Experiencias contrastadas


Industrialización y conflictos en los textiles del centro-oriente de México, 1884-1917.

CORALIA GUTIÉRREZ ÁLVAREZ:  México: El Colegio de México / Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades / BUAP, 2000.

 

Experiencias contrastadas es una obra con dos actores: los empresarios y los obreros de la región de Puebla-Tlaxcala viviendo el proceso de la industrialización y la conflictividad que se derivó de ella durante los años del Porfiriato y la Revolución. El trabajo de Coralia Gutiérrez Álvarez sigue a obreros y empresarios –quienes no conformaban grupos homogéneos y uniformes– dentro de esa experiencia, vinculados entre sí y negociando posiciones con el Estado mexicano, con el propósito de mostrar "que el proceso de la producción de la industria en México, al igual que en otros países, se ha construido socialmente, no sólo por la acción de los empresarios sino también, y de modo fundamental, por medio de la interacción que se da entre empresarios y obreros"(p.18).

El libro está construido en cuatro partes, en la primera de las cuales se analiza la formación del grupo empresarial de la industria textil en Puebla durante el régimen de Porfirio Díaz y amparada por las facilidades dadas por su gobierno. Los empresarios se relacionