Italia y Argentina 1943-1955: política, emigración e información periodística    
ALDO ALBÓNICO Universidad de Messina
 


Este trabajo intenta subrayar algunos aspectos esenciales de la posición italiana con respecto a la Argentina durante la primera época peronista, y asimismo se propone definir el contexto en que encajaba el tema migratorio. Las fuentes básicas de la investigación son la documentación político- diplomática italiana conservada en el Archivo del Ministero degli Affari Fsteri de Roma (AMAE), la prensa de aquellos años y la muy limitada historiografía existente.

La realidad argentina fue objeto de muchos análisis desde la perspectiva italiana. Funcionarios oficiales, periodistas y observadores particulares escribieron sobre el tema, pero no lograron llegar a un entendimiento adecuado, más allá de a un nivel puramente retórico. Si bien los dos países se esforzaron por conocerse, demasiadas aperturas de parte de Italia obedecían a otras finalidades pragmáticas, de modo que el acercamiento resultó insuficiente, sobre todo si consideramos el impacto humano de las relaciones entre Italia y la Argentina [1] .

La política de Benito Mussolini con respecto a América Latina no fue muy exitosa. Si bien consiguió atraer hacia el fascismo a la mayoría de los italianos allá emigrados, no obtuvo mayores logros ni en el ámbito de las relaciones bilaterales, ni tampoco a nivel continental, dado su carácter contradictorio en relación con el nacionalismo autóctono de cada país, además de la debilidad económica italiana [2] . Al estallar la Segunda Guerra Mundial, los estados latinoamericanos fueron rompiendo paulatinamente sus relaciones con Italia, y algunos incluso le declararon la guerra.

Luego de la caída del Duce en julio de 1943, y del armisticio con los Aliados en septiembre del mismo año, solamente Argentina mantenía aún relaciones diplomáticas con el gobierno del rey Víctor Manuel 111. Esto explica que, pese a los cambios que experimentara la política de los dos países en 1943, y a las difíciles comunicaciones, no dejara de existir entre ambos un vínculo especial.

Cuando, en 1943-1944, la diplomacia del reino de Italia se planteó el problema de reestablecer relaciones con las demás naciones del continente americano [3] , parte de los contactos - si bien no los más importantes - se llevaron a cabo en Buenos Aires [4] . Entre estas iniciativas se destaca el envío de trigo argentino a Italia por intermedio del Banco di Napoli, y también la recuperación de ocho de los buques nacionales previamente vendidos al gobierno de Buenos Aires, pero con contrato de retroventa, en 1941. De hecho, el problema más urgente del gobierno de Roma era obtener créditos para pagar el aprovisionamiento de alimentos y encontrar transportes suficientes para traerlos a Italia. El apremio económico y la escasez eran tan graves, que fue necesario demorar el envío de nuevos diplomáticos a Latinoamérica y se tardó mucho en acoger los donativos de las comunidades emigradas.

En cuanto a la emigración, hay que subrayar que los residentes de nacionalidad italiana en Argentina no fueron sujetos a ninguna de las limitaciones económicas y políticas que se impusieron, en cambio, en casi todos los demás estados americanos después de diciembre de 1941. Esto favoreció cierta continuidad político-ideológica y patriótica dentro de la comunidad emigrada, hecho que preocupaba a los responsables de la diplomacia italiana ya en mayo de 1945: el director de la sección de asuntos políticos del Ministero degli Affari Esteri, Vittorio Zóppi, recalcó que los representantes diplomáticos en Argentina y en otros países latinoamericanos le habían informado que, si bien una parte de los emigrados habían aceptado el nuevo régimen democrático italiano, otros, en cambio, seguían fieles a "antiguas y equivocadas ideologías" [5] .

En los años siguientes, la actividad de los grupos neofascistas italianos en la Argentina fue seguida atentamente por los cónsules y embajadores, aunque el problema no se planteó nunca de manera exhaustiva, debido, quizás, a cierto malestar psicológico ante los logros patrióticos obtenidos en algunos sectores por el fascismo [6] . El asunto no ha recibido hasta hoy la atención que merece: si bien se ha investigado en los últimos años la actividad de los grupos antifascistas durante la Segunda Guerra Mundial [7] , todavía se sabe muy poco acerca de la intensidad y persistencia de las simpatías hacia el Duce dentro de la comunidad emigrada, y menos aún en cuanto a su impacto sobre el flujo de antiguos fascistas que ingresaron a la Argentina después de 1945, atraídos precisamente porque el país del Plata parecía ofrecer ciertas garantías. Por ejemplo, en el informe redactado después de la visita efectuada a Buenos Aires en 1953, el comandante del buque de entrenamiento de la armada italiana, Amerigo Vespucci, escribía que el partido neofascista italiano era muy fuerte en la Argentina y contaba con el apoyo concreto, aunque no oficial, del gobierno de Perón, y que la tripulación había sido agasajada en la sede del Movimiento Sociale Italiano [8] . En otro informe de 1953, escrito por el delegado gubernamental del transatlántico Giulio Cesare, se señalaba, además, que la prensa ítalo-argentina de orientación neofascista era la más leída allá [9] .

Ignoro si entre los estudios de ciencias políticas sobre el peronismo existe algún análisis revelador de la actitud de la comunidad italiana hacia Perón y el posible vínculo entre la simpatía por Mussolini y la adhesión a la revolución justicialista. Cabe señalar que, muy temprano, las autoridades consulares y diplomáticas italianas manifestaron poco aprecio por los militantes antifascistas radicados en el Plata [10] , y que, dado su alto origen social y tendencia política moderada, la mayoría de ellos solía expresarse en términos críticos acerca de la política obrera de Perón. En muchos informes diplomáticos - e igualmente en parte de la literatura italiana del período sobre la Argentina - se destaca que la emancipación del obrero y del peón argentino, aunque deseable, ha sido demasiado "fuerte" y demasiado rápida... [11

Por lo general, los juicios de los diplomáticos italianos respecto al régimen de Perón fueron prudentes y no muy halagadores, haciendo hincapié en la demagogia y las ambigÜedades del peronismo - tanto en materias de economía como en la arena internacional [12] -, más que en los pronunciamientos a favor de los sindicatos. Por mucho que Perón y el gobierno italiano alabaran la latinidad y periódicamente exaltaran el vínculo cultural romano y católico, jamás se llegó a forjar una relación entrañable. Del mismo modo, si bien es probable que a algunos círculos de la derecha clerical italiana les haya interesado formar parte de un nuevo eje de naciones conservadoras, distinto del eje anglosajón, semejante alianza era inconcebible en la posguerra, dada la falta de recursos económicos y militares. El destino del alineamiento entre la Argentina peronista y la España de Franco resulta indicativo.

Es interesante recordar que en aquellos años se produjo también cierta competencia en América entre la diplomacia italiana y la española. El Ministero degli Affari Esteri veía con recelo aquella "hispanidad", que suponía un vehículo para la transmisión de valores políticos autoritarios, capaz de usurpar la presencia cultural italiana en Latinoamérica. Resulta increíble, mas en los años cincuenta se ejercieron presiones italianas sobre el Vaticano, a fin de que la Santa Sede redujese los envíos de sacerdotes españoles a la Argentina y demás países de América Latina, por temor a que éstos desequilibraran la importancia de los sacerdotes italianos establecidos allí [13] .

