Hispanidad y oportunismo político: el caso peronista    
RAANAN REIN Universidad de Tel Aviv
 


En los años 1946-49 el régimen de Juan Domingo Perón fue uno de los pocos aliados de la dictadura española del General Francisco Franco, que después de la Segunda Guerra Mundial se hallaba aislada en el escenario mundial. En esos mismos años, el régimen de Perón hizo aún más profusos sus elogios a las relaciones de su país y de toda América Latina con la Madre Patria, destacando que, a menos que el continente reconociera sus verdaderas raíces, las hispánicas, no podría pavimentarse su camino en el futuro y cumplir un importante papel en el escenario internacional. ¿Acaso toda la retórica con que encomió las relaciones históricas, culturales, idiomáticas, de religión y de sangre no fue sino la justificación ideológica de sus relaciones políticas con la dictadura española, tan impopular en el continente en esa época, o es posible considerar sus declaraciones también en función de los esfuerzos realizados por Perón para implantar una nueva conciencia nacional, tal que requiriera el desconectarse de la orientación tradicional de la Argentina moderna hacia el capitalismo anglosajón y la cultura francesa? ¿No es posible que, al intentar desembarazarse de los opresivos lazos neo-coloniales, Perón estaba dispuesto a volver al remoto e inocuo pasado colonial, forjando una identidad nacional de la que el Hispanismo, o la Hispanidad [0] , era uno de sus componentes esenciales?

La investigación histórica, que hasta ahora ha contado con un no muy voluminoso aporte en lo que se refiere a las relaciones hispano-argentinas con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial, no se ha medido suficientemente con esta problemática. Las investigaciones recientes realizadas en España sobre el pacto entre Franco y Perón se concentraron en los años de existencia de la alianza, es decir, en la segunda mitad de la década del cuarenta, y no se ocuparon de las relaciones entre ambos países durante la primera mitad de la década del cincuenta, cuando Perón abandonó el concepto de la Hispanidad, prefiriendo utilizar en su lugar el de Latinidad [1] .

A primera vista, la adopción de la Latinidad quizás pudiera servir como prueba de que la política de la Hispanidad no constituyó más que una consideración política de corto alcance y una mera justificación de su alianza con Franco, de modo que, al deshacerse tal alianza, también desapareció la justificación ideológica que la acompañaba. Este artículo tiene por objeto alegar que esta cuestión era mucho más compleja y que la acción de Perón debe considerarse, en gran medida, sobre el trasfondo de la búsqueda continua de la identidad que caracteriza a todos los países de América Latina desde el logro de su independencia. En cada uno de los diferentes países, esta búsqueda adoptó formas propias. En nuestra opinión, el tema del presente artículo debe ser considerado en el contexto de los esfuerzos realizados por Perón por conformar una nueva conciencia nacional, liberada de los viejos modelos culturales que impuso la oligarquía liberal en Argentina a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Durante los primeros años de su gobierno, Perón intentó combinar la Hispanidad con la nueva identidad nacional a cuya imagen quería conformar la conciencia popular, pero cuando comprendió que no lograba obtener una respuesta realmente positiva de la población a su propaganda hispanista, y al agregársele a ello la crisis en las relaciones con la España franquista, se retractó y buscó una alternativa para la Hispanidad. Dentro del repertorio cultural de posibles identidades que estaba a su disposición, escogió la de la Latinidad, que también podía cumplir con la misma función de desafío a la orientación tradicional de la oligarquía argentina.

Este artículo intenta, por lo tanto, examinar por qué adoptó Perón la política de la Hispanidad y cómo se deshizo gradualmente de ella entre los años 1950 y 1954, y también por qué y cómo adoptó en lugar de la Hispanidad el concepto más amplio de la Latinidad.
 

"El Paladín de la Hispanidad"

Al ascender al poder, Perón adoptó una política económica destinada a asegurar la independencia nacional, postulando un programa de industrialización, intentando poner fin al control extranjero del transporte y los servicios públicos, desarrollando la Marina Mercante, etc. Es decir, poner fin al carácter neocolonial de la economía argentina. Los esfuerzos realizados por Perón para obtener una mayor independencia para su pueblo a través del desarrollo y la modernización también implicaron el intento de forjar una nueva conciencia nacional. Durante sus primeros años, el régimen justicialista intentó reducir no sólo la dependencia política y económica, sino también la dependencia cultural que caracterizaba tradicionalmente las relaciones del país con Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos; liberarse de la orientación cultural de las élites intelectuales y de la oligarquía hacia Londres y París [2] . Como consecuencia de ello, Perón adoptó una estrategia cultural dentro de cuyo encuadre intentó integrar tanto la herencia hispánica y católica como la cultura argentina propia como componentes centrales de la conciencia nacional. Sus relaciones con la España franquista estaban destinadas, por lo tanto, a servir, amén de otros intereses, también a la propaganda de la Hispanidad, destacando el lazo cultural y espiritual entre Argentina y la "Madre Patria". El intento de reorientación nacional se daba en diversos ámbitos, y el de reconformación de la conciencia nacional no era marginal de modo alguno. Más aún, para un movimiento populista es en principio el elemento esencial, al grado que en función del mismo pueden darse los lineamientos de la política en otros ámbitos del quehacer nacional.

En noviembre de 1947 Perón pronunció un importante discurso ante un grupo de intelectuales argentinos, en el que descollaba el grupo de la extrema derecha católica e hispanófila. En este discurso, Perón destacó que al Gobierno le cabía orientar la cultura de la nación conjuntamente con intelectuales como aquéllos que componían el público presente. El presidente puso en claro que la cultura debía organizarse de tal modo que los argentinos no continuaran aplicando en su país valores contrarios a sus propensiones peculiares, a su raza, a su religión y a su lenguaje. Su conclusión fue sencilla: "Debemos imponer nuestra cultura". Perón explicó la necesidad de contar con un liderazgo gubernamental y se opuso a una situación en la que el arte y la literatura no son actividades estatales y son encomendadas a quién quiera para hacer lo que fuere. El estado debe, por lo tanto, otorgar su propia orientación, fijar objetivos y supervisar su realización para ver si se logran o no [3] . La Hispanidad de Perón se integró, entonces, a sus esfuerzos por lograr la hegemonía ideológica, desplazando el sistema de valores y los parámetros culturales propios de la oligarquía argentina.

El contenido nacional que Perón quería otorgar a la cultura argentina se basaba en los principios justicialistas de soberanía política, independencia económica y justicia social, combinados con la herencia hispánica y católica y, en especial, con la doctrina social de la Iglesia. Por lo tanto, el Peronismo adoptó una cierta interpretación del pasado para validar su proceder en el presente y asegurar su futuro. Toda sociedad en vías de modernización requiere una determinada identidad nacional que le permita el conciliamiento de los cambios modernos con su comprensión del pasado. En el caso de Argentina, el Peronismo se esforzó por establecer una sociedad industrial, moderna y urbana e hizo frente a decenas de años de régimen oligárquico que se apoyaba en la economía agropecuaria y en las relaciones económicas complementarias con Gran Bretaña. A tal efecto, requería un nacionalismo cultural, considerado como complemento esencial, a la vez que condición social, del nuevo proyecto político y económico: el justicialismo nacional, que tomaba distancia tanto de la derecha como de la izquierda.

