En busca de caminos perdidos: identidad nacional cultural y tribal en una población indígena    
NAHUM MEGGED Universidad Hebrea de Jerusalén
 

La nueva conciencia étnica

Paradójicamente, cuando más parecieran acercarse naciones y facciones políticas, romperse barreras que sólo ayer eran infranqueables; cuando los medios de comunicación enlazan el mundo sin respetar fronteras asimilando culturas y pueblos; precisamente en estos momentos despiertan sombras de ayeres lejanos. Grupos étnicos, supuestamente desaparecidos, cobran fuerza y comienzan guerras de pequeñas entidades. Cuando el reloj de una historia nueva marca el final - aunque provisorio - de conflictos entre potencias, dentro de cada marco político, grande o pequeño, se desatan luchas intestinas que para el observador de afuera resultan anacrónicas, como la de una lengua olvidada por una autonomía cultural de quienes nunca conocieron ni echaron de menos su antigua cultura, de religiones y denominaciones religiosas en un siglo en el que pareciera que las guerras santas quedaron atrás.
 

América y el indígena

El continente americano vive aparentemente apartado de esta problemática. Sus problemas étnicos tienen un origen histórico verdadero, no surgieron de decisiones políticas, ni de la busca del por qué de existir de algunos intelectuales. En países cuya población autóctona es numéricamente mayoritaria, como Guatemala, Perú, Bolivia y grandes zonas de México, los indígenas se encuentran cultural y socialmente marginados, generalmente sin derechos culturales. Mas cuando a lo largo de la historia contemporánea emergen en estos países problemas de carácter étnico, éstos no proceden de conflictos culturales o lingüísticos sino son parte de un problema social. Si hay protesta indígena, su génesis es social más que cultural, idiomática o religiosa.

Desde el punto de vista religioso, muchas entidades tradicionales crearon un sincretismo de cultos: el catolicismo incorporó creencias populares antiguas a su doctrina (de las grandes religiones del pasado_ nada quedó). Por otro lado, poblaciones enteras, o parte de ellas, se plegaron a una dominación evangélica, rompiendo con el lazo que las ligaba a los restos de su tradición. Signos de identidad a nivel popular, como rituales mágicos o esotéricos, dejaron de ser patrimonio exclusivo de la población no blanca. Al chamán o al brujo indígena, acuden blancos y mestizos. A las religiones africanas, como el Umbanda en Brasil, pertenecen muchos pobladores blancos. En Bahía, se trata de la mayoría de la población. A su véz, la cultura europea, incluyendo la académica y la pseudoacadémica, accedió a grupos tradicionales cerrados. En un congreso de brujos celebrado en la zona cora-huichol en México, se oyeron neologismos acuñados por Castañeda, cuando algunos de los "brujos" reconocieron tener formación antropológica universitaria [1] .

Sin embargo, dioses de antaño aún persisten, a pesar de la desaparición de los grandes credos: Itzamna, el gran dios maya, aún subsiste en ritos chamánicos [2] y muchos quechuas son acólitos de Viracocha. Se habla náhuatl, otomí, tarasco, maya yucateco, quiché, cacchikel, quechua aimará, guaraní, etc. Para muchos de los pobladores, la lengua indígena es la única conocida. Hay casos en que la segunda lengua es otra lengua indígena o, sorprendentemente, el inglés. Otomíés de la Sierra de Puebla, en México, aprenden náhuatl antes de aprender el español; en Chichicastenango, Guatemala, comerciantes quichés prefieren aprender el inglés [3] .

También pervive el regionalismo. En zonas del sur de México aún se ve a los pobladores del norte como extranjeros. De igual manera, un yaqui o cora norteño considera a otros indígenas, y con seguridad a los blancos mexicanos, como extraños.

Se escribe además poesía y prosa en los idiomas maternos, que el indígena culto llama dialectos. Tradiciones y mitos antiguos y nuevos: se recopilan en idiomas locales, pero recurriendo a letras latinas, ya que las viejas escrituras, como la maya, son indescifrables. Maestros indígenas tratan de reescribir o interpretar textos de su tradición ancestral. Un claro ejemplo, lejos de ser el único, es del maestro quiché Chávez, quien, conociendo el quiché materno, trató de reestructurar el Popol Vuh [4] .

Sin embargo, es indiscutible que el despertar de los intelectuales indígenas hacia su cultura es motivado por grandes historiadores no indígenas. No se puede hoy estimar el conocimiento de la cultura náhuatl y la creación actual en este idioma sin tener presente a figuras como el padre Garibay y el Dr. Miguel León Portilla. No es sólo sintomático que en un congreso de idioma nahua, en Milpa Alta, donde es lengua franca, el discurso programático en náhuatl lo haya pronunciado Miguel León Portilla, cuya disertación de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua en 1962 trató sobre "Los maestros prehispánicos de la lengua". Fue el Dr. León Portilla quien abrió el Instituto de Investigaciones Históricas a la nueva narrativa náhuatl, narrativa cuyo estudio correspondería a un departamento de letras [5] .

