Disciplinamiento, miedo y control social:

Los "otros" dispositivos de poder en la ocupación de la Araucanía

 Víctor Díaz Gajardo Universidad Católica Cardenal Raúl Silva Henríquez

vhdiaz24@hotmail.com


Cuando los pacificadores apuntan,
por supuesto tiran a pacificar,
y a veces hasta pacifican dos pájaros de un tiro.

Mario Benedetti

Hasta hace pocas décadas atrás se pensaba que el contacto mapuche-occidental estaba regulado básicamente a través de la guerra y el constante enfrentamiento. Dichos supuestos fueron alimentados por las crónicas coloniales que dibujaron un 'araucano' indómito, belicoso y a veces violento, que resistía la ocupación de sus tierras a manos de los extraños conquistadores. [1] Así, este marco interpretativo fue configurando un espacio fronterizo que, desde la llegada de los conquistadores hasta los primeros sobresaltos de la guerra de independencia, tan sólo había sido el teatro de una lucha sin piedad en la que el salvaje y resistente araucano había podido dar rienda suelta a sus instintos más primitivos; la historia de las relaciones hispano-indígenas se reducía, de alguna manera, a la de la guerra.

En oposición a esta visión de la Araucanía, se comenzó a desarrollar a partir de la década de 1980 en Chile una nueva corriente historiográfica conocida bajo el nombre de Estudios Fronterizos, que toma los postulados de Frederick Jackson Turner y Walter Prescot Webb sobre la historia de pueblos fronterizos en la configuración del oeste norteamericano, llegando a la conclusión de que la guerra no había sido la única modalidad del contacto entre españoles y mapuche. En efecto, según los estudiosos de esta corriente, se puede distinguir entre una primera etapa claramente bélica (1536-1655) y una segunda caracterizada por la convivencia pacífica (1655-1883), en la que los contactos fronterizos y las instituciones de frontera (misión, comercio, parlamento, capitanes de amigos y comisario de naciones como agentes pacíficos del poder español otipos fronterizos ) sustituyeron paulatinamente a la guerra de conquista y al contacto violento. [2] El interés de estos historiadores se volcó principalmente a la naturaleza de los contactos fronterizos en una época de paz y las transformaciones socioculturales a que dieron lugar.

Aunque estos trabajos se caracterizan por su gran diversidad, hay sin embargo una serie de hipótesis y conclusiones comunes a todos ellos y que podríamos resumir de este modo: a partir de la segunda mitad del siglo XVII se instaura un período de paz o de convivencia pacífica que deja atrás la antigua lógica guerrera. Esta paz es tanto el producto histórico y lógico de los roces fronterizos y de las relaciones de dependencias que, poco a poco, se tejieron entre ambos sujetos como el resultado de una clara voluntad de las autoridades españolas de establecer vínculos con los indígenas en la medida en que la guerra de conquista había fracasado. Dicha paz se apoya en varias instituciones que expresan esta política de acercamiento (misión, parlamento, comercio, intermediarios sociopolíticos otipos fronterizos ) y se afianza mediante un profundo proceso de mestizaje y una permanente e intensa circulación de valores, objetos, ideas e individuos.

Los conflictos violentos que perturban esporádicamente la paz deben ser interpretados en el marco de esa misma dinámica de convivencia pacífica, y no como una reacción indígena a la voluntad hispana de dominarlos. Los estallidos guerreros se explican esencialmente en razón del desfase en el grado de desarrollo cultural entre ambas sociedades: los indígenas no pueden comprender normas de conducta que no corresponden a su estadio cultural (trabajo en las minas para producir un excedente, voluntad de difundir la palabra de un Dios omnipotente, política de reducción a pueblos, etc.). Por último, la existencia de un espacio fronterizo estable, en donde se afianzan lazos de dependencias y en el que circulan cosas y personas, tiene como consecuencia lógica la aculturación progresiva del indígena y su asimilación pacífica a la sociedad de mayor cultura.

Dentro de este marco interpretativo, la misión, el parlamento y el comercio se nos presentan como espacios neutros del libre intercambio de objetos y valores. Sin embargo, consideramos que, lejos de ser lugares de convivencia pacífica o de paz, se trata de dispositivos de poder y que las relaciones políticas entre ambos protagonistas, durante el segundo período histórico (1641-1810), deben ser consideradas como una prolongación de la guerra por otros medios. [3]

De esta manera, y partiendo de los postulados del antropólogo Guillaume Boccara, la historia de las relaciones mapuche e hispano-criollos estaría marcada por dos segmentos claramente identificables por los dispositivos de poder con los cuales se reglamentaba al mapuche: el primero de ellos lo denomina 'el poder soberano y los dispositivos concretos de la conquista: guerra y paz en la Araucanía', e iría desde el momento inicial de la conquista (1545) hasta el primer parlamento de Quilín en 1641, donde prevalecería la guerra violenta y la paz esporádica y donde "se establecen dispositivos de poder tales como la encomienda, la esclavitud, la maloca, la expedición guerrera, etc.". [4] Asimismo, reconoce un segundo período que va desde la segunda mitad del siglo XVII hasta fines del XVIII, en donde el dispositivo disciplinario es aplicado por instituciones como los parlamentos, los misioneros y los "tipos" fronterizos ya anteriormente mencionados; es decir, 'el poder civilizador como nuevo principio de sujeción: evangelización, política y comercio', desde 1641 hasta la época de la Independencia en 1810.

Sin embargo, con el correr de las décadas del siglo XIX los dispositivos de poder van mutando, al igual que la Frontera. Las necesidades de extender la soberanía nacional y de configurar nuevos espacios económicos llevaron al Estado chileno a tomar el tema de la ocupación definitiva de la Araucanía como algo primordial, y para eso nada mejor que emplear nuevos dispositivos de poder, más acordes con la ideología positivista de la nueva burguesía comercial. Estos dispositivos se resumen en cuatro categorías:el aparato legal, encargado de regularizar tierras, límites y derechos de los habitantes de la Araucanía;el aparato militar de conquista-ocupación, es decir un Ejército permanente encargado no sólo del avance progresivo de las líneas de Frontera;el orden del progreso,$$ traducido en el avance de las líneas de ferrocarriles, telégrafo, caminos, puentes, etc.; ylos colonos, principalmente extranjeros (europeos), quienes fueron poblando los nuevos espacios fronterizos, introduciendo la Araucanía al sistema económico capitalista y marcando el fin de la red indígena de comercio (maloqueo y conchavaje). [5]

Los nuevos dispositivos de poder

A los medios utilizados por el Estado y las élites intelectuales antes mencionadas, se suman una serie de elementos de corte psicológico y social, presentes dentro de un nuevo mecanismo tecnológico que viene de la mano con todos losadelantos que la modernidad traía a la vieja Frontera araucana: la prensa. Estos dispositivos disciplinarios arrancan desde noticias e informaciones que los articulistas (principalmente políticos, hacendados, militares y comerciantes fronterizos) van entregando diariamente a los periódicos fronterizos y que llevan entre líneas aparatos de captura y de control social que, a juicio de Michel Foucault, actúan subterráneamente y se complementan con las formas clásicas de ocupación (colonos, progreso, militares y leyes); por tal razón, es legítimo aseverar que el poder disciplinario que se ejerce sobre los araucanos en la segunda mitad del siglo XIX no es un poder manifiesto, por lo cual permanece oculto (como ejercicio efectivo del poder) frente al poder legítimo del Estado, el que "permanecería en el aparato jurídico y sería reafirmado por los códigos judiciales". [6]

Desde el mismo momento en que el Estado le encarga al Coronel Cornelio Saavedra la misión de avanzar en la ocupación definitiva de la Araucanía con la refundación de la ciudad de Angol (antiguo centro del comercio y del tráfico ganadero mapuche), aparecen informaciones en la prensa que destacan el carácter guerrero del mapuche, algo que se contradice con el indio libertario e inspirador de nuestra Independencia:

Mulchén, septiembre 30: El comandante Salvo [...] asegura que los indios asaltarán tan pronto como se principie el pueblo de Angol, lo que es mui probable, en razón de que desde que se fundó Mulchén han estado disgustados. Les envío esta carta con toda prisa para que se publique con referencia, pues han empezado las alarmas i es necesario pedir protección para nosotros. ¡Quiera Dios que por la indolencia de nuestros gobernantes no tengamos que sufrir! [7]

La refundación de Angol marcará un hito dentro de la ocupación definitiva, puesto que introduce los nuevos dispositivos de poder de corte social y psicológico, a que hacíamos mención anteriormente, tales como la amenaza, el miedo, la sujeción del poder disciplinario y el control social. Las informaciones aparecidas en los periódicos claman de impotencia ante las supuestas movilizaciones indígenas, sus salteos y las alarmas que éstos provocan en los fuertes y pueblos recién fundados. En definitiva, estamos ante un nuevo espacio de difusión de los intereses de los dueños de los modos de producción económica y social; ellos piden mayor intervención en la Frontera, mayor protección y que los campos se pueblen para así trabajarlos de manera más productiva:

