La Asociación Rural del Uruguay (1870–1914)

 Daniela Bouret Vespa CSIC 
Alcides Beretta Curi Universidad de la República

 

dbouret@adinet.com.uy 
aberetta@montevideo.com.uy


La vitivinicultura cumplió un papel relevante en los procesos de modernización que vivieron los países australes latinoamericanos en el último cuarto del siglo XIX y primeras décadas del XX, tal como lo asigna la documentación de la época, los testimonios de los protagonistas, la creación y evolución del propio sector en ese período. El estudio introduce una reflexión a partir de la actividad desarrollada por una élite de empresarios con fuertes vínculos en los elencos políticos y sólidamente implantada en diversas organizaciones corporativas. No deja de llamar la atención cómo una apuesta que se impulsó igualmente con fuerza desde varios Estados de la región plasmara, finalmente, en resultados tan diferentes: la temprana potencialidad exportadora de la vitivinicultura en Chile o Mendoza contrasta con el éxito endogámico del caso uruguayo o los más modestos de Salta, San Juan, Jujuy y San Luis, en el interior argentino.

Antecedentes y procesos de modernización

En el último cuarto del siglo XIX se asiste a una redefinición de los espacios y mercados en el Plata. Las crisis de las economías tradicionales, en el marco de la creciente incorporación de la región al mercado mundial, generaron diversas respuestas. Uruguay sufrió las consecuencias del declive y crisis del "comercio de tránsito"que operaba desde Montevideo sobre un ampliohinterlandregional. Es cierto que, al igual que Mendoza, enfrentó la crisis de su economía tradicional ganadera, pero no desarrolló un proceso de especialización vitivinícola y quedó, finalmente, circunscrito a un mercado delimitado por las fronteras nacionales. Para Uruguay, por lo tanto, los cambios operados en la región implicaron la "confiscación" de un espacio geográfico–mercado que, en definitiva, no le pertenecía. Paulatinamente, las fronteras se "densificaron"y se definieron como límites más o menos eficientes de sus respectivos mercados internos. El río Uruguay fue perdiendo su rol comunicador y los vínculos con el litoral argentino, hasta entonces amplios y relativamente fuertes, se debilitaron. Las estrategias implementadas por los empresarios desde Uruguay para crear un mercado de vinos [1] en el litoral argentino –concretamente en Entre Ríos– reconocen una etapa experimental que resultó, finalmente, fallida. [2]

No es menor la percepción por los contemporáneos del fenómeno de la"crisis"de la economía tradicional y las reflexiones que generó en torno a proyectos alternativos y el destino de estas sociedades. La conjugación de la crisis de mercados para la ganadería tradicional y el tasajo con la decadencia del "comercio de tránsito", avivó una polémica interna muy fuerte: la disyuntiva entre país productor primario pero modernizado (ganadería asociada con agricultura, mestización ganadera, agricultura diversificada) o la industrialización (sustentada en la creciente importancia del mercado interno). [3] En este contexto, la élite visualizó la vitivinicultura como una herramienta eficaz en la construcción de un nuevo modelo de país:

1) Era un factor diversificador de la economía tradicional sustentada en la ganadería extensiva. En cuanto factor de diversificación, se presentaba como un instrumento más para enfrentar las crisis que conmovían el país criollo o tradicional;

2) Se la potenciaba como un elemento clave en la consolidación de la agricultura, actividad tradicionalmente débil en el Uruguay;

3) Presentaba buenos retornoscomo inversión (Jules Guyot [4] –lectura de cabecera para los fundadores de la vitivinicultura– señalaba una rentabilidad segura del 10% sobre la inversión de capital para los países vitivinícolas y particularmente el caso francés. En Uruguay y hacia 1912, el Ing. Julio Frommel estimaba esa rentabilidad para Uruguay en un 13%); [5]

4) La vitivinicultura era intensiva en el uso de la mano de obra y requería conocimientos y habilidades que concurrían a la"domesticación"del peón de estancia y creaba hábitos de orden y trabajo; por lo tanto, se presentaba como un factor de estabilidad política, al debilitar los bolsones sociales de marginales y peones estacionales, sobre los que se sustentaban las guerras civiles.[6]

El país protagonizó en esas décadas un crecimiento que, teniendo en cuenta el débil desarrollo agrícola, no dejó de ser impactante. Entre 1874 –registro estadístico del primer viñedo– y 1930, el número de establecimientos evolucionó de 1 a 4.964 (a razón del 16,4% anual) y las hectáreas en explotación de 35 a 12.484 (4,2% anual). [7] La relación entre el área agrícola y el viñedo exhibe, sin embargo, resultados muy modestos: en 1900 era el 0,87%, y en 1930 rebasaba escasamente el 1% del área agrícola. [8] El viñedo uruguayo presentó, en su fase inicial, rendimientos más bajos respecto a España, pero a partir de principios del siglo XX ya superaba la productividad promedio de aquel país europeo y hacia la década del treinta se aproximaba a los niveles de algunas de sus principales zonas vitícolas. [9] De todas formas, resulta evidente que en las primeras décadas del XX se había consolidado un desnivel de tal magnitud que, asociado a otros factores, denunciaba las dificultades uruguayas para exportar y la imprescindible protección de su mercado frente a la producción de origen europeo y, fundamentalmente, mendocina. [10] De esto resultaron, necesariamente, singulares comportamientos empresariales y diferentes estrategias implementadas por la élite. Por otra parte, una línea de estudio –en el marco del proyecto– sobre consumo, salud y alcoholismo [11] estaría advirtiendo sobre una escasa cultura vinícola en el país y un muy bajo consumo de vinos y otras bebidas alcohólicas, en contraste con Chile o la propia Argentina, por citar dos países de la región. Esta realidad –en la que al tema precios se añadiría, probablemente, una cierta desventaja en calidad de los vinos uruguayos frente a los mendocinos– [12] condicionó la apuesta de la élite y devaluó, finalmente, el proyecto vitivinícola. Es estimable –no contamos con certezas al respecto– que los vinos comunes uruguayos de mejor calidad fueron exportados en pequeñas partidas a la región, de modo que si no se establecía un régimen de protección, la concurrencia extranjera sería devastadora sobre la producción uruguaya, por sus mayores costos de producción e inferior calidad.

Finalmente, la relación entre producción y consumo da cuenta de serias limitantes en la construcción del mercado interno. Referir a las comunicaciones, permite reparar en una acción del Estado con cierta relevancia a partir de 1905, [13] en tanto el trazado ferroviario sufrió numerosos bloqueos en su desarrollo. El ferrocarril se construyó lentamente y su trazado radial convergente en Montevideo explicitaría las preocupaciones del "alto comercio" [14] y los inversores británicos en canalizar de manera más rápida y eficiente el tráfico con la región, en tanto que también sirvió a los fines centralistas y autoritarios del Estado uruguayo. Sin embargo, la progresiva extensión de las vías férreas fue acompañada del declive de ese comercio al que pretendió servir, en tanto tampoco cumplió el papel integrador al que muchos aspiraron. Se entiende, entonces, que aun siendo un país pequeño, el Uruguay no funcionó como un mercado integrado. Aún a comienzos del XX, los fletes eran altos, de modo que durante largo tiempo continuaron los troperos conduciendo el ganado a la tablada o los campos de engorde del entorno capitalino, en tanto productores agrícolas –y concretamente los viticultores– así como los bodegueros, recurrieron con limitada frecuencia a este servicio. Por otra parte, la extensión mayor del viñedo uruguayo se encontraba en el área rural, en torno a la capital–puerto: en 1916 era poco más del 50% (3.115 de las 6.170 has en explotación), y en las bodegas de este departamento se elaboraba el 61,5% del vino nacional (12:656.881 litros sobre un total de 20:576.64). La producción de vino se colocaba en los departamentos del sur del país, por otra parte los mejor comunicados por caminos y donde a comienzos del siglo XX se densificaba la mayor parte de las carreteras construidas por el Estado. Así, Montevideo conservó indiscutiblemente el rol de principal mercado nacional. [15]Consiguientemente, el ferrocarril no incidió en propiciar el desarrollo de otros espacios vitícolas ni fue esencial al sector, tal como se constituyó geográficamente, ni en su fase mercantil. Las críticas contra el ferrocarril se multiplicaron desde fines del XIX, y a comienzos del 900 algunos miembros de la élite insistieron en los efectos negativos de este servicio respecto a poblar la campaña, estimular la actividad económica y el intercambio. [16]