Los limitados intentos de desarrollar una política exterior más independiente, y con alguna tendencia neutralista, desaparecieron pronto del horizonte de la diplomacia italiana. Cuando, en 1948-1949, el gobierno de Roma firmó una serie de tratados de amistad y de colaboración con los estados latinoamericanos, y personalidades italianas emprendieron una gira por el continente, la consigna era muy precisa: desatender cualquier oferta de constituir un eje alternativo de "tercera fuerza" que pudieran proponer aquellos gobiernos, e igualmente desoír sus quejas en contra de los Estados Unidos; Italia se hallaba impotente frente a Washington y reconocía que Latinoamérica configuraba un coto cerrado de los yanquis. Se sugeriría, en cambio, una proposición de cooperación triangular entre Latinoamérica, EE.UU. e Italia, particularmente en el pleno de la economía [14] . La política exterior italiana no volvería a adoptar posturas más abiertas sino hasta finales de los 50. Por lo demás, no se podía ignorar las ambigÜedades de Perón hacia el Pacto Atlántico, la Unión Soviética y la posibilidad de una nueva guerra mundial.

Había quienes acusaban al presidente argentino de querer aprovecharse, política y económicamente, de la tensión internacional. El mismo Agostino Rocca, artífice de la empresa Techint, escribió que Perón deseaba que estallase el conflicto entre las grandes potencias [15] . Cuando se estipuló el protocolo de amistad y colaboración ítalo-argentino en diciembre de 1948, la diplomacia italiana rechazó el texto más comprometedor propuesto por el gobierno de Buenos Aires, en el cual se preveía asesoramiento y socorro económico mutuo en caso de agresión [16] .

La política italiana hacia Latinoamérica después de la Segunda Guerra Mundial se diferenció de la política fascista en dos puntos principales: no se pretendía aparecer como una gran potencia y se volvió a favorecer la emigración ultramarina. A pesar de las declaraciones democráticas, las relaciones con los gobiernos del continente americano no cambiaron gran cosa, ni tampoco se emprendieron proyectos de envergadura. Tal como había sucedido en época de Mussolini, la América Latina constituía más bien un instrumento útil para conseguir otros objetivos: pertenecientes al bloque de los vencedores, y luego miembros de la ONU, los estados latinoamericanos se mostraban muy valiosos a efectos de obtener "justas" condiciones de paz antes y después de la admisión en la ONU, y asimismo la restitución de parte de las colonias africanas y de Trieste. Este propósito guió todos los contactos políticos que mantuvo Italia con los gobiernos latinoamericanos hasta 1955, encontrando buena acogida en la Argentina. Aun cuando las relaciones de Perón con Washington - antes difíciles, y luego marcadas por cierta ambigÜedad - vinieran a enturbiar la situación, el gobierno de Roma por lo general pudo contar con el respaldo de la democracia argentina. Prueba de ello es la simpatía con que la prensa argentina dio cuenta del asunto de Trieste, hasta su conclusión en 1954 (por ejemplo, lo escrito en Democracia, el órgano de prensa controlado por Perón) [17] .

Más importante, desde el punto de vista social y económico, es la cuestión de la emigración. Ya en 1945, el gobierno de Buenos Aires, al igual que otros estados latinoamericanos, se había declarado dispuesto a acoger a un buen número de inmigrantes italianos. El Ministero degli Affari Esteri acogió la proposición, si bien supeditó el éxodo a la firma de acuerdos bilaterales que garantizaran condiciones equitativas de trabajo, de democracia y de libertad. Desafortunadamente, gran parte de la historia de la emigración italiana a Latinoamérica después de la Segunda Guerra Mundial está aún por escribirse, ya que, al menos los investigadores italianos han favorecido, hasta ahora, la época anterior. Sin embargo, la magnitud del éxodo no fue nada despreciable: entre 1946 y 1955 emigraron a la Argentina casi 360.000 personas (el año récord fue 1949, con 98.262 inmigrantes; a partir de 1958, el flujo se redujo a menos de 10.000 por año) y, pese a las condiciones que encontraron a su llegada, frecuentemente muy inferiores a las esperadas, sólo 74.000 regresaron [18] .

La emigración se desenvolvió dentro del marco de los acuerdos ítalo- argentinos firmados en febrero de 1947 y junio de 1952. La historia de estos acuerdos, al igual que muchos otros temas relacionados a ellos, está - lo repetimos - a la espera de trabajos de investigación pertinentes. Me limito a indicar aquí lo compleja que, según parece, fue la formulación de los acuerdos de 1947, debido a la oposición que suscitaron en Italia de parte de los partidos de izquierda y de la más importante central sindical unificada de entonces: la Confederazione Generale Italiana del Lavoro (CGIL).

La CGIL reaccionó con perplejidad frente al problema general de la emigración. A pesar de que el sector comunista de la CGIL opuso gran resistencia a semejante manera de resolver el problema de la desocupación, se concedió finalmente que sería aceptable, siempre y cuando existieran tutelas y garantías y la central sindical italiana tuviera la posibilidad de colaborar con las organizaciones sindicales de los países de emigración. Esta última condición planteaba evidentes problemas politico-ideológicos en la Argentina, dada la orientación nacionalista del justicialismo. Parecía que la CGIL había logrado torpedear la conclusión de los acuerdos ítalo-argentinos, mas, después de una manifestación multitudinaria de protesta en Roma en pro de la emigración al país del Plata, éstos se firmaron [19] . En la literatura de la época se acusó a los comunistas italianos de oponerse a la emigración, especialmente la emigración transoceánica a un país supuestamente fascista, porque, para esta concepción ideológica, el aceptar semejante válvula de escape supondría morigerar el malestar económico y social y, por ende, alejar la oportunidad del estallido revolucionario. La subsiguiente ruptura de la unidad sindical italiana determinó que la actitud hacia la emigración se ideologizase aún más, conectándola con las posiciones políticas de las direcciones sindicales en ambos lados del Atlántico.

Los organismos oficiales italianos, por su parte, seguían convencidos de que los problemas nacionales no tenían solución si una parte de la población no emigraba del país. Un informe reservado de la Direzione Generale dell'Emigrazione en 1949 calculaba el excedente humano en por lo menos cuatro millones de personas; en el supuesto de que éstos salieran a trabajar al extranjero, sus transferencias de dinero serían muy provechosas [20] . De ahí que se intensificaran los proyectos públicos y las iniciativas particulares en pro de la emigración, en conjunto con instituciones migratorias internacionales como la CIME - Comissione Cattolica di Immigrazione -, desentendiéndose incluso del recelo latinoamericano ante toda iniciativa internacional, como aquella de la CIME, que atribuía a los EE.UU. un papel de liderazgo.

