Democracy and the Public Space in Latin America.


LEONARDO AVRITZER: Princeton: Princeton University Press, 2002

Éste es un libro muy importante, que marcará un hito en los estudios de la democratización de América Latina. Su autor, profesor de Ciencias Políticas en la Universidade Federal de Minas Gerais en Brasil, indica que el libro elabora una alternativa analítica a la teoría elitista de la democracia. Según esta última, existiría democracia allí donde hubiere un juego político de competición recurrente por el poder, estructurada a través de elecciones.

Esta visión, identificada entre otros con Robert Dahl y su concepto de poliarquía, es ampliamente aceptada en la politología, la sociología y las relaciones internacionales como una teoría que es suficiente para caracterizar a un sistema político como democrático. Dicha conceptuación, centrada en el plano político, es ampliamente aceptada por los estudiosos de América Latina, comenzando por Guillermo O'Donnell, Juan Linz, Phillip Schmitter y Alfred Stepan, para nombrar sólo a algunos de los más renombrados, y terminando por los formadores de opinión pública y la ciudadanía toda. Los orígenes de tal definición --minimalista, en el sentido de remitirse al criterio de selección de liderazgo político y elección de gobernantes-- se remontan a las postrimerías de la Primera Guerra Mundial y el período de entreguerras en Europa, cuando movimientos de masas desarticularon los sistemas políticos de la primera ola de democracia. Algo similar sucedió en el marco de la Guerra Fría, cuando la violencia de izquierda y derecha desarticuló a muchos sistemas políticos democráticos del Tercer Mundo, a través de una ola de protestas, manifestaciones y participación de masas en la política, unida esta vez a violencia guerrillera. El legado de dichas experiencias colectivas tuvo su impacto político en la aceptación de teorías que, como la de Robert Dahl, identificaron una serie de parámetros mínimos de democracia, lo que Avritzer llama la teoría elitista de la democracia.

En contraposición a dicha teoría, el autor sostiene que la experiencia latinoamericana de las últimas décadas sugiere una visión más amplia, donde la democracia se liga a la formación de un espacio público en el cual los ciudadanos pueden participar como iguales y, donde a través de su discusión de proyectos políticos para la sociedad, guían las decisiones de la esfera política. La teoría democrática alternativa pone, pues, énfasis en las prácticas que toman cuerpo en la esfera pública, en la cual tanto gobernantes como ciudadanos comunes se encuentran e influyen mutuamente. Ello supone ver a la democracia como una serie de prácticas sociales que buscan ser institucionalizadas, para así adquirir estabilidad y permanencia.

Mientras que en la primera y segunda ola de democratización predominaba una contradicción entre movilización e institucionalización, Avritzer sostiene que en la tercera ola de democracia que estamos viviendo, la democracia puede consolidarse a través de dicha movilización ciudadana. Sólo así, dice, se podrán superar los resabios de autoritarismo que permanecen en el centro de la esfera pública. En efecto, mientras que los movimientos surgidos en el seno de la sociedad civil pudieron tomar el espacio público en la época de transición democrática, una vez que los partidos políticos recobraron su estatura y se posicionaron, movimientos como los de derechos humanos se retrajeron y las viejas prácticas civiles autoritarias o clientelistas volvieron a ser ampliamente usadas. Nuevamente se percibieron las tensiones entre democracia formal y democracia como forma de organización social. Se restableció el abismo entre principios proclamados y los mecanismos a través de las cuales tales principios se llevan a la práctica, tal como identificamos con Mario Sznajder en nuestros estudios sobre el legado de violaciones de derechos humanos. Se reabrió la posibilidad de que las nuevas ideas y proyectos políticos se incorporaran sin cambiar de fondo las prácticas, tal como Laurence Whitehead ha indicado en un reciente ensayo sobre "América Latina como un mausoleo de modernidades". O bien, que se siguieran manejando "ideas fuera de lugar," para usar la incisa expresión del crítico literario brasileño Roberto Schwarz.