La constitución de la élite y su proyecto

Diferenciándose un tanto de las élites de la región, la uruguaya presenta una constitución más compleja y reconoce diferentes vertientes, ya que la integraron hombres procedentes de diversas actividades: agro, comercio, industria. Su acción renovadora se hizo sentir en sus esferas respectivas, muy particularmente en el sector industrial, siendo la vitivinicultura un espacio convocante y diversificador de sus negocios. Ciertamente figuran allí hombres nacidos en el seno del viejo patriciado, pero es muy nítido y relevante el liderazgo de hombres nuevos, procedentes de la inmigración, se trate de extranjeros o de sus hijos nacidos en el país.[17]

Algunos de sus miembros integraron el elenco de los partidos políticos –fundamentalmente del Partido Colorado– y se desempeñaron como legisladores, ministros y hasta un Presidente de la República. Otros tejieron sólidos vínculos de camaradería y amistad con legisladores y políticos. Tampoco estuvieron ausentes los lazos creados por negocios. Es necesario tener en cuenta que el viejo patriciado perdió poder económico y se refugió en la carrera política, conservando cierto nivel de autonomía respecto al poder económico; por tanto, a veces es menos evidente la relación entre la élite empresarial y el elenco político. Al menos, esta ha sido una visión tradicional en la historiografía uruguaya. [18] Sin embargo, esos fuertes vínculos con los partidos políticos y el Estado no fueron suficientes para enfrentar exitosamente el poder de los estancieros en el parlamento. La élite se constituyó con una fuerte presencia de extranjeros: radicados en el país como inmigrantes, devinieron empresarios y gravitaron en los espacios de su acción particular (el mundo de la empresa, la actividad corporativa, la política).

La élite impulsora de la vitivinicultura en el Uruguay

NOMBRE NACIONALIDAD ACTIVIDAD LOCALIDAD DEL VIÑEDO
Pablo Varzi hijo de italianos Tallerista, político Montevideo
Diego Pons hijo de catalanes Importador, político Canelones
Francisco Vidiella catalán Importador, lotería Montevideo
Francisco Piria hijo de italianos Rematador, balneario Maldonado
Andrés Faraut francés Agro Montevideo
Buonaventura Caviglia italiano Industrial, banquero Soriano
Hnos. Peirano italianos Industriales Montevideo
José Campomar español Industrial Montevideo
Luis de la Torre uruguayo Agri

 

Adolfo Artagaveytía uruguayo Comercio, agro Canelones
Buxareo Oribe hijo catalán Comercio, agro Montevideo
Carlos Augusto Fein alemán Comercio, agro Colonia
Antonio Raffo italiano Industria Montevideo
Ramón Arocena uruguayo Agro Florida
Domingo Basso italiano Agro Montevideo
Alfredo Margat hijo de francés Agro Montevideo
Matías Alonso Criado español Diplomático, agro Canelones
Francisco Lecoq hijo de español Político, agro Canelones
Juan Campisteguy hijo de francés Político Canelones
Máximo Tajes uruguayo Militar, político Montevideo

Fuente: Base de datos de los autores

Quizás porque el escenario de su múltiple acción fue Montevideo –ciudad mercantil, abierta a las diversas corrientes ideológicas europeas y americanistas–, esta élite nació de un tejido social más abierto y liberal por su matriz ideológica. [19] En su composición se advierte la temprana presencia de empresarios diversificados [20] pero el núcleo rector no presenta, necesariamente, ese carácter. Es igualmente temprano el interés de hombres que, desde diversas ramas de la industria, [21]derivaron hacia la vitivinicultura. [22] Un primer reconocimiento en el registro de vitivinicultores de 1916 los identifica con explotaciones que totalizaban unas 691 has destinadas a viñedos. La cifra no es insignificante: si se tiene en cuenta que, entonces, el viñedo nacional registraba 6.170 has, significa que estos industriales controlaban el 11,20% de su superficie. De todos modos, resulta evidente que la élite uruguaya no se comprometió activamente con la vitivinicultura. El éxito en su propagación y consolidación fue obra del sector más dinámico que la impulsó, generando un clima "contagioso" entre hombres de empresa de muy diversa procedencia. Ciertamente, la vitivinicultura fue una "pieza"$$ en el proceso de modernización que alentó un modelo de país que asoció innovación y colonización en el agro e industrialización.

A partir del registro de productores vitícolas de 1916 de la Asociación Rural del Uruguay y de la Unión Industrial Uruguaya,es posible identificar a unos 40 individuos como miembros relevantes de la élite. Presentan como características comunes, además de su involucramiento en la viticultura –algunos con bodega–, varios desempeños políticos, participación en actividades diversificadas e integración a diversas organizaciones corporativas como resultado de esa diversificación. Por su origen, 18 eran extranjeros, 12 hijos de extranjeros y 10 uruguayos. De ello resulta claro que estos hombres carecían de antecedentes familiares que los vincularan a los círculos oligárquicos.

Respecto a la acción de esta élite para fomentar la vitivinicultura, resulta evidente, en primer lugar, que su discurso y la acción resultante no se sustentaron en sólidos conocimientos y prácticas previas. A la vista estaba la labor experimental –deudora de los "manuales" europeos– llevada a cabo por los "pioneros" [Francisco Vidiella, Pascual Harriague, Pablo Varzi, Domingo Portal, Luis de la Torre]. También las prácticas introducidas por los agricultores inmigrados al Uruguay. Sin negar la posibilidad de algunas experiencias aún hoy poco documentadas, [23] hasta donde la investigación en curso alcanza, revela que era una actividad poco conocida en el país. Consiguientemente, las notas aparecidas en diarios y revistas sobre el tema y los asesoramientos a productores o posibles productores brindaban información general sin priorizar –al menos en las primeras décadas– la calidad del cepaje y de los vinos. [24] Diversos aspectos de carácter agronómico y climático no fueron un impedimento para los ensayos que se realizaron; en lo referente a suelos existía un desconocimiento significativo y, si bien algunos indicadores –suelos excesivamente húmedos– pudieron ser un reparo inicial, se apostó a la aclimatación del viñedo. Los estudios científicos sobre el tema son posteriores a la creación de la Facultad de Agronomía, hacia 1910.

Un aspecto que entronca con el anterior refiere a los modelos de referencia. En el caso uruguayo, pareciera no existir modelo o, seguramente, los modelos fueron varios. La fuerte presencia de la inmigración de origen italiano –lamentablemente aún no ha sido posible identificar la procedencia de la misma por regiones– debe remitir a prácticas muy diferentes en el propio país de origen. También tuvo su aporte la inmigración española, donde destacaron los canarios y el núcleo pequeño pero influyente de los catalanes. Por otra parte, los manuales y textos sobre vitivinicultura –ampliamente incorporados a las bibliotecas de la élite y de la propia ARU– remiten a los conocimientos y prácticas del viñedo de origen español, francés e italiano. Otros tantos referentes en materia enológica. No obstante, no se reconoce desde la prédica de la élite la postulación clara de un modelo.

No menos relevante resulta identificar los niveles de recepción de conocimientos y las prácticas experimentales, así como los carriles por los que transitó la difusión de saberes entre los pequeños productores. En este espacio, el del conocimiento, se advierte la importancia que, en Uruguay, alcanzó el autodidactismo, el uso de manuales y una bibliografía relativamente amplia en manos de los "pioneros" y de los hombres que iniciaron sus inversiones en el sector en la fase inicial de su construcción. [25]

En cuanto a la acción del Estado en la materia, estuvo limitada por la concepción liberal que alentó a los elencos de legisladores y por los escasos recursos con que contaron los gobiernos para encarar y financiar proyectos. Respecto al primer aspecto se fueron procesando, sin embargo, algunas iniciativas que dieron cuenta –desde el último tramo del XIX– de cierta ingerencia estatal en espacios que, hasta entonces, se le consideraban vedados. Contrastando con las fuertes inversiones que se movilizaron desde el Estado nacional hacia Mendoza, por referir a una experiencia de la región, los recursos asignados en Uruguay fueron muy modestos. Debe señalarse, además, que la acción legislativa tuvo en Uruguay alcance limitado pero efectivo:

  1. La política proteccionista benefició al sector en el marco de las leyes generales que afectaron el tránsito aduanero. [26]
  2. Las leyes de estímulo al sector fueron de carácter puntual y dejaron de "estar vigentes" muy pronto. [27]
  3. Por último, el Estado uruguayo no aplicó leyes particulares para el sector, salvo la de 1903 –reformulada posteriormente en dos oportunidades– que, con una marcada voluntad fiscalista, regulaba la producción de vinos naturales y perseguía la elaboración de vinos artificiales. La vitivinicultura no contó –como tampoco el resto de la naciente industria nacional– con una política crediticia por parte de las instituciones bancarias estatales. [28]

El recurso a los circuitos de crédito privado fue el mecanismo dominante junto a la inversión y sociedades de capital en el sector. Posteriormente y de modo muy lento aparecieron algunas líneas habilitadas por el Banco de la República y el Banco Hipotecario, que facilitó inversiones en viñedos, instalaciones de bodegas, reequipamientos, etc. [29] En materia de formación de técnicos, la creación de Escuelas Agrarias figuró en la prédica de la ARU durante varios años, siendo igualmente muy pobres los resultados alcanzados.