La verdadera pacificación de la Araucanía consiste en el aumento de la población. Los temores de que los araucanos se subleven van desapareciendo poco a poco, y mientras se pueblen esos campos más imposible se hará alguna intentona de los indios. [8]

Nuevos pueblos, nuevos campos cultivables, nuevas gentes, nuevas estrategias de conquista; a cada paso que se le ganaba a la línea de frontera iban aumentando las necesidades que el Estado requería, y eso muy bien lo sabían los habitantes de Mulchén, Los Ángeles, Angol Nacimiento:

¿Por qué hai pobreza en Arauco? Porque la casa que se arruina no se reedifica [...] hai pobreza porque la holgazanería ha echado hondas raíces, porque los ladrones atentan diariamente contra la propiedad, porque nos faltan ciertas instituciones salvadoras. [9]

Si lugar a dudas, esas "instituciones salvadoras" van de la mano con el avance de la tan bullada civilización: policía, jueces, política, comercio... es decir, el Estado en pleno:

Hace siglos que se viene confesando que el araucano es irreducible; que es difícil humillar su dura cerviz [...] ¡Herror! Los actuales indios araucanos no son ya aquellos héroes que inmortalizó Ercilla en su poema; las poblaciones de Angol, Mulchén, Quidico y Toltén lo comprueban elocuentemente. Tenemos fe y confianza en los hombres que dirigen los destinos de la Frontera, a su celo, a su patriotismo apelamos para que reduzcan de una vez un territorio que hasta ahora no es sino una anomalía en nuestro mapa. [10]

La prensa fronteriza para este período está cargada de informaciones que, para nuestro análisis, hemos dividido en 3 secciones: la primera habla de la exageración de las noticias de los ataques indígenas, poniendo énfasis en la brutalidad de los asaltos y el salvajismo de los araucanos; la segunda trata sobre las noticias que hablan de la paz, de la inseguridad de la vida en la frontera y de las necesidades vitales de sus habitantes; la tercera y última habla de un sinnúmero de informaciones de la prensa fronteriza donde se pone en estado de alerta a la población civil y militar por los supuestos embates de los mapuche. Todo este panorama informativo, que circulaba semana tras semana en la frontera, generó una cultura del terror y la amenaza bajo la cual los habitantes de la Araucanía tuvieron que vivir permanentemente.

La prensa siempre ha jugado un rol determinante dentro de los distintos procesos históricos de Chile; no sólo como un elemento de difusión de la información, sino también como canalizador de intereses (recordemos que la prensa santiaguina juega un rol preponderante en los acontecimientos que desembocan en la Guerra Civil de 1891, el suicidio del presidente José Manuel Balmaceda, etc.).

El caso de la Frontera no es apartado de ese doble rol de la prensa. Según la historiadora Carmen Norambuena, "el papel que juega la prensa en el proceso modernizador de la Araucanía es mucho mayor que el que aparentemente se le podría atribuir [ya que es] un vaso comunicante de las políticas nacionales y aspiraciones regionales [y] una expresión fundada en la opinión pública". [11] Siguiendo el análisis de la historiadora, la prensa fronteriza en una primera instancia "supera la tarea de informar, transformándose en el mejor instrumento de educación refleja [ya que] a través de su contenido es posible aprender a leer, difundir garantías de los negocios, llegar a electores, analizar los problemas locales, estar al día del acontecer nacional y, por último, conocer los esfuerzos por mantener en circulación estos periódicos". [12]

No es de extrañar, entonces, que cuando nacen estos periódicos en los pueblos fronterizos más estables (Concepción, Angol, Los Ángeles, etc.), sus primeras manifestaciones no pasen más allá de "declaraciones de principios, intenciones, objetivos, destacando los asuntos que a su criterio son urgentes de abordar". [13] Sin embargo, con el correr de los años, la prensa se centra en la urgente necesidad de adelantar el progreso moral y material, la civilización y el desarrollo a la región, expresado en la construcción de puentes, caminos, la extensión de la agricultura, el comercio, etc.:

No se trata pues de la adquisición de algún retazo insignificante de terreno, pues no le faltan terrenos a Chile [sino más bien] de abrir un manantial inagotable de recursos en la agricultura y minería; nuevos caminos para el comercio en ríos navegables y pasos fácilmente accesibles sobre las cordilleras de los Andes [...] en fin, se trata de la civilización sobre la barbarie, de la humanidad sobre la bestialidad. [14]

Paulatinamente, la prensa de la frontera promueve la empresa disciplinadora de la Araucanía a través de la ideología del temor, el miedo y la amenaza, con la cual exageran las informaciones y anuncian supuestos movimientos de los indígenas y fomentan la sensación de vulnerabilidad e inseguridad de los pueblos. Bajo esta lógica, el imaginario salvaje y brutal del araucano que encontramos en la prensa va lentamente provocando el factor psicológico del miedo a los habitantes fronterizos, quienes se ven en la necesidad de exigir que las autoridades correspondientes tomen inmediatas medidas frente a la amenaza bárbara que representa el indígena.

Según la socióloga Elizabeth Lira, "la existencia de una amenaza permanente produce una respuesta de miedo crónico [el cual] se transforma en un estado permanente en la vida cotidiana", [15] por lo tanto, una sociedad regida por el miedo transforma su vida cotidiana y provoca en el ser humano la sensación de vulnerabilidad y angustia constante, la cual sólo será superada hasta que la amenaza desaparezca por completo. [16] Bajo este prisma, el temor ocasionado en la Araucanía por las informaciones intencionadas de quienes estaban detrás de la prensa fronteriza provoca irremediablemente que –junto con el disciplinamiento clásico del aparato legal, militar, colonos y la seducción del progreso– terminen por destruir y aniquilar el mundo indígena, último obstáculo para el progreso y la civilización de lasagrestes tierras del sur.

A nuestro parecer, la labor de control del poder y de disciplinamiento en el siglo XIX es asumida por el Estado a través de los mecanismos clásicos enumerados anteriormente, donde las élites chilenas desarrollaron una ideología de la ocupación basada en argumentos como los de raza superior, salvajismo indígena, etc., y que se canalizó por medio del temor, el miedo y la amenaza constante a losesforzados habitantes de la Araucanía, tema que desarrollaremos a continuación.

Miles y miles de indios... las noticias exageradas

Dentro de la lógica psicológica de la construcción de un enemigo, uno de los argumentos más utilizados –incluso hasta nuestros días– es la exageración de la información de ese supuesto enemigo que se está entregando. Por ejemplo, hacia 1879 en los periódicos santiaguinos se hablaba de los peruanos como unaraza inferior, bruta, enemiga de nuestro orden ; informaciones que a diario los cultos lectores asimilaban como una verdad absoluta, frente a la cual la única forma de dignificar el nombre de Chile era dándoles una sangrienta guerra a loscholos insolentes. La frontera también se vio envuelta por este velo de exageración y desinformación, que exageraba los movimientos de los araucanos con la finalidad de promover el terror de sus acciones:

[...] 150 indios robaron hace cuatro o cinco días a don Domingo Lagos y hermanos como trescientos animales vacunos y 150 yeguas. Libraron únicamente 10 yeguas. Este robo sucedió en Cherquenco, como a dos leguas del fuerte Collipulli, del otro lado del Renaico. [17]

Aquí hay tres elementos de importante consideración. En primer lugar, según la fecha y lugar de la información, podemos deducir que se trata de estancieros ganaderos establecidos hace muy poco en la Araucanía, ya que el fuerte Collipulli, según los datos oficiales, fue fundado hacia 1867; [18] además, lo más significativo no es solamente el número de indígenas que participa en la maloca (aproximadamente 150), sino más bien el objetivo de la misma --el robo de animales--, por lo que suponemos que es un fuerte llamado de atención a las autoridades locales sobre este inminente peligro que amenaza la zona:

Sabéis que dos mil indios pasaron el lunes y martes de la presente semana la fortificada línea del Malleco [...] robaron muchas ovejas, animales vacunos y cabalgares y volvieron a pasar el Malleco el martes durante el día, con 900 animales [...] Cuando éstos creían llegar libres a sus tierras sin oír el ruido de las balas, se les presenta el señor Jeneral Pinto, mata a 25 y les quita cuanto habían arrebatado a nuestros compatriotas. Trescientos hombres acompañaban a su Jeneral. [19]

Aquí sorprende sustantivamente la cantidad de indios que es capaz de traspasar las líneas que el Ejército establece, pues hablamos de 2.000 individuos que están poniendo en peligro la seguridad y la paz de los habitantes. Sin embargo, tenemos otro argumento significativo, que es el rápido accionar con el que supuestamente actuó el General Pinto y sus 300 soldados, ya que con esa cantidad pudo dar muerte a 25 araucanos y arrebatar el botín del robo. Quien tenga acceso a esa información no dudará en aprobar el aumento de tropas para la Frontera. Como veremos a continuación, la exageración a veces llegaba a niveles más sensacionalistas:

A dos leguas de Negrete [...] se encontraban esas jentes en un estado lamentable, al amanecer del día domingo muchos ranchos incendiados, dos cadáveres pulverizados entre sus escombros, cuatro más utilizados por las lanzas enemigas, seis heridos entre ellos se encontraba una niñita de diez a once años, cuyos lamentos desgarraban el corazón[20]

