Entre observación desprendida y dinamización emocional: algunos comentarios sobre los Nuevos Cines latinoamericanos en Argentina, Brasil y Cuba

Christian Gunderman

Abstract


Como ha planteado Daniel Link recientemente, los años sesenta podrían considerarse como el corazón del siglo XX.2 La importancia de esta “década larga” (de mediados de los cincuenta hasta principios de los setenta) como época3 se debe a la renovación de las políticas revolucionarias y al esfuerzo por alinear la revolución socialista con la vanguardia artística (y al intenso sueño con lograr tal cooperación), un proyecto que había fracasado anteriormente en los años veinte y treinta. Hablar de “fracaso” se justifica si se tiene en cuenta, por ejemplo, el veredicto de un filósofo marxista tan eminente y teóricamente sofisticado como Gyorgy Lukács, quien acusa a las vanguardias de reaccionarias y para quien la única estética revolucionaria en la literatura es realista.4 En el contexto latinoamericano de principios de siglo, los ejemplos abundan. Valga recordar el caso paradigmático de César Vallejo. En 1922, el autor de Trilce, una de las obras poéticas más innovadoras del siglo XX, pretende conciliar el socialismo indigenista con la experimentación más abstracta y una radical destrucción y reinvención del lenguaje. Después de exiliarse en París a partir de 1923 y de viajar a la Unión Soviética en 1928, este poeta vanguardista se ve motivado a expresar su compromiso político a través de una mediocre novela indigenista (Tungsteno, 1931) que sacrifica todo vanguardismo sobre el altar del realismo socialista.

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