El uso que hizo este mismo nacionalismo cultural de la tradición hispánica se destacó, entre otros, en el sistema de educación argentino. Dentro del encuadre de este artículo, no podremos discutir el tema a fondo. Pero, en lo que a España se refería, uno de los directores del Ministerio de Educación subrayó, durante una visita a Madrid, que la orientación pedagógica de la historia argentina había pasado por tres etapas. En la primera fue predominante todo lo relacionado con España. En la segunda, el positivismo rechazó todo lo español en pro de influencias "extranjeras y miserables"; y en la tercera, en la que Argentina entró con el gobierno de Perón, comenzó, a su parecer, un proceso de retorno de estos "errores" hacia el seno del espíritu español [4] . Este nuevo enfoque se veía expresado, evidentemente, en la decisión adoptada a fines de 1948 por la Academia Nacional de la Historia, bajo el estímulo del régimen, de recomendar a los historiadores, investigadores y autores de textos escolares sobre la historia de América y de Argentina que, en relación al período iniciado en el siglo XVI y hasta la independencia de los países del continente durante el primer cuarto del siglo XIX, no debían caer prisioneros de la "leyenda negra" y utilizar el concepto convencional de "el período colonial", sino utilizar en su lugar el término "el período hispánico" [5] .

Durante la segunda mitad de los años 40, el régimen intentó crear una ecuación, según la cual, el rechazo de las relaciones de Argentina con España era en verdad equivalente al rechazo del nacionalismo argentino. Esta clase de interpretación histórica puede hallarse en lo dicho por el mismo Perón, durante su exilio en Madrid, al historiador Félix Luna:
"Vea: hay dos líneas históricas en el país con referencia a los hombres de gobierno: la línea hispánica y la línea anglosajona... Todos los que presidieron el país en nombre de la línea anglosajona, son masones, desde Posadas... Sólo hay tres que no fueron masones: Juan Manuel de Rosas, Hipólito Yrigoyen y Juan Perón... Es decir que la línea hispánica, que es la línea nacional - porque la otra es la línea colonial- está representada también por Yrigoyen... Cuando yo hube de defender a España en 1947, no la defendí por Franco... Defendí la línea hispánica" [6] .
El estrechamiento de las relaciones económicas y políticas con la España nacionalista por parte de Perón se dió a la par de los profusos elogios a las raíces hispánicas de la Argentina [7] . Perón y su gente explicaban que la relación cultural y espiritual, las relaciones de sangre, de religión y de lenguaje, imponían el apoyar a la Madre Patria cada vez que tuviera dificultades, independientemente del tipo de régimen que gobernara en una u otra época en Madrid. Esto es expresado claramente, por ejemplo, en un artículo publicado en el diario pro-peronista Crítica, después de la firma del importante acuerdo económico de abril de 1948 conocido como "Protocolo Franco-Perón":
"Para los pueblos libres que la llaman con orgullo Madre Patria, España no puede ser objeto de especulaciones, sean éstas de orden económico, militar o incluso ideológico... Para Argentina lo que cuenta son los españoles, el pueblo de España, lo permanente de su ser y no la forma en que se gobiernen o desgobiernen entre ellos nuestros hermanos de allende el Atlántico, porque esto es lo eventual, lo transitorio" [8] .
El momento más conveniente para encomiar el aporte español a la cultura de América Latina era el 12 de octubre, el "Día de la Hispanidad" o "Día de la Raza" [9] . En 1946, el presidente pronunció un discurso alabando profusamente a España y dió a los festejos un significado esencialmente político, aprovechando la oportunidad para hacer público en esos momentos el intercambio de condecoraciones entre ambos jefes de Estado. La oposición radical criticó agudamente en el Congreso el otorgamiento de la condecoración a Franco, "el dictador español", "el nazi" [10] .

Un año después, en octubre de 1947, Perón pronunció otro discurso, mucho más importante y significativo, en la Academia Argentina de Letras, con motivo del Día de la Hispanidad y como homenaje a Cervantes en el 400° aniversario de su nacimiento. Según dijo, "la historia, la religión y el idioma nos sitúan en el mapa de la cultura occidental y latina, a través de su vertiente hispánica, en la que el heroísmo y la nobleza, el ascetismo y la espiritualidad alcanzan sus más sublimes proporciones" [11] .

Perón asimismo explicó en esta oportunidad la importancia de la existencia de una conciencia histórica que hiciera posible la confrontación con los desafíos del futuro, advirtiendo que si la América Española olvidara la tradición espiritual y cortara los lazos con la Latinidad, extrayéndose del encuadre humanista que le otorgara el catolicismo, y rechazara a España, quedaría entonces inmediatamente desprovista de coherencia interna alguna y carente de profundidad en su dimensión espiritual [12] .

El discurso de Perón fue recibido con entusiasmo en la España franquista, donde se apresuraron a aprovecharlo para promover sus intereses políticos. En pocas semanas, los españoles hicieron nada menos que cien mil copias del discurso, que fueron distribuidas por toda América Latina en un intento por modificar en pro de la dictadura franquista la atmósfera que regía en el continente [13] .

No es de extrañar que durante la segunda mitad de la década del cuarenta Perón fue considerado tanto en España como en América Latina como "el paladín de la Hispanidad". Entre las innumerables ceremonias y ocasiones que Perón aprovechó a tal fin, sobresalió en especial su decisión de traer de España los restos de los padres del General José de San Martín, el héroe nacional argentino, para enterrarlos en Buenos Aires. Hubo aquí una integración del culto de San Martín - que Perón destacó aún más que sus antecesores, comparándose, por cierto, con la figura del Libertador - con el fortalecimiento de lazos entre España y su hija americana [14] . Empero, a partir de 1950, todo ello cambió y el gradual alejamiento de la Hispanidad se constituyó en un hecho irrebatible.
 

El fracaso de la política de la Hispanidad

Desde un principio, la Hispanidad despertó una cierta medida de inconformidad en la Argentina, como así también en todos los demás países de América Latina. Aquí se reveló nuevamente una problemática propia de las relaciones entre colonias liberadas que se convirtieron en estados independientes y la potencia colonial del pasado. El concepto de la Hispanidad detentó siempre un lugar prominente para España y un lugar secundario para las repúblicas americanas. Incluso después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los españoles comenzaron a hablar de una comunidad hispánica de naciones con igualdad de derechos, no lograron librarse del tono patrocinador que acompañaba las ideas de la Hispanidad. Los españoles, con todo, intentaron cambiar algunas de las expresiones claves, utilizando, por ejemplo, el concepto de "hermana mayor" de la familia hispánica en lugar de "madre" de cuyo seno surgieron los pueblos hispanoamericanos; pero ello tampoco resultó eficaz. Los sentimientos de los pueblos que lograron su independencia en su lucha contra la España imperial - misma que, por cierto, era idealizada por el franquismo - no podían ser neutralizados por meras estratagemas terminológicas.

Cuando, a mediados de 1947, llegó el nuevo embajador de España, José María de Areilza, a su lugar de destino en Buenos Aires, se percató en seguida de que todo lo relacionado con España no era precisamente popular en la capital argentina. Areilza se encontró con dos fenómenos: el primero, la reserva, o cuando menos, la falta de entusiasmo en cuanto a España en general, independientemente del tipo de régimen que gobernaba en Madrid; y la segunda, la identificación de la Hispanidad con la dictadura española, que despertaba tanto rechazo en la Argentina. El embajador escribió sobre los innumerables esfuerzos que se hicieron en Argentina desde que se proclamó su independencia y cortó sus lazos con España para destacar sus características especiales y aguzar las diferencias entre su identidad de república independiente y su pasado de colonia, y asimismo entre ella y la metrópoli europea. El embajador se quejó de "ciento veinte años de falsificación histórica sistemática" que dieron lugar al rechazo de largos años de dominio español y de España en general [15] .

Otro de los obstáculos al Hispanismo residió en las olas de inmigración no española que llegaron de diversos países europeos a la Argentina desde fines del siglo XIX y contribuyeron a reducir la influencia hispánica. El embajador destacó en especial el hecho que durante el primer tercio del siglo XX la inmigración italiana fue mayor que la española, cosa que estimuló aún más este proceso de reducción de la influencia española. Areilza describió a Buenos Aires como una de las ciudades menos españolas del mundo, de carácter cosmopolita, que era el resultado directo del mosaico humano constituido por las masas migratorias. En cuanto a las características de la inmigración española, según lo expresó, se destacaba principalmente por su falta de raíces. Se trataba de gente que había abandonado su patria debido a apuros económicos o persecución política y que no tenía buenos recuerdos de su tierra.

Un tercer factor fundamental señalado por el embajador, aún antes de referirse a las actitudes políticas con respecto a Franco, se relacionaba con la vieja oligarquía económica y política. Aunque muchos miembros de esta clase eran de origen español, desde el punto de vista cultural su orientación era esencialmente francesa, manifestando una mezcla de arrogancia y desprecio por todo lo hispánico. Cuando, a partir de la década del treinta, se redujo la influencia francesa, ocupó su lugar, en gran medida, la influencia anglosajona. El Hispanismo quedó a un lado, ignorado, y únicamente los círculos nacionalistas de extrema derecha lo adoptaron como bandera.

La oposición política a la dictadura de Franco era amplia y caracterizó tanto a círculos opositores al régimen de Perón como a diversos sectores dentro del peronismo, en especial en el seno de aquellos mismos sectores cuyo origen se hallaba en los sindicatos y que habían adoptado una posición antifranquista ya en los años de la Guerra Civil Española. Los vascos y los exiliados republicanos que escaparon de España durante la Guerra Civil, o después de la victoria de los nacionalistas, cumplieron un importante papel en la creación de una atmósfera antifranquista en la Argentina [16] .

Pero en tanto existió una estrecha relación económica y política entre ambos países, la política oficial peronista rechazó las diversas expresiones de desacuerdo que despertó el concepto de la Hispanidad. Esto cambió cuando, en la década del cincuenta, las relaciones del eje Madrid-Buenos Aires comenzaron a deteriorarse aceleradamente. Las relaciones económicas se debilitaron definitivamente a partir de fines de 1949, cuando España ahondaba sus relaciones con los Estados Unidos en medio de un proceso que convertía sus relaciones con Argentina en meramente marginales. Sobre este trasfondo, se intensificaron en la Argentina las voces de aquéllos que rechazaban la colaboración con España.
 

Desvinculación gradual de la Hispanidad

Las primeras quejas públicas que se escucharon en el mismo campo peronista contra España y la política de la Hispanidad se referían al desinterés evidenciado por los españoles en cuanto a lo que sucedía en Argentina; la ignorancia de la historia argentina y de sus características propias. El año 1950, centenario de la muerte del General José de San Martín, fue declarado en Argentina "Año del Libertador" y el gobierno invirtió grandes esfuerzos intentando despertar una conciencia tan amplia como fuera posible con respecto a la figura del héroe nacional. El que la prensa española virtualmente no se refiriese a San Martín dió lugar a una gran insatisfacción en Buenos Aires, a pesar de que era natural, como lo expresó el embajador de Madrid en esa época, que "los españoles no pueden olvidar que don José de San Martín, Emancipador de América, fue uno de los brazos ejecutores de la sentencia de muerte recaída sobre la hegemonía española en el mundo" [17] .

Pero tan sólo un año después comenzó una tendencia gradual, aunque manifiesta, a distanciarse de los diversos componentes de la Hispanidad. En abril de 1951, la embajada española en Washington publicó una comunicación en la que destacó la significación espiritual del descubrimiento de América y su conquista por España y Portugal, que llevaron al Nuevo Mundo la civilización cristiana. Lo dicho sobre "la epopeya ibérica en las tierras americanas" y que desde entonces existe en Latinoamérica una civilización hispánica fue publicado a resultas de un discurso pronunciado por el presidente de Francia, V. Auriol, en una visita a los Estados Unidos, durante la cual hizo referencia a la contribución de su país al desarrollo de las repúblicas americanas. Los españoles se encolerizaron porque no se mencionó en el discurso el papel histórico que habían cumplido los países ibéricos en este contexto y, por lo tanto, dieron a conocer "la verdad de los hechos". Lo cierto es que ello no fue sino una más de las múltiples publicaciones de tal tipo que aparecieron en España a la sazón, mas para la prensa peronista, ésta constituyó una oportunidad para lanzar un fuerte ataque antiespañol.

Los diarios Crítica, Noticias Gráficas, La Epoca y El Laborista condenaron, en forma bien orquestada, lo que denominaron la oculta aspiración de tutelaje de América Latina, destacando que la Argentina era un crisol de razas y de influencias culturales. Somos adultos, libres y soberanos, alegaron, y nada de iberos, sino latinos y muy latinos. Por lo tanto, también rechazaron los términos América hispánica o ibérica, utilizados por los españoles, prefiriendo el concepto de América Latina. Los peronistas recomendaron a Madrid que se concentrara en el pasado próximo, es decir en la deuda de España para con Argentina en razón de los envíos de alimentos realizados por esta última a la España hambrienta durante la segunda mitad de los años cuarenta, en lugar del pasado remoto del descubrimiento, conquista y colonización [18] .

Ahora llegó el turno de los españoles de enojarse y de responder a esta guerra de palabras. En un artículo cuyo título era "Hipertrofia nacionalista en la Argentina", ABC lanzó un contraataque [19] . El periódico condenó el nacionalismo irrestricto, injusto y fútil demostrado por los argentinos. Por cuanto, a juicio de los españoles, la declaración publicada por la embajada en Washington reflejaba una realidad histórica que no podía ocultarse. Esta fue la primera vez que lo más serio y prestigioso de la prensa española contemporánea atacó directamente a la Argentina y al Peronismo. En los próximos años aparecieron en este periódico, cada vez con mayor frecuencia, críticas sobre lo que se hacía en la República latinoamericana, así como reportajes sobre las dificultades económicas y sociales con las que se enfrentaba.

A fines de 1952, Perón presentó al Congreso Argentino su Segundo Plan Quinquenal, señalando explícitamente en el capítulo dedicado a la cultura, la necesidad de la creación de una cultura esencialmente nacional. Esto despertó de inmediato la ira de los españoles, que percibieron la amenaza que ello involucraba para la influencia de la tradición española en la sociedad argentina. Nuevamente, ABC fue escogido para protestar. En un artículo de ataque que no mencionaba en forma explícita ni una sola vez a la Argentina, pero que no dejaba duda alguna sobre quién era su destinatario, el periódico presentó todo un alegato contra el nacionalismo cultural. El artículo detallaba una lista de argumentos, varios de los cuales inadvertidamente ponían en ridículo los esfuerzos del régimen franquista en el campo cultural [20] . Según este artículo, la cultura no puede delimitarse ni dividirse como si fuera un lote de tierra, y todo nacionalismo cultural implica la negación del valor absoluto de la cultura, confundiéndola con el folklore, o la pretensión de contar con un monopolio cultural, una misión absurda y, por suerte, imposible. Por el contrario, el mundo moderno se caracteriza por la cooperación y las influencias recíprocas, y,. por lo tanto, todos los pueblos influidos por la civilización occidental y que intenten desembarazarse de ella no darán sino un paso absurdo e infantil.

Pero la parte del Plan Quinquenal que más encolerizó a los españoles aparecía en el párrafo que llamaba a desarrollar la literatura argentina mediante la creación de pautas lingÜísticas nacionales, estableciendo, a tal efecto, una Academia Nacional de la Lengua. Esta academia tenía por objeto preparar un diccionario nacional, que incluyera las palabras y los términos característicos de las diversas regiones de Argentina y los usos de la lengua en América Latina [21] . El Ministro de Asuntos Técnicos, Raúl Mendé, quien leyó ante el Congreso el Plan Quinquenal, explicó a los diputados el significado del párrafo antedicho. Según lo expresara, la lengua es la piedra fundamental de la integración de la cultura nacional. Aunque no era la intención el crear una lengua argentina, de o odas formas no se quería depender de nadie en el campo idiomático. En la sociedad argentina se utilizan palabras nuevas, que no aparecen en los diccionarios oficiales de la lengua española, y el ejemplo más notable que dió fue que el "justicialismo", presentado por Perón, no había sido incluido en el Diccionario de la Real Academia Española [22] . Mendé puso en claro que se trataba de un intento por dar contenido y significación nacionales al idioma de los argentinos. Así como el Banco Central de la República supervisa su moneda, así la Academia de la Lengua de la República debe supervisar las palabras convencionalmente utilizadas [23] .

Otro eslabón de esta cadena de abandono de la Hispanidad puede observarse en el Manual publicado por el Partido Peronista un año más tarde. Hacia fines de 1948, cuando las relaciones entre España y Argentina todavía se hallaban en el zenit de su luna de miel, la Academia Nacional de Historia decidió, tal como lo hemos visto, recomendar el uso del concepto "el período hispánico" en lugar de "el período colonial". Cinco años después, el Manual preparado por el Partido Peronista para sus activistas presentó una descripción de la violencia de los conquistadores de América, conquistadores que avasallaron y abusaron cruelmente de la población india. Los conquistadores, así lo expresaba, vinieron a América para enriquecerse fácil y rápidamente, explotando las tierras y a sus habitantes en su propio interés. La vida de los indios durante toda la época de la colonia fue miserable y muchos perdieron sus vidas en medio de la tremenda explotación. Más aún, durante la época del dominio español se conformó la oligarquía explotadora y, con ella, la injusticia y la explotación del hombre por el hombre, etc. Ni una sola palabra sobre España, madre de naciones, que les diera la civilización, el idioma, la religión y espléndidas tradiciones [24] . Esto es, sin duda, un ejemplo manifiesto de adaptación de la historiografía nacional a las mutantes necesidades políticas y del uso cínico que hizo Perón de las estrategias culturales. Con la misma velocidad y facilidad con que adoptó una campaña que destacó las raíces hispánicas de su tierra, la descartó sin mayores inconvenientes.

Dentro de este proceso de desvinculación del Peronismo de la idea de la Hispanidad, también se hizo presente la creciente insatisfacción de la Argentina frente al estrechamiento de las relaciones entre España y los EE.UU. Había en Argentina quienes lo consideraban como una verdadera traición de la Madre Patria, dispuesta a venderse a una potencia anglosajona, símbolo del materialismo y del imperialismo. Desde el año 1949 en adelante hay testimonios de la preocupación que despertó en la Argentina peronista el acercamiento entre España y EE.UU. en los campos político, militar y económico [25] . Mientras las relaciones de Argentina con EE.UU. sufrieron durante la primera mitad de los años cincuenta periódicos altibajos, el 26 de septiembre de 1953 se firmó el Pacto de Madrid, que convertía oficialmente a España en una de las aliadas de los EE.UU. Fundamentalmente, se estableció el abastecimiento de armas y asistencia económica a España, que, a cambio de ello, accedió a permitir a los EE.UU. erigir en su territorio bases navales y aéreas. En Madrid se temió que se viera a España como subordinada a Norteamérica y, por lo tanto, se acordó que las bases quedarían bajo la bandera y control españoles [26] .

España quería dejar en claro a los países de Latinoamérica, especialmente a la Argentina, que sus acuerdos económicos y militares con EE.UU. no habrían de perjudicar su soberanía y su independencia nacional, y que no ejercerían un efecto negativo sobre sus relaciones especiales con ellos, ni sobre las obligaciones con sus ex-colonias [27] . El embajador de España en Buenos Aires, Manuel Aznar, explicó que el acuerdo era "un nuevo e importante factor que España aporta al servicio de los ideales del mundo hispánico" [28] ; pero Perón y sus allegados estuvieron lejos de entusiasmarse. Poco tiempo antes de firmarse los acuerdos, Emilio Romero, editor de Pueblo, diario de los sindicatos españoles que expresaba incesantemente su simpatía por el Peronismo, visitó Buenos Aires. Romero fue invitado oficialmente por el presidente argentino y, durante una conversación mantenida entre ambos, Perón expresó su desilusión ante la exagerada amistosidad de España para con los EE.UU. y su consentimiento para el establecimiento de las bases norteamericanas en territorio español. Romero intentó convencerlo de que el lugar de España en Europa bajo la amenaza soviética exigía un sistema de relaciones con el líder del campo occidental distinto de las que tenía Argentina, tan alejada del escenario de enfrentamiento principal con los EE.UU. [29] .

La ira de los Argentinos se inflamó en especial cuando el representante de España en Washington, José Félix Lequerica, queriendo destacar la importancia que tenía su país para los EE.UU., declaró al periódico La Prensa de Nueva York que EE.UU. no debía confiar en aquéllos que creen en la posibilidad de una Tercera Posición y están a favor de la neutralidad. Esto fue interpretado por los argentinos como una referencia directa al Peronismo [30] . Perón, por su parte, puso en claro que su país nunca firmaría un acuerdo de asistencia militar con los EE.UU. como aquéllos que firmara Washington con otros países de América Latina, por cuanto ello se oponía a la tradición argentina.

Pero el paso definitivo en el rechazo de la Hispanidad se dió recién a fines de 1954. En esos meses Perón elogió el concepto de la Latinidad, ignorando el legado hispánico; inició una campaña contra la Iglesia Católica y ordenó a la prensa que atacara fuertemente a España y al General Franco.
 

La campaña anti-española

A principios de octubre de 1954, la prensa argentina inició un ataque sorpresivo contra la dictadura española y contra el General Franco personalmente. Así, por ejemplo, en un editorial de La Epoca, se calificó a Franco de hipócrita y oportunista; el General que juró lealtad a la Segunda República y luego la atacó con ayuda de musulmanes, fascistas y nazis. Se escribió con desprecio sobre el petiso con ambiciones gigantes que apoyó la alianza nazi-fascista en las primeras etapas de la Guerra Mundial, pero que al ver que su victoria era dudosa, cambió de posición y se unió a su enemigo. Ahora no le importaba renunciar a parte de su país para permitirle a los EE.UU., su ex-enemiga, establecer en España bases militares. Cuando le resulta cómodo, sufre de amnesia, sordera y ceguera. No paga su deuda con Argentina, que le ayudó cuando los tiempos eran duros. En los próximos días, el periódico publicó una serie de caricaturas ridículas de Franco. También los diarios Crítica y El Líder unieron sus voces al coro y escribieron cosas similares [31] .

Franco se vió muy afectado por este ataque. Un telegrama que envió a Perón solicitando ponerle fin a esta campaña de difamación contribuyó a aplacar los ánimos y, así, la campaña anti-española de la prensa peronista, que duró unas cuatro semanas, llegó a su fin [32] .

Uno de los motivos del enojo peronista, agregado a todos los ya señalados, fue la invitación del nacionalista católico, el jurista hispanófilo Dr. Mario Amadeo, para dar conferencias en Madrid. El Ministro de Relaciones Exteriores, el argentino Jerónimo Remorino, le hizo notar al embajador español Aznar que Amadeo era uno de los peores enemigos del gobierno peronista. Según dijo, el objeto del viaje de Amadeo a España era el de presentar allí su plan para establecer un partido cristiano-demócrata que compitiera con el Peronismo y que incluso desde España enviara a la Argentina declaraciones propagandísticas antigubernamentales. Esta cuestión era de suma importancia porque en los meses siguientes, cuando tuvo lugar el enfrentamiento del régimen de Perón con la Iglesia Católica, muchos alegaron que, dado el trasfondo de las cosas, Perón temía que se estableciera un movimiento cristiano-demócrata en su país. En la cúspide peronista sospechaban en ese momento que el Vaticano, a través de la España franquista, trataba de estimular la creación de semejante partido, sospecha que enturbió aún más las relaciones entre Madrid y Buenos Aires [33] .

Recordemos que en la década del cuarenta, en la época de la alianza Franco- Perón y en reconocimiento de las complejas relaciones entre el régimen de Perón y los grupos nacionalistas, la España franquista se cuidó mucho en sus relaciones con estos mismos nacionalistas, aunque eran sus partidarios más destacados en la Argentina. Antes de invitar a alguno de ellos, se examinó la naturaleza de sus relaciones con el gobierno, por si le cupiera alguna duda al respecto. En la década del cincuenta, España se cuidó muchos menos, por cuanto tenía menos que perder. Al régimen de Perón no le gustaban las relaciones amistosas de Madrid con los nacionalistas católicos como Mario Amadeo y Juan Carlos Goyeneche, que a la sazón ya no se preocupaban por ocultar su hostilidad hacia el régimen de Perón y que en los próximos meses formarían parte de conspiraciones en su contra [34] .

Los festejos del 12 de octubre de 1954 preparados por los integrantes de la comunidad española de Buenos Aires durante largos meses, y que prometieron ser un acontecimiento en pro de España y de la Hispanidad, fueron suspendidos a último momento por las autoridades. La policía, con la aprobación del Ministro del Interior Angel Borlenghi, lo recomendó al intendente. También la recepción para más de mil personas programada por el embajador español para ese mismo día en los jardines del Museo Hispanoamericano fue cancelada a último momento, cuando las invitaciones ya habían sido enviadas, bajo la excusa que debían hacerse reparaciones en el lugar [35] .

Mientras tanto, la celebración del "Día de la Hispanidad" en España despertó la cólera de la Argentina oficial. El punto culminante de los festejos fue la ceremonia realizada en Zaragoza, antigua residencia de los Reyes Católicos, con la participación del General Franco y los más altos funcionarios del régimen, y en la que el discurso central fue pronunciado nada menos que por el mismo jurista argentino, Dr. Mario Amadeo. En el gobierno de Perón, como era de esperarse, no sintieron ningún orgullo por el hecho de que un argentino diera el discurso principal en semejante ocasión. Todo el cuerpo diplomático hispano-americano participó en el acontecimiento de Zaragoza, excepto el representante de Argentina [36] .

La respuesta del gobierno de Perón no se hizo esperar. Una semana después del discurso de Amadeo en Zaragoza, Aznar informó urgentemente al Ministro de Asuntos Exteriores español, Alberto Martín Artajo, que el Ministro del Interior, Borlenghi, se encontraría con los dirigentes de las organizaciones de exiliados republicanos españoles, entre ellos Augusto Barcía y Luis Jiménez de Asúa, y que, aparentemente, también el presidente se encontraría con ellos más tarde, en presencia de periodistas. En Buenos Aires corrieron rumores de que Perón iba a reconocer al gobierno republicano en el exilio e iba a romper relaciones diplomáticas con el régimen de Franco. Este paso hubiera asestado un duro golpe a la posición de la dictadura franquista en América Latina. Pero, a último momento, la entrevista no se realizó. Puede ser que Perón cambiara de opinión después de recibir un telegrama del Generalisímo o que no pretendiera desde un principio dar este paso, sino que quería únicamente amenazar al régimen de Franco, volviendo a utilizar a los exiliados españoles como peones de la jugada política [37] .

Las dificultades entre España y Argentina se agudizaron aún más a fines del '54. Esto se manifestó patentemente cuando el Prof. Pedro Laín Entralgo, rector de la Universidad de Madrid, fue invitado en esa época para dar una serie de conferencias en la Universidad de Buenos Aires. Al llegar, Aznar le solicitó que viviera en la Embajada por motivos de seguridad personal, e incluso avisó a los organizadores de las conferencias que éstas no tendrían lugar por temor a posibles intentos por perturbar su realización por parte del público asistente, dadas las tensas relaciones entre ambos países y el hecho que Laín Estralgo ocupaba un puesto oficial [38] . El ambiente ya no sólo no era propicio para intercambios culturales, sino que inclusive era peligroso.

Paralelamente a los ataques contra España comenzaron a escucharse en la prensa peronista los primeros tiros contra la Iglesia. Este enfrentamiento sorprendió a muchos, y la investigación histórica se ha dedicado en gran medida a la cuestión de por qué Perón inició la campaña contra la Iglesia, una campaña que finalmente llevó a la unificación de todos sus opositores detrás de la cruz y contribuyó seriamente a su caída. No podremos referirnos aquí a este enfrentamiento, pero la cuestión más importante para nuestros fines atañe al paralelismo de ambas campañas. En este contexto, es importante destacar que durante la primera mitad de la década del cincuenta comenzaron a reconocerse en forma mucho más manifiesta las características autoritarias del régimen peronista, que duplicó sus esfuerzos por construir la "Nueva Argentina". En la nueva conciencia nacional que se quiso forjar no había ya lugar para conceptos y valores relacionados en forma alguna con centros de influencia externos a la Argentina como, por ejemplo, España o el Vaticano [39] .

Como vemos, entre 1950-54, el Peronismo se esforzó por desasociarse de aquel Hispanismo que previamente consideró esencial para lo argentino y, como veremos a continuación, la "Latinidad" sería llamada a ocupar el lugar vacante.
 

Latinidad en lugar de Hispanidad

Sobre el trasfondo de los sentimientos anti-españoles argentinos, a fines de 1954 se dió el estrechamiento de las relaciones argentino-italianas, en medio de los profusos elogios de la "Latinidad" por parte de Perón. Españoles y observadores extranjeros coincidieron en la consideración de que la nueva Latinidad de Perón era en verdad postulada frente a la Hispanidad de la España franquista [40] . Y, efectivamente, volvemos a ser testigos de un nuevo proceso de difusión y propagación, paralelo en parte a lo que se presenció previamente con respecto al Hispanismo. Ahora era la Latinidad. Las visitas de numerosos italianos, tanto miembros del gobierno como artistas, obtuvieron una extensa cobertura en los medios de difusión y los visitantes fueron recibidos calurosamente por Perón. Y, claro está, los dirigentes de Italia y Argentina intercambiaron condecoraciones y medallas.

Pero, si Perón quería desembarazarse de la Hispanidad, ¿por qué eligió precisamente la alternativa de la Latinidad? Ante todo, debemos recordar que el repertorio cultural del cual Perón podía escoger una estrategia adecuada para forjar la conciencia nacional argentina era limitado. A diferencia de países tales como Perú o México, ningún régimen argentino podía referirse a un esplendoroso pasado indio. Los indios de Argentina no eran sino los pocos sobrevivientes de una población india de escasa densidad que vivió en las llanuras del Río de la Plata hasta que llegaron los españoles y que nunca tuvo una cultura desarrollada como la de los aztecas o los incas. Parte de los indios que sobrevivieron la época de la independencia fueron muertos posteriormente por orden de los gobiernos de la Argentina independiente. La falta de una tradición indígena impulsó a una exagerada admiración por la cultura europea, y la escasez demográfica llevó a una política de migración que modificó la fisonomía del pueblo argentino.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, Argentina se alejó en gran medida del continente del que formaba parte. Este fue uno de los motivos por los que la opción panamericana todavía no podía ser considerada por la Argentina. A esto también se le agregó la tradicional renuencia argentina a las aspiraciones estadounidenses de hegemonía en el continente americano y las complejas relaciones de Perón con Norte América. Tampoco eran relevantes las relaciones con Inglaterra, por cuanto éstas se habían identificado con el régimen oligárquico argentino al que se opuso Perón.

Después de descalificar la opción exclusiva de la Hispanidad, sólo quedaba, de hecho, una alternativa: la de la Latinidad, la de los lazos de Argentina con países europeos latinos y, ante todo, Italia, España y Francia. Esta opción podía cumplir la misma función de desafío a la orientación cultural tradicional de la Argentina y al enlace con el sistema capitalista anglosajón, y asimismo podía resultar atractiva para muchos sectores de la población, porque era relevante para los dos grandes grupos que la componían, italianos y españoles, y era lo bastante extensa, sin identificarse con un régimen determinado, como por ejemplo la dictadura franquista. Asimismo tenía la virtud de poder despertar la identificación por parte de otros países latinoamericanos, en los que el concepto de la Latinidad también fue tema de discusiones intelectuales con respecto a su identidad nacional. América Latina se convirtió para ellos en un concepto que se definía, ante todo, por el negativismo: todo aquello que no era Norte América, la anglosajona, la blanca, la protestante, la materialista; Latinidad para enfrentar el llamado "proyecto imperial sajón" [41] . La Latinidad, como la Hispanidad, no podía hacer fracasar, por ende, los esfuerzos de la Argentina por cumplir el papel de líder del continente, y también desde este punto de vista constituía una alternativa conveniente.

Y así, cuando a fines de octubre de 1954 tuvo lugar en Buenos Aires un congreso de la Asociación Argentina Amigos de Italia, Perón asistió al mismo acompañado por varios ministros y dió un entusiasta discurso elogiando a Italia. Se presentó como ciudadano argentino, cuyos remotos orígenes se hallaban en Italia, y como presidente de Argentina, que representaba al gobierno y al pueblo. Recordó la ayuda prestada por su país a Italia durante la segunda mitad de la década del cuarenta y el hecho de que, al hallarse Argentina en una situación económica difícil, "Italia fue el único país del mundo que salió en nuestra ayuda". Y agregó: "Italia representa para nosotros la única heredera de la única civilización según la cual vivimos actualmente. El renunciar a la Latinidad para intercambiarla por otro rótulo cualquiera, sería como traicionarnos a nosotros mismos. No omitiré esfuerzo para que cada día nuestra unidad con Italia sea más fuerte y más profunda, porque sé que con ello estoy cumpliendo el mandato de la Historia".

La prensa peronista cubrió extensamente su discurso y respondió con artículos de su propia interpretación sobre "los lazos eternos de la Latinidad". Perón fue presentado como valiente amigo de Italia desde que ascendiera al cargo de presidente, amistad que se había expresado mediante el envío de alimentos después de la Segunda Guerra Mundial, a través de sus gestiones en pro de la aceptación de Italia en la O.N.U. y por la apertura de las puertas de Argentina a una gran migración italiana. El presidente destacó, como ya lo señalamos, que no podía olvidar que en los difíciles años de 1951-52, en vista de la escasez y apuros económicos, Italia fue el único país que vino en su ayuda y le otorgó crédito y, tal como lo recordara La Prensa, no fue Italia la que más recibió de Argentina. Ello era una alusión poco sutil a la ingratitud de España, que no realizó esfuerzo alguno para ayudar a la Argentina. Obreros italianos llegaron al país para contribuir al desarrollo de la industria argentina, escribió el periódico, haciendo nuevamente alusión a la renuencia con que el régimen de Franco vió la emigración de obreros especializados a la Argentina [42] .

Los españoles consideraron el recordado discurso de Perón como una bofetada doble: en primer lugar, la aludida crítica porque España, a diferencia de Italia, había dado la espalda a la Argentina y, en segundo lugar, y más importante aún, el hecho que "el paladín de la Hispanidad en América" había decidido dejar de enarbolar el estandarte de la Hispanidad, destruyendo así las ilusiones de España en cuanto a las posibilidades de volver y ocupar un puesto de liderazgo cultural en ese país. A lo largo de estos meses, todo discurso de Perón elogiando a Italia y la Latinidad fue considerado en Madrid como un discurso hostil para España y la Hispanidad, incluso si estas últimas no eran mencionadas explícitamente [43] .

El 11 de noviembre tuvo lugar en Buenos Aires el Congreso de Sociedades Italianas en la República Argentina [FEDITALIA]. Al iniciarse el acontecimiento, se le entregó al presidente un plato de oro que llevaba impresa una frase pronunciada por él dos semanas antes, a saber: "todos hemos bebido en esa fuente eterna que fue Roma y seguimos bebiendo en esa eterna fuente que es la Latinidad".

Esta vez, Perón pronunció el discurso en italiano, mientras el público lo ovacionaba. Nuevamente se trataba de un encomio a la Latinidad como cultura básica de la Argentina. "La historia de las luchas y de los sufrimientos de Italia es parte de nuestra historia, puesto que estamos íntimamente ligados a ella por indiscutibles vínculos de estirpe y cultura" [44] . Al día siguiente, La Prensa hizo un llamado a todos los maestros, educadores y a quienes se dedicaban a forjar la mentalidad argentina a utilizar este discurso de Perón a título de guía de sus actividades.

En el ataque contra España, al igual que en el que efectuó paralelamente contra la Iglesia, Madrid vió el resultado de la creciente influencia del ala izquierdista del Peronismo, de los exiliados republicanos, los masones y los judíos [45] . El temor de los españoles por que Italia aprovechara la posición de Perón para aumentar su influencia en la Argentina a cuenta del rechazo de España y de la Hispanidad aumentó en diciembre, cuando el Ministro de Relaciones Exteriores, Remorino, fue a visitar Roma para estrechar los lazos con Italia. Los españoles hasta intentaron sabotear este idilio entre Italia y Argentina, pero la visita tuvo un éxito muy limitado y también el entusiasmo por la idea de Latinidad se debilitó en la Argentina Peronista a los pocos meses [46] .

Y así fue que, con la caída de Perón en septiembre de 1955, su "aventura latina" no dejó huella en la sociedad argentina. El intento peronista por encomiar el concepto de la Latinidad fue demasiado breve para poder influir de modo alguno. Pero, al mismo tiempo, tras la caída de Perón, tampoco quedó mucho de la Hispanidad. Un informe de la Embajada norteamericana de julio de 1956 consideró, con justicia, que "La idea/movimiento de la Hispanidad... es considerada actualmente por la Embajada como carente de fuerza significativa y carente de peligro para los objetivos de la política estadounidense, incluso el desarrollo de lazos más estrechos entre los EE.UU. y la Argentina y de la unidad panamericana"[47] .