Esta noticia, digna de la prensa más sensacionalista de la actualidad, debió provocar miedo y estupor en quienes la leyeron, puesto que el accionar del indígena es no sólo reprochable, sino más bien devorador e inhumano. Dramatizar la información es algo recurrente con tal de provocar la sensación de miedo e inseguridad; según Elizabeth Lira, este argumento provoca el miedo crónico, donde "cualquiera puede verse amenazado, no sólo los afectados directamente". [21]

Por compatriotas llegados de la cordillera, se sabe que una invasión de indios arribanos arreó con todas las haciendas que había en las Barrancas, después de matar a más de doscientas familias de indios civilizados [...] De los propietarios chilenos se dice que los señores Palacios y Ferrada han perdido todas sus haciendas que tenían invernando.[22]

La amenaza no sólo caía sobre los esforzados chilenos, sino también en los indios ya incorporados a la civilización, que eran vistos como yanacona o traidores. Mientras el Estado chileno enviaba tropas para el norte en 1879, la Araucanía pasaba a ser una zona bajo la inseguridad y el miedo producto del retiro de tropas. Esta oportunidad fue aprovechada por algunas comunidades y grupos mapuche para intentar ofensivas a los puestos fronterizos, las que fueron inmediatamente exageradas por las informaciones de prensa:

Tan pronto como el Escuadrón Maipú salió para el Norte, los indios se dejaron hacer a inmediaciones de Traiguén i se llevaron cuanto animal encontraron a mano [...] Una partida de 50 a 60 <ilegible> salió a perseguirlos, pero provistos de tan pésimos caballos que han quedado a su vuelta a la mitad del camino [...] Después de lo anterior, no seguiremos haciéndonos ilusiones con la tan esperada paz de la frontera. El gobierno no puede esponer las vidas de los pobladores de esos territorios quitándoles como lo está haciendo sus necesarios defensores. [23]

Lo anterior era un abierto llamado periodístico a no dejar desprovista la frontera de las tropas necesarias para su resguardo, a través del encarecimiento de la noticia, donde se pone énfasis en la vulnerabilidad y desamparo de los pueblos del sur.

Los velicosos hijos de Arauco alentados por el insentivo del robo y el pillaje, atacaron la plaza de Collipulli con fuerzas numerosas, el pueblo desguarnecido casi se puso en son de combate y atacó vigorosamente a los salvajes, quienes dejaron treinta indios en el campo después de haber muerto a trece personas [...] Estos hechos piden a gritos la total reducción de aquella canalla que asecha la hora oportuna para traer el incendio, la desolación y la muerte a los campos regados con el sudor de noble trabajo [...] Ya es el momento de concluir de una vez por todas con ese semillero de ladrones que se llama la Araucanía. [24]

Este es un ejemplo fidedigno de cómo se utiliza una información medianamente exagerada en su inicio para poder orientar después un discurso disciplinador. La Araucanía bajo este régimen de miedo, temor, inseguridad y amenaza estabaad portasde su sometimiento final.

Analicemos ahora una noticia de la prensa fronteriza que resume y comprime muchos de los aspectos trabajados a lo largo de los párrafos anteriores:

En Lumaco han hecho los indios fechorías siendo también atacados los fuertes de Peñalelvún, Temuco i otros [...] El número de prisioneros hecho por los indios es considerable, habiendo quemado casas, robado animales i destruido cuanto encontraron a su paso. El número de víctimas hecho por los indios en Lumaco pasa a dos mil [...] Indios muertos mui pocos porque la tropa carecía de municiones [...] De los demás fuertes nada se sabe por no haber comunicación telegráfica. [25]

En primer lugar, podemos encontrar los factores de miedo y construcción de un enemigo en cuanto se menciona que los indios roban y destruyen todo cuanto encuentran a su paso; en segundo lugar, se recarga sustantivamente el número de individuos que participó en este ataque (2.000); también se puede observar claramente el grito de auxilio que se manifiesta en el llamado abierto a incrementar el poder militar (armamento) y promover la seducción del progreso (telégrafo). El mismo mes, en Mulchén, se dio cuenta de la siguiente información:

Como se anunciara en cartas anteriores, los indios se han presentado en son de combate en varios puntos. En Lumaco se presentaron en un número considerable teniendo por resultado la muerte de diez indios y tres paisanos nuestros, retirándose en seguida para reforzar su número y volver a otro nuevo ataque [...] Después de haber resistido por un día y una noche, se retiraron. Se calcula que de doscientas a trescientas víctimas han hecho los indios [...] El pueblo del Imperial y Purén, se dice, han sido en su totalidad destruidos. En Ñielol, también presentaron batalla, pero tuvieron que retirarse después de haber dejado en el campo como cuarenta muertos [...] En Temuco ha ocurrido igual cosa [...] aquí dejaron cincuenta muertos. [26]

Este es un caso sobresaliente de cómo la prensa exagera las informaciones en un triple sentido: primero, para demostrar la constante lucha entre civilización y barbarie; segundo, para sembrar el miedo y la inseguridad en los habitantes; y tercero, para justificar la represalia que se pudiese dar contra los insurrectos.

Según el sociólogo León Rozitcher, en el enfrentamiento psicológico de la guerra "la desinformación del bando enemigo es algo recurrente y efectivo, puesto que al aumentar las cifras de muertos y la violencia suscitada, se recurre al miedo social que frente al enemigo se genera, provocando la justificación de la guerra propiamente tal". [27]

Como hemos visto hasta el momento, la Araucanía no estuvo exenta del poder disciplinario del Estado chileno, manifestado en la exageración de las informaciones periodísticas, provocando el miedo, la inseguridad y la amenaza constante. Pero no sólo la amplificación provocó esos factores psicológicos, también la desconfianza que sobre el araucano se tenía, como veremos a continuación.

La desconfianza hacia el indígena

La historiografía tradicional en torno a la Araucanía hacia la segunda mitad del siglo XIX ha puesto énfasis en señalar que "la convivencia fronteriza había sido el verdadero factor de una integración iniciada en el siglo XVII". [28] Bajo este nivel de análisis, se sostiene que los denominados tipos fronterizos y las relaciones pacíficas con los hispanocriollos "prepararon la lenta incorporación de los araucanos". [29] Sin embargo, y como lo hemos demostrado a lo largo de esta investigación, el mundo mapuche del siglo XIX se vio envuelto en un imaginario negativo, lleno de argumentos racistas y confrontacionales, que apoyados por una ideología de la ocupación basada en el miedo, la amenaza, y el temor constante, se manifestó a través de organismos y discursos disciplinarios que terminaron por acallar y avasallar la cultura araucana existente hasta esa fecha.

El miedo que provocaba en las poblaciones fronterizas la sola presencia de un grupo de araucanos era motivo suficiente para argumentar y exigir el inmediato exterminio de los indígenas de la zona. Como muy bien lo señala Jorge Pinto, "matar al indio, enterrar su rostro y apartarlo de nuestra mirada parecía la solución más sencilla [puesto que hasta incluso en nuestros días] el miedo de verlo aparecer cuando nos ponemos frente a un espejo parece incomodarnos". [30]

El 29 del mes pasado fueron convocados por el Coronel Carballo y el Mayor Urrutia, los caciques dependientes del cacique principal de Toltén, Millapí, con el objeto de hacerles ver que el gobierno intentaba estender la ocupación de la Araucanía por la frontera del Malleco [...] Tanto los caciques de Toltén como los de Imperial hallaron justo el propósito del gobierno, sobre todo cuando se les dijo que se iban a fundar por allí poblaciones y fuertes con el objeto de evitar los robos y otros crímenes [...] ¡Ojalá esa amistad sea sincera y permanente!" [31]

Más adelante se señalaba: "[...] parece que los indios han empezado a cumplir la promesa que hicieron de apoderarse de todos los animales de los chilenos, con el fin de indemnizarse de los terrenos de que el gobierno los ha despojado para fundar pueblos"; [32] así, el pensar que el proceso de ocupación de la Araucanía iba a ser llevado a cabo en instancias de paz y tranquilidad era sólo una ilusión, ya que los indios cobrarían venganza contra el Estado con todas sus fuerzas y bandolerismo. Otra información señalaba lo siguiente: "La guerra que hacen los indios, es pues vandalaje, guerra terrible y asoladora que trae el desaliento y el espanto a los nuevos pobladores, y que retardará en su marcha de progreso la tan deseada colonización de la frontera". [33]

La desconfianza parte de un supuesto armisticio, en donde dos o más partes en conflicto establecen contacto y comunicación, ya sea para lograr la paz o para rearticular las fuerzas en combate. [34] Al parecer, lo que ocurrió en las últimas décadas del siglo XIX en la Araucanía fue algo similar, ya que en las paces constantes a las cuales hace mención el historiador Sergio Villalobos, más que contacto fronterizo y comercial (que sin duda, alguno sí lo hubo), lo que en realidad sucedía era un reacondicionamiento, tanto de las fuerzas y modalidades de ataque como de las de resistencia, el cual se apoyaba (para el caso de los criollos) en la desconfianza que se tenía de los indígenas:

En la frontera nadie cree a los indios tranquilos, sino esperando el momento de dar un golpe, ni menos se cree en la amistad de los indios abajinos [...] La esperiencia aconseja desconfiar de ellos. [35]

La aprehensión que se tenía de los indígenas era algo normal y generalizado, más aún cuando desde el otro lado de la cordillera Domingo Faustino Sarmiento, en su obraFacundo,$$ publicaba que "la flecha y el arco se encuentran en todos los pueblos salvajes cualquiera sea su raza, su origen y su colocación geográfica", [36] lo que demuestra que la República Argentina estaba en pasos muy similares a los chilenos en cuanto a materia indígena.

Mientras tanto, en Chile la prensa continuaba con sus particulares informaciones: "Todas las noticias que estamos recibiendo de esta parte de nuestros territorios toman cada vez un carácter más alarmante, y todo lo que se ve claro es que los indios han faltado a sus compromisos, siendo nosotros el juguete de ellos". [37]

Llaman sugerentemente la atención dos cosas en la cita anterior: primero, los compromisos que supuestamente adquieren los mapuche con los chilenos, los cuales se remiten a venta de tierras, comercio de ganado, etc.; y segundo, la sensación de que los indios pasan a llevar a los chilenos, haciéndolos sentir como un juguete de su antojo, es un evidente llamado a tomar otro tipo de acciones contra ellos.

Otra forma de desconfianza ante el indígena se expresa en un periódico de la siguiente forma: "Fue remitida el año pasado una solicitud, firmada por los vecinos pidiendo una lei especial contra el robo en la Araucanía, dicha solicitud existe en la Secretaría de la Cámara de Diputados". [38] Sin duda, el robo y el pillaje, que eran elementos ya clásicos de los araucanos, atormentan a los vecinos de la frontera, pues "sin una lei severa contra el crimen nada se hará en la Araucanía; serán gastos sobre gastos, inseguridad para los vecinos y colonos y nos rebajaremos el nivel de la nación más atrasada". [39] A modo de ejemplo, en el mismo periódico se informaba que "seis criminales fueron tomados prisioneros, resultaron cuatro culpables, dos inocentes, los cuatro fueron pasados por las armas, los otros dos puestos en libertad [...] Después de estos fusilamientos los crímenes habían desaparecido como por encanto". [40]

Así, tal como indicamos previamente, la movilización de tropas a la Guerra del Pacífico había dejado a la frontera bastante menguada y la prensa tendió a exagerar las informaciones con tal de sensibilizar al gobierno para aumentar los contingentes fronterizos, de modo que el reclutamiento de tropas en el norte del país pone sobre el tapete la inseguridad que se debía tener de los ingratos vecinos fronterizos: "a medida que se disminuye el ejército en la frontera, se aumenta la desconfianza no sólo mercantil, sino que el terror a los indígenas, hace creer que la existencia de esos pueblos es puramente efímera". [41]

"La vida i los intereses en la provincia de Arauco están en manos de esas turbas de bandidos que se aumentan cada día más, especialmente desde el Biobío al sur", [42] según una consigna aparecida en el periódicoEl Meteoro de Los Ángeles, donde llama la atención que sólo se publicase ese escrito, sin desarrollar el tema; pareciera más bien una declaración de principios que una información periodística. Del mismo modo, otros periódicos eran tanto o más directos en este punto: "¿Quién no sabe que las cercanías de nuestros pueblos están plagadas de ladrones y bandidos que son el azote de los intereses y una constante amenaza a la vida de nuestros hacendados?" [43]

La desconfianza de los indígenas se traducía en abiertos llamados a incrementar el contingente policial en la Araucanía: "esta plaga que cada día aumenta en su número y se hacen el terror de las poblaciones pequeñas donde no se cuenta con una regular policía para llenar las exigencias a que está destinada en las grandes poblaciones [...] aquí no se respeta las habitaciones, ni menos los intereses; se abusa y se comete toda clase de atentados contra ellos". [44] Miedo, inseguridad, desconfianza, amenaza, el cuadro del disciplinamiento se va completando lentamente.

Por otro lado, la paz era necesaria para poder establecer de una buena vez el orden y el progreso en la Araucanía:

[...] desde que los indios han principiado a robar, han desaparecido del pueblo y por consiguiente los negocios se han paralizado casi por completo [...] mientras no se reestablezca la tranquilidad los indios no vendrán a vender ni comprar nada y la situación no cambiará lo que ocasiona considerables males al comercio. [45]

La vida en la frontera cada día se hacía más insoportable, tanto para los esforzados chilenos como para los ilustres colonos extranjeros, puesto que "los bandidos y asesinos se pasean durante la noche por las calles más centrales de la población [Nacimiento], revólver en mano y asestando balazos al que mejor les parece". [46] Un fenómeno curioso aparece para esta fecha, ya que no es la primera información de ese tipo donde no se especifica si los bandidos y asaltantes son o no indígenas.

La inseguridad que los indios provocaban en la frontera hizo que se empleasen diversos métodos para captar la atención pacífica de ellos, por ejemplo a través de la ingesta de vino, como lo señala esta crónica de Mulchén:

Se va haciendo insoportable la vida por estos mundos por la poca tranquilidad que hay para vivir vecino de los indomables araucanos, casi las más de las noches se dan alarmas de salida de indios [...] el día de ayer no anduvieron menos de cincuenta indígenas entre hombres y mujeres, gozando del producto de los negocitos que traen a vender y las chichitas de uva les hizo el efecto que debe esperar todo individuo que bebe en demasía. [47]

Los pobladores de la época creían que con el alcohol se apaciguaban en parte las costumbres guerreras y salvajes de sus inquietos vecinos. Nada mejor que tener tranquilo y apaciguado al enemigo.

La falta de tropas en la frontera por la Guerra del Pacífico también es utilizada por la prensa para informar y dar a conocer a los pobladores la desconfianza que se le debía tener al araucano, al mismo tiempo que (como ya hemos visto anteriormente) trabajaba como un abierto y descomedido llamado a la ocupación final y al exterminio del indígena:

Ninguna confianza se tiene en la inestabilidad de las nuevas líneas a consecuencia de la falta de tropas suficientes y de la inseguridad de las vías de comunicación [...] Collipulli está sufriendo día a día con las continuas salidas de indios que barren y destruyen sus campos, todo por la falta de tropas que detengan las irrupciones de los bárbaros. [48]

Según Elizabeth Lira, la desconfianza es el primer paso dentro de la construcción de un enemigo, cosa que en este caso concuerda perfectamente con lo acontecido, ya que –cabe recordar-- "en 1550 se inicia un proceso de invasión europea que dio origen no a un contacto propiamente tal, sino a un choque o enfrentamiento que se tradujo en una guerra de conquista y una resistencia indígena, que trastornan toda la región", [49] en donde los conquistadores ya miraban con desprecio y desconfianza a los naturales, por lo tanto "quedaron al margen de toda posibilidad de articularse al proyecto colonial". [50]

Esta desconfianza hacia "lo indígena" no varió con el paso de los siglos. Para la segunda mitad del XIX, la ambición y la necesidad de tierras para articular la economía nacional hizo que se confundiera "el progreso con las formas de vida alcanzadas en Europa Occidental y [se percibiera] al indígena como una barrera que impedía alcanzar esa meta", [51] razón por la cual la guerra de ocupación y exterminio estaba justificada.

Esta guerra de ocupación y exterminio no es casual o fortuita; se enmarca dentro de lo que hemos denominado la "ideología de ocupación", la cual estaba orientada políticamente por los gobiernos de turno, e ideológicamente por los empresarios criollos, quienes en su mayoría eran dueños de los distintos periódicos de la frontera, donde plasmaban sus intenciones y proclamaban la pronta ocupación del territorio. Por tal razón, nos atrevemos a argumentar que las informaciones exageradas y la desconfianza abierta hacia el mapuche que se encuentran en los escritos de prensa de la frontera sólo tratan de difundir el miedo y la amenaza entre los habitantes de la Araucanía, para que los llamados al exterminio sean cada vez mayores.

A continuación revisaremos otro aspecto psicológico, que tiene que ver con el miedo y la amenaza. Nos referimos a los supuestos ataques que los indígenas estarían por acometer contra las poblaciones fronterizas y los fuertes militares.

¿Vienen o no vienen? La amenaza, el miedo y los supuestos ataques indígenas en la cultura del temor

Siguiendo el método de análisis de los sociólogos Elizabeth Lira y León Rozitcher, la desinformación del enemigo en la guerra psicológica es fundamental, puesto que garantiza provocar la inseguridad y el miedo. Esta desinformación por parte de la prensa se manifestaba también en el anuncio de supuestos avances, movimientos y ataques de los araucanos, los cuales, sumados a la sensación de inseguridad de la frontera y desconfianza ante "lo indígena", provocaban el miedo crónico social en la población, induciendo al gobierno a actuar con mayor dureza en el propósito de la empresa conquistadora de la Araucanía.

