le preguntó al archivista con facha de intelectual ... Un revolucionario ruso, sin duda ...¿Comunista? Supongo..." (Leobardo Sarabia, 1990)
"El Ford convertible, con placas de California, se estaciona junto a la única bomba de gasolina ... bajo el anuncio de Caléxico Gas Station... El empleado de la gasolinera, un joven mexicano... ¿Full tank, míster? ¿Aquello es Mexicali?.. Ni más ni menos ... El hombre sonríe ... Llénalo y limpia los vidrios ... Por un momento pensé que era un pinche gringo. Dispense ... Todo el mundo se equivoca - dice a manera de despedida". (Gabriel Trujillo Muñoz, en Berumen F., 1992)

El caso de Rosina Conde

Entre los múltiples testimonios literarios que yo vengo recogiendo, seleccioné para estas páginas a Rosina Conde (nació en Mexicali, 1954). No por capricho. Pienso que en esta cuentista se advierte un batiburrillo estilístico representativo de la joven generación literaria bajacaliforniana. Influencias de varias geograflas y culturas confluyen en sus obras, casi todas marcadas por traumas biográficos. Escribir es, después de todo, una forma de confesar y confesarse. En términos generales, Rosina frecuenta el acto (y el lenguaje) agresivo, el odio al macho, la hipersexualidad que busca (secretamente), cariño firme y seguro, la revuelta airada contra el entorno, y la identidad que se forja por contragolpes.

Deben tenerse presentes los marcos de referencia que sugerí, para evaluar una obra que es un almacén de cuentos de Rosina: El agente secreto (1990). Los usaré como guías heurísticas, no porque sus páginas los precisen de manera imperativa, sino para llegar _a generalizaciones que una rigurosa agenda de investigación habrá de validar u objetar en el futuro.

La experimentación con el signo escrito es uno de los relieves de El agente secreto. Se traduce en giros inesperados, en el discurso deliberadamente desprolijo, y en el transvase caprichoso de tiempos y de guiones. Anarquismo, modernismo, befa, fechoría; nihilismo, modernidad híbrida e identidad disparatada comparecen en este libro-tribunal. Veamos ilustraciones.

Rebeliones viscerales contra la modernidad: "Estaba cabrón encontrar trabajo; las maquiladoras querían mujeres solteras pero sin hijos"_(p.20). "Qué hueva ir a la escuela y qué hueva quedarme en casa... (Y después de algunos devaneos)- "A la madre con el frío ... es hora de ir a la escuela" (p. 23). Conde subvierte las palabras a través de los coloquios. Por ejemplo: "...me plié con mi jefe..." Acto de insubordinación que revela firme autolealtad por medio de la voz propia (el uso repetido del "haiga" y de la "difiriencia" comparte esta intención). La autoafirmación femenina - actitud que agazapa los desplantes de Rosina- recurre a menudo al enunciado procaz, violento. "Pinchi vieja mamona ... Ni que la fuéramos a coger ... Yo nunca pensé que me fueran a coger. Total si me dan ganas, me llevo un chavo a mi casa sin necesidad de ver películas..." Identidad desgajada: tema recurrente en Conde como fronteriza y como mujer. Pretende remediarla (o disimularla) a través de la independencia agresiva. Ejemplos: "... los marines gritaban more more ... yo no voy a dejar mis papas nomás porque él quiere que suba a enseñarles la panocha a los borrachos" (p. 53). "Encontró a un vaquero viéndola de fijo hacia las nalgas... Y le dijo: Ahí te va un nicle por lo bien que las meneas ... Zarina recogió el god we trust..." Estos desgarramientos de la identidad y los signos de burla defensiva se exponen en la calle (ironía, por cierto) Revolución: "Camin, sir, caioññ sir ...Biutiful señouruitas...Chou taim nau..." (pp. 56-57).

El asalto a la modernidad. otra temática de Rosina, no sólo por bronca norteña (p. 95); también por un auto-respeto a inclinaciones primarias. "Pilar ... se paró a sacarme a bailar, y la ruca que se encabrona y que se arma la bronca, el despelote ... Me dijo que yo era una huevona ... yo me enojé un chingo ...y digo a rastras porque yo andaba bien peda" (pp. 105-106). Ciertamente, la transacción personal con drogas tiene conocida filiación antimoderna, es una patalogía de la Razón. "¿Quieres una cerveza ? No, gracias. ¿Un pisto? No." Y en otro pasaje: "Escondió el aura maravillosa del azul y lo abrió por el fondo; tocó con cuidado el talco - ahora blanco- con la yema del anular, lo acercó a la nariz e inhaló" (pp. 21 y 48).

Indefensión y despojo brutal. otra inquietud demoníaca de Rosina. "Entonces me di cuenta que no lo quería ... que me había casado por temor a la soledad ...a los asedios de los hombres y por las presiones de mis padres" (p. 95). "Me daba cuenta que estaba envejeciendo a los veintiocho... "(p.14 ). Y el despojo impune se manifiesta en la violencia traidora, sin dosis alguna de secreta gratificación, alevosamente impersonal. "Me violó desesperadamente por atrás y soltó el semen con una rapidez extraordinaria..." Rosina conjuga aquí varias protestas contra el macho cobarde e impotente.

Rebelión y fracaso: Rosina defiende airadamente su condición femenina pero no olvida la fuerza de las inercias en la cultura y en la frontera. "Al fin y al cabo era mujer, y una mujer a los quince años piensa igual que dos hombres de veinte" (p. 27). "Nunca comprendí que los hombres no pudieran entender la amistad de una mujer" (p. 75). "Qué horrible es sentirse culpable ... pero más horrible es saberse sin identidad, que el apellido no te pertenece, que dependes de los padres o del marido y cuando haces algo que no vaya de acuerdo con sus principios estás pisoteando su nombre" (p. 71). "...sin embargo quién era yo para decidir. Si hay algo que me dé más flojera es eso y siempre termino haciendo las cosas tal y como me las ordenan..." (p. 116).
 