Los escritores indigenistas - tipo de literatos ya desaparecidos - indígenas, mestizos o blancos, no supieron cómo enfrentar la realidad étnica continental en la que convergen tantos factores, parcialmente contradictorios. Desde el romántico francés Chateubriand y su Atala, ideal de noble salvaje, se trató de enfocar esta realidad desde distintos ángulos. Ciro Alegría, en Perú, se centró en el aspecto político-social del problema. Arguedas, peruano también, intentó rescatar la perspectiva de una historia actualmente perdida. El pasado arqueológico aún vive en sus novelas. El guatemalteco Miguel Angel Asturias trató de fundamentar una historiosofía desde la conquista hasta los dirigentes mitológicos de su época. Rosario Castellanos, de México, escribió sobre el imposible diálogo entre el indígena y el ladino, y entre dos indígenas, uno en parte europeizado, viviendo según su reloj de tiempo nuevo y a la vez en el tiempo voluble de la mitología. Roa Bastos, de Paraguay, trató de describir al guaraní de su tierra; Jorge Icasa, a esa rama tan lejana y a la vez tan cercana del inca, como son los indígenas del Ecuador. Todos ellos intentaron entender, describir y eventualmente protestar, pero a sabiendas que la identidad nacional de esos grupos étnicos es muy problemática.

El Tlascalteca que luchó junto a Cortés contra el azteca, ¿fue un traidor, como ciertos historiadores lo describen, o reaccionó lógicamente después de haber estado sometido a la terrible dominación mexica? Los yaquis que se plegaron al ejército revolucionario del Gral. Obregón, ¿lo hicieron como una gesta mexicana o sólo por intereses tribales y promesas? El lacandón de la selva de Chiapas o del Petén, ¿puede sentirse mexicano o guatemalteco? ¿Se sentirá mexicano el perseguido triqui de Oaxaca? ¿Tendrán el sentimiento o la conciencia de pertenecer a una gran entidad política las tribus repatriadas de Nicaragua? El México oficial se considera heredero del legado indígena y niega su pasado español. Muchas estatuas se erigieron para recordar héroes indígenas. Ninguna recuerda a Cortés. Sin embargo, el idioma oficial del país es el español y no nahua, otomí, tarasco o huichol; la cultura dominante es europea y el indígena vivo es sólo parte de una minoría discriminada.

Para Miguel Angel Asturias existe la identidad guatemalteca ante el absolutamente distinto - el gringo -, pero al enfrentarse el escritor con los verdaderos problemas de su tierra, esta identidad nacional desaparece. Asturias percibe una realidad en la cual al menos dos pueblos se enfrentan en Guatemala, donde la filosofía indígena es tan diferente a la ladina. Hombres de maíz [6] narra una rebelión socio-cultural, no por una Guatemala mejor, sino en nombre dé una identidad indígena y un dirigente mesiánico. En cierta manera, su novela intenta revertir el proceso histórico; evitar la europeización de la cultura y la economía. En otro texto - El papa verde [7] - muestra como la transformación que comenzó con la conquista destroza culturalmente el continente mestizo. Este continente pierde todo vestigio de identidad para convertirse en una burda copia del americano del norte: "El fuego que en mano del español consumió las maderas pintadas de los indios, sus manuscritos en cortezas de amate, sus ídolos e insignias, devoraba ahora, cuatrocientos años más tarde, reduciéndolos a humazones y pavesas: Cristos, Vírgenes Marías, Santoñitos, Santacruces, libros de preces y novenas, rosarios, reliquias y medallas. Fuera el rugido, dentro el fonógrafo; fuera el paisaje, dentro la fotografía; fuera las esencias embriagantes, dentro las botellas de whisky. Otro dios llegaba: el dólar, y otra religión, la del big stick". [8

El mismo escritor, en los textos nombrados y en otros, como en su novela Los ojos de los enterrados [9] , sabe y así lo escribe, que la rebelión social que traiga cambios será la que se haga según el ritmo y concepción de los blancos, en tiempo europeo. En términos culturales indígenas, sólo puede tener lugar una rebelión mesiánica y estéril. Rosario Castellanos recalcó esta misma idea en su gran novela, Vicio de tinieblas [10] .

La verdadera pregunta que trate de formular el problema de identidad debe ser puesta, no al escritor o al intelectual de las urbes continentales, sino al indígena en sus pequeñas poblaciones. Un maestro bilingüe otomí me preguntó: "¿Sabes a dónde hubiéramos llegado sin la conquista?"; le pregunté, "¿Cuál, la mexica, la española o la republicana?". Demasiado pronto entendí que es mucho más fácil recurrir a una frase ya hecha que conocer la historia. Este maestro pertenece a un pueblo otomí de la Sierra de Puebla, San Pablito, el pueblo de brujos y del amate [11] . Me dirigí allí para captar ese espíritu que reina en lugares aislados, para conocer sus mitos, credos y sus sentimientos, entre ellos el de pertenencia.
 