La Tarántula de Concepción decía hacia 1867: "Personas que han estado en el fuerte de Quirico, nos informan que los indios visitan con mucho interés i frecuencia los fuertes de Toltén, que hace presumir intenten algún golpe de mano [...] Parece que el indio de hoi no es el indio de la conquista, i nosotros no somos; contamos ahora con dobles recursos que los españoles de esos tiempos [...] Imposible sería que los araucanos pudieran levar a cabo el mismo plan que combinaron en otro tiempo para arrasar siete ciudades, por lo contrario los indios reconocen cada día impotencia i se resignan su suerte". [52] Esta es una muestra clara de la intención regida sobre la Araucanía a principios de la ocupación definitiva, donde el menosprecio es evidente ante la sensación de poder que se podía ejercer sobre los salvajes.

El miedo empezaba a entrar en acción, su puesta en marcha era cosa de poco tiempo. Mientras el ejército se adentraba hacia la línea del Malleco, llevando tras de sí a colonos, empresarios y comerciantes, en Los Ángeles se daba aviso de un desplazamiento indígena de gran magnitud: "Se cree que de cuatro mil a cinco mil indios están reunidos en las montañas de Chiguaigue [...] Los de Moquegua, Boroa y el Imperial están viniendo en auxilio de los otros indios", [53] es decir, una cantidad suficientemente significativa como para alarmar a toda la frontera. [54]

En el mismo periódico, poco tiempo después, se insistía en la posibilidad de ser atacados por un gran número de indios: "Se supo por una carta [...] que había en las montañas de Chiguaigue una partida de indios reunidos; que se había mandado a pedir fuerza y que de Mulchén había salido el regimiento de Granaderos llevando caballos de refuerzo, lo que en efecto es verdad [...] Después se dijo que los indios en venganza de los asesinatos cometidos en Huequén [...] habían muerto a unas mujeres y niños. En tercer lugar, que se había robado a los indios una manada de yeguas y que estos habían salido a rescatarlas y se habían encontrado con los granaderos al frente..." [55] Rumores tras rumores, se va configurando la amenaza y el miedo como objeto de dominación:

El 21 llegó la noticia de que los indios venían a dar un malón a los campos vecinos, y para batirlos se hizo sacar algunos cañones fuera de la población y se dispararon algunos tiros a bala. Todos creímos que esto sería fogueo o tiro al blanco; pero después supimos que era para probar algunas granadas que consideraban malas. [56]

Aquí se hablaba al principio de un presunto malón; sin embargo, éste desaparece de la noticia más adelante, transformándose en otro murmullo más disfrazado de amenaza. Para que sean efectivos, los rumores deben ir acompañados de elementos que los hagan verdaderos, como supuestos terceros: "Se sabe ya por personas fidedignas que los pehuenches se han reunido con los indios arribanos para continuar la presente guerra [...] Esta noticia es triste, pues los pehuenches saldrán por diferentes puntos de la cordillera y asolarán a la vez las provincias de Arauco, Ñuble, Maule, Talca, etcétera". [57] Un supuesto ataque demasiado exagerado, pues TODO EL SUR corre peligro.

La amenaza de los indios se transformó en una constante de la prensa: "Ayer, como a las 3 ó 4 de la tarde se sintieron varios disparos de cañón, i hoi como a las 8 ó 10 de la mañana hemos sentido lo mismo; parecía que el primer tiro había salido de Angol o de los fuertes inmediatos; repitiéndose en los demás hasta la ceja de la montaña [...] Cuando esto sucede, es una señal segura de alarma". [58] Por lo tanto, ya se cuenta con un medio de dar aviso a los otros fuertes de una posible amenaza, pero a su vez surge un nuevo método de inducir el miedo en la población: los tiros sucesivos de cañón.

A medida que avanzaba la línea militar de frontera y los colonos establecidos extendían sus negocios, el ferrocarril y el telégrafo iban dando un nuevo aspecto a la Araucanía, algo que se debía cuidar y mantener. Por lo tanto, se hacía urgente que el Estado tomara cartas definitivas en el asunto indígena, que tanto malestar le había ocasionado a Chile durante el siglo XIX. Mientras tanto, desde Antuco los rumores continúan:

[...] los indios patagones i huilliches están llegando al lugar de Añorquín, punto que han elegido para la gran junta [...] Los pehuenches sospechan, por muchos motivos, una traición de aquellas reducciones, puesto que el número es crecidísimo i bien armados. [59]

Un amigo bien informado i que nos merece entera fe nos ha asegurado que algunos caciques han avisado a sus amigos de Collipulli que los indios se reúnen noc el objeto de verificar un gran malón [...] Sabemos que se aprontan tropas a fin de escarmentarlos como se merecen. [60]

Nuevamente, los supuestos informantes de los periódicos otorgan el carácter de fidedigna a la información remitida; de este modo, rumor tras rumor, la frontera se fue llenando de miedo, el cual desembocó en el uso de la fuerza: "Chile se presentaba así, una vez más, como el continuador de la política colonial", [61] donde las armas eran el mejor método de disciplinamiento. Otro periódico anunciaba:

Gran amenaza en esta plaza: Hoy se recibió aviso que los indios darán un malón en estas noches [...] Mucho descontento por la insuficiencia de tropas que han dejado en esta sección [...] Anteayer, los indios saltearon cerca de esta población un buen piño de animales perteneciente a un señor Figueroa i otros vecinos [...] La tropa que persiguió sólo encontró en el camino un buey que se les quedó cansado a los ladrones. [62]

Las supuestas noticias nos llevan a deducir que los ataques indígenas no sólo afectan a los fuertes o guarniciones grandes, sino también a pequeños pobladores como ese tal señor Figueroa. Mientras tanto, los exuberantes supuestos ataques vuelven a hacer noticia:

Cuatro a cinco mil indios huilliches, pehuenches, patagones, araucanos, etc. [...] acampan hoy frente a los destacamentos argentinos esperando el momento oportuno para dejarse caer sobre ellos y darles un malón jeneral de horrible carnicería. [63]

Esta amenaza se podía cernir perfectamente sobre los campos fronterizos chilenos, cuya "horrible carnicería" hubiese provocado el inmediato exterminio de los salvajes; entonces, ¿por qué nunca se llevó a cabo? La respuesta es que pertenecía a la amplia gama de supuestos y presuntos ataques de los indios, cuya finalidad era provocar el miedo, la inseguridad y la intimidación constante de los habitantes.

Incluso, dentro de esta lógica, cualquier reunión entre caciques (cosa frecuente entre los indígenas por los intercambios comerciales interétnicos) era vista como un gran peligro para la zona. Por ejemplo, desde Antuco se escribía:

Mui alarmada la población por la noticia cierta que tienen de que los indios pehuenches, huilliches i araucanos han pactado una alianza [...] se teme volver a sufrir los dolorosos hechos de 1830 y 1831 cuando los indios atacaron ferozmente esta ciudad. [64]

Esta información podría estar asociada a la anterior, sin embargo se le pierde el rastro a la noticia, ya que no vuelve a nombrarse en ese periódico tal hecho. Ni se confirma ni se desmiente, sólo es un supuesto más.

Mulchén es otra plaza desde donde se escribían supuestos ataques: "A última hora se sabe por personas venidas de Collipulli que el jueves 13 del presente, se recibió en esa plaza un telegrama oficial en el que anuncian de Angol que se teme un ataque general a las fronteras por la temible raza Araucanía". [65] Ese mismo día se publicó otra noticia similar: "Se susurra con insistencia que los indios están en vísperas de salir a dar uno de sus acostumbrados malones, y, creo que será verdadero [...] Se anuncia que luego llegará del Perú a Chile el regimiento de Cazadores y Zapadores, con el objeto de venir a reforzar la nueva línea del Cautín, lo cual sería muy conveniente para dar de una vez una buena lección a los araucanos [...] que en estos días han venido a llevarse un ganado lanar y se dice que los que salieron en su persecución [...] se encontraron con los indios los cuales les hicieron lo que debe hacerse con esta raza: los mataron". [66]

Conforme se acerca la fecha de la ocupación definitiva de la Araucanía, la prensa de Mulchén se carga de este tipo de informaciones: "Se dice que los indios quieren atacar a toda la línea del Cautín [...] Ayer llegó a ésta de Angol, una compañía de Carabineros con toda la plana mayor de escuadrón, con el fin de reforzar este pueblo, pues había muy poca fuerza [...] En la noche del mismo día, legó el coronel Urrutia". [67] El miedo ya se apodera de los habitantes de esta plaza; sin embargo, sus ruegos de fortificar la línea de frontera son escuchados y el gobierno ordena el arribo a la zona del Coronel Gregorio Urrutia, quien un año más tarde tomará posesión de las ruinas de Villarrica.

El 4 de noviembre de 1881 se produce el último gran levantamiento mapuche, el cual "pretendía impedir la fundación del fuerte de Temuco y el avance de la línea de frontera al río Toltén [donde] toda la Araucanía fue sacudida por un gran malón y la amenaza de una nueva unidad pantribal que incluyera a los mapuche de la otra banda de la cordillera". [68] La prensa lo registró de la siguiente manera: "Los indios están en vísperas de atacar a toda la nueva línea, y no se crea que son quimeras e ilusiones, pues ha llegado comunicación de Toltén, en que el jefe de aquel pueblo avisa de que tiene datos fidedignos de que los indios están reunidos, con el objeto de invadir en una hora dada, a toda la línea y que el número de indios es muy considerable". [69] Sin embargo, "las operaciones del ejército, los pactos que establecían sus oficiales con algunos caciques y la muerte de Kilapán, terminaron debilitando la resistencia militar [...] Al fin, la derrota de 1881 fue casi la derrota definitiva".[70]

La constante información de supuestos ataques o movilizaciones de las comunidades araucanas se detuvo con la derrota definitiva de 1883 en Villarrica, ya que, claro está, los indios no representaban una amenaza para las poblaciones fronterizas; por lo tanto, no había razón para seguir infundiendo miedo a través de la prensa. Sin embargo, aún podemos encontrar este tipo de información, aunque de manera disminuida o de inmediato desmentida, y como en muchos casos, ya no eran los mapuche los causantes de esas alarmas:

Mucho se ha hablado sobre un próximo alzamiento de indios, i los ánimos se han preocupado mucho con tan alarmante rumor; pero nosotros <ilegible> nos apresuramos a desmentir tan infundado movimiento [...] Sin embargo, hai voces que se empeñan por hacer creer que efectivamente los indios de Villa-Rica i sus alrededores están en principios de una insurrección. [71]

Finalmente, un soldado escribía una carta, publicada en 1884: "Después de haber tomado una doble guardia, porque ya estábamos en el centro de la zona ocupada por los indios malos, era de temer un asalto a cualquier hora de la noche, cuando no a los hombres, a los animales". [72]

A modo de conclusión: Araucanía... los gritos silentes de un espacio en mutación

Cuando los grupos de poder se han manifestado respecto a los indígenas, "habitualmente lo han hecho pensando en sus propios intereses y necesidades de legitimación". [73] Así, durante la Colonia, el mito del indio indómito, que habitaba una tierra "que no ha sido jamás por rey regida ni a extranjero dominio sometida", [74] sirvió para justificar la guerra, la esclavitud y solicitar recursos para mantener el ejército de frontera. [75] En el siglo XIX, la élite que toma las riendas del país una vez concluida la Independencia encuentra en los araucanos un sujeto cuyo pasado guerrero y libertario debía reivindicarse, ya que "su lucha contra el español entroncaba con la lucha por la emancipación". [76]

Sin embargo, la situación cambió radicalmente hacia la segunda mitad del siglo XIX, cuando, según Jorge Pinto, tres fenómenos identificables generaron un escenario que se tornó cada vez más amenazante para el indígena y el espacio fronterizo que lo cobijaba: "la configuración de los estados nacionales, la articulación de sus economías a los mercados internacionales y la estrechez del mercado de la tierra". [77] Nace aquí el vuelco negativo en el imaginario del mapuche: de héroe a villano, de gallardo y valeroso a salvaje, bárbaro y animal. Un estereotipo que se alimentó de la información de las crónicas coloniales y que, apoderado del discurso positivista y civilizador, fue tomado por las cúpulas de poder y potenciado por historiadores, políticos y la prensa.

La necesidad económica de ocupar la Araucanía la hacía ver como la "parte más bella y fértil de nuestro territorio, [...] habitada por hordas salvajes que no tienen reparo alguno en cometer actos de barbarie y brutal violencia". [78] Tal fue la consigna del Estado chileno a partir de 1850, cuando "la sistemática penetración de los empresarios mineros del carbón, la crisis económica de 1857 y la presencia cada vez más exigente de los inversionistas ingleses que estaban llegando al país, obligó a desplazar la mirada hacia el sur". [79] Surge entonces la idea de avanzar la línea de Frontera y de ocupar los campos del sur en pos del progreso y la civilización. Para ello, "se construyeron caminos de carreta, se explotó el bosque para proveer de maderas a las faenas mineras, se abrió un mercado inmediato para los productos agroganaderos, etc.". [80]

La idea de ocupar la Araucanía se apoyaba en la ya mencionada convicción que los mapuche "constituían una horda de salvajes, miembros de una raza inferior incapaz de modificar sus costumbres y contra la cual era legítimo emprender una campaña militar". [81] Aquel imaginario salvaje que las élites tejieron sobre el araucano llega hasta el común de la ciudadanía a través de la prensa, la cual no tiene reparos en descalificar a los indígenas con términos como bárbaros, salvajes, perros, bichos o "engendros degenerados que no poseen el menor sentimiento de humanidad". [82]

Esta concepción 'bárbara y salvaje' de los indígenas durante el siglo XIX no fue exclusiva de Chile, ya que la gran mayoría de los estados latinoamericanos fueron influenciados por la corriente positivista y evolucionista que desde Europa se difundió a América y que se apoyaba en la idea de que frente a 'lo otro' los occidentales representaban el orden, el progreso, lo civilizado, lo culto, etc. Por tal razón, "los europeos a lo largo del siglo XIX, todavía buscaban en todos los rincones del mundo los testimonios de seres malignos ubicados a medio camino entre el hombre y la bestia". [83]

Esto se reforzaría con la publicación en Francia, en 1853, de la obra de Joseph Arthur Gobineau,Essai sur l'inegalité des races humaines, la cual, aparte de contener apreciaciones acerca de la pureza y la superioridad de las razas, influyó a muchos de sus contemporáneos, ya que planteaba en su tesis central que "la pérdida de la pureza racial por la mezcla de sangres incidía directamente sobre la decadencia de los pueblos". [84] Así, para los intelectuales y hombres de ciencia de la época moderna, "los estudios sobre las razas aparecieron como un instrumento neutro y objetivo para evaluar el atraso de los grupos indígenas y encontrar posibles vías para integrarlos o dejarlos fuera del espacio nacional". [85] En Argentina, por ejemplo, Alberdi, Echeverría y Sarmiento difundieron estas ideas a través de sus escritos, donde la raza nacional podía ser depurada o mejorada sólo con la venida de inmigrantes europeos. [86]

En Chile, Benjamín Vicuña Mackenna se encargó de poner este tema sobre el tapete. En 1868, el entonces diputado por Valdivia señalaba en la Cámara que los araucanos "eran enemigos de la civilización, un estorbo para el progreso [...y que...] pertenecían a una raza que no formaba parte del pueblo chileno". [87] Para esa fecha, Cornelio Saavedra ya había adelantado la línea de frontera, con lo cual la ocupación de Arauco se transformaba en una realidad.

Las corrientes positivistas y evolucionistas del siglo XIX ya habían transformado al araucano en un enemigo del orden, la civilización y el progreso: salvaje, indomable, belicoso, excluido del proyecto de nación y, por ende, ausente de la historia de Chile.

Según Eduardo Santa Cruz, la prensa es el reflejo de una sociedad; por tal razón, el estudiar e indagar en sus discursos es un medio fidedigno de conocimiento del imaginario oculto de determinada sociedad. [88] Siguiendo la línea interpretativa de nuestra investigación, no resulta difícil entender que en la prensa escrita es factible encontrar las bases de lo que hemos denominado la 'ideología de ocupación', que se caracteriza por la fusión material y psicológica de distintos aparatos de dominación, tales como: el aparato legal, el aparato militar y burocrático, los colonos europeos y el progreso; manifestándose, en este caso, bajo un enérgico disciplinamiento hacia el mapuche que se valía del miedo y la amenaza para condicionar y estimular el imaginario negativo del indígena en los habitantes fronterizos y el país en general.

Según Max Weber, "una cantidad de bayonetazos en el momento preciso genera la cultura del temor, que es más duradera que el bayonetazo mismo". [89] Pareciera que lo ocurrido en la Araucanía durante la segunda mitad del siglo XIX no estuvo muy alejado de aquello. Bajo esa acertada lógica, creemos que quizás la ocupación militar y burocrática de la Araucanía no habría tenido el mismo efecto si la prensa no hubiera contribuido con los elementos psicológicos de la amenaza y el miedo, los que contribuyeron de manera significativa a alimentar en la población la desconfianza, el temor y la angustia de ver en las nuevas comarcas al indio salvaje y feroz.

Por tal razón, debían ser subordinados al Estado, bajo la lógica de la ideología de ocupación, es decir, a través de leyes de apropiación de tierras y de establecimiento de colonos, del avance simultáneo y efectivo de las líneas de frontera militar, de la seducción del progreso, manifestada a través de vías de comunicación tales como nuevos caminos, el telégrafo, el ferrocarril y la educación; y, por último, bajo la cultura del miedo y la amenaza que el imaginario araucano provocaba en la sociedad chilena de la época. Para la élite, los araucanos eran un hecho del destino, un producto natural, por lo tanto no eran objeto de las 'políticas de población', "las cuales estaban dirigidas hacia el fomento de la inmigración europea, pues era un sueño de la elite europeizar América, sueño de blanquearse ella misma y de atraer los europeos, importando con ello el color de sus ojos y el secreto de su civilización". [90]

¡Bienvenida sea la inmigración europea porque aporta consigo el adelanto moral para nuestras masas ignorantes; introduce entre nosotros prácticas útiles i contribuye a cimentar la paz i la prosperidad, el progreso en las instituciones i la libertad [...] Salud a esa inmigración que lleva consigo el estandarte de la igualdad, de la fraternidad i el progreso universal. [91]

Colonos europeos bajo el alero de las leyes nacionales de inmigración y apropiación de terrenos baldíos, ésa era la consigna. Los estatutos legales de 1835, 1845, 1852 y 1866 eran verdaderos golpes mortales a la soberanía indígena sobre la Araucanía, ya que en aquel territorio reconocido como parte de Chile por la Constitución oligarca de 1833,por ley el araucano ya no tenía cabida y sus suelos ancestrales se traspasaban a manos extranjeras a precios casi irrisorios.

