Marcha y América Latina


HORACIO MACHIN y MABEL MORAÑA (editores):  Pittsburgh: Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana / Universidad de Pittsburgh, 2003.
 

La revista uruguayaMarcha y la figura de Carlos Quijano, su fundador y director, representan una era dorada en la memoria de muchos intelectuales rioplatenses: una época en que la sofisticación del gusto cultural, el rigor crítico y la búsqueda de alternativas sociales y políticas parecían estar en armonía y podían exhibirse como rasgos identitarios. Por su larga vida y sus muchas virtudes, Marcha simboliza el prolífico ambiente cultural de la posguerra en el Río de la Plata, el dinamismo social de América Latina en los sesenta y su destrucción brutal en la década siguiente. El cierre del semanario y la detención de algunos de sus miembros en 1974 confirmaron, a menos de un año de los golpes de estado en Uruguay y Chile, la dramática clausura de la vida democrática de la región y de las esperanzas de cambio de algunos sectores. Por eso, la nostalgia por las oportunidades perdidas tiñe todo intento de reflexionar sobre la historia de la revista. En el caso de esta desigual recopilación de artículos editada en Estados Unidos por los uruguayos Horacio Machín y Mabel Moraña, la nostalgia viene acompañada de una buena dosis de desconcierto: ¿qué hacer con el legado deMarcha, además de añorarlo?

Este desconcierto es, en gran medida, un signo de los tiempos que corren, dentro y fuera de los ámbitos académicos. Pero en lugar de asumirlo como una pregunta válida para evaluar los aportes de la revista, Machín y Moraña parecen ceder ante el peso del interrogante, dejándose ganar por la incertidumbre y negándose a tomar algunas decisiones necesarias para dar consistencia a su proyecto editorial. Los numerosos descuidos tipográficos y errores ortográficos de la edición, la ausencia de un criterio uniforme para componer notas y citar bibliografía, todo eso sería menos importante si no sintonizara con la falta de estructura general del libro. No quedan claras las razones por las cuales un artículo está en una sección y no en la siguiente, qué interés tienen algunos de los testimonios y por qué hay tantos ensayos más o menos superficiales sobre el latinoamericanismo deMarcha y ninguno que analice en detalle la evolución de lo que sus colaboradores pensaban acerca de la revolución cubana, por ejemplo. El que intenta abarcar el "contexto político-económico internacional del siglo XX" (Carmen de Sierra) y el que procura comprender la revista como "un proceso ideológico inscripto en el tiempo histórico" (María Angélica Petit) abundan en redundancias y carecen de la necesaria pertinencia en la información y el análisis. Los artículos de Mirian Pino, Haydée Ribeiro Coelho y Raúl Antelo aportan algunas ideas y puntos interesantes, pero el diseño del libro los deja perderse entre reiteraciones de un puñado de asuntos básicos (tercerismo y latinoamericanismo de Quijano, virtudes de las páginas de crítica literaria, por ejemplo) y lagunas en otros no menos importantes (aporte a la fundación de la coalición de izquierda en 1971, avatares deMarcha como una empresa editorial, por nombrar dos asuntos que brillan por su ausencia).

A pesar de estas carencias, el libro es una bienvenida adición a la escasa producción que existe sobre Marcha y contiene varios artículos que sobresalen por su rigor e interés. De las cuatro secciones analíticas, las dos primeras ("La política enMarcha" y "Marcha y América Latina") son las más confusas y repetitivas, pero vale la pena destacar el riguroso análisis de Yamandú Acosta sobre la obra filosófico-historiográfica de Arturo Ardao y el sucinto y preciso estudio de este último sobre el latinoamericanismo de Quijano. La tercera sección está dedicada a los "estudios literarios" y es la más homogénea en su temática y calidad, con puntos altos en el informado estudio de Claudia Gilman sobre el papel de los intelectuales en los procesos de cambio social, el excelente análisis comparativo de Pablo Rocca sobre la impronta de Emir Rodríguez Monegal y Ángel Rama en la sección literaria del semanario, y el aporte testimonial de Jorge Ruffinelli y Nelson Marra sobre el episodio que derivó en su clausura (aunque su ubicación en la sección "Testimonios" habría sido más lógica). La cuarta sección se titula "Otras cartografías" y es la que ofrece más sorpresas e ideas novedosas, especialmente el enfoque descriptivo de Lucía Jacob sobre el aporte deMarcha a la cultura cinematográfica y la creación de un cine nacional en Uruguay, y el sugerente ensayo de Gustavo Remedi sobre los "desencuentros" del semanario con las expresiones de la cultura popular en los años sesenta y principios de los setenta.

Los colaboradores de este libro provienen de diversas disciplinas y espacios intelectuales, tienen formaciones disímiles, pertenecen a varias generaciones, viven y trabajan en diferentes países Esta variedad es seguramente el mayor acierto de la convocatoria realizada por Machín y Moraña y muestra el interés extendido y continuado por el legado deMarcha a la vida social y cultural del continente americano. La diversidad de enfoques y la disparidad de resultados son rasgos naturales de todo emprendimiento plural y suelen ser expresiones de su éxito en la exposición del estado de la cuestión sobre un tema de indiscutible interés académico y resonancias sociales. Pero la dificultad de esta compilación para sobreponerse a la nostalgia colectiva y exigir rigor en el análisis muestra que no es suficiente reclamar una herencia, por ilustre que sea, para construir nuevos instrumentos de comprensión de nuestro quehacer intelectual. La tarea no es fácil, pero el desconcierto que nos ha dejadoMarcha es una buena base para emprender el esfuerzo.

 

Vania Markarian New York University




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