La acción de la élite desde la Asociación Rural del Uruguay$$

En la implantación, desarrollo y consolidación de la vitivinicultura en el Uruguay, cumplió un papel muy importante la Asociación Rural del Uruguay [ARU]. Fundada en 1871, y apoyada en el poder militar que aceleró el proceso modernizador en el país, nucleó a una élite de productores agrarios identificados con la moderna ganadería. Desde ese espacio aportaron al debate y la reflexión sobre un modelo de país que asociaba la ganadería moderna a la agricultura y cierto nivel de industrialización. En esa perspectiva, la ARU visualizó la vitivinicultura como un elemento innovador en el campo y como una de las palancas generadoras de una clase de pequeños y medianos productores rurales. Además de un factor modernizador del agro, concurriría a pacificar la campaña, asentar al hombre en la tierra, generar nuevos recursos para el mercado interno y para la propia ganadería, en suma, un elemento de diversificación de la producción agraria tradicional.

La exploración del archivo de la Asociación Rural del Uruguay permite calibrar la importancia que esta élite concedió a la vitivinicultura. Desde la visualización de la corporación como una entidad nucleadora de productores ganaderos, el interés por la vitivinicultura podía ser apreciado como un instrumento al servicio de sus fines generales prioritarios. Sin embargo, reparar en algunos aspectos puntuales de los hombres que asumieron la dirección gremial, el contenido de sus publicaciones oficiales, la atención privilegiada a la constitución de una biblioteca central y otras a cargo de las Comisiones Auxiliares constituidas en algunos departamentos del país, así como la lectura de los libros de actas de la Junta Directiva, revelan que la institución tuvo un compromiso más profundo y efectivo con este emprendimiento.

La ARU ha sido visualizada como una corporación que concentró a la clase ganadera progresista. La extensa y fecunda obra de los historiadores José Pedro Barrán y Benjamín Nahum estudia a esta corporación como expresión de una élite que reconoce como camino para el desarrollo uruguayo una ganadería mestizada y asociada a la agricultura. Sin negar esta perspectiva a más largo plazo, al menos durante unas tres décadas la dirección gremial asumió un compromiso muy fuerte con la agricultura y más concretamente con la viticultura. Entre la fundación (1871) y la realización del I Congreso de Viticultura (1903) pueden distinguirse tres momentos: una primera etapa que corresponde a la década y media inicial, en que los artículos y la correspondencia atienden la temática con entusiasmo y dedicación; una segunda en que el tema se debilita, en correspondencia con la extensión de las enfermedades del viñedo –particularmente de la filoxera– y la práctica creciente del arranquío; un tercer momento que coincide con los esfuerzos de repoblamiento del viñedo.

La composición de las sucesivas Juntas Directivas es elocuente respecto a la representación que en ella tuvieron los viticultores y los hombres "sensibles"a esta temática. Esa representación se refleja en las actas de sesiones de la Junta, donde el tema cobra, en oportunidades, una relevancia que opaca el tratamiento de los asuntos estrictamente ganaderos. Durante esas tres décadas [1871/1903] la presencia de viticultores –se dedicaran exclusivamente a esa producción, bien se tratara de una actividad exploratoria o una diversificación de inversiones– varió de una Junta Directiva a otra, alcanzando en oportunidades a representar entre el 65% y el 75% de sus componentes. Si bien en algunos ejercicios intermedios su presencia fue inferior, dominó una corriente manifiestamente proclive al tema. En la última década del XIX –repercusiones de la crisis de 1890 sobre las actividades productivas, expansión de la filoxera– se debilita la presencia de los hombres de la vitivinicultura en la Junta Directiva. Superada la crisis, a partir de 1895, nuevamente crece su participación en la Junta Directiva. Desde esta investigación, es posible visualizar el Congreso de 1903 como un hito clausurante del compromiso de la ARU con el sector naciente. Posiblemente, la sanción de la ley de vinos de ese año generó grandes expectativas entre los productores, en la medida que completaba la legislación proteccionista vigente con medidas concretas contra los vinos artificiales. Por otra parte, la derrota de caudillos y huestes rurales en la guerra civil de 1904 –alejando, definitivamente, todo peligro de algo parecido a una "revolución social" en el campo– también concurrió a debilitar el forzado interés de muchos dirigentes rurales por los asuntos agrícolas: el país tomaba, definitivamente, el sendero de la ganadería. A partir de la fecha, si bien el tema no fue "descartado" del interés de la gremial, no fue ya una apuesta y, definitivamente, la ARU se identificaba con el destino ganadero del Uruguay.

El interés de la corporación por la agricultura en general y, específicamente, la vitivinicultura, se refleja también en la constitución de su Biblioteca. La compulsa de los libros de actas de la ARU da cuenta de una frecuente recepción de materiales con destino a este servicio y de algunas compras iniciales de libros con destino a su sede central o a las Comisiones Auxiliares constituidas en algunos departamentos del país. Parte del fondo bibliográfico se obtuvo por canje con la revista que la gremial editaba. Sorprende la avidez por enriquecer esta sección de la ARU con textos relativos a la agricultura en general, su enseñanza, así como a ramas específicas (fruticultura, viticultura, etc). El inventario de los libros de la Biblioteca de la ARU, confeccionado con motivo del centenario de la gremial en 1971, [30] daba cuenta de la existencia de 2.137 volúmenes, de los cuales la Biblioteca había incorporado 1.330 al cierre del período aquí abordado. No obstante, de ese fondo, son los 867 volúmenes correspondientes a ediciones del siglo XIX los que fueron adquiridos en plena fiebre "pro–agrícola" de sus dirigentes, y cuyo contenido se aprecia en el cuadro siguiente:

Fondo bibliográfico de la ARU correspondiente a ediciones del siglo XIX

agronómico–agropecuarios 99 (11%)
agricultura e industrias derivadas 384 (45%)
granja y actividades derivadas 69 (8%)
Forestación 27 (3%)
veterinaria, ganadería y derivados 288 (33%)

Fuente: Archivo ARU: "Biblioteca de la ARU. Índice alfabético por temas"

El conjunto de temas abordados en este repertorio bibliográfico institucional –editado en el siglo XIX– fue reagrupado en referencias que dieran cuenta de los principales contenidos. Lo primero que asombra es el interés por actividades nuevas o de escaso desarrollo en el Uruguay, pero que eran percibidas como elementos modernizadores del país. Descontando lo genérico del rubro agronómico–agropecuario, el 67% de la biblioteca de la ARU refería a la moderna agricultura, actividades de granja y forestación frente a un repertorio más modesto –presente con el 33%– de veterinaria y ganadería. No se pretende extraer resultados concluyentes y tan sólo es indicativo de ciertos intereses y prioridades que la élite empresaria impulsaba con entusiasmo. Una exploración a los contenidos del rubro agricultura e industrias derivadas presenta estos resultados:

Temática de la bibliografía agrícola

agricultura general 233 (66%)
enseñanza agrícola 47 (13%)
maquinaria agrícola 9 (2%)
cultivos industriales 20 (5%)
jardines y flores 7 (2%)
fruticultura 9 (2%)
vitivinicultura 39 (11%)

Fuente: Archivo ARU: "Biblioteca de la ARU. Índice alfabético por temas"

Los datos precedentes exhiben, sin dudas, una preocupación real y activa en pro de la agricultura en general, pero con un énfasis muy marcado en la vitivinicultura.

La Revista de la Asociación Rural del Uruguayy la vitivinicultura

El seguimiento de la Revista de la Asociación Rural del Uruguay muestra desplazamientos y continuidades en los núcleos de interés, tangibles en sus artículos a lo largo del período en cuestión (1875 –1930).