No sólo alemanes, italianos y franceses se iban convirtiendo en propietarios autorizados por el Estado; también lo eran soldados del ejército de Frontera, los cuales recibían tierras como bonificación por el servicio que desempeñaban en Arauco: "[e]l ejemplo más notable lo constituye el comandante del ejército en la frontera, Cornelio Saavedra, representante legal de la familia Cousiño en la región y accionista de una sociedad explotadora de carbón en la localidad de Lebu". [92] El progreso fue otro elemento de disciplinamiento social hacia el indígena. Tras la línea militar iban los caminos, el ferrocarril y el telégrafo, los cuales conectaban las comarcas recién fundadas con los centros de abastecimiento comercial, los puertos y las grandes ciudades del país. La idea era que los salvajes sucumbieran, maravillados, ante la modernidad.

"El Gobierno ha decretado estender a Villarrica la línea telegráfica de la Frontera, i proseguirla desde aquel punto hasta San José i de ahí se unirá con Valdivia". [93] Es indudable que éste era un medio por el cual el Estado ejercía su poder panóptico y unificador sobre las agrestes comarcas, pues toda la Araucanía quedaría al alcance del poder central.

Por otro lado, estaba la cultura del miedo y la intimidación que se expresaba a través de la prensa, entregando la información bajo la lógica que los sociólogos consultados llaman "la psicología de la amenaza política y el miedo", la cual nutre a los lectores de noticias exageradas notoriamente, con un fuerte sentimiento discriminatorio y menospreciativo, pero poniendo énfasis en aquellos elementos de la cultura a apaciguar que ocasionan el temor el temor y la inquietud en la población:

Los indios atacaron anoche el fuerte Collipulli, prendieron fuego a los primeros ranchos de su población a pesar de la tenaz resistencia hecha por nuestras fuerzas [...] Del fuerte salen fuerzas para atacarlos, pero los indios los recibieron con una furia infernal. [94]

Para la socióloga Elizabeth Lira, cuando en una situación de conflicto la prensa exagera un número determinado –por ejemplo, de muertos– lo que en realidad está haciendo es poner grandilocuencia, no a la cantidad propiamente tal, sino al hecho mismo. Así, cuando las noticias fronterizas nos hablan de 4.000 indios dispuestos a atacar, lo que en realidad quieren decir es que hay una seria amenaza de riesgo por las características de los malones (incendios, robos, asaltos, violencia, etc.), no que en realidad son 4.000 los individuos dispuestos a llevarla a cabo.

Finalmente, los procesos históricos van dejando en su devenir cuerpos, memorias y culturas. La extraordinaria fuerza de la expansión modernizadora impulsada por el orden aristócrata burgués ha transformado por completo la nación y, a su paso, ha dejado en el camino a pobres, campesinos, peones, labradores, desamparados, bandoleros, sacrílegos, rotos y, por supuesto, a los mapuche. [95] Así, también la Frontera de los siglos XVII y XVIII ha mutado de un espacio de conflicto esporádico y sincretismo a un espacio de exclusión: "Expoliación, enajenación, etnocidio, expulsión, explotación, estupor, esclavitud, eran algunas de las categorías que comenzaban con la quinta letra del abecedario: ¿Cuántas otras delicias nos prometía el uso completo del idioma castellano?" [96]

Nos atreveríamos a decir que la exclusión del pueblo mapuche del proyecto de nación es el resultado de la acción conjunta de:

  1. Un imaginario negativo creado por el mito salvaje del araucano de las crónicas de los primeros siglos coloniales;
  2. La necesidad de ocupar económicamente la Araucanía, dentro del programa modernizador del Estado, que le asignó la categoría de 'enemigo' a la otredad indígena;
  3. El aparato legal y burocrático avasallador que coartaba, delimitaba y reducía década tras década el territorio que los mapuche podían habitar;
  4. El poder militar que avanzaba la línea de Frontera dejando una estela de desolación y muerte;
  5. Los colonos extranjeros que reemplazan a los mapuche como legítimos moradores de las tierras de Arauco;
  6. La seducción del progreso, manifestada en una serie de adelantos tecnológicos que buscaban encandilar a los indígenas en un acto de conversión modernizadora y civilizadora;
  7. El fuerte disciplinamiento social y psicológico que la amalgama de factores nombrados anteriormente ejercían sobre los indígenas y que eran transmitidos por medio de la prensa a la sociedad nacional;
  8. El miedo y la amenaza que el mapuche representa para la vida fronteriza, los cuales la prensa se encarga de difundir a toda costa.

Hoy, pasado más de un siglo de la incorporación forzosa de los mapuche a la soberanía chilena, aún podemos encontrar los signos de la ideología de ocupación; claro está, bajo otra óptica, otra concepción de sociedad, de resistencia, de identidad cultural, en fin, otra Frontera:

La Intifada Mapuche. Se agrava levantamiento indígena. Los bosques en llamas [...] El período de cosecha ha sido aprovechado por los sectores más radicalizados para efectuar sus ataques incendiarios. Las empresas forestales tratan de sacar lo que pueden y ya anuncian una nula reforestación de los predios [...] El hecho es que el accionar mapuche cada vez ha adquirido un rostro más violento y peligrosamente seudoguerrillero y los propietarios, cansados del hostigamiento, avisan fuera de cámaras y grabadoras que ya no dudarán en defender sus predios por todos los medios. Pero la autoridad está inyectada de una buena dosis de anestésicos. El gobierno presentó un requerimiento por laLey de Seguridad Interior del Estado contra 10 detenidos en un asalto e incendio de la hacienda Lleu-Lleu [...] Mientras tanto, la pacificación de la Araucanía no llega por ninguna parte. No lo lograron los conquistadores y tampoco se consigue por estos días. [97]

 

NOTAS

El autor agradece profundamente a sus compañeros y amigos, Iván Rodríguez, Felipe Saavedra y Fabián Vásquez, el haberle facilitado material bibliográfico, así como los comentarios, críticas y aportes a esta investigación.

 

 