San Pablito, un pueblo otomí

San Pablito es un pueblo otomí rodeado por poblaciones nahuas. Se encuentra en la sierra y hace sólo nueve años se comunicó por primera vez por tierra con la cabecera municipal, Pahuatán [12] , un pueblo al cual solamente ahora llegará un camino pavimentado. Por su situación y aislamiento, conservó tradiciones antiguas. Retorné allí varias veces para aprender sobre sus cien magos, sus actos y lugares de brujería. Allí aprendí sobre la identidad en el sentir de la gente, su relación con las poblaciones otomíes, cercanas y lejanas, su relación con los nahuas, su relación con México.

Todo cambia rápidamente y es posible que lo anotado, que aquí reproduzco, haya perdido vigencia cuando el nuevo camino a Pahuatán, que tal vez se inaugure en 1990, exponga el pueblo al mexicano de la gran ciudad. Además, lo que resulta verdadero para un pueblo no lo es necesariamente para todos. Pero se trata de un estudio piloto válido y, como tal, lo presento.

El encuentro con San Pablito comenzó en 1986, en Huachinango, en el centro del Instituto Indigenista regional. El director del Instituto, el maestro Hernández (de los pocos nombres que puedo publicar), supo de mi interés en la Sierra de Puebla, sus comunidades indígenas, sus centros de magia - incluyendo magia negra - la convivencia tribal y, por supuesto, por San Pablito, centro sobre el cual me informé a través de lecturas y de encuentros con personas del mismo, en la ciudad de México. Después de recorrer con el maestro Hernández la región, y de encuentros memorables como el que tuve con el legendario Don Cirilo, un prototipo de chamán nahua que se ocupa "de hacer el bien" [13] , me puso en contacto el activo director del Instituto con dos jóvenes del pueblo, ambos residentes del Instituto. La joven - llamémosla María - trabaja en los programas de la emisora del Instituto y el joven - llamémoslo Ernesto -, que me fue presentado como hijo de un cacique local, estudió en el centro de Formación de Maestros Bilingües. La emisora transmite noticias en idiomas de la región, así como programas de agricultura, higiene e historia. En uno de estos programas, encontrándome en la radiodifusora, escuché como la joven otomí, un joven nahua y un joven totonaca, en sus respectivos idiomas, trataban de explicar el significado del año nuevo azteca que coincidía con el día de mi visita. La explicación trilingüe evidenciaba que los oyentes no tenían el menor conocimiento del día y su significado. El fenómeno de intelectuales que tratan de revivir letras muertas de un pasado es común a muchas etnias. Lo extraño es que intelectuales de este nivel vayan más allá de su etnia, como estos tres jóvenes refiriéndose al año azteca e interpelándose ante el micrófono "hermano nahua", "hermano totonaco". Los ancestros no aceptarían estos títulos.

Traté de averiguar por medio de estos informantes, ya compenetrados en el mundo exterior, sobre su pueeblo, al que retornan periódicamente; su gente, credos, costumbres; con quién me aconsejarían encontrarme, etc. Ernesto decidió ser mi intérprete.

Tuve que ver por separado a mis jóvenes informantes, debido a problemas locales aún actuales en ese lugar relativamente lejano. Aprovechando el año nuevo azteca, indagué sobre el significado que tenía para ellos esta fecha que nunca fue otomí. María: "Esta es la verdadera tradición, demasiado tenemos del conquistador europeo, por ello tratamos de hacer retornar la vieja memoria". - Sí, pero hubo muchos comienzos de 'año en el México prehispánico, y tú eres otomí. ¿Qué relación tienes con lo azteca o con lo que tradicionalmente emergió de Tula, la enemiga de tus ancestros chichimecas?" - "A estas alturas, las etnias indígenas tenemos más en común que lo que tenemos con el conquistador europeo. La cultura azteca fue la última de las predominantes y ella puede servir como recuerdo común a todos". Con el tiempo, pensé, una conquista sufrida antiguamente se torna parte del patrimonio propio, sobre todo si se trata de intelectuales que intentan revivir un pasado del cual se han desligado, o del cual nunca fueron parte. La memoria del pasado otomí desapareció hace ya mucho tiempo. Sobre el azteca se escribió; hay anales, historias, estudios. La historia azteca puede convertirse también en otomí y llamarse genéricamente la cultura antigua, así como el idioma nahua se llama mexicano. -"¿Eres mexicana en el sentido nuevo del término, parte de una nación que comprende blancos, mestizos y comunidades indígenas de una entidad política que se forjó en largas guerras de independencia, o en el sentido anterior, perteneciente a la nación mexica gobernada desde Tenochtitlán?" - "Mi idioma es otomí y no mexicano. Hablo español, que es el idioma del México actual; sabes, soy parte de todo, sin duda soy mexicana, mexicana-indígena-otomí, lo que es legítimo, ¿no es así?".