Según Avritzer, en la actualidad no se puede lograr una democracia efectiva sino a través de lo que él llama los públicos participativos (participatory publics). Mediante un análisis de los movimientos de derechos humanos en Brasil y Argentina, de las asociaciones vecinales en Brasil y México y de iniciativas de control ciudadano de elecciones en México, Avritzer observa que sólo algunas de estas iniciativas tuvieron éxito. Entre ellas se destacan las iniciativas de control de la probidad electoral en México, coordinadas desde 1994 a través de miles de contralores de la Alianza Cívica e incorporadas institucionalmente desde 1996 a través del Instituto Federal Electoral. En las elecciones del año 2000 ya participaron en el contralor electoral más de 450.000 individuos. De manera similar, a partir de la reforma electoral de fines de los 80, surge en Brasil una serie de iniciativas de participación ciudadana que fracasan en muchos casos, pero que en otros tienen éxito, al lograr ubicarse institucionalmente, transformando así la índole de la democracia como algo efectivo en el espacio público. Avritzer analiza una experiencia de ese tipo en el caso del así llamado orçamento participativo (presupuesto participativo) adoptado en varias ciudades brasileñas, entre ellas su nativa ciudad de Belo Horizonte. De acuerdo a dicho sistema, los ciudadanos logran participar en decisiones relativas a los usos de los presupuestos municipales, de forma tal que toman parte en las deliberaciones destinadas a identificar necesidades no satisfechas en la comunidad, establecer prioridades y controlar la forma en la que las obras son llevadas a cabo. Ambos casos son ejemplos de prácticas que profundizan el alcance real de la democracia, más allá del juego político de competencia formal por el poder.

El desarrollo de dichas iniciativas frente al relativo fracaso de otras experiencias demuestra que el punto clave para lograr cambiar el carácter de la democracia en América Latina deriva de la capacidad de lograr institucionalizar las prácticas participativas. Prácticas como la del contralor electoral en México o el presupuesto participativo en Brasil demuestran que la movilización ciudadana no perjudica o amenaza a la democracia. Por el contrario, especialmente al llevarse a cabo en forma deliberativa, la participación ciudadana parece ser la única vía para profundizar la democracia, especialmente en sociedades como las latinoamericanas, donde existen por una parte fuertes presiones participativas y, por la otra, remanentes de elitismo y desconfianza respecto de la ciudadanía, especialmente de las clases populares. Vale decir, el autor sugiere transferir el potencial democrático que existe en iniciativas surgidas a partir de la sociedad civil hacia la esfera política, a través de mecanismos de participación y espacios públicos deliberativos.

La visión que surge de la experiencia de la tercera ola de democratización en América Latina sugiere la actualidad de reivindicar la participación efectiva de los ciudadanos en el quehacer público y su elaboración en la teoría política. Con ello, debemos reconocer que estamos aún lejos de comprender cuán factible es lograr la profundización de la democracia efectiva en distintos ámbitos. Avritzer afirma que parece mucho más difícil tornar efectiva la institucionalización de mecanismos participativos en el ámbito de los derechos humanos que en el ámbito de los servicios públicos. Las democracias no han encontrado aún la forma de combinar seguridad personal y pública con el respeto a los derechos humanos. Asimismo, las prácticas deliberativas tienen mayores chances de éxito allí donde se estructuran en contra de prácticas nocivas que allí donde vienen a sugerir cambios en pro de prácticas y políticas innovadoras.

Este libro tiene gran peso teórico y, al mismo tiempo, relevancia empírica. Teóricamente, lleva a redefinir la forma en que pensamos y analizamos la democracia contemporánea, compartiendo lo que John Dunn ha denominado la 'travesía inconclusa de la democracia'. En el nivel empírico, el libro permite comprender por qué vías se puede reforzar la democracia efectiva y evitar el fortalecimiento de procesos paralelos, como la re-clientelización de las redes sociales o la marginalización de los movimientos ecológicos y de derechos humanos, tras el retorno de la democracia en América Latina y en otras sociedades que atraviesan procesos similares de transformación.

 

Luis Roniger Universidad Hebrea de Jerusalén




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