    1
    En este sentido, vale revisar el aspecto guerrero impuesto en las Crónicas de Alonso González de Nájera, Desengaño y reparo de la guerra de Chile, Colección de Historiadores de Chile XVI, Santiago, 1889; Juan Ignacio Molina, Compendio de la historia geográfica, natural y civil del Reyno de Chile,Santiago, 2000; Jerónimo de Vivar, Crónica y relación copiosa y verdadera de los reinos de Chile, Santiago, 1987; o el célebre poema épico de Alonso de Ercilla y Zúñiga, La Araucana, Santiago, 1970.
    2
    Nos referimos específicamente a las obras de Sergio Villalobos et. al., Relaciones fronterizas en la Araucanía, Santiago, 1982; Sergio Villalobos y Jorge Pinto et. al., Araucanía, Temas de Historia Fronteriza, Temuco
    3
    En este punto tomamos como referencia a Michel Foucault en su Microfísica del poder (Madrid, 1992), donde el autor sostiene que la política (como dispositivo de poder) es la continuación de la guerra por otros medios no-violentos.
    4
    Guillaume Boccara, "Dispositivos de Poder en la Sociedad Colonial-Fronteriza Chilena del Siglo XVI al Siglo XVIII", en Jorge Pinto (editor), Del Discurso Colonial al Proindigenismo, Temuco, 1996, 30.
    5
    Nos referimos al tráfico ganadero desde las pampas a la Araucanía, donde el mapuche era el principal comerciante con las sociedades criollas, tanto del lado argentino de la cordillera como del chileno, muy bien trabajado en las obras de Leonardo León, Maloqueros y Conchavadores en Araucanía y las Pampas, 1700-1800, Temuco, 1990 y Jorge Pinto, "Redes indígenas y redes capitalistas. La Araucanía y las Pampas en el siglo XIX", en Heráclito Bonilla y Amado Guerrero (editores), Los pueblos campesinos de las Américas. Etnicidad, cultura e historia en el siglo XIX, Bucaramanga, Colombia, 1996.
    6
    Michel Foucault, Defender la Sociedad, Buenos Aires, 2000, 44.
    7
    La Tarántula (Concepción), octubre 8 de 1862. Las negritas son nuestras.
    8
    La Tarántula, julio 13 de 1864.
    9
    El Meteoro (Los Ángeles), noviembre 24 de 1866. Las negritas son nuestras.
    10
    El Meteoro, agosto 17 de 1867.
    11
    Carmen Norambuena, "La Araucanía y el Proyecto Modernizador", en Jorge Pinto (editor),Modernización, Inmigración y Mundo indígena. Chile y la Araucanía en el siglo XIX, Temuco, 1998, 244-245.
    12
    Ibídem, 246.
    13
    Ibídem.
    14
    El Mercurio (Valparaíso), 5 de julio de 1859, Correspondencia desde Valdivia. Citado en Jorge Pinto, De la Inclusión a la Exclusión, Santiago, 2000, 131.
    15
    Elizabeth Lira, Psicología de la amenaza política y el miedo, Santiago, 1991, 7.
    16
    El sociólogo salvadoreño Ignacio Martín-Baró, en la introducción de su libro Psicología social de la guerra: trauma y terapia (San Salvador, 1990), plantea que la lógica de la guerra en América Latina –especialmente en Sudamérica y el Caribe– tiende a regirse bajo los patrones psicológicos del miedo y la amenaza política, puesto que son categorías claras y decisivas para aplicar un fuerte control social.
    17
    El Meteoro, 27 de junio de 1868.
    18
    Fernando Casanueva, "Indios malos en tierras buenas. Visión y concepción de los mapuche según las élites chilenas del siglo XIX", en Pinto (editor), Modernización, Inmigración y Mundo Indígena, 118.
    19
    El Meteoro, 9 de enero de 1869.
    20
    La Tarántula, 25 de junio de 1870. La negrita es nuestra.
    21
    Lira, Psicología de la amenaza política y el miedo, ut supra
    22
    Araucanía Civilizada (Mulchén), 7 de octubre de 1877. La negrita es nuestra.
    23
    El Biobío (Los Ángeles), 4 de abril de 1880.
    24
    Araucanía Civilizada, 6 de febrero de 1881.
    25
    Araucanía Civilizada, 12 de noviembre de 1881. La negrita es nuestra.
    26
    Araucanía Civilizada, 26 de noviembre de 1881. La negrita es nuestra.
    27
    León Rozitcher, "Efectos psicosociales de la represión", en Martín-Baró, Psicología social de la guerra, 122.
    28
    Villalobos et. al., Relaciones fronterizas en la Araucanía, 64. 
    29
    Ibídem, 209. 
    30
    Pinto, De la inclusión a la exclusión, 147.
    31
    La Tarántula, 9 de octubre de 1867. La negrita es nuestra.
    32
    Ibídem.
    33
    El Meteoro, 11 de junio de 1865.
    34
    En este punto, León Rozitcher sostiene que la guerra psicológica se nutre constantemente de armisticios, dentro de los cuales se intenta hacer creer al enemigo que se está buscando una modalidad de entendimiento y paz cuando lo que en realidad se realiza es sistematizar nuevas técnicas de combate.
    35
    La Tarántula, 27 de mayo de 1868. La negrita es nuestra.
    36
    Domingo Faustino Sarmiento, Facundo, Buenos Aires, 1971, 143.
    37
    La Tarántula, 10 de enero de 1870. La negrita es nuestra.
    38
    El Meteoro, 2 de mayo de 1868.
    39
    El Meteoro, 29 de agosto de 1868.
    40
    Ibídem.
    41
    El Meteoro, 29 de agosto de 1868.
    42
    El Meteoro, 5 de octubre de 1871.
    43
    Araucanía Civilizada, 8 de noviembre de 1874.
    44
    Araucanía Civilizada, 9 de marzo de 1875.
    45
    Araucanía Civilizada, 3 de octubre de 1875.
    46
    Araucanía Civilizada, 3 de octubre de 1875.
    47
    Araucanía Civilizada, 2 de noviembre de 1879. La negrita es nuestra.
    48
    Araucanía Civilizada, 20 de marzo de 1881. La negrita es nuestra.
    49
    Jorge Pinto, "Integración y Desintegración de un Espacio Fronterizo", en Jorge Pinto (editor),Araucanía y Pampas. Un Mundo Fronterizo en América del Sur, Temuco, 1996, 13.
    50
    Ibídem, 14.
    51
    Jorge Pinto, "Del Antiindigenismo al Proindigenismo en Chile", en Pinto (editor), Del Discurso Colonial al Proindigenismo, 87.
    52
    La Tarántula, 2 de marzo de 1867.
    53
    El Meteoro, 14 de diciembre de 1867, citado en Luis Vitale, Medio milenio de discriminación al pueblo mapuche, Santiago, 2000, 54. La negrita es nuestra.
    54
    Tomando en cuenta que para esa fecha la Araucanía contaba con una población aproximada de 60.000 habitantes, según Ignacio Domeyko en su libro Araucanía y sus habitantes, Santiago, 1997.
    55
    El Meteoro, 25 de abril de 1868.
    56
    El Meteoro, 4 de julio de 1868.
    57
    El Meteoro, 15 de agosto de 1868.
    58
    El Meteoro, 24 de octubre de 1868. La negrita es nuestra.
    59
    El Meteoro, 15 de mayo de 1873.
    60
    El Meteoro, 20 de noviembre de 1875. La negrita es nuestra.
    61
    Casanueva, "Indios malos en tierras buenas", 94.
    62
    El Biobío, 16 de junio de 1879. La negrita es nuestra.
    63
    El Biobío, 4 de enero de 1880. La negrita es nuestra.
    64
    El Biobío, 26 de febrero de 1880. La negrita es nuestra.
    65
    Araucanía Civilizada, 15 de octubre de 1881. La negrita es nuestra.
    66
    Ibídem.
    67
    Araucanía Civilizada, 22 de octubre de 1881.
    68
    Pinto, De la inclusión a la exclusión, 190-191.
    69
    Araucanía Civilizada, 5 de noviembre de 1881.
    70
    Pinto, De la inclusión a la exclusión, 191.
    71
    El Vergara (Nacimiento), 6 de octubre de 1883.
    72
    El Vergara, 5 de julio de 1884. La negrita es nuestra.
    73
    Julio Pinto y Gabriel Salazar (compiladores), Historia contemporánea de Chile, Tomo II, Actores, identidad y movimiento, Santiago, 1999, 139.
    74
    De Ercilla y Zúñiga, La Araucana, 3.
    75
    Ésta es la tesis central de Álvaro Jara en Guerra y sociedad en Chile. La transformación de la Guerra de Arauco y la esclavitud de los indios, Santiago, 1981.
    76
    Pinto y Salazar (compiladores), Historia contemporánea de Chile, ut supra.
    77
    Pinto, "Integración y Desintegración de un Espacio Fronterizo", 35-36.
    78
    El Mercurio (Valparaíso), 30 de enero de 1856, citado en Pinto, De la inclusión a la exclusión, 131.
    79
    Pinto, "Integración y Desintegración de un Espacio Fronterizo", 44.
    80
    Sergio Villalobos, "Guerra y Paz en la Araucanía: Periodificación", en Villalobos y Pinto (editores),Araucanía, Temas de Historia Fronteriza, 21-22.
    81
    Pinto, De la inclusión a la exclusión, 132.
    82
    La Tarántula, 22 de julio de 1868.
    83
    Roger Bartra, "El mito del salvaje", en Revista Ciencias 60 (2001): 92.
    84
    Beatriz Urías, "Medir y civilizar", en Revista Ciencias, 28.
    85
    Ibídem, 28-29.
    86
    El mejor ejemplo de lo señalado se puede ver en Facundo: civilización y barbarie, de Domingo Faustino Sarmiento. Los poemas de Alberdi y Echeverría apuntan a la modernidad, la justicia, la razón y los nuevos aires que deben tomar las ciudades argentinas, más acorde con el estilo refinado de Europa.
    87
    Benjamín Vicuña Mackenna, "Cuarto discurso sobre la pacificación de Arauco, 14 de agosto de 1868", citado por Pinto en De la inclusión a la exclusión, 96.
    88
    Eduardo Santa Cruz, Conformación de espacios públicos, masificación y surgimiento de la prensa moderna: Chile siglo XIX, Santiago, 1998.
    89
    Citado por Gabriel Salazar, "Raíces Históricas de la violencia en Chile", Revista de Psicología8 (1999): 401.
    90
    María Angélica Illanes, La batalla de la memoria. Ensayos históricos de nuestro siglo. Chile, 1900-2000, Santiago, 2002, 80.
    91
    Joaquín Villarino, "Estudios sobre la colonización i la Emigración Europea a Chile", Santiago, 171. Citado en Baldomero Estrada, "Colonización y Civilización Europea en La Frontera", en Pinto (editor),Araucanía y Pampas, 241.
    92
    Patricia Cerda-Hegerl, Fronteras del Sur, Temuco, 1997, 124.
    93
    El Vergara, 10 de febrero de 1883.
    94
    La Tarántula, 25 de noviembre de 1868.
    95
    Sobre este tema, ver Gabriel Salazar, Labradores, peones y proletarios: formación y crisis de la sociedad popular chilena del siglo XIX, Santiago, 1985; María Angélica Illanes, Azote, salario y ley. Disciplinamiento de la mano de obra minera. Chile, 1810-1850, Santiago, 1992.
    96
    Leonardo León, "Los combates por la historia", en Sergio Grez y Gabriel Salazar (compiladores),Manifiesto de Historiadores, Santiago, 1999, 93.
    97
    El Mercurio (Santiago), 4 de febrero de 2001. La negrita es nuestra.




© 2017 Tel Aviv University