Andrés no sabía a qué me refería con mis preguntas; ya en el pueblo pude entender los problemas de identidad de los maestros bilingües. - "Soy mexicano, porque así lo dicen; soy de San Pablito, pues allí viven mis padres; hablo otomí, pero no es éste más idioma mío que el español. Mi actual compañera en Huachinango es mestiza y tenemos un hijo, que ya no es otomí, y mañana yo puedo no ser su padre". - "No entiendo..." - volví a decir. - "No estamos casados sino rejuntados" - continuó - "esto por segunda vez. Si me canso de ella, me voy; ella volverá a sus padres o se las arregla..."- "¿Y tu hijo?" - "Se va con la mamá". Nuevamente parece no entender mi pregunta.- "¿Y quién lo mantendrá?" - "Ella pues". -"¿Y no lo verás?" - "Esto es realmente lo que ocurre".

Andrés me contó que hoy en día casi no hay matrimonios en su pueblo: - "Mis padres están casados, también mi hermano, pero la gran mayoría prefiere este `arreglo'. La nueva `costumbre'." En San Pablito vi casamientos según la tradición, no según la iglesia, y grabé informaciones muy contradictorias sobre la familia y su base en la nueva sociedad que se va forjando.

Mi casa fue la de dos pequeñas habitaciones de los padres de Andrés. En estas dos habitaciones viven los padres, los hermanos menores, el hermano casado, la nuera y sus hijos. Al dejarme una de las habitaciones (con animales y aves de corral), las condiciones de mis anfitriones se hicieron más deplorables. Los padres de Andrés se consideran ricos. Tienen su casa, una habitación-bodega cerca de una de las veredas donde venden cosas a los habitantes y poseen un plantío de café en el que hay un manantial con cuya agua riegan. Las mujeres elaboran artículos artesanales, los vestidos y manteles tan peculiares del lugar. Estas artesanías son llevadas por los padres a la ciudad de México o a la frontera con EE.UU. para evitar venderlas por centavos, ya que los revendedores son los que ganan. Trabajan todos los días, todo el día, y en la recolección del café trabajan hasta los niños más pequeños; con todo, esta laboriosidad, a pesar de que, a diferencia de otros, no beben, les permite sólo mantener su humilde hogar.

El hijo mayor es maestro bilingüe. Como estudió, no trabaja con los padres ni ayuda en el café. Estudiar significa no tener que trabajar. El vive con los padres, recibe y no da. Sólo su esposa, que no estudió, que habla otomí, ayuda a su suegra y prácticamente mantiene la casa cuando la madre se ausenta a la ciudad. El padre conoce y acepta su situación. Sabe que su café vale la mitad pues debe venderlo a grandes cafetaleros monopolistas. Sus costales los cargan sobre los hombros, no como en las fincas de café por donde cruzan carreteras. El "hace su lucha" con la artesanía, pero también en la ciudad vende a revendedores y vuelve con muy poco dinero, si se traduce a tiempo y trabajo (lo que no hace el indígena) en pago. Habla español, se siente mexicano, sin tener demasiada idea de lo que eso implica. Vive su cultura otomí, visita al médico del seguro social y al chamán, y no tiene demasiadas pretensiones de la vida. Su esposa, como su nuera, no habla español. Generalmente las mujeres guardan más el legado tradicional que el hombre, lo que puede verse en las vestimentas.

El hijo vive todos los problemas del contacto cultural. Maestro bilingüe, menosprecia a sus alumnos porque son otomíes. Su español es muy florido, su discurso a veces marxista. Bebe mucho, hasta presentarse bebido ante sus alumnos, porque ésa es su única manera de soportar la dualidad en que vive. Mas su bebida es cerveza o aguardiente refinado, y no el pulque que convierte al pueblo, los domingos, en una enorme cantina.

Busca al extraño y lo rechaza: "Todas las tragedias comienzan con la conquista" - repite, mas no hará gran cosa para cambiar la situación, o para ayudar al padre que trabaja tan duro, como lo haría cualquier otro miembro de la comunidad, en una hipotética situación anterior a la conquista. Sin duda no sabe qué es ni qué quiere ser. Al retornar a su pueblo, a la casa de sus padres, y al casarse con una hija del lugar, optó por la tradición que no quiere conocer. Temas políticos extra- locales, o a nivel nacional, temas que no importan a los miembros de la comunidad, a él le tocan y se interesa por ellos. La historia mexicana, que trata de aprender, tiene para 61 más atractivo que la última guerra de San Pablito, entonces Nvite, contra San Nicolás (Tenango de Doria), guerra que es parte del mito heroico del lugar. Su gran sueño es llegar a los EE.UU.; allá termina la nacionalidad y el discurso marxista.

Junto a la iglesia vacía hay un pequeño mercado, al cual llegaba diariamente para encontrarme con niños - que fueron mis guardianes -, con vendedores y con ancianos, de_ los cuales pensaba aprender.