En los primeros años, la preocupación imperante fue la divulgación de los problemas que la phylloxera [31] estaba provocando en Europa. Eran abundantes las notas sobre las más diversas recetas para combatir la plaga y estrategias para evitar su propagación y las acciones adoptadas en otras regiones, aunque no obstante, no pudieron evitar importantes pérdidas. De todas formas, estas recetas fueron combinadas con otros "levantes" de artículos europeos referidos a las formas de mejorar la calidad del vino, la difusión de las "novedades" europeas y de nuevos ensayos. Entre estos últimos, se destinaron espacios considerables en las páginas de la revista no sólo a promover productos nuevos como los vinos de arroz, vinos de pasas y vinos antiguos, sino también interesantes y variados informes sobre los métodos concretos de elaboración y mejoramiento de la calidad, la transcripción de artículos de estimable interés para los lectores, observaciones meteorológicas sobre las variaciones climáticas y volúmenes de lluvias, noticias sobre exposiciones europeas, conferencias y polémicas en torno a precios y adulteraciones de vinos, problemas sociales del alcoholismo y beneficios del vino, consejos que "operaban" como recomendaciones y asesoramientos a los productores y que, indudablemente, atraían una multiplicidad de lectores. Los vitivinicultores otorgaron a esta revista un peculiar reconocimiento, ya que la publicación operó como un espacio para consultas sobre prácticas dudosas, compartir las primeras experiencias exitosas, ofrecimiento de sarmientos, registros de información estadística de consumos de bebidas alcohólicas, especialmente vinos, en Uruguay y otros países. Las páginas muestran también frecuentes llamados a los productores y autoridades a extremar las precauciones por proteger la agricultura en general y fundar escuelas agrarias, intentando mostrar las ventajas conexas que este tipo de actividades aparejaba al progreso del país y de su población.

Es en 1880 cuando la revista comienza una nueva modalidad publicitaria de este tema. La propuesta consistía en la visita a un establecimiento vitivinícola, como pretexto para sugerir la reflexión sobre la nueva "mina" que significaba esta industria, a la vez que se promocionaba el establecimiento visitado dando cuenta de las actividades realizadas en el mismo y una relación a veces bastante detallada de plantíos, personal ocupado y el producto de la tierra: el vino. Las Memorias de la Asociación Ruralpublicadas en la revista manifiestan la importancia creciente que fue adquiriendo la vitivinicultura, y no sólo como actividad de algunos de sus integrantes sino como una importante industria nacional. La estrategia de promoción estuvo combinada también con la difusión de concursos, premios y, fundamentalmente, por los análisis de muestras de laboratorio. Este desarrollo estaba estrechamente relacionado con la preocupación por desprestigiar la producción de vinos artificiales y adulterados, [32] a la vez que destacar los beneficios del consumo de los vinos naturales. [33] Es necesario destacar que, con la industrialización del vino, comienza un período de crecimiento que si bien responde a diversidad de factores, se vio estimulado por el crecimiento demográfico registrado en el país. Este crecimiento fue acelerado por el ingreso de inmigrantes –en su mayoría hombres de la Europa mediterránea– para quienes el vino era parte importante de su dieta alimenticia. Esto supuso, entre otras cosas, una demanda interna asegurada y mecanismos de difusión de las distintas variedades por las bodegas.

Los inicios de la vitivinicultura en el país están asociados también a los días de festejos. La vendimia es calendarizada a partir del primer registro público –en febrero de 1883– cuando Don Francisco Vidiella celebró la Primera Vendimia en su Granja de Colón. A lo largo del período, las anotaciones de estas "delicias" en las páginas de la revista se articulan con preocupaciones más difíciles de resolver como los posibles planes de estudio para la escuela agraria, las enfermedades en el viñedo o los vinos adulterados. La institución participó de la "fiebre del progreso", que se expresó por la necesidad de "cuantificar" y "medir"; consiguientemente, la publicación exhibe en sus páginas diversidad de cuadros comparativos sobre consumos de bebidas en el país, la región y Europa; rendimientos por hectáreas; listado de premios, etc. Todo esto, además, explica el interés creciente por saber más sobre quienes se estaban dedicando a esta actividad y así, por ejemplo, la ARU dio curso –en 1888– a un formulario que intentaba construir un registro de productores.

A fines de 1898, las páginas de la revista se enriquecen con las reflexiones y contribuciones de agrónomos como el Ing. Julio Frommel, cuya prédica alentaba fundamentalmente a recorrer las enseñanzas europeas pero sin trasladarlas mecánicamente, reformulándolas al medio local. En esta línea, pueden situarse además las valiosas indicaciones del Ing. Teodoro Álvarez Montero, preocupado por elevar el conocimiento sobre los procesos de vinificación entre los productores. Los debates más interesantes en este período refieren a las incorporaciones sobre las técnicas de refrigeración y levaduras y la posibilidad de contratar expertos extranjeros para potenciar las plantaciones vernáculas. [34] Este período es fermental también para la planificación del congreso de vitivinicultores, previsto para el 900. [35] Las preocupaciones luego del Congreso fueron la promulgación de la ley de vinos, la divulgación de las últimas técnicas de vinificación, la publicidad, el conocimiento sobre consumo y los problemas sociales del alcoholismo, la generación de hábitos de trabajo en mujeres, hombres y niños rurales, la higiene del hogar. En cuanto a la publicidad, pueden destacarse dos vías nuevas: avisos con grabados incorporados sobre maquinaria, pulverizadores y establecimientos; y, por otro lado, el reconocimiento a quienes constituyeron el núcleo impulsor de esta actividad, como fue la preocupación por la erección de un monumento a Vidiella (1927) luego de su fallecimiento.

De todas formas, avanzada la primera década del siglo XX, los espacios dedicados a los temas agrícolas comienzan un lento declive a favor de la preocupación ganadera, que va llenando las páginas con fotografías de concursos de bovinos, ovinos, exposiciones de caballares y temas afines. La traslación del eje de interés es un indicador verosímil del cambio de preocupación de los productores y del propio Estado hacia la explotación ganadera.

Estímulo a la difusión de la vitivinicultura

Acercándonos un poco más en detalle a los textos concretos publicados, observamos que el rasgo más distintivo de este impulso está constituido por la intención de contagiar su entusiasmo en el desarrollo de esta rama de la producción y de la industrialización nacional.

Avanzada la década de 1870, no eran pocas las voces que apostaban a la vitivinicultura con la convicción de que se trataba de la promesa de una industria pujante, y se la visualizaba desde estas páginas como una salida productiva frente a las opciones fáciles imperantes de carácter especulativo. "Entre los varios ramos de agricultura, es indudable que la viña ha merecido de algunos años a esta parte particular atención y si los esfuerzos aislados de algunos individuos hubiesen encontrado un centro común, donde pudiesen comunicarse sus descubrimientos y comparar sus productos, es probable que a esta hora nos sorprendería el progreso realizado. [36Juan C. Corta, autor de estas reflexiones, veía el fin de la crisis que estaba atravesando el país y pregonaba la necesidad de apostar capitales a la vitivinicultura, que sería fuente de riqueza económica y de empleo, esquivando así la especulación en la Bolsa.