Los nuevos acuerdos intergubernamentales de 1952 proclamaron la oportunidad migratoria para 500.000 campesinos italianos, aunque, a pesar de la momentánea mejoría que supuso la guerra de Corea, en la Argentina se vislumbraban ya ciertos signos de crisis económica. Si se toma en cuenta, además, que en numerosas reclamaciones italianas de aquellos años se consignaban las condiciones deprimidas del mercado de trabajo y las muchas quejas de los emigrados, entonces resulta imposible obviar la inconsciente demagogia de esos acuerdos. En el informe de enero de 1953 del delegado gubernamental en el transatlántico Giulio Cesare, de regreso de Buenos Aires, se calificaba aquellos acuerdos, con mucha discreción, como una "obra de incompetentes". El mismo documento - al que pueden sumarse tantos otros testimonios - revela las numerosas causas que impulsaron a los emigrados a retornar a su patria: la falta de lugares de trabajo, el escaso poder adquisitivo de los sueldos, la imposibilidad de remitir dinero a Italia, las dificultades de adaptación al nuevo estilo de vida latinoamericano, etc. A ello había que añadir el muro de incomprensión, y quizá de hostilidad, que se interponía entre los viejos y los nuevos inmigrados, característica ésta que se subraya en gran parte de la literatura de la época. Tampoco faltaban quejas en cuanto a la menguada protección de los derechos de los inmigrados por parte de las autoridades consulares [21] y, de la misma manera, en las jerarquías gubernamentales de Roma, el "asunto Argentina", así como la cuestión más amplia de Latinoamérica, preocupaba poco. Por ejemplo, el diputado de la Democrazia Cristiana, Gennaro Cassiani, que había visitado los países del Plata en 1951, se quejaba al ministro de Asuntos Exteriores, Carlo Sforza, de la sempiterna falta de una política seria hacia aquellas tierras y hacia los italianos allí establecidos: todo el mundo sabía que las cosas no marchaban, pero él - escribía el diputado - había comprobado que la situación era aún peor que lo imaginado; prueba de ello era el estado en que se encontraba el gran edificio de la Casa d'Itafa en Buenos Aires, abandonado a las ratas desde hacía siete años [22] . Otro episodio que refleja la falta de prioridad acordada a los asuntos latinoamericanos tuvo lugar en diciembre de 1952. El presidente del gobierno italiano, Alcide De Gasperi, ante la insistencia del Direttore Generale degli Affari Politici del Ministero degli Affari Esteri a fin de que hiciese algo en América Latina, replicó que "é bene pensarci e..ripensarci, e riparlargliene piú avanti" [23] (es decir: "hay que pensarlo bien, volver a pensarlo, y hablar del asunto más adelante...").

También merece atención el tema de la ciudadanía. Ya en 1945, en una memoria del Ministero degli Affari Esteri, se dejaba constancia de la urgente necesidad de llevar a cabo una revisión exhaustiva de la anterior política fascista de defensa nacionalista de las comunidades emigradas. Sin embargo, si bien se empezó a considerar esta revisión, no se dedicó al tema suficiente reflexión. Parece que el asunto se discutió en el Ministero degli Affari Esteri sólo a partir de la primavera (hemisferio norte) de 1955, en relación al proyecto justicialista de constituir un Movimiento Peronista de los Extranjeros, dirigido a favorecer la naturalización de los inmigrados. En vista de que la embajada de Francia preparaba una protesta, la diplomacia italiana no tuvo más alternativa que encarar el problema. La subsiguiente caída de Perón solucionó provisoriamente el asunto, pero la discusión que había tenido lugar en los marcos diplomáticos italianos no deja de ser bastante reveladora.

Se dijo que, después de 1945, el gobierno italiano había adoptado una actitud opuesta a la consigna del fascismo de impedir la asimilación. Asimismo, el subsecretario de Asuntos Exteriores, el diputado Badini Confalonieri, quien había visitado la Argentina, había afirmado que la mayoría de los inmigrados deseaba obtener la ciudadanía argentina sin perder la de Italia. La legislación italiana de 1912 impedía esa doble ciudadanía, pero - se alegó - siempre era posible hacer la vista gorda o cambiar la ley; indiscutiblemente, el problema era difícil, no existían hasta el momento directivas precisas, y nadie quería que el asunto se discutiese en el Parlamento de Roma. Por lo demás, según se lee en las actas de la reunión de los altos funcionarios del ministerio, resultaba más conveniente para los intereses nacionales contar con influyentes ciudadanos argentinos de origen italiano, que perpetuar la previa situación de emigrados italianos encerrados en su condición de extranjeros. Por lo tanto, no se consideraba prudente oponerse a la tendencia peronista que prometía favorecer la asimilación, aun cuando se privase a los emigrados la libertad de escoger su condición. Se debía averiguar de qué forma la ley argentina establecía la pérdida de la ciudadanía italiana de los que se argentinizaban, a fin de anticipar las providencias necesarias tendientes a acelerar los expedientes para volver a obtener la ciudadanía italiana [24] . En 1956, semejantes consideraciones, bastante deprimentes, llevaron a la embajada italiana en Buenos Aires a proponer que se limitara mucho la emigración [25] .

¿Cuál era la opinión sobre la Argentina que imperaba en la prensa italiana de la época? El perfil sombrío que ofrecía la imagen del país del Plata en la Italia de la posguerra obedecía a una razón muy sencilla: Perón recordaba un tanto a Mussolini, y su régimen detentaba ciertos parecidos con el fascismo. Esto explica tanto las omisiones como las criticas de que fuera objeto por parte de la prensa italiana: ni siquiera los grandes diarios y revistas moderados que dominaban el panorama editorial del período, tales como II Corriere della Sera, le manifestaron aprecio. Perón era considerado un dictador que, si actuaba en favor del pueblo - la prensa solía emplear el término popolino, bastante despectivo [26] -, lo hacía exclusivamente por conveniencia propia, motivado por la necesidad de una palanca de nuevo cuño que le permitiera adueñarse del poder. Del bienestar de los argentinos - se escribía - no le importa gran cosa; lo que le viene bien es tener un arma poderosa contra la antigua oligarquía y contra las ambiciones políticas de las fuerzas armadas. La imagen de Evita tampoco salía muy bien parada, por su ambición y la cursilería de algunos de sus actos y posturas.

Pero, quizá lo que más llama la atención es la escasa cantidad de artículos dedicados al tema argentino a lo largo de toda una década (las crónicas se animaron, huelga decirlo, sólo en ocasión de la muerte de Evita y de la crisis final del régimen). Del mismo modo, salta a la vista lo poco que se profundizó en aquella realidad. Por ejemplo, de las elecciones argentinas, tema que podía ser de gran interés dada la importancia que las consultas electorales habían recobrado en la fundación de la república italiana, se informó poco, y se guardó un silencio absoluto respecto a lo que quedaba de vida parlamentaria. Se comprende que la gran prensa de centro estaba interesada en la destrucción o absorción de las fuerzas de la izquierda marxista, e igualmente se entiende que en aquella prensa se hablara apenas de las reformas sociales, de las mejoras introducidas en la legislación del trabajo, o de la gran fuerza cobrada por el sindicalismo peronista; lo que menos se explica es la tibieza con que se dio noticia de las intimidaciones del régimen contra los homólogos periodísticos, se puede decir, de Il Corriere della Sera: a saber, los diarios La Prensa y La Nación.

La situación era casi paradójica: por un lado, a los lectores italianos se les repetía continuamente que Perón era un dictador, pero sin explicarles, de una manera cabal, en qué consistía esa dictadura. Solamente al final del régimen las mejores plumas del periodismo - pues debe destacarse que, hasta 1955, la casi totalidad de las informaciones sobre la Argentina se reducían a artículos sueltos sin firma o resúmenes de las noticias de las agencias internacionales de prensa - se comprometen con el tema. Así, por ejemplo, encontramos en Il Corriere della Sera, a mediados de junio de 1955, que Augusto Guerriero, bajo un título muy sugerente, muestra lo contradictorio del enfrentamiento de Perón con la Iglesia Católica [27] , en tanto otro periodista enfoca "las tribulaciones de la dictadura", abarcando los más hondos problemas acarreados por la mala política económica de Perón [28] . La caída de éste fue acogida favorablemente, dando lugar a la propalación de juicios demasiado fáciles sobre el régimen: Augusto Guerriero, acusando un conocimiento histórico muy superficial, manifiesta parcialidad por las dictaduras de Mussolini y Hitler, que le parecen más pertinentes que el peronismo en relación al malestar que afligiera anteriormente a Italia y Alemania[29] . Más certeramente, Indro Montanelli destaca el cinismo de Perón para con el pueblo, amén de la misma Evita [30] . Expresiones y opiniones semejantes aparecieron igualmente en otros diarios y revistas moderados [31] .

Desde luego, una apreciación favorable del peronismo por parte de la extrema derecha italiana no se hizo esperar. Perón es alabado por su política nacionalista, por su aversión al capitalismo yanqui y su anticomunismo, como por haber intentado escarmentar al clero, que pretendía adueñarse del poder a través de un partido demócrata cristiano y con la bendición de Washington. Asimismo se justifica la incautación de La Prensa y se da gran cobertura a las conjuraciones organizadas por los opositores de Perón, lo que, a su vez, explica la vigilancia de la policía [32] . Tampoco resultan sorprendentes las omisiones en la prensa del partido neofascista - el Movimento Sociale Italiano - o ligada a él: los problemas económicos, las ambiguas relaciones con la Unión Soviética, etc. Por lo demás, al igual que en la prensa de los otros partidos italianos, los artículos son, en su conjunto, breves y escasos [33] , y esto a pesar de la no despreciable presencia en el Plata de antiguos fascistas emigrados de Italia, y de la añoranza por los tiempos de la dictadura del Duce que cundía entre los ítalo-argentinos, ambos temas dignos de seria consideración.

En efecto, no faltan ejemplos para comprobar que la prensa italiana en general prefería encarar los acontecimientos desde una perspectiva local, y no argentina. Al relatar cómo los descamisados se volcaron a las calles para defender a Perón, el diario Il Candido se pregunta si pasaría lo mismo en Italia si se levantara el ejército... [34] . Más aún, cuando cayó el presidente, las conjeturas en torno a lo que iba a suceder en Argentina se construyeron en base a la historia italiana de 1945-1947, pronosticándose un gobierno de demócrata- cristianos y comunistas, con la bendición de los EE.UU. [35] . No menos interesante es la nota de preocupación con que se concluye el artículo de Il Candido, en la que se pondera el destino que aguardaría al millón o más de fascisti en Argentina, muchos de los cuales habían encontrado un trabajo decente, llegando algunos a ocupar altos cargos [36] .

Fieles al criterio de examinar distintos periódicos, con orientaciones diferentes, en esta limitada pesquisa sobre la información pública, el análisis de la prensa católica nos rinde frecuentes juicios positivos sobre el peronismo, excepto, lógicamente, durante el último período. Se le agradece a Perón sus envíos de alimentos en 1946 y 1947, y el haber brindado buena acogida a los emigrantes italianos. Asimismo, el órgano de prensa de la Democracia Cristiana desmintió los rumores que circulaban los comunistas acerca de las malas condiciones de los italianos en Argentina [37] , sin preguntarse siquiera si el régimen era totalitario o no: prudentemente, se optó por considerar al peronismo como un movimiento aún por definirse, pero básicamente positivo [38] . Se destacaron los triunfos electorales y las manifestaciones multitudinarias en Plaza de Mayo. El hecho de que, hasta 1954, la Iglesia fuese muy respetada en Argentina, e incluso diera su respaldo al régimen, impulsó a muchos católicos en Italia a hacer caso omiso de aquellas medidas antidemocráticas - la clausura de periódicos, el control de la prensa, la limitación de los derechos políticos, etc. - que los católicos democráticos no tolerarían en su propia patria. Lo mismo puede decirse en cuanto a la fobia norteamericana, la continua retórica discursiva y el nacionalismo exasperado, que tampoco deben haber sido muy del gusto de sacerdotes y obispos.

Es menester subrayar, sin embargo, que si bien a menudo se difundían informaciones superficiales - por ejemplo, las descripciones de Evita, retratada como una benefactora, aunque quizá un poco inconsciente - [39] , otros periódicos eran más atentos: los artículos de Il Popolo, más políticos que los semanarios de gran difusión como Famiglia Cristiana y mucho más democráticos en relación a la vertiente político-religiosa de la Civiltá Cattolica, con el tiempo fueron aguzando su visión. Sólo en el diario de la Democracia Cristiana hemos encontrado cierta crítica con respecto a la comunidad fascista italiana de Buenos Aires [40] . Luego, cuando el malestar económico se reveló en toda su gravedad, Il Popolo no intentó ocultarlo. Según parece, lo ocurrido en el sector de la economía argentina impulsó a los demócratas italianos a ser más prudentes y denunciar la corrupción del régimen (es posible que ya supieran que se estaba preparando otra alternativa política en la Argentina) [41] . En las columnas de Il Popolo, en 1953, aparecieron también artículos escritos por argentinos, que se declaraban preocupados por lo que acontecía en el Plata y temían precisamente que el comunismo fuera a sacar provecho de la situación [42] . Unos meses más tarde, sin embargo, otras revistas católicas seguían difundiendo una perspectiva triunfalista: entre varias, la revista de cultura general de la Universidad Católica de Milán. Siempre "más papista que el Papa", Vita e Pensiero publicó por entonces una apología de Perón y del justicialismo, en la que abundaban las simplezas. El presidente, por ejemplo, es pintado como un hombre sencillo y expansivo, por poco un heredero de los antiguos socialistas moderados [43] . Si bien el artículo no disimula lo heterogéneo y aun lo contradictorio de la doctrina justicialista, el juicio es favorable: el aspecto negativo del peronismo - se escribe - hay que buscarlo en apresurarse demasiado y pretender transformar de golpe un país ganadero y agrícola en un productor industrial [44] .

Todas las diferencias, tanto de matices como otras más sustanciales, evidentes en la prensa italiana de orientación católica se borran a partir de noviembre de 1954, en el momento en que Perón lanza su ataque contra la Iglesia. El tono cambia repentinamente y se publican noticias sobre aspectos del régimen que se habían acallado antes, como denuncias de que en la CGT y entre la cúpula política abundaban los masones y marxistas [45] . Cuando se produjeron los incidentes de los descamisados contra las iglesias, la prensa católica italiana declaró a Perón un dictador irresponsable y a sus seguidores, unos vándalos. No se procuró explicar la razón política del enfrentamiento, más allá de considerar el viraje anticlerical del régimen como un recurso disparatado para salir del atolladero en que "el líder" se había metido y encubrir, así, sus propios errores [46] . La huida del dictador, pues, fue acogida con satisfacción.

Está de más señalar lo negativo del juicio sobre el peronismo pronunciado por las fuerzas de izquierda, tanto de inspiración marxista como radical- burguesa. Basta mencionar el semanario Il Mondo: ya en el título de un artículo, "Il caudillo máximo", se puede detectar una actitud peyorativa [47] ; en el comentario final sobre la experiencia peronista, abundan los términos como "demagogia", "errores", "limitaciones". De haber continuado en el poder - se afirma -, Perón habría empujado a la Argentina aún más hacia el abismo, pues ya había logrado empobrecer de una manera increíble a un país riquísimo, orientándolo hacia una economía absurda e insegura [48] .

La información de la prensa socialista parece muy elíptica. En el diario más importante del partido socialista, l'Avanti! [49] , llama la atención la ausencia casi total de artículos sobre la Argentina entre 1946 y 1947; en los años siguientes, las referencias son escasas y las noticias aparecen seleccionadas. Por ejemplo, no se encuentra referencia alguna a las elecciones ni a las reformas sindicales y sociales. Lo más sorprendente, sin embargo, es la ausencia absoluta de informaciones sobre la suerte del antiguo partido socialista argentino, y de las izquierdas en general en el país del Plata. Ya hemos visto que esta ausencia informativa es común en las demás fuerzas políticas italianas, que tampoco se interesaban por sus homólogos extranjeros. Se confirma, así, la impresión de que lo que ocurría en Latinoamérica era considerado algo ajeno... Y ello a pesar de que socialistas italianos de renombre como Rodolfo Mandolfo y otros habían vivido en Buenos Aires, y no obstante los muchos emigrados residentes en Argentina, amén de los nuevos inmigrantes que cada año seguían ingresando.

En cuanto a la emigración, sí es posible encontrar algo en 1'Avanti! y demás órganos socialistas. En el período inmediatamente posterior a la guerra mundial parece aceptarse la necesidad física de la emigración para hacer frente a los despojos del conflicto, en una coyuntura en que el país del Plata ofrecía posibilidades [50] . Más adelante, sin embargo, se destacaron las malas condiciones que encontraban los emigrados, aun cuando se reconocía que Brasil sobrepasaba a la Argentina en cuanto a las dificultades y la explotación de los trabajadores. De este modo, se relata, por ejemplo, cómo 75 trabajadores italianos fueron encarcelados en Argentina por manifestarse en contra de las restricciones a los envíos de dinero a Italia [51] . Si bien la emigración transoceánica tenía sus ventajas y sus desventajas [52] , después de 1950 la Argentina dejó de ser considerada una opción viable [53] . Las cautelas expresadas en un comienzo [54] se volvieron, más tarde, duras críticas a las deficiencias de la política gubernamental italiana y argentina en materia de emigración [55] , de lo cual ya habían dejado constancia, en 1946, las preocupaciones expuestas en la antigua revista del reformismo socialista por los ancianos sindicalistas Rinaldo Rigola y (en tonos aún más severos) Enrico De Leone [56] . Fue precisamente el nuevo partido social-democrático - Partito Socialista dei Lavoratori Italiani - el que propuso en el Parlamento que se reconstituyera el antiguo Commissariato Generale dell'Emigrazione. Tanto en Critica Sociale (por Riccardo Bauer) como en Movimento Operaio, se hizo hincapié en la necesidad de que la emigración fuese de calidad, pues se argumentaba que en la Argentina y en los demás países de Latinoamérica ya no se necesitaban "golondrinas"... [57

De los artículos examinados [58] puede extraerse la conclusión de que el problema migratorio no se contaba entre las prioridades de las preocupaciones socialistas italianas, y que el abordaje del tema respondía más bien a aspectos técnicos dentro de la tradición socialista prefascista. El interés por los asuntos políticos de Argentina encontró mayor expresión en la prensa de índole socialista a partir de 1951: la mayoría, por cierto, artículos despectivos en cuanto a Perón y su régimen. Al relatar las violencias sufridas por los opositores, a menudo salta a la vista la comparación entre las pandillas de matones peronistas y las sguadracce de Mussolini [59] , en tanto, más de una vez, el movimiento justicialista es tildado abiertamente de fascista [60] .

No obstante, hay algo de Perón que placía al ala mayoritaria e izquierdista del socialismo italiano: la denuncia del imperialismo y del capitalismo yanqui [61] , y la campaña contra la Iglesia Católica. Particularmente sobre este último tema se escribe bastante: la solidaridad anticlerical es casi absoluta, y el diario socialista l'Avanti! atribuye a la extrema derecha católica el intento de formar un partido demócrata-cristiano [62] . El régimen como tal debe ser rechazado, por supuesto - se escribe -, pero, en lo que se refiere a los temas eclesiásticos, Perón tiene razón: él continúa la revolución liberal que en Italia, desafortunadamente, se ha estancado; además, los curas son poderosos aliados del imperialismo estadounidense [63] . El antifascismo, la animosidad hacia los EE.UU. y el anticlericalismo dominan, pues, los análisis de l'Avanti! [64] . Sin embargo, los argentinos no reciben ningún consejo de parte de los socialistas italianos: frente a la caída de Perón, las previsiones son vagas y retóricas [65] , nueva prueba de que el asunto no merecía comprometerse.

La postura de los medios de información del Partito Comunista Italiano en cuanto a la cuestión argentina se asemeja mucho a la posición del PSI. Se comparte la hostilidad hacia los yanquis y la Iglesia [66] . De vez en cuando, se publican las patrañas de las agencias internacionales sobre la "quinta columna nazi" que fabricaba armas terribles en la Argentina [67] . Si a veces el análisis parece reticente [68] , por lo general se recuerdan las antiguas simpatías de Perón hacia el Eje, los rasgos fascistas de su régimen, etc., pero se indica, también, que tanto los reaccionarios del país como los de EE.UU. están en su contra, de modo que el dictador, aunque sea un títere de aquéllos, perfila una política demagógica [69] .

Mientras que los socialistas italianos aparecen completamente desconectados de sus homólogos argentinos, en la prensa del PCI se detecta el vínculo existente entre los comunistas de ambos lados del Atlántico: aunque sin comprometerse a apoyar abiertamente la táctica del Partido Comunista Argentino (PCA), se da cuenta de las propuestas políticas de éste, incluyendo las aperturas a Perón [70] . Indudablemente, cuesta comprender cómo los comunistas italianos podían conciliar dicha disponibilidad con su lucha contra un régimen tildado de fascista y la denuncia en 1'Unitá que, de los opositores de Perón, los comunistas eran los más perseguidos. Sin embargo, a pesar de éstas y otras muchas incoherencias en la prensa comunista italiana [71] , hay que destacar el hecho que casi sólo en ella se reconoce que Perón, si bien a través de muchos errores, logró mejorar la condición del proletariado argentino. Por ello no sorprende que, durante la crisis de 1955, el PCI manifieste repugnancia por los enemigos de Perán [72] . Por otra parte, al mismo tiempo que expresaba satisfacción por la caída del dictador, la prensa comunista italiana se teñía de preocupación ante la posibilidad de que cualquier nuevo gobierno quizás fuera peor, puesto que los militares golpistas que habían derrocado al "líder" respetaban la libertad de los argentinos aún menos que éste [73] . De todos modos - se escribe - existe la esperanza de que el PCA salga ganando con el fin del experimento justicialista, en el cual tantos trabajadores han creído [74] .

En su conjunto, debe reconocerse que la prensa del PCI informa bastante sobre el país del Plata, si bien con enorme ambigÜedad. Ni siquiera faltan artículos sobre los emigrados italianos, en muchos de los cuales, al comentarse las condiciones deplorables de éstos, se percibe un claro intento de desprestigiar tanto al gobierno italiano como al de Buenos Aires. La descripción es sombría: sueldos bajísimos, promesas rotas, alojamiento en chozas destartaladas, en tanto quienes piden regresar a Italia reciben palos de la policía... [75
 

Conclusión

Se podría ampliar el análisis tomando nota de lo escrito sobre la Argentina y los argentinos en los muchos libros y opúsculos - algunos francamente propagandísticos, otros más equilibrados y sinceros - que se publicaron entre 1946 y 1955 en relación a la nueva ola migratoria italiana hacia el Plata. Mas, por razones de espacio, no me será posible referirme a ellos en este trabajo. Me limitaré, por tanto, a algunas observaciones a modo de conclusión.

Salta a la vista la escasa importancia que tenía la comunidad emigrada dentro del contexto de las relaciones ítalo-argentinas. La existencia en el país del Plata de un cuantioso sector de población de origen italiano no parece haber determinado seriamente la política exterior italiana hacia Buenos Aires, ni siquiera en los años del fascismo. El cambio político en Italia a partir de 1922, y de 1930 en la Argentina, junto con las restricciones del flujo migratorio, amainaron los contactos no gubernamentales entre los dos países y redujeron considerablemente el pluralismo ideológico y político del intercambio. Entre 1945 y 1955 Italia y Argentina se encontraron aún más desconectadas - si bien no a nivel oficial - por el clima ideológico-político imperante: puesto que Italia venía saliendo de una experiencia autoritaria, el régimen de Perón no podía encontrar grandes simpatías allí. Esto se reflejó mucho en la prensa, que se detentó muy condicionada por intentos sectarios de origen partidista, como por la falta de conocimientos directos de la realidad argentina. Uno no puede dejar de preguntarse si, de haber ganado las elecciones de febrero de 1946 la coalición antiperonista, respaldada por el gobierno de los EE.UU., las relaciones y el intercambio habrían sido diferentes. No es nuestra intención aplicar aquí, de manera cabal, la counterfactual history, pero quizá esto sirva para captar mejor los rasgos de la situación.

Tampoco puede olvidarse que el nuevo rumbo en la historia de las relaciones entre los estados de Europa occidental después de la Segunda Guerra Mundial fue favorecido por la semejanza de las tendencias políticas en el poder en Francia, Alemania Federal, Bélgica, Italia, etc. Sin embargo, es muy probable que aun cuando en Argentina hubiera triunfado un gobierno radical en 1946, las relaciones diplomáticas ítalo-argentinas no habrían diferido gran cosa de lo que efectivamente fueron históricamente; de hecho, cuando la Argentina volvió a la democracia parlamentaria a finales de los años cincuenta, no se registró ningún cambio significativo en el marco de las relaciones bilaterales.

Asimismo cabe señalar que la visión del mundo de los partidos y sindicatos en la Italia de la posguerra, al margen de los asuntos nacionales, no se extendía más allá de Europa y la América del Norte. La voluntad y la capacidad de planificar novedosos proyectos políticos y económicos no traspuso las fronteras europeas, y la nueva ola emigratoria hacia el Plata no se desarrolló dentro de marco ideal alguno. La relaciones político-culturales que siguieron existiendo a nivel "popular" tienen aún que ser investigadas, tanto desde la perspectiva de la extrema derecha, como de la extrema izquierda y el mundo católico.

Muy posiblemente, a juzgar por el trasfondo de la situación que hemos detallado aquí, las relaciones oficiales ítalo-argentinas no habrían sido muy diferentes aun si Perón no hubiese gobernado en la Casa Rosada. Sin embargo, el acercamiento a la realidad platense tal vez hubiera sido distinto; en particular, pudo haber cambiado la manera de presentar a la Argentina en las columnas de los diarios y revistas italianos.
 