Hacia una sociología de la literatura fronteriza

Este impulso preside el estudio en que me he embarcado. De ahí mi propuesta preliminar de marcos de referencia y la presentación de mi lectura de algunas páginas de Rosina Conde. Ciertamente, la tarea por delante es considerable. Conviene descomponerla y proponer fases de trabajo que, debidamente eslabonadas, brindarían fundamento a esta linea de investigación. Sigue una suerte de agenda de trabajo para los interesados.

Significativo y urgente es el levantamiento bibliográfico. Félix Berumen ha efectuado aportes inesquivables en este sentido (1992), aparte de ensayos críticos (1990a y 1990b). También Bayardo Gómez (1990) ha intentado explorar "la cultura de la alambrada" y sus diferentes y punzantes ángulos. A sus comentarios inyecta citas de varios escritores, sin pretender una codificación acabada del tema.

En segundo lugar, cabe ordenar las contribuciones literarias en Baja California conforme a tres criterios básicos:
  1. La pertenencia generacional, que indicaría cómo los escritores de diferentes recodos temporales miraron el entorno fronterizo conforme a los recursos literarios de que disponían y a la situación empírica del entorno.
     
  2. La pertenencia por género, pues es obvio que el deslinde "hombre-mujer" desempeña un papel saliente en la frontera debido a modos de producción que desbaratan la tradicional división sexual del trabajo (A. López- González et al, 1989-1990).
     
  3. El espacio formativo del escritor (por nacimiento y por formación- socialización), con el objeto de identificar y distinguir influencias locacionales dispares respecto de la frontera, y en particular los vínculos sociales y semánticos del escritor bajacaliforniano con su homólogo chicano.
     
Tercero, el análisis de contenido preliminar de textos y contextos, a fin de proponer una matriz organizadora tentativa, que haga interactuar los motivos de la biblioteca fronteriza con las circunstancias adscriptivas que se mencionaron en el apartado previo.

Con base en los resultados iniciales de este análisis habrá que estructurar, en cuarto lugar, marcos teóricos de referencia que faciliten la organización heurística del material y el enunciado de generalizaciones cotejables y razonablemente fundadas. Tal vez así nos acercaremos a una sociología especializada de la literatura del noroeste fronterizo mexicano.
 

NOTAS BIBLIOGRAFICAS

  • Bayardo Gómez P., El signo y la alambrada, Entrelíneas, Tijuana, 1990. 
     
  • Berumen F., Fuera del cardumen, Tijuana, B.C., 1982.
     
  • Berumen,F., Antología de la narrativa de Baja California, mimeo. Tijuana, 1992. 
     
  • Berumen F., "Federico Campbell: entre el poder y la nostalgia", Trazadura, 1, 1990. 
     
  • Berumen F., " Expresión y estilo en la poesía y la prosa de Rosina Conde", en López González A. el al (coord.); Mujer y literatura mexicana y chicana: culturas en contacto, El Colegio de México-EL COLEF,Tijuana, 1990.
     
  • García Canclini N., "Escenas sin territorio", en J. M. Valenzuela (coord.), Decadencia y auge de las identidades, El Colegio de la Frontera Norte, Tijuana, 1993.
     
  • Gómez Montero S., Los caminos venturosos, Universidad Autónoma de Baja California, Tijuana, 1987.
     
  • González J.L., El país de los cuatro pisos, Ed. Huracán, Río Piedras, Puerto Rico, 1980.
     
  • Gossman L., "History as Decipherment: Romantic Historiography and the Discovery of the Other", New Literary History, 18, 1986-1987.
     
  • Hodara J., "En torno a Bell", Revista Colombiana de Sociología, 2, 1982. 
     
  • Hodara J., "Frontera y despistes ortográficos", Diario 29, 13 de septiembre 1992. 
     
  • Howe I., Selected Writings 1950-1990, Harcourt Brace Jovanovich, Nueva York, 1990. 
     
  • Méndez J. L., Para una sociología de la literatura puertorriqueña", Edil, Río Piedras, Puerto Rico,1983.
     
  • Monsiváis C., "La identidad nacional ante el espejo", en J.M. Valenzuela, op. cit. 
     
  • Ramos J., Desencuentros de la modernidad en América Latina, FCE, México, 1989. 
     
  • Renato R., "Reimaginando las comunidades nacionales", en J.M. Valenzuela, op. cit. 
     
  • Rosina C., El agente secreto, Universidad Autónoma de Baja California, Tijuana, 1990. 
     
  • Said E., Orientalism, Vintage Books, Nueva York, 1978.
     
  • Salles V., "Las familias, las culturas, las identidades", en J.M. Valenzuela, op. cit.
     
  • Saravia Quiroz L., "Aproximaciones a la cultura de la frontera norte", Memoria del encuentro de literatura de las fronteras, ICBC-CONACULTA - Programa Cultural de las Fronteras, Tijuana, 1988.
     
  • Saravia Quiroz L. (comp.), En la línea de juego, Consejo editorial para la cultura y las artes, Tijuana, 1990.
     
  • Trujillo Muñoz G., "Mujer, literatura y frontera", El Oficio, 5 mayo 1986.
     
  • Valenzuela J.M., "Identidades culturales: comunidades imaginarias y contingentes", en J.M. Valenzuela (coord), op. cit.
     
  • Vargas Leyva R., "Historia de las editoriales y revistas", en Memoria... op. cit. 
     
  • Vargas LLosa M., Contra viento y marea, Seix Barra¡, Barcelona, 1983.




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