Romper el hielo por ser de afuera y blanco tomó su tiempo, pero ya entrando en familiaridad, la historia del lugar, los mitos, curaciones chamánicas y brujería se vuelven historias vivas. Allí conocí a un anciano que sabía mucho, recordaba mucho y revivió para mí muchas tradiciones. La última guerra de San Pablito, según su narración, fue en el final de la década de los '40. Aún no habían sido fijados los límites del estado de Puebla, al cual pertenece San Pablito, e Hidalgo, estado de San Nicolás. La guerra fue por terrenos y fuentes de agua. Pero el mito heroico no se limita a los terrenos y a las aguas. Según esta historia-mito, salieron de San Nicolás 50 personas armadas y otros tantos mercenarios de Atuc. El intento fue atacar al pueblo por sorpresa, tal vez incendiarlo y quedarse con las bellas mujeres de San Pablito. Mas como los terrenos lindan hasta hoy (los plantíos de café de mi anfitrión colindan con los de San Nicolás), un campesino vio el enemistoso avance y corrió a dar la voz de alarma (lo que indica que se encontraban en guerra latente). Los hombres de San Pablito se escondieron en los tamascales y en el campanario de la iglesia. Sobre el pueblo se yergue el Cerro Brujo, donde se realizan los rituales más esotéricos del lugar. Los invasores llegaron a este cerro y el jefe, con su corneta, dio la orden de ataque. Una bala disparada desde el campanario mató al jefe y el fuego desde los tamascales mató a todo el batallón enemigo. El pleito cesó por un tiempo, pero los problemas fronterizos continuaron hasta que se establecieron los limites de los estados.

Esta guerra, la verdadera y la legendaria, da respuesta a una serie de interrogantes. San Pablito está rodeado de pueblos nahuas: Atla, Xolotla y Hueynapán. Sin embargo, el litigio fronterizo, la guerra y la enemistad estallaron contra otra población otomí, la más cercana, perteneciente al estado de Hidalgo, con un alto porcentaje de población otomí. Hoy es sólo parte del recuerdo de los mayores; sin embargo, la guerra entre miembros de una misma cultura plantea problemas en cuanto a su identidad grupal. Mi anciano interlocutor no veía problemas en ello: "Es como entre los animales, pueden pasar animales de toda clase pero el ataque será contra el de la misma especie. También tratar de conquistar a las hembras, es parte de lo que ocurre con los animales" - continuó diciendo - "¿Crees que hombres otomíes se interesaban, como ahora, por hembras de otra tribu?".

En la historia-narración de esta guerra, no tan pretérita, queda excluido el mundo metafísico: los señores del lugar, El Señor de la Antigua, los diablos, los naguales del pueblo. Esta vez todo parece ser real, desprovisto de transformación mitológica, como es lo acostumbrado. Una historia heroica sin ningún ingrediente cultural local. Las costumbres tradicionales o rituales están cargadas de pasado. Los colores rojo y negro, que significan oriente y occidente, fueron sacros en Tula por ser los colores del atrio de la inteligencia máxima (Tilan Tapalán). En este pueblo otomí, tribu chichimeca, descendiente de los enemigos de Tula, estos colores son los señores del infierno. Los seres superiores benignos son representados descalzos en la iconografía local, a la usanza del indígena tradicional; las figuras malvadas están calzadas como los no indígenas. Fuera de estas transformaciones que tienen su origen en la historia lejana y no tan lejana, la guerra contra San Nicolás excluyó a los dioses y dejó hablar al conocido idioma del fusil. Irónicamente, el pueblo otomí localizado en el estado de Hidalgo, en el que se encuentran las ruinas de Tula, se convirtió en el enemigo tradicional, como lo había sido Tula hace mil años.

Los chamanes del pueblo son los guardianes de la tradición. Hay también chamanes femeninos, en pequeño número, aunque la proporción de los que se ocupan de lo sobrenatural es muy grande. Según mis cálculos, debe haber unos 150 expertos en curaciones mágicas y brujerías dentro de una población de 3000 habitantes. Los chamanes más tradicionales hablan sólo el otomí u otomí y nahua, o mexicano. Entre los otros hay quienes hablan perfectamente el español. La maraña familiar es interesante de por sí. Gran parte de estos brujos son descendientes de los tres naguales, figuras que, según la mitología local, podían encontrarse en varios lugares al mismo tiempo, volar y transformarse en jaguar, y fueron los que fijaron las leyes de Nvite. Antropólogos extranjeros que estuvieron en el lugar consideraron a estos padres formadores como figuras que provienen de estratos muy antiguos de la tribu. Personalmente, pude corroborar que el mito de los naguales comenzó hace apenas dos generaciones. Sobre los padres formadores pude escuchar historias increíbles de boca de uno de los ancianos que tocaba "sones de brujería", por lo que acompañó a los "mayores" en sus curaciones y caminos. Las figuras reales fueron muy diferentes a las de la transformación mítica. Lo cierto es que a través del mito obtuvieron poder y tierras.