En esta línea podemos destacar la promoción de opiniones de distintos visitantes, entre otros el enólogo italiano Vittorio Scalabrini, que dejó impresas también sus esperanzas al respecto: "Aunque este país me sea casi completamente desconocido por haber llegado de Europa pocos días hace, sin embargo en tiempos como el presente en que tanto se agita la cuestión de la cultivación de la vid, me permito expresar mi débil opinión al respecto. Por cuanto pude examinar, puedo afirmar que la viticultura tendrá un porvenir brillante en esta República, porque en un país felizmente dotado por la naturaleza de las condiciones más preciosas que pueda apetecer la agricultura en general, la vid ha de encontrar las más favorables circunstancias para responder exuberantemente a las esperanzas del cultivador. (...) Llegó tiempo ya que este país se emancipe de la onerosa importación de los vinos y conserve en el interior los ingentes capitales que actualmente envía al exterior; y esto podrá conseguirse en breves años si la cultivación de la vid no se detendrá en los confines en que se halla presentemente limitada. (...) Montevideo, 14 de abril de 1887". [37]

El intercambio de conocimientos, las consultas epistolares y la promoción de plantas a bajos precios fueron otra estrategia para promover la industria. "Deseosos de que esta tan productiva planta industrial se propague convenientemente en el país, hemos obtenido de varios plantadores que poseen cepas de buena calidad, procedentes de Italia, Francia y España, que pongan a disposición del público los plantones que poseen, expendiéndolos a precios reducidos con el solo interés de hacer que se divulguen con profusión aquellas clases que son más aparentes para la fabricación del vino. Sabido es, que el país se presta admirablemente para el cultivo de la viña, como ha quedado comprobado por los distintos ensayos hechos; falta sólo la elección de la clase de uva aparente, sin la que, sean cuales fueren las condiciones del terreno, no se conseguirá nunca formar un tipo de vino regular..." [38]

Una modalidad indirecta pero muy efectiva para acentuar el "aire de progreso" fue, como adelantáramos, la descripción de granjas vitícolas, donde el cronista narraba desde su llegada a la misma, el paisaje, los colores y los aromas, hasta la recepción por la familia y los empleados. Esta presentación iba generalmente continuada por una detallada reseña de las virtudes de sus vinos, de la cantidad de plantas, de las extensiones de tierras y los cuidados. También encontramos en estas secciones, cartas y hasta "desafíos" como el siguiente, donde un reconocido vitivinicultor invitaba a probar los "frutos de la tierra"; nos referimos a algunas de las estrategias empleadas para el conocimiento de sus productos, de nada menos que de Francisco Vidiella. "El arte más útil y más antiguo del mundo es la agricultura, rústica primero y científica y perfeccionada después; puesto que su cuna y sus primeros adelantos fueron el paraíso, y su vida y actual existencia, es la compañera inseparable del hombre condenado siempre, para llenar sus imperiosas necesidades, a cavar la tierra y regarla con el sudor de su frente. (...) Apasionado de todo lo útil que puede desarrollar la riqueza del país, emprendí el cultivo de la viña y del olivo, que, a mi juicio, es grande porvenir para el Estado Oriental. La viña y el olivo se producen admirablemente en la mayor parte del suelo, y todo consiste en la elección de las plantas que deben desarrollarse y aunque haya quien diga que es absolutamente imposible el producir buen vino en este suelo, yo invito a quien quiera beberlo para disipar sus dudas. Nuestro vino cosechado en Colón, ha producido un riquísimo mosto de 15º alcohol. Con esa clase de productos pueden elaborarse los mejores vinos de Europa". [39]

Vino, salud y alcoholismo

Un resultado no deseado del consumo de vinos reparaba en sus efectos nocivos sobre la salud. El crecimiento de esta industria fue parte del proceso "modernizador" que vivió el Uruguay en esas décadas y se proyectó en la sociedad modificando las pautas de consumo y los hábitos. Pero, a su vez, en el plano de los comportamientos, de la conformación social de lo que las diferencias de clase, etnia, género y edad consideraban como "bueno", emergió en ese Novecientos un culto a la salud y a la higiene que se constituyó como un paradigma imperante en los sectores medios y altos de la sociedad, en una suerte de bisagra entre"moralización de la medicina" y "medicalización de la moral". [40] Resulta entonces significativo el desarrollo de una industria cuyo producto estaba directamente relacionado con lo que esta moral esgrimía como "demonios" sociales. El debate estaba centrado, por el lado de los higienistas, en los efectos producidos por el consumo de alcohol (en este caso, específicamente del vino) en el organismo humano; y por el lado de los vitivinicultores, la promoción de lo que se entendió como la capacidad energética que tenía su producto, sumado a la denuncia de lo que llamaron intereses creados por desprestigiar el consumo de vino en beneficio a otras bebidas.

Este debate, que tuvo resonancias mayores y que supuso intentos disciplinadores cuando se amplificó su radio de acción desde la higiene a la moral, fue sin duda también un elemento utilizado para la promoción de los vinos naturales como tónicos importantes en la salud, y ambos utilizaron a la ciencia médica para respaldar sus posiciones. [41]

El sector vitivinícola recurrió frecuentemente como ejemplo a las modalidades desarrolladas por los países europeos, donde se solía citar que los países productores de vino tenían menos índices de alcoholismo que quienes consumían otras bebidas alcohólicas. Al respecto, para José Del Pozo, los viñateros chilenos no difirieron mucho en su estrategia, poniendo como ejemplo a Europa y propiciando como estrategia el fomento de una educación que integrara al vino a la alimentación, a la vez que el aumento de los grados represivos para el ebrio y el fabricante de vinos adulterados. [42]

El tema del alcoholismo, es decir, los efectos negativos en el organismo humano y en el "cuerpo" social fueron largamente debatidos, incluso al interior mismo de la Asociación Rural. Por ejemplo, en los siguientes artículos, se promueve el consumo del vino, recalcando la moderación y las propiedades tónicas, diferenciándolo a su vez de otras bebidas alcohólicas:

La higiene es la ciencia que trata de la conservación de la salud, es al cuerpo lo que la moral es al alma. Es la higiene siguiendo sus principios que la robustece y dá fuerza al cuerpo, dá salud porque enseña el aseo, la sobriedad, los remedios e sanear las habitaciones, escoger los alimentos, vestidos etc.
(...) Lo que se dice de las comidas puede decirse de las bebidas. El consejo es siempre útil. Las bebidas en el estío son más usuales y necesarias sobre todo para los trabajadores expuestos a los rigores y rayos de un sol abrasador, ocupados en trabajos fuertes que producen una traspiración abundante. El agua fría no conviene, debilita el estómago. El vino, las bebidas alcohólicas como lo son la caña, el coñac, la ginebra son el vehículo que mezclados con agua acostumbran tomar durante los trabajos los hombres del campo. Tomados esos líquidos en pequeñas cantidades no pueden hacer mal, aunque no son los más apropiados, pero como la sed es mucha y en algunos hay el vicio, suceden descomposturas de cabeza, del estómago y sudores copiosos. 
A.L.C. [43]

Las condiciones sanitarias del país condicionaban el acceso al agua potable, y las insuficiencias alimenticias eran una preocupación también de los empresarios que veían en la ingesta vinícola, con los cuidados necesarios, un complemento importante. El ejercicio de poder adquiere visibilidad en la medida que regula los excesos, disciplina los cuerpos, intenta establecer normas de conducta que parezcan naturales y como tales se introyecten en los trabajadores sin perjudicar el trabajo.

Los poderes tónicos fueron legitimados por la tradición más antigua como complemento alimenticio y medicina carísima contra las temibles fiebres. "El vino es un tónico, un estimulante y un verdadero alimento dotado de bastante sustancia alible con relación a su pureza y su peso. El vino favorece la transpiración, ayuda a todas las funciones del cuerpo y fortifica, tomado con moderación, el estómago y todas las vísceras abdominales. Además de alimento, el vino es también un agente terapéutico y aunque con alguna concisión, indicaremos algunas de las enfermedades que se curan con ese licor que extraído de una paradisíaca ha prestado y presta grandes e inolvidables servicios a la humanidad y constituye la riqueza de algunas naciones". Pero el artículo no deja de transitar por lo que se constituyó en un lugar común: los inconvenientes del exceso de beber vino. Y cita desde Plutarco a Licurgo, sosteniendo que "El alcoholismo ha hecho su gran camino entre nosotros y numerosos son los que día a día sucumben a los efectos de la bebida y muchos más desde que las diversas bebidas aguardientes se disfrazan con nombres más o menos atractivos para la curación de tal o cual enfermedad. (...) Creemos que el vicio de la bebida hará gran camino en la campaña, porque los medios de llegar hasta las bebidas son todavía muy fáciles, dada la facilidad misma con que se fían y venden y de los medios de trabajo que no faltan y que siempre alcanzan para arreglar cuentas con la esquina. El tiempo dirá –como dicen que dijo el señor Rivadavia; el tiempo dirá si hay o no conveniencia social en exponer a la vergüenza pública la vergüenza de la borrachera". D. Ordoñana [44]