NOTAS

Entre los países a los que se dirigió la emigración italiana en el siglo que va de 1876 a 1976, la Argentina ocupa el cuarto lugar en el mundo, después de los EE.UU., Francia y Suiza, y el primero en Latinoamérica: en el país del Plata se registró el ingreso de casi tres millones de italianos (2.968.084 exactamente); regresaron, en el mismo período, 880.069. Véase Luigi Favero-Graziano Tassello, "Cent'anni di emigrazione italiana: (1876-1976)", en AA.VV., Un secolo di emigrazione italiana: 1876-1976, a cura di Gianfausto Rosoli, Roma, Centro Studi Emigrazione, 1978, p. 16. Ver otras estadísticas en AA.VV., Euroamericani. La popolazione di origine italiana in Argentina, Torino, Fondazione Giovammi Agnelli, 1987. 
Falta todavía una obra de conjunto capaz de presentar cabalmente el tema; sólo existen contribuciones parciales. Especialmente valioso es Marco Mugnaini, "L1talia e 1'America Latina (1930-1936): alcuni aspetti della politica estera fascista", en Storia delle Relazioni Internazionali, Florencia, 1986, n. 2, pp. 199-244. Otros ensayos útiles están incluidos en la obra colectiva de la Fondazione Brodolini, Gli italiani fuori d7talia. Gli emigrati italiani nei movimenti opera¡ dei paesi d ádozione (1880-1940), a cura di Bruno Bezza, Milano, Franco Agnell¡, 1983. Quien escribe estas notas tuvo ocasión de abordar el tema en el artículo "Immagine e destino delle comunitá italiane in America Latina attraverso la stampa fascista degli anni'30", en Studi Emigrazione, Roma, 1982, n. 65, pp. 41-51, y en la todavía inédita ponencia "Emigración y política en la imagen de la Argentina en Italia (1930-1955): las razones de una incomprensión", presentada en las jornadas internacionales sobre Emigración mediterránea, asociacionismo y movimiento obrero, organizadas por la universidad argentina de Luján en septiembre, 1968. 
Sobre el tema, véase Aldo Álbónico, "La ripresa dene relazioni tra Italia e America Latina dopo il fascismo: i primi paes¡ (1943-1945)", en Clio, Roma, 1988, n. 3, pp. 435-453. La postura italiana para con la España de Franco en el mismo periodo puede verse en otro trabajo mío: "La Spagna tra Badoglio e Mussolini (1943-1945)", en Nuova Rivista Storica, Milano, 1985, n. III-IV, pp. 217-276. 
Aldo Álbónico, "La ripressa", op. cit., p. 439 y sig. 
Documento n. 20/7687/C, 19/5/1945, enviado por Zoppi a la Secretaría General del Ministerio de Asuntos Exteriores italiano, conservado en ASMAE, Serie Affari Politici 1946-50, America Latina, b. (busta - legajo) 1. 
Gian Battista Sacchetti, "Cento anni di politica dell'emigrazione: fincerta presenza dello Stato di fronte alla realtá migratoria italiana", en AA.VV., Un secolo di emigrazione, op. cit., p.269. 
Antonio Varsori, "Antifascismo e potenze alleate di fronte alla Conferenza di Montevideo dell'agosto 1942", Nuova Antologia, abril junio 1980, pp. 292-312, y julio-septiembre 1980, pp. 302-324. 
Documento n. 18606/2 del Ministero della Difesa-Marina, 22/12/1952, enviado al Ministero degli Affari Eiteri, conservado en ASMAE, Serie Affari Politici 1950-56, b. 1580. 
Telespresso n. 63/6600 del Ministero degli Affari Eiteri a la Embajada de Italia en Buenos Aires, 28/1/1953, ibid., b. 1592. Por parte de los muy pocos autores que se han referido rápidamente al asunto, se ha dicho - quizá pro bono pacis - que luego, entre los italianos de la Argentina, se llegó a una reconciliación de los fascistas con los antifascistas gracias a la proclamación de la República y a la acción de Agostino Rocca: véase Mario C. Nascimbene, "Storia della cofettivitá italiana in Argentina (1835-1965)", en Euroamericani, op. cit., pp. 454-455. 
Véanse los juicios pronunciados por el encargado de negocios italiano en Buenos Aires, durante la Conferenza per l'Unione Repubblicana Latina verso la Federazione delle Democrazie del Mondo, celebrada en Montevideo en abril de 1945: telespresso n. 1018/317, Buenos Aires, 18/5/ 1945, en ASMAE, Serie Affari Politici 1945-50, America Latina, b. 3. 
Además de los informes de los diplomáticos italianos, véanse los juicios emitidos en algunos libros críticos de la época, por ejemplo: Beniamino Cervi, L Argentina ...1 ho vista cosí, Parma, Officina Grafica Fresching, 1954, p. 116 y sig. 
Sobre ese aspecto, puede verse Aldo Albónico, "Un'alleanza subita piú che desiderata. Gli stati latinoamericani e la formazione del Patto atlantico", en AA.VV., La dimensione atlantica e le relazioni internazionali nel dopoguerra (1947-1949), Milano, Jaca Book, 1987, pp. 351-396. 
Véase mi trabajo "Hispanidad e religione in America Latina. Una singolare valutazione della diplomazia italiana", en AA.VV., Studi di iberistica in memoria di Alberto Boscolo, a cura di Giuseppe Bellini, Roma, Bulzoni, 1989, pp. 7-26. 
Aldo Albónico, "Un'alleanza subita", op. cit., p. 390 y sig. 
Luigi Offedu, La sfida dell acciaio. Vita di Agostino Rocca, Venezia, Marsilio, 1984, p. 198. 
Aldo Albónico, Un'alleanza subita", op. cit., pp. 389-390. 
Véase, por ejemplo, el, telespresso 14/ 12368/ C, Roma, 16/ 10/ 1954, en el cual el Ministero degli Affari Eiteri informaba a los representantes italianos en el extranjero de las reacciones registradas en el exterior después del acuerdo diplomático sobre Trieste, en ASMAE, Serie Affari Politici 1950-56, b. 1606.
Véase la "Appendice statistica", en AA.VV., Un secolo di emigrazione, op. cit., p. 355 y sig. 
El texto de los acuerdos de 1947 está en Salvatore Aponte, Argentina 1947, Roma, Ruffolo, 1947, p. 117 y sig. Otras rápidas notaciones en Beniamino Cervi, LArgentina, op. cit., p. 13, y en Mario Marcelletti, " Sindacati e problemi dell'emigrazione", en Franca Assante, Il movimento migratorio italiano delfUnitá nazionale al giorni nostri, Genéve, Droz, 1978, vol. II, pp. 3-5. 
Gian Battista Sacchetti, "Cento anni", op. cit., p. 260. 
Telespresso n. 63/6600, ya citado. 
Carta de Cassiani a Sforza del 30 de marzo de 1951, y comentario del Ministerio, fechado 3 de abril de 1951, en ASMAE, Serie Affari Politici 1950-56, b. 1631. 
Apunte del capo di gabinetto di De Gasperi, 10/ 12/ 1952, ibíd., b. 1579. 
Véanse los resúmenes de las reuniones del Comitato ministeriale di coordinamento per l America Latina, ibid., b. 1631. 
Telespresso n. 4445/1419 de la Embajada italiana en Buenos Aires, 17/1211956, ibid., b.1632. 
Véase, por ejemplo, el artículo firmado T, "Verso le elezioni in Argentina", Il Corriere della Sera, 3/2/1946. 
A. Guerriero, "La croce e la spada", ibid., 17/6/1955. 
C. Regnier, "I triboli della dittatura, ibíd., 19/6/1955. 
A. Guerriero, "Perón costretto a lasciare il potere, fine di una dittatura", ibíd., 20/911955. 
I. Montanefi, "II dittature Perón", ibid., 21/9/ 1955. 