Un chamán muy especial es Don Alfonso, conocido por todo visitante merced a su buen español y por haber revelado los secretos del lugar y sus tradiciones al mundo. Es citado en todo texto informativo sobre San Pablito, y si no lo es él personalmente, lo son sus códices, historias, mitos y normas de la población, que anotó en papel amate, según la forma tradicional, es decir, pegando figuras a las cuales agregó de su puño y letra textos en español. Hoy en su pueblo "falsifican" sus códices, incluyendo las fechas. Así, textos copiados en 1989 aparecen datados de 1978, sin que la fecha tenga significado especial. Sencillamente el original es copiado íntegro, incluida la fecha.

Don Alfonso, considerado entre los "ricos" del lugar por su contacto con el mundo exterior, aprendió a dar interpretaciones esperadas por los estudiosos a textos y ritos. Más de una vez me vi obligado a comparar sus informes con los de chamanes que sólo hablan otomi y no pudieron, por tanto, mantener contacto con antropólogos americanos y franceses. Las diferencias fueron notables. Entre los de su ocupación (no sólo es chamán, tiene también tierras), es el más mexicano, conocedor de lo que ocurre fuera de su distrito y del país; se ve a sí mismo, así como a toda la tradición otomí, como un componente importante de México, del "México legítimo". Por otro lado, los curanderos que no hablan español piensan en términos distintos a los de don Alfonso. Para ellos existe una enorme diferencia entre los tradicionales y sus compadres, y el funcionario que actúa en nombre del gobierno. Esa diferenciación tambien contribuyó a desmembrar la unidad grupa]. Hay otomíes que, para el pesar de los guardianes de la tradición, se incorporaron a la cultura gobernante. Un anciano curandero, que nunca aprendió español, me explicó que para él, México es el presidente municipal de Pahuatlán y tal vez también el principal de San Pablito (oficialmente presidente auxiliar), quien debe representar a su comunidad en Pahuatlán. Allí comienza y termina la gran patria.

La población elabora principalmente el amate, cuya producción le es exclusiva en todo México. Sin embargo, no explota la potencialidad económica de tal monopolio. Este material, tan codiciado por pintores y turistas, sigue siendo vendido a centavos, y no sólo a pintores mexicanos.Uno de los artistas del distrito - el maestro Lechuga de Pahuatlán - trata de enseñar a pintar el amate para poder venderlo mejor. Fuera de los pocos que aprendieron a dominar la técnica, los otros, casi toda la población, venden su mercancía vía comerciantes ladinos a importadores japoneses que no pueden creer lo barato que compran esta materia prima. Otra rama "industrial" es la chaquira [14] . Las bellas mujeres de San Pablito pierden la vista haciendo sus vestidos con estas cuentas tan delgadas. El ingreso por día de trabajo es ínfimo.

Los pobladores del lugar, principalmente las mujeres, son limpios. Los bordados tan coloridos son el vestido común y parte de la dote, también, de las niñas. Generalmente no sufren de desnutrición debido a que cultivan cada parcelita para la producción de alimentos básicos. Pero ven que afuera, a tan poca distancia, como en Pahuatlán mismo, con menos labor se vive mucho mejor. Una mujer nahua de Atla me dijo, contestando a mi expresión de admiración por la belleza de su poblado: "Esto es así para los que vienen por minutos. Para nosotros que vivimos aquí el poblado no tiene nada de bello y la vida es muy dura".

Carlos Fuentes coloca en boca de uno de sus personajes esta descripción del agro mexicano, en gran parte indígena: "...cuando vio lo que tenía que ver: pueblos enteros de hombres, mujeres y niños borrachos, los hombres por la fiesta, las mujeres por el dolor, los niños porque maman la leche alcoholizada; la humillación devota en las iglesias mexicanas, ese sahumerio de miseria y fe inseparables; la crueldad y la rapiña de todos contra todos que es el santo y seña del campo mexicano" [15] . En San Pablito, a pesar de las pulquerías llenas desde la mañana y los domingos de borrachera y de cierta violencia, la situación no es tan extrema, pero sin duda es deprimente.

El aspecto social es parte de la estructura de identidad. Partiendo de esta premisa, elaboré un cuestionario oral, ya que la mayoría, principalmente femenina, no lee ni escribe. Los cuestionados fueron 137 pobladores, hombres y mujeres de distintas edades (desde los 16 años hasta lo que cuentan los ancianos sobre sus edades). Me asistieron intérpretes de ambos sexos para facilitar el contacto, principalmente con las mujeres del lugar.