Las notas de colaboradores intentaron combatir la campaña antialcohólica a través de estadísticas de producción mundial, a la vez que demostrar la extensión del consumo de vinos en las clases "ricas de todos los países", alertando sobre cambios necesarios a efectuar para su optimación. Al respecto, el artículo firmado por P. Viala expresaba que "en la actualidad, la producción del mundo entero parece ser de 160 a 170 millones de hectolitros (...). No obstante la ardiente campaña de las ligas que se han formado para luchar contra el alcohol y que, bajo pretexto de alcoholismo han englobado el vino con otras bebidas fermentadas, en todas partes aumenta el consumo del vino. Se creía que la campaña antialcohólica ejercería influencia desde el punto de vista del consumo del vino; se ha creído especialmente que, generalizando la proscripción, se llegaría a la disminución progresiva del alcoholismo, pero su acción ha sido insignificante, pues no sólo no ha ejercido efecto desde el punto de vista del alcohol mismo, sino que, afortunadamente para la higiene general, no ha dado resultado alguno real para la proscripción del vino, que se quería confundir con brebajes alcohólicos poco recomendables. El consumo del vino aumenta, pues, no sólo entre las clases pobres, sino también entre las clases ricas de la sociedad de todos los países". [45]

El seguimiento del debate presentado muestra un escenario complejo, con intereses diversos en su interna, que fueron además denunciados por todos los involucrados. No sólo el cuerpo médico presentó diferencias epistemológicas en torno al consumo del vino y el problema del alcohol; también la clase rural dirigente mostró públicos conflictos de intereses, tal como surgen en algunos artículos de la Revista de la Asociación Rural. En éstos se destacó un claro interés de clase manifiesto en la alerta de "salvar" a los trabajadores rurales del peligro alcohólico, incluyendo el consumo de vinos, estrategia adversa totalmente a la utilizada corrientemente por el sector vitivinícola: "El doctor Lefebre, de la universidad de Louvain, ha dicho que avanza más cada día una nueva barbarie, la barbarie alcohólica. (...) Y el consumo aumenta en todas partes de una manera alarmante. (...) Se ha calculado que en París cada individuo bebe anualmente, por término medio, 205 litros de vino, 57 litros de aguardiente, 60 litros de sidra y 11 de cerveza. Hemos transcripto el precedente artículo para enseñanza de la campaña, donde el alcohol hace no pocas víctimas. Combatir tan grave mal es obra de elevado patriotismo". [46]

Algunos otros dan cuenta de la prioridad en mantener el orden, en promover el trabajo, y no repararon en proteger el difícil equilibrio que estaba persiguiendo el sector vitivinícola en separar al consumidor de vinos de otras bebidas destiladas; por ejemplo:"El niño es perezoso, porque el trabajo de su desarrollo camina en primera línea y necesita reposar con el sueño y distraerse con el juego. En los viejos sucede otra cosa: la pereza es hija del estado general de su organismo, gastado y sin fuerzas por trabajos anteriores. (...) El que no trabaja tiene que sufrir infaliblemente las consecuencias del vicio en general, por ser éste hijo legítimo de la ociosidad. Estirpar (sic) la vagancia del cuerpo social es cuestión dificilísima que muchos gobiernos han intentado inútilmente. Algo se ha hecho, sin embargo, para destruir la mendicidad; pocas son ya las poblaciones cultas que permiten en sus calles este escarnio de su pobreza. El juego y la bebida han encontrado también una ley represiva en los códigos de casi todos los países. Más no se ha tenido en cuenta que la mendicidad, la bebida, el juego y las otras carcomas existentes en la sociedad, son casi siempre efectos y no más que efectos de la haraganería". L. Rodríguez [47]

La dificultad en encontrar discursos alternativos que legitimaran el consumo de vinos fue resuelta con el "levante" de notas desde otras latitudes, así como citas a "expertos médicos extranjeros" que reflexionaban sobre las propiedades y beneficios de su consumo moderado. Por ejemplo, entre las "noticias varias", aparecían los siguientes recuadros:

De nuestro apreciable colega el Journal d´Hygiene tomamos el siguiente cuadro de la longevidad comparada de los bebedores y de los que no lo son:
Probabilidad de vida para los bebedores: a los veinte años, 15,6; a los treinta, 13,0; a los cuarenta, 11,6; a los cincuenta, 10,8 y a los sesenta, 8,9.
Probabilidades de vida de los no bebedores: a los veinte años, 44,2; a los treinta, 36,5; a los cuarenta, 28,8; a los cincuenta, 21,25 y a los sesenta, 15,25. [48]

La Revista de la Asociación Rural se sumó a la campaña que denunciaba los males por el exceso del alcohol; si bien en el siguiente caso la responsabilidad era atribuida al aguardiente, se advierte una respuesta directa a los intereses de una clase que necesitaba mano de obra eficiente:

 

    "El alcoholismo. Aforismos de higiene y de moral para nuestra campaña 
  1. El alcohol no es un aperitivo.
  2. El alcohol no es un alimento.
  3. El alcohol es un veneno.
  4. El alcoholismo es el envenenamiento crónico que resulta del uso permanente de las bebidas espirituosas, aun cuando éstas no produzcan la embriaguez.
  5. El "aperitivo" es la portada del alcoholismo crónico.
  6. El uso de las bebidas espirituosas debe proscribirse de las costumbres, en beneficio del porvenir de la raza.
  7. La costumbre de beber alcohol, conduce al desafecto de la familia, al olvido de los deberes sociales, al disgusto por el trabajo, a la miseria, al robo, al asesinato, al suicidio.
  8. El alcoholismo es causa de muchas enfermedades: tuberculosis, parálisis, locura, hidropesía; enfermedades del estómago, del hígado, de los riñones, y agrava todas las enfermedades agudas: tifus, paludismo, disentería, pulmonía, etcétera.
  9. El alcohol no aumenta la fuerza muscular; al contrario, pasada la excitación artificial que determina, viene la depresión nerviosa y la debilidad.
  10. Los hijos de los alcohólicos, si no mueren niños, son más tarde escrofulosos, epilépticos, idiotas, maniáticos, locos, criminales.
  11. El alcoholismo es el cáncer social de nuestra época; sus efectos se transmiten de generación en generación.
  12. De cada cien tuberculosos, setenta y cinco son alcohólicos.
  13. El bebedor de aguardiente es un suicida inconsciente y estúpido que se degrada y se envilece antes de morir.
  14. El alcohólico es un ser despreciable ante los ojos de la mujer, que ama en el hombre el talento, la virtud, el valor y el poder, los grandes atributos que hermosean el alma humana, no los vicios que la afean y la degradan.
  15. El alcohol es el enemigo mortal del amor: el hombre alcoholizado es incapaz de amar.
  16. El alcoholismo es el más degradante de los vicios y el más funesto.
  17. Ningún vicio coloca al hombre en una situación de mayor inferioridad social que el alcoholismo.
  18. El hombre ebrio, no es digno de conmiseración ni de piedad: es un ser profundamente despreciable por innoble.
  19. El bebedor de oficio se convierte en un ente repugnante, por asqueroso y vil.
  20. El hombre ebrio es capaz de todos los crímenes, porque la acción lenta del veneno sobre su sistema nervioso central, lo embrutece hasta el punto de perder toda noción de dignidad personal, de decoro social, de respeto a sus semejantes, de honor y de virtud.
  21. Todos los buenos ciudadanos deben luchar contra la propagación del vicio del alcohol, en nombre de la salud del individuo, de la existencia de la familia y del porvenir de la nación.
  22. La lucha antialcohólica es obra de filantropía, de patriotismo y de suprema caridad.
  23. Es necesario interponernos entre nuestro noble, honrado y laborioso pueblo y la botella de aguardiente, que le ofrece un placer momentáneo, en cambio del envilecimiento de su alma y de la pérdida fatal de su salud y de su vida y de la de sus hijos.
  24. El alcohol no es necesario a nadie.
  25. El alcohol es perjudicial a todos.
  26. Es posible vivir sano sin alcohol.
  27. Es imposible vivir sano con alcohol.
  28. El abuso del alcohol enferma el cuerpo y envilece el alma.
  29. La industria del alcohol enriquece a muchos; pero el alcoholismo conduce al pueblo a la degradación, a la miseria, a la enfermedad y a la muerte. L. Razetti [49]

De todas formas, fue una construcción compleja donde alternaron las preocupaciones de una clase que manifestaba propiciar el trabajo, la virtud y el ahorro por todos los medios con la publicación de notas que utilizaban del saber médico en beneficio del consumo de vinos. El núcleo central a resolver no fue cuestionar los peligros sociales del alcoholismo, sino encontrar lo que se consideraba "la justa medida" y su contrapartida: el exceso. El debate continuó haciendo públicos los conflictos generados por los peligros sociales del alcoholismo frente a los descubrimientos médicos acerca de las propiedades tónicas de los vinos, propiciando así modificaciones en los hábitos de algunos sectores sociales a lo largo del período. Estos procesos fueron sin duda influenciados por el desarrollo de las investigaciones científicas, por una búsqueda de calidad en el producto final como resultado de ensayos y adopción de técnicas y tecnologías, por una creciente inserción del producto en el mercado y por un cambio en la percepción de calidad del mismo por los consumidores. Indudablemente, el tema vitivinícola aparecía atravesado por las contradicciones de diversos argumentos y temores que, en definitiva, concurrieron también a debilitar el interés por el tema desde la revista de laAsociación Rural del Uruguay.