Cfr. Foá-Zavoli, "Due giornalisti italiani raccontano la rivoluzione in Argentina", Epoca, 26/6/ 1955 - incluyendo una entrevista a Perón del periodista que llegaría a ser presidente de la radiotelevisión italiana -, o Vittore Zincone, "Gli aerei dei `gauchos' nella guerra civile argentina", L Europeo, 26/6/1955. 
Véanse, por ejemplo, Franco Dazzi, "Eva Perón e l'evitismo", II Borghese, 15/4/1950; "La vera storia de La Prensa", Il Candido, julio 1952; "Gli stranieri fomentano la campagna contro Perón", Il Secolo d7talia, 315/1953, etc. 
El juicio emitido tiene validez, a pesar de que el diario del partido, 11 Secolo d Italia, empieza a publicarse sólo en 1952; en 1954, efectivamente, casi no se encuentran artículos sobre la Argentina. 
Ver, "La lezione argentina", Il Candido, 3/7/ 1955. 
Ver, "E' arrivata la libertó", Il Candido, 9110/1955. 
Ibíd. 
Ver, "Come si vive in Argentina", Il Popolo, 7/8/ 1947. 
Domenico M. Angeflni, "Il 24 febbraio 1946 Perón veniva eletto presidente", Il Popolo, 30/8/1951. 
Véanse "La morte di Evita Perón", Famiglia Cristiana, 17/8/1952, y La Civiltñ Cattolica, 16/8/1952. 
Leone Comini, "Sperano e rissano i fascisti emigrati in Argentina", II Popolo, 6112/ 1951: se dice que en Buenos Aires son treinta mil los refugiados fascistas italianos, que han fundado los periódicos Il Risorgimento y L7talia oltremare, etc. 
Ver, "Si é ucciso il fratello della defunta Eva Perón", Il Popolo, 10/411953. 
Carlos Mallea Sierra, "Sul fallimento del peronismo, in agguato la falce e il martello", II Popolo, 13/5/1953. 
Luigi Arduini, "II giustizialismo del presidente Perón", Vita e Pensiero, noviembre 1953. 
Ibid. 
G. Caprile, "Come si b giunti a una scomunica", La Civiltñ Cattolica, 2/7/1955, e Id., "La situazione in Argentina durante e dopo i recenti moti revoluzionari", ibíd., 618/1955. 
G. Caprile, "La svolta politico religiosa in Argentina", La Civiltñ Cattolica, 15/1/1955; Aurelio Bertoloni, "Perón e la Chiesa in Argentina, Vita e Pensiero, abril 1955; Franco Fucci, "Ultimo atto?", Il Popolo, 17/9/1955. 
Paolo Pellegrino,11 caudillo máximo", Il Mondo, 6/4/1954. 
Turcaret, "Fine del peronismo", Il Mondo, 271911955. 
Hasta comienzos de 1947, la mayoría de los socialistas italianos estuvieron unidos en el PSIUP: desde entonces se dividieron en PSI (aliado de los comunistas), PSLI (luego PSDI, más moderado y miembro de los gobiernos centristas de la época), y otros grupos menores. 
"Una immediata immigrazione italiana necessaria in Argentina", 1 Avantil, 318/1945; "C'b posto in Argentina per 100.000 immigrati all'anno", ibid., 301511946; Sigfrido Cicotti, "Fra il Rio della Plata e le Ande", ibid., 71911946; "Per l'Argentina accordo raggiunto", ibid., 211211947; "Per l'Argentina si pub partire", ibid., 22/211947; "Diecimila tecnici italiani in Argentina", ibid., 13/6/1947; Giuseppe Lupis, "Punto sull'emigrazione", ¡bid., 711111947; "Centomila italiani nel 1948 in Argentina", ibid., 21/1/1948; "Cinquanta industrie partono per l'Argentina", ibid., 20/8/ 1948. 
"Lavoratori italiani arrestati in Argentina", 1 Avantii, 7/1011949. 
Benigno Marmori, "Cuccagna e miseria", ibid., 18/3/ 1950. 
l Avantil, 13/4/1950. 
Nino Mazzoni, "Vigilare 1'emigrazione", ibid., 7/5/ 1946. 
Véanse, por ejemplo, Giuseppe Lupis, "Emigrazione senza direttive", ibid., 714/1948, y "Aspramente criticato in Senato fabbandono dei nostri emigranti", ibid., 29 /4/ 1949. 
Rinaldo Rigola, "Per una riforma dei servizi d'emigrazione", Critica Sociale, 15/1011946; Enrico De Leone, "Emigrazione problema del giorno", ibíd., 15/ 1111946. 
Riccardo Bauer, "Per una politica dell'emigrazione", Critica Sociale, 1111 / 1948. También el artículo de Henry Molinari, "L'emigrazione in Argentina", Mondo Operaio, 25/12/1948. 
Véase también Luigi Preti, "L'emigrazione non deve costare", Critica Sociale, 11911951. 
"I peronisti sparano su di una folla in un comizio", VA vantil, 31111195 1. 
Sobre Evita, "E'morta Eva Perón", 1Avantil, 27/7/ 1952. 
J.B., "Che succede in Argentina", !Avanti!, 3/5/1953; "Accesa campagna in Argentina contro 1'imperialismo americano", ibid., 7/5/1953. 
R.P., "Esplosiva situazione tra peronisti e cattolici", l Avanti! 14/6/1955. 
"Toma la calma a Buenos Aires", 1Avanti , 18/6/1955. 
Considerando el repentino colapso del régimen, se hace hincapié en su corrupción, puesta de manifiesto por el suicidio del hermano de Evita, Juan Duarte; asimismo se destaca el fracaso de la política económica, el acuerdo con la norteamericana Standard Oil, etc.: Raffaello Ubodi, "L'equivoco del dittatore scamiciato", lAvantil, 21/9/1955. 
Concluye Ubodi, (ibíd.). "[ ...] forse 1'Argentina troverá la sua strada solo quando il proletariato argentino saprá e potrá porsi alla testa di un moto autenticamente rinnovatore". Sólo oratoria antidictatorial se encuentra en el escrito del prestigioso líder Riccardo Bauer, "Fine di un dittatore", 11 Ponte, octubre 1955. Un bosquejo histórico, lleno de errores, es trazado por Francesco Gozzano, "La crisi argentina", Mondo Operaio, 8110/1955: al presidente derrocado sólo se le reconoce, en sus comienzos, "un progetto misto di audacia innovatrice, di demagogia e di spirito pioneristico". 
Los dos temas se entrelazan en 1955. Véanse: "Argentina", L'Unitá, 30/4/1955; "Ormai sicura in Argentina la separazione tra Stao e Chiesa", ibid, 21/5/ 1955; A. Franza, "Stao e Chiesa in Argentina", Vie Nuove, 22/5/1955. En particular: Guicciardino, "Sangue sulla scomunica", Vie Nuove, 26/6/1955. 
Por ejemplo, "Un'arma batteriologica segreta in fabbricazione in Argentina", L'Unitá, 2/3/1947. 
Véase Levi, "Imperialismo e nazionalismo nell'Ámerica Latina", Rinascita, diciembre 1948, donde no se juzga el regimen de Perón. 
A. Ferrari, "Perón imita Himmler", Vie Nuove, 31110/1948. 
"Argentina", Rinascita, enero 1949; Gonzales Rivera, "Attacco a fondo di Perón contro gli Stati Uniti", L'Unitá, 3/5/1953. Además, apareció un artículo sobre el PCA y su secretario, Vittorio Codovilla: "Un italiano alla testa del PCA", Vie Nuove, 7/11/1954. 
Otra omisión concierne las relaciones económicas entre la Argentina y la URSS: Gonzales Rivera, "Irritazione negli Stati Uniti per 1'accordo ira 1'URSS e 1'Argentina", L'Unitá, 7/8/1953. 
León Félix Gonzales, "Sanguinosa rivolta in Argentina dei clericali sostenuti dagli USA", L'Unitá, 17/6/1955. 
L.F. Gonzales, "Perón si é dimesso: una giunta militare tratta la resa con gli insorti", L'Unitá, 20/9/1955. 
L. F. Gonzales, "Perón fugge su una nave", L'Unitá, 21/9/ 1955. 
"Finalmente delusi dall'Argentina gli emigrati cominciano a partire", L'Unitá, 13/4/1950; Kino Marzullo, "Gli 800 rimpatriati con il Jenny non volevano piú vivere sotto i ponti", ibíd., 7/5/1950; Fausta Terni Cialente, "Ritorno dall'Argentina", No¡ donde, 17/8/1952. 




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