Parte del cuestionario iba dirigido sólo a los que terminaron al menos estudios primarios y eran bilingües. Estas preguntas se referían a temas indígenas, por ej.: "¿Quiénes fueron los chichimecas (grupo tribal al que pertenecieron los otomíes)? ¿Qué conocen de historia otomí? ¿Qué indígenas lucharon junto a las tropas españolas en la conquista? ¿Quién fue la Malinche [16] ? ¿Qué fue la guerra de las castas de Yucatán [17] ? ¿Qué saben sobre la repatriación yaqui?" El cuestionario debía determinar si se impartían en las escuelas conocimientos sobre temas indígenas; si existía una conciencia indígena. El 87% de los cuestionados no sabía quiénes fueron o son los yaquis. Sobre los mayas se sabía un poco más (32%) por "la televisión", mas casi todos, más del 90%, no sabían sobre la guerra de las castas. El 12% (todos lo porcentajes están redondeados) sabía algo de los chichimecas, mas sólo el 4% los ligaba con los otomíes. La cultura otomí fue identificada por todos con la lengua y rituales del poblado, no como algo perteneciente a otros poblados de la misma lengua. Generalmente desconocieron otomíes de otras regiones, como los del Valle del Mezquital. No es allí donde buscarán su matrimonio. Sin embargo, el 64% de este grupo sabía que existe una relación entre el atraso y la conquista. El 81% oyó nombrar a Cuautemoc.

Este grupo que vive entre los promover una conciencia indígena y plasmar otro futuro para la región, pero desconoce elementos básicos de la cultura autóctona de México, concibiendo lo local como universal, a excepción de frases hechas, como la relacionada con la conquista.

Las preguntas generales versaban sobre próceres como Hidalgo Morelos o Juárez, y héroes de la revolución; asimismo, sobre regiones y estados méxicos, sobre figuras políticas actuales como el Presidente de la Nación, el Gobernador de Puebla, partidos de la oposición, el Instituto Indigenista, el Secretario de Agricultura; sobre fechas patrias, figuras santas de la iglesia, lugares sagrados del país, etc.

Las respuestas fueron terminantes en cuanto al bajo grado de conocimientos. Generalmente conocían el nombre del gobernador y del diputado, por las fotografías en las campañas "pues al Sr. Diputado también vimos en Pahuatlán". Pahuatlán es la frontera hasta la cual llegan los políticos locales. El presidente les era menos familiar, a pesar de que votaron en algún momento por él. Parte de los cuestionados creían que María Ester Zuno es la esposa actual del presidente (1986). Por lo tanto Echeverría es el presidente [18] .

Los próceres son casi desconocidos para los que no pertenecen al grupo bilingüe. Del santoral, sólo conocían al santo patrono del lugar y de Pahuatlán. La iglesia está generalmente vacía, incluso los domingos. La Virgen de Guadalupe es conocida por las festividades, la mayoría (76%) ignoraba la historia de Tepeyac [19] . Sobre otros lugares como Chalma[20] no oyeron hablar, fuera de los bilingües o los que comercian directamente con la capital. Entre las mujeres, el desconocimiento es mayor también en lo que corresponde a tradiciones locales. Los ancianos tienen más conocimientos de la tradición e ideas o recuerdos de la revolución y la guerra cristera, principalmente sobre figuras de la revolución. Por supuesto que los bilingües conocen a revolucionarios como Zapata,. mas la gran mayoría no tenía idea de quién fue Alvaro Obregón.

Los resultados de esta encuesta, si bien muy parciales, pues respondieron a ella sólo los que estaban dispuestos a hacerlo, me atrevo á suponerlos representativos del nivel general de conocimientos. Esto complica el concepto de identidad nacional basado en el recuerdo de una historia común, en patrones similares de comportamiento, en ideales comunes: Cuando se habla de ideas respecto al futuro, fuera de los que hablan de escuela, y cada uno lo entiende de otra manera, se vuelve a la economía y, generalmente, a la economía básica.

En algún lugar de sí mismos, aún no pueden aceptar el haber abandonado credos y dioses, sociedad y economía, para terminar no perteneciendo a nada, a pesar de la nacionalidad política que los comprende. Por ello habitan aún en el lugar los naguales y el Señor de los Infiernos y la Trompa del Toro y la Trompa del Caballo. Por eso se ingiere en la cura "yerbita de Santa Rosa", una santa muy conocida por ser alucinante. En uno de los códices de Don Alfonso está escrito: "Hace mucho tiempo estaba gobernado el Señor de la Antigua y la Madre Tierra. Antes del nacimiento del Señor Jesucristo y cuando-nació le quitó el poder a nuestro Señor de Antigua y a la Madre Tierra. Desde entonces el Señor Jesucristo manda en todas las cosas, pero por eso vamos a adorar donde está el altar a la Madre Tierra y al Señor de Antigua y así vamos a curar a un enfermo... La Madre Tierra manda la enfermedad, porque no nos acordamos y ellos son los que nos mantienen desde hace mucho tiempo".

NOTAS

México se convirtió en una Meca para peragrinos en busca de alucinantes o lo sobrenatural. Esta perspectiva mundial afecta también a los chamanes locales. Sabina fue la gran sacerdotisa de los hongos. Don Cirilo, en Huachinango, es visitado por miembros de centros espiritistas de EE.UU., quienes dejaron constancia que este señor domina lo sobrenatural. Hay también congresos de brujos. En Tamaulipas tiene lugar anualmente el congreso que se oc ipa de la representación del hombre; entre los participantes (masticadores del peyote), fuera de chamanes coras, están los que vienen de otros países. Algunos de estos "brujos" terminaron estudios universitarios y son antropólogos (véase Unomasuno, 14 de noviembre de 1881). 
Itzamna, el gran dios maya, es hoy parte de rituales de curación. Véase Megged N., Cantos mágicos del Chamán Uxon Kokon de Piedra Jorobada, Yucatán, Fondo de Cultura Económica y Etnomúsica, Venezuela, Vol. 23, 1976. 
En Chichicastenango, pueblo quiché en el cual se encontró el Popol Vuh, el turismo es una de las principales fuentes de ingresos. Debido a la gran cantidad de turistas estadounidenses, parte de la población aprendió el inglés como segundo idioma. 
En mayo de 1981 publicó el maestro quiché Adrián Chávez su versión del texto de Jiménez. La nueva traducción difiere de las anteriores, no sólo en lo lingüístico, sino por ser una apología tardía de la olvidada cultura. 
Mucho se ha escrito sobre la obra de Miguel León Portilla y la cultura náhuatl. Aconsejaría ver )a entrevista con el estudioso historiador publicada en Multidisciplina, Acatlán, UNAM, México, No. 5, 2/1981 (suplemento) y en la misma revista, No. 7, 3/1982, el "Homenaje a un intelectual mexicano".
Hombres de maíz, de Miguel Angel Asturias, es su segunda novela. El tema allí tratado es la lucha de un legendario cacique indígena (Gaspar Ilom) contra los ladinos que tratan de comercializar el cultivo sagrado - el maíz - quemando los bosques. 
El papa verde, segunda novela de una trilogía política, trata de reconstruir la historia de la dominación bananera en Centro-América. 
Obras escogidas, Aguilar II, México, 1961, p. 268. 
Novela posterior a la trilogía bananera, en la cual una pareja de revolucionarios trata de cambiar el país, educando hacia una conciencia del tiempo, distinta a la del no tiempo mitológico del indígena, como único camino posible. 
Oficio de tinieblas, segunda novela de Rosario Castellanos, cuenta sobre la rebelión de los zoziles de Chamula contra Ciudad Real (hoy San Cristóbal), en Chiapas. Mito. y realidad, sueño e historia, componen el texto (Edic. Mortiz, México). 
Amate, papel hecho de corteza de árbol. Sobre este material se escribieron las historias antiguas. Hoy sirve como base a pinturas indígenas y como material en rituales chamánicos ot.)míes. En la década de los '60, otomíes de la sierra vendieron su amate a nahuas de Guerrero. Ellos adaptaron al papel sus pinturas cerámicas. De tal manera, recientemente nació lo que pareciera 3ey la antigua artesanía indígena. Ver James Dow, "Los chamanes de la sierra otomí", México indígera, feb. 1986, pp. 13-22. 
A finales de 1982 se concluyó la construcción del puente sobre el río Chila, lo que facilitó la comunicación. En 1979 llegó al lugar la energía eléctrica. 
En la región de Huachinango, a la cual acuden desde lugares remotos, hay una gran concentración de magos y brujos, es decir, los que se ocupan también de magia negra. Don Cirilo de Cacuila es un prototipo del buen chamán, cuya especialidad es "el bien". 
La chaquira se confecciona con pequeñas cuentas de vidrio que forman parte de bordados multicolores y muy sofisticados. El trabajo en chaquira es duro y son los ojos que resultan afectados.
Una familia lejana, Bruguera, España, 1980, p. 173. 
Malinchín o Malinche, princesa azteca casada con un noble maya, fue uno de :os personajes claves de la conquista. Intérprete y amante de Cortés, fue también su consejera. Con el tiempo, su nombre se convirtió en símbolo de aquéllos dispuestos a entregar su cultura y valores propios por bienes extranjeros. 
Guerra de las castas de Yucatán; el nombre se da a la gran y sangrienta rebelión indígena (1847- 1900), durante la cual fueron ocupadas amplias zonas de Yucatán y se, llegó incluso a tener zonas independientes. 
La presidencia del Lic. Echeverría terminó en 1976. 
Tepeyac, cerro sobre el cual se construyó la Basílica de la Virgen de Guadalupe después de la aparición de la virgen indígena en 1531 ante Juan Diego, un pastor indígena. Anteriormente, en Tepeyac, existía el templo de Tonanzin, diosa madre. Desde el siglo XVII en adelante, el culto guadalupano fue el punto de partida del nacionalismo mexicano. La frase adoptada como lema guadalupano fue extraída de los Salmos 147/20: "Non fecit taliter omni nationo" (No hizo tal a nación alguna). Ello por haber dejado impresa la Madre de Dios su imagen en la tilina del indígena Juan Diego. Dicho suceso llevó al mexicano a verse como pueblo elegido por la virgen. 
Chalma,lugar de peregrinación y santuario de los más famosos de México. Entre 1540-1550 se encontró en una cueva de ocultistas una representación (cruz) de Tescatlipoca, como dios de la cueva. Paulatinamente el lugar se fue convirtiendo en santuario popular cristiano y el Señor o la Cruz de Chalma son considerados milagrosos. 




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