Conclusiones

Independientemente de la evolución que sufrió el tratamiento del tema vitivinícola por parte de la Asociación Rural del Uruguay, es innegable que ella cumplió un rol relevante en su fase de implantación y difusión. El compromiso con esta actividad desnuda la acción de una élite, entre cuyos miembros destacaron hombres de origen inmigrante que alcanzaron puestos de responsabilidad gremial o bien, como productores y estudiosos, encontraron en la corporación un espacio para la difusión de sus prácticas y logros. La obra de esta dirigencia expresó el programa más avanzado de una fracción de la élite que apostó a un modelo que asociaba la modernización del agro –diversificación productiva, mestización ganadera, agricultura, granja– y la industrialización para el mercado interno.

Desde el Uruguay de las guerras civiles y la década de pax pretoriana de los gobiernos militares (1875/1886), la Asociación Rural del Uruguayvisualizó la agricultura y, concretamente, la vitivinicultura, como una herramienta civilizadora y afincamiento del hombre a la tierra. Si el planteo no interpretaba el sentir de la élite en pleno, tampoco era una bandera demagógica en la medida que buena parte de sus directivos y muchos de los productores afiliados practicaron la viticultura y la impulsaron con entusiasmo. El fin de las guerras civiles a partir de 1904 marca un progresivo decaimiento del tema en el programa impulsado por la Rural y da cuenta, también, de la recomposición y recambio operado a la interna de la élite que la conducía. Cuando la crisis del 29 llegó al Uruguay, el sector vitivinícola ya estaba definitivamente consolidado y no era posible quitarle a la Asociación el mérito de su obra.

 

NOTAS

Este artículo se enmarca en el proyecto multidisciplinario "Historia de la vitivinicultura uruguaya en el contexto regional y sus raíces europeas (1870/2000)", parcialmente financiado por la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC) de la Universidad de la República.

 

 

    1
    El relevamiento del archivo de la Barraca del Pontón permite seguir la evolución y posterior declive de los envíos de esta importante casa comercial a distintos particulares [productores agrarios, clientes urbanos] y firmas comerciales de Entre Ríos.
    2
    Archivo Julio Caviglia. "Relación de los bienes inmuebles de las sucesiones Buonaventura Caviglia y Blanca Bellini de Caviglia, practicada en el inventario de esta última, en el año 1931, y a cuya época se refieren los valores establecidos", hoja 8. Buonaventura Caviglia adquirió en Mercedes (departamento de Soriano), un establecimiento rural –la estancia "Santa Blanca"–, en el que instaló varias agroindustrias. La estancia, con unas 3.600 has, contaba con 77 has de viñedo. Durante la primera década y media del siglo XX, este empresario de origen italiano y su consuegro –el vasco Teodoro Larrauri– constituyeron una sociedad comercial para el envío de vinos al litoral argentino. Esta iniciativa formó parte de un operativo más amplio en el que también participó el escocés John Chaplin (estanciero, comerciante de ganados finos, gerente de la sucursal del Banco Inglés en Paysandú y luego del Banco Italiano en esa misma ciudad). Chaplin y Caviglia integraron el staff del Banco Italiano, donde trabaron amistad y financiaron los operativos comerciales hacia la Argentina.
    3
    José Pedro Barrán y Benjamín Nahum, Historia rural del Uruguay moderno. II: 1886/1894, Montevideo, 1971; José Pedro Barrán y Benjamín Nahum, Historia rural del Uruguay moderno. III: Recuperación y dependencia, 1895/1904, Montevideo, 1973.
    4
    Jules Guyot, Culture de la vigne et vinification, Paris, 1861.
    5
    Reginald Lloyd, Impresiones de la República Oriental del Uruguay en el siglo Veinte, Londres, 1912.
    6
    Los historiadores José Pedro Barrán y Benjamín Nahum estiman que el "desempleo tecnológico" –resultado de las transformaciones operadas en el medio rural, particularmente el cercamiento de los campos, convirtió en excedentario parte de los trabajadores. Alrededor de 40.000 personas (10%) de la población rural fue expulsada de las estancias y constreñida en los llamados "pueblos de ratas", que proveían de brazos para las zafras ganaderas y, más tarde, agrícolas [ver J. P. Barrán y B. Nahum Historia rural del Uruguay moderno. Historia social de las revoluciones de 1897 y 1904, Montevideo, 1971].
    7
    Belén Baptista, "La temprana vitivinicultura en el Uruguay (1875/1930): algunos indicadores de su desarrollo", ponencia presentada al I Congreso de Historia de la Vitivinicultura Uruguaya en el contexto regional (1870/1930), Montevideo, Septiembre 6/7 de 2001.
    8
    Magdalena Bertino, La agricultura en el Uruguay, 1911/1930, Montevideo, 2000.
    9
    Baptista, "La temprana".
    10
    Diversos testimonios de los archivos de bodegas, así como la prensa, reflejan la preocupación por la competencia irresistible de los vinos mendocinos a los uruguayos. Así resulta de los registros de correspondencia de Pablo Varzi y de Buonaventura Caviglia, dos destacados empresarios del sector.
    11
    Daniela Bouret, "El vino en el 900: ¿salud o alcoholismo? Estrategias para promover su consumo", ponencia presentada al I Congreso de Historia de la Vitivinicultura Uruguaya en el contexto regional (1870/1930), Montevideo, septiembre 6/7 de 2001.
    12
    No es fácil determinar el nivel de calidad de los vinos producidos en Uruguay. Contrasta la nómina de premiaciones de varias bodegas en las Exposiciones Internacionales del último cuarto del XIX y primeras décadas del XX con los testimonios de la prensa, las denuncias sobre adulteración de vinos y algunos señalamientos realizados por A. N. Galanti.
    13
    Esther Ruiz, "Ingenieros y Estado: una relación imprescindible en la formación del Uruguay moderno" [inédito].
    14
    Expresión acuñada por los historiadores José Pedro Barrán y Benjamín Nahum para designar al núcleo de comerciantes que controlaban el comercio exterior.
    15
    Población de Montevideo y total del Uruguay
    AÑO MONTEVIDEO TODO EL PAÍS % CAPITAL
    SOBRE TOTAL
    1882 164.000 505.000 32
    1908 312.000 1:058.000 29
    1930 655.000 1:903.000 34
    16
    Ver Francisco Piria Las impresiones de un viajero en un país de llorenes por Henry Patrick. Publicado por Francisco Piria por orden de la empresa particular La Industrial, Montevideo, Imprenta á vapor de El Ferrocarril, 1880.
    17
    En este último caso, es necesario enfatizar que por su formación, ideas, experiencias, mentalidades, espíritu de empresa, participaban de la matriz mediterránea de sus padres.
    18
    Por cierto que el estudio de algunas actividades "nuevas" como la industria y la vitivinicultura desnudan vínculos y negocios, cuestionando esa posible autonomía del Estado uruguayo.
    19
    El seguimiento de algunos hombres de esta élite en diversos desempeños corporativos y empresariales revela un pasado liberal y, a veces, revolucionario que los obligó a emigrar de las represiones desatadas en sus países de origen. Llegados al Plata, se integraron a nucleamientos políticos de similar tonalidad ideológica antes de devenir empresarios y participar en organizaciones corporativas. De todas formas, en la mayoría de los casos, su "nueva filosofía" conservadora admitía ciertos matices de un pensamiento más abierto y liberal.
    20
    Un caso claramente representativo es el de Buonaventura Caviglia: propietario de una de las más importantes fábricas de muebles del país, era importador de bienes suntuarios para el alhajamiento de las residencias privadas; invirtió en fincas urbanas y diversos negocios inmobiliarios; integró el elenco rector del Banco Italiano dell'Uruguay desde su fundación; invirtió en una estancia (unas 3.600 has), donde dedicó más de 70 has a viñedo.
    21
    Alcides Beretta Curi, "El desarrollo de la temprana vitivinicultura en el Uruguay: un atractivo camino para la diversificación empresarial (1870/1930)", en Alcides Beretta Curi (ed.), De hombres y de vinos, Montevideo [en prensa].
    22
    Presencia de industriales en el viñedo uruguayo