En fin, diez años no pueden ser considerados un período significativo en lo que se refiere a la posibilidad de hacer cristalizar el intento de reconformación de la identidad nacional, y más aún cuando se trata de dos intentos. Pero, de hecho, no nos medimos aquí con la problemática de si es posible conformar realmente desde el poder político la fisonomía de la conciencia nacional o no, puesto que al zigzagueo se agregó la brevedad del régimen peronista. Sólo nos queda en claro su conciencia de la necesidad de conformar una nueva y alternativa identidad nacional argentina y el fracaso de sus intentos.

Traducción del hebreo: Inés HÜlse

 

NOTAS

Por Hispanidad entendemos Hispanismo en su versión más vigorosa, autoritaria y católica, tal como fuera adoptada por la derecha española desde la década de 1930 y luego por el régimen de Franco. Esta versión rechazaba el secularismo y las pautas extranjeras de naciones occidentales más poderosas [Gran Bretaña, Francia y los EE.UU.] e intentaba enlazar a todos los pueblos de habla hispana juntos. 
Véase, por ejemplo, Marisa González de Oleaga, "La alianza Franco-Perón: una aproximación crítica desde la perspectiva de la dependencia, 1946-1950", Hispania, N°. 169 [1988]: pp. 625-689; Mónica Quijada Mauriño, "Relaciones hispano-argentinas 1936-1948: coyunturas de crisis", tesis doctoral, Editorial de la Universidad Complutense, Madrid 1990. 
"Si el inglés era el lenguaje de los negocios", escribió Jauretche, "el francés era el lenguaje del espíritu y el placer...". Véase A. Jauretche, El medio pelo en la sociedad argentina, Bs. As., 1966. El embajador español escribió que su país debía combatir la influencia francesa en la esfera cultural, por cuanto "intelectualmente es Francia el país que más y mejor ha conseguido moldear el espíritu y captarse el corazón de los argentinos...". Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores [Madrid] [en adelante AMAE], Leg. R.2418, exp. 1, Bulnes a MAE, 22.3.1946. 
Sobre el encuentro de Perón con los intelectuales, véase United States National Archives, Department of State, Record Group 59 [Washington D.C.] [en adelante NA] 835.42/111-1847, Embajada de Buenos Aires al Departamento de Estado, 18.11.1947. 
ABC [Madrid], 18.11.1948, citando a Jorge P. Arizaga, Subsecretario de Educación argentino. Sobre la educación en la época peronista véase Alberto Ciria, Política y cultura popular; la Argentina peronista 1946-1955, Bs. As., 1983, Cap. 4; Carlos Escudé, El fracaso del proyecto argentino, educación e ideología, Bs. As. 1990, pp. 161 y ss. 
AMAE, Memoria anual de la Embajada en Bs. As.-1949; El Mundo [Bs. As.], 23.12.1948. La decisión, que no tuvo verdadera influencia, sufrió muchas críticas en Argentina. Véase La Prensa [Bs. As.], 22.10.1948; Archivo del Instituto de Cultura Hispánica [Madrid] [en adelante ICH], 133/1735, Areilza a MAE 3.1.1949. 
F. Luna, El 45, Bs. As., 1969. p. 195, n. 18. 
Sobre la Hispanidad como justificación ideológica a las relaciones con la dictadura franquista, véase Raanan Rein, "El pacto Perón-Franco: justificación ideológica y nacionalismo en Argentina", Estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe [Tel Aviv], Vol. 1, No. 1 [enero 1990], pp. 107-132. 
Crítica [Bs. As.], "España es algo más", 5.4.1948. Este diario repitió varios meses más tarde esta posición. Véase Crítica, 23.8.1948; NA, 710.52/8-2548, Ray al Departamento de Estado, 27.8.48. 
El "Día de la Raza" fue implementado en la Argentina por el presidente Hipólito Yrigoyen en un decreto publicado en octubre de 1917. El texto del decreto se encuentra en: Embajada Argentina de España, España en el pensamiento de dos conductores argentinos: Perón e Yrigoyen, Madrid y Bs. As., 1974, p. 7. 
República Argentina, Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados, 1946, Vol. VI, pp. 799-801; 1948, Vol. I, pp. 410-411; 416-417; La Nación [Bs. As.], 16.11.1946. 
El texto del discurso se encuentra en Embajada Argentina en España, op. cit. pp. 19-39; La Nación, 13.10.1947; ABC 14.10.1947. 
Transcurridas varias semanas, Perón dió otro importante discurso, que también eulogizaba a la Hispanidad. Esto fue al recibir el título de doctor honoris causa de las Universidades Argentinas. Remítase a NA, 852.42700/11-2147, Embajada de Madrid al Departamento de Estado, 21.11.1947.
Archivo privado de Alberto Martín Artajo [Madrid], Tomás Suñer a Martín Artajo, 14.10.1947; AMAE, R. 1453/ 1, Artajo a Areilza, 17.11.1947. El discurso fue publicado en un folleto bajo el título: Juan D. Perón, España, Cervantes, Argentina y la Paz. 
Para un informe cínico sobre la ceremonia de retorno de los restos de los padres de San Martín, remítase a Public Record Office, Foreign Office [London] [en adelante FO], 371/61163, Leeper to FO, 226.11.1947; sobre el intento de crear un paralelo entre Perón y San Martín, remítase a A. Ciria, op. cit., pp. 282-4. 
AMAE, R.2418/ 1, Areilza a MAE, 23.6.1947. 
Sobre el antifranquismo en la Argentina en esos años, véase Raanan Rein, "Franquistas y antifranquistas en la Argentina peronista", ponencia presentada en el I Encuentro de Argentinistas Europeos, Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, mayo 1991. 
Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto [Bs. As.] [en adelante AMREC], División Política, Instituto Nacional Sanmartiniano, 34/28, 2° Memoria del año 1950 por el Gral. Silva, 20.7.1951; Jordán a MREC. A fines de 1950, los españoles intentaron corregir la distorsión con varios artículos en la revista Mundo Hispánico. Véase ICH, 133/ 1735, Sánchez Bella a Navasqués, 5.12.1950. Debe mencionarse que, en diciembre de 1947, un informe cínico aparecido en Time sobre el retorno de los restos de los padres de San Martín causó tensión entre la Argentina y los EE.UU. Véase J. Bruce, Those Perplexing Argentines, Londres 1954, p. 25. 
Véase Crítica, Noticias Gráficas y La Epoca [Bs. As.], 2.4.51; El Laborista [Bs. As.], 3.4.1951. 
ABC, 11.4.1951; NA, 635.52/4-1351, Anderson al Departamento de Estado, 13.4.1951. 
ABC, 11.1.1953. 
Presidencia de la Nación, Subsecretaría de Informaciones, 2° Plan Quinquenal [Bs. As.], 2.4.1951; El Laborista, 4.5.1952. 
AMAE, R. 3576/29, Aznar a MAE, 5.12.1952; ABC, 30.12.1952. Las primeras señales de la tendencia a crear un "lenguaje argentino" ya se habían observado dos años antes. Remítase a R.2973/20, Navasqués a MAE 5.20.1950. A instancias de Argentina, en 1950 la Real Academia Española de la Lengua aprobó los términos "Argentinidad" y "Sanmartiniano". A fines de 1954, Mundo Peronista volvió a denunciar a la Academia Española, invocando los objetivos lingÜísticos del Segundo Plan Quinquenal. Véase R. 5216/5, Minutas de la Dirección Gral. de Relaciones Culturales, 18.10.1954. 
En este contexto, es imposible no mencionar las palabras de Juan María Gutiérrez, el intelectual argentino de la "generación de 1837", que sostenía: si obtuvimos la independencia política respecto de España y si no existe tal independencia política sin independencia cultural y si la cultura tiene como vehículo el idioma, para ser realmente independientes debemos abandonar, lógicamente, el español, idioma de sujeción y adoptar una lengua de independencia. Citado en Noé Jitrik, "Entre el ser y el siendo: identidad, latinidad y discurso", en La latinidad y su sentido en Amércia Latina, México, D.F., 1986, pp. 89-96. 
Manual del peronista, Bs. As., 1954, pp. 3-5. 
Véase, por ejemplo, AMAE, R. 2818/26, Navasqués a MAE, 16.8.51; Archivo de la Fundación Francisco Franco [Madrid] [en adelante AFF], 1511, informe de J.I. Ramos, 5.6.1952. 
Sobre las negociaciones entre España y los EE.UU. que resultaron en el Pacto de Madrid, véase A. Viñas, Los pactos secretos de Franco con Estados Unidos, Barcelona, 1981; J. Dura, "U.S. Policy toward Dictatorship and Democracy in Spain, 1936-1953: A Case Study in Realities of Polity Formation", tesis doctoral inédita, Universidad de California, Berkeley, 1979, cap. 7; T.J. Lowi, "Bases in Spain", in Harold L. Stein [ed.], American Civil-Military Decisions: A Book of Case Studies, Birmingham, Ala. 1963. 
Archivo de la Presidencia del Gobierno, Jefatura del Estado [Madrid] [en adelante APG], Leg. 17, circular de Artajo a los embajadores en América Latina y las Filipinas. Ese fue también el mensaje del ministro español de Asuntos Exteriores el "Día de la Hispanidad" [12.10.1953]; aseveró que los acuerdos no podían sino reforzar a la comunidad hispánica y permitir una cooperación productiva entre los países hispánicos y los anglosajones. Véase A. Martín Artajo, Hacia la comunidad hispánica de naciones: discursos de Martín Artajo desde 1945 a 1955. Madrid, 1956, pp. 96-97. 
APG, Leg. 117, Aznar a MAE, 30.9.1953. 
Entrevista del autor con Emilio Romero [Madrid, 31.10.1988]. Sobre el viaje de Romero a la Argentina, véase AMAE, R.3191/72, Aznar a MAE, 22.6.1953; La Prensa, 16 y 20 junio 1953. La oposición de Perón al acuerdo entre España y los EE.UU. también fue percibida por observadores extranjeros; véase, por ejemplo, FO 371/113033, 22.1.1954. 
APG, Leg. 18, Aznar a MAE, 5.11.1953. 
En cuanto al ataque de la prensa peronista contra Franco, véase Crítica, 6 y 10 octubre 1954; La Epoca, 7, 9 y 11 octubre 1954; El Líder, 8.10.1954; NA, 653.52/10-1554, Siracusa al Departamento de Estado, 15.10.1954; AMAE, R.3585/22, Aznar a MAE, 26.10.1954; R.3585/35, Aznar a MAE, 1.11.1954; AFF, 9/3, Penella de Silva a Artajo, 25.10.1954. 
Francisco Franco Salgado-Araujo, Mis conversaciones privadas con Franco, Barcelona, 1978, pp. 17, 22; AFF, 149/52, Franco a Perón. 
Sobre este tema véase Raanan Rein, "The Salvation of a Dictator: The Franco-Perón Alliance and the Relations between Spain and Argentina, 1946-1955", tesis doctoral inédita, Universidad de Tel Aviv, 1991, cap. 7. 
APG, Leg. 116, Aznar a Artajo, 21.3.1953. 
AMAE, R.4239/ 3, Aznar a MAE, 8.10.1954; José Ignacio Ramos, Biografia de mi entorno, Bs. As., 1984, pp. 240-242. 
Entrevista del autor con Alfredo Sánchez Bella, ex-director del Instituto de Cultura Hispánica [Madrid, 15.11.1988]; Mario Amadeo, Ayer, hoy, mañana, Bs.As., 1956, pp. 33-34. Para el texto del discurso de Amadeo, véase ICH, 1714/5896; ABC, 12 y 13 octubre 1954. 
APG, Leg. 21, Aznar a MAE, 20.10.1954; AFF, 9/3, Penella de Silva a Artajo, 25.10.1954; entrevista del autor con Joaquín Ruiz Giménez [Madrid, 13.12.1988]. 
AFF, 44/44, Aznar a MAE, 20./10.1954; APG, Leg. 21, Aznar a MAE, 100.12.1954; entrevista del autor con Laín Entralgo [Madrid, 16.1.19891. 
Sobre las relaciones entre el régimen peronista y la iglesia, véase Noreen Frances Stack, "Avoiding the Greater Evil: The Response of the Argentine Catholic Church to Juan Perón, 1943-1955", tesis doctoral inédita, Rutgers University, New Jersey, 1976; V. W. Leonard, Politicians, Pupils and Priests - Argentine Education since 1943, N.Y., 1989, Caps. 3-7; Pedro Santos Martínez, La nueva Argentina, 1946-1955, Bs. As., 1975, Vol. II, Cap. XI; H. Gambini, El peronismo y la iglesia, Bs. As., 1971; Pablo Marsal, Perón y la iglesia, Bs. As., 1955. 
Véase, por ejemplo, F0, 371/ 114018, "Annual Review of Argentina for 1954", 3.2.1955; APG, Leg. 22, Nota informativa de prensa extranjera, 3.1.1955. Para Joaquín Díaz de Vivar, el cambio de Perón a la retórica que encomiaba la Latinidad demostró que su previa orientación hacia la Hispanidad "fue una actitud transitoria y en la ayuda económica que prestó la Argentina a España [a mediados de la década del cuarenta] habría que focalizarse hacia un orden crematístico y nunca a través de este orden de identidad moral, identidad espiritual, identidad filosófica, con la España Madre". De igual modo, el conflicto con la iglesia demostró que la decisión anterior de Perón de reinstituir la educación religiosa era señal de su oportunismo político antes que de su convicción moral o espiritual [entrevista del autor con Díaz de Vivar, Bs. As., 22.6.1989]. 
Sobre este tema, véase el simposio La latinidad y su sentido en América Latina, Universidad Autónoma de México, México D.F., 1986. 
Véase Crítica, 31.10.1954; La Prensa y Democracia, 1.11.1954; AMAE, R.3585/22, Aznar a MAE, 6.11.1954; AFF, 131/22, 1.11.1954. 
Véase, por ejemplo, AMAE, R.3585/22, "Notas sintéticas y confidenciales sobre la situación en la Argentina". 
AMAE, R.3585/22, Aznar a MAE, 12.11.1954; La Prensa y Democracia, 12.11.1954. 
Véase, por ejemplo, Arriba [Madrid], 13 y 19 enero 1956, 16.3.1956. Hipólito Paz, ex-Ministro de Relaciones Exteriores, atribuía la adopción de la Latinidad al deseo de Perón por reforzar la cooperación en América Latina, inclusive Brasil; buscaba un concepto más amplio que la Hispanidad o Hispano-América [entrevista con el autor, Bs. As., 10.7.1989]. Véase también Mundo Peronista, septiembre 1954; AMAE, R.5216/5, Minutas de la Dirección Gral. de Relaciones Culturales, 18.10.1954. 
Sobre la visita de Remorino a Italia y las relaciones entre Italia y Argentina en esos meses, véase despacho en AMAE, R.3593/3, R.3832/16. 
NA, 635.52/7-1656, J.F. O'Connor Jr. al Departamento de Estado, 16.7.1956. 




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