    NOMBRE LOCALIDAD EXTENSIÓN (has) ACTIVIDAD
    Aquiles Ferriolo Colón 13 Tabacalero
    José Salgueiro Rincón del Cerro 5 Tabacalero (*)
    José Campomar Cuchilla Pereira 52 Industria textil (*)
    Angel Salvo Pantanoso 23 Industria textil (*)
    Francisco Ameglio Cuchilla Piñeirúa 6 Fábrica de bebidas (*)
    Buonaventura Caviglia Mercedes 77 Fábrica de muebles (*)
    Luigi Podestá Canelones 25 (¿?) Molinero (*)
    Antonio Raffo Pando 15 Molinero (*)
    Hnos. Periano Melilla y Paso Molino 84 Molinero (*)
    Antonio Barreiro y Ramos Pantanoso 9 Imprenta
    Gustavo Herten Las Piedras 48 Imprenta
    Francisco Piria Maldonado 250 Rematador (*)
    Pablo Varzi Colón 30 Contratista del Estado, taller de uniformes militares
    (*) Empresarios diversificados

    FUENTE: Archivo y base de datos de los autores
    23
    La investigación que desarrolla el Lic. Daniele Bonfanti, en el marco de este proyecto, revela la práctica de la vitivinicultura durante la colonia y primeros años de independencia en el departamento de Canelones, de forma limitada.
    24
    Alcides Beretta Curi y Elena Beyhaut, "Pioneros, conocimientos y experiencias en los inicios del sector vitivinícola uruguayo (1870/1890): un abordaje interdisciplinario a propósito de Dn Francisco Vidiella", ponencia presentada al I Congreso de Historia de la Vitivinicultura Uruguaya en el contexto regional (1870/1930)", Montevideo, septiembre 6/7 de 2001.
    25
    Alcides Beretta Curi y Elena Beyhaut, "Pioneros".
    26
    La ley de aduanas de agosto de 1875 contempló la situación de los vinos, gravando con un 10% –además de los impuestos ordinarios y adicionales– su importación general y con un 20% los embotellados o en cascos menores de una bordalesa [Matías Alonso Criado Colección legislativa de la República Oriental del Uruguay, Montevideo, 1878, Tomo IV, 303-308]. No deja de llamar la atención lo temprano de la medida, cuando la vitivinicultura estaba aún en su fase experimental, por lo que debemos interpretarla en el espíritu que animó su sanción: una urgida preocupación fiscalista por parte de un Estado, asfixiado por obligaciones en el contexto de la crisis de 1873, que se presentó localmente en su fase más dramática en 1875, el llamado "año terrible". En 1885 se creó una Oficina de Análisis, dependiente de la Dirección de Aduanas, que prohibió la fabricación de vinos artificiales [Raúl Jacob, Breve historia de la industria en el Uruguay, Montevideo, 1981, 49]. Luego de un breve retorno liberal en materia de comercio exterior, el 13 de julio de 1886 fue sancionada una nueva ley que gravó la importación de vinos con un arancel del 47% [Matías Alonso Criado, ob. cit., Montevideo, 1886, Tomo X, 226-230]. Importa señalar que en la sanción de esta ley, el Informe de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Representantes elaboró una fundamentación proteccionista entre cuyos firmantes se encontraban Domingo Lamas –especializado en temas de economía y asesor económico y financiero de varios ministros de hacienda de Argentina y Uruguay [Raúl Jacob, ob. cit., 50]– y los legisladores Turenne y Varzi, con antecedentes como industriales y de significativa presencia en la fase inicial de la vitivinicultura uruguaya. Una nueva ley, del 4 de enero de 1888, acentuó las medidas proteccionistas, fijando un arancel común del 31% para todas las importaciones, estableciendo valores mayores, menores y exenciones en función de la competencia o de los requerimientos de insumos por parte de las industrias nacionales y el agro. En particular, los vinos fueron gravados con un derecho de $ 0,05 los comunes españoles y de $ 0,23 los vinos finos. Las leyes posteriores, de las que la más importante por su alcance general fue la sancionada el 23 de marzo de 1912, acentuaron las medidas protectoras a la industria nacional, entre ellas las vinculadas a la elaboración de vinos. La ley de 1888 generó un espacio favorable a los vinos nacionales y después de la crisis de 1890 se avanzó rápidamente en el proceso de sustitución de importaciones [Julio Millot y Magdalena Bertino, ob. cit., Tomo 2, 265-266]. La producción nacional creció de 2,7 millones de litros en 1892 a 10,5 en 1904 y a 17 millones en 1910. En 1916, la elaboración de vino nacional registraba 20,5 millones de litros. La década de 1920 advertiría la saturación del mercado y la denuncia por los productores de un stock acumulado sin salida: efectivamente, en 1925 la producción superaba los 32 millones de litros con una acumulación de 10 millones sin salida [Bodega de la Sociedad Cooperativa Regional de Viticultores, Vino regional, Montevideo, s/f].
    27
    Estela de Frutos y Alcides Beretta, ob. cit., 209.
    28
    Raúl Jacob, Banca e industria, un puente inconcluso, Montevideo, 1981.
    29
    Raúl Jacob, Breve historia de la industria en el Uruguay, Montevideo, 1981.
    30
    ARU, Biblioteca de la Asociación Rural del Uruguay. Indice alfabético por temas, Montevideo, 1972.
    31
    Plaga producida por un insecto que significó la destrucción de los viñedos en gran parte de Europa y América, y en Uruguay fue reconocida oficialmente como tal en 1893, aunque las correspondencias y artículos den cuenta de que el proceso fue un tanto anterior y se extendió hasta la década de 1910. La solución empleada llegó a mediados de la década de 1890, cuando la reconversión de viñedos fue realizada a través del método de injerto de pie americano.
    32
    A lo largo del período se transcriben diversos proyectos de ley contra estos vinos, que tendrán luz pública en la Ley del 17 de julio de 1903.
    33
    Esto, a su vez, supone un debate sobre los peligros sociales del alcoholismo, los límites del consumo y los hábitos culturales (discursos médicos, pedagógicos y legislativos), tratados en otro artículo.
    34
    Debate sobre el proyecto de Diego Pons, fundamentalmente a cargo de Teodoro Álvarez. Ver R..A..R..,15 de junio de 1899, 11.
    35
    El primer Congreso de Viticultura fue realizado el 20 de abril de 1900. La presidencia fue ejercida por Luis Lerena Lenguas y los vicepresidentes fueron Pablo Varzi y Manuel Lessa.
    36
    R..A.R.., 15 de septiembre de 1875.
    37
    R..A.R.., 16 de mayo de 1887, 183.
    38
    R..A.R.., 1 de julio de 1876, 237.
    39
    R..A.R.., 30 de julio de 1880, Art. De Francisco Vidiella, 358.
    40
    J. P. Barran, "Medicina y sociedad en el Uruguay del Novecientos", T. 3, 'La invención del cuerpo', Montevideo, 1999, 18.
    41
    Al respecto ver publicaciones como El Lazo Blanco de la Liga Nacional contra el Alcoholismo, la revistaHigiene y Salud dirigida por Antonio Valeta, así como diversas publicaciones médicas y naturistas de la época.
    42
    El ejemplo de Europa fue también una constante que José Del Pozo descalifica como argumento. Para este autor, Francia también tenía los mismos problemas de alcoholismo, evidenciado en la misma época en denuncias, campañas nacionales y ligas contra el alcoholismo que en 1912 reunía a 100.000 personas. Gilbert Garrier, Histoire sociale et culturelle du vin, Paris, 1995, 185–290; José Del Pozo, en "Historia del vino chileno", op. cit., 173.
    43
    R..A.R.., 15 de diciembre de 1876, 408.
    44
    R..A.R.., 15 de julio de 1882, 398.
    45
    R..A.R.., 15 de marzo de 1903, 117. [No se encontró la continuación de esta nota en los números siguientes de la revista.]
    46
    R..A.R.., 1 de enero de 1908, 33.
    47
    R..A.R.., 31 de marzo de 1882, 168.
    48
    R..A.R.., 30 de junio de 1885, 378.
    49
    R..A.R.., 1 de agosto de 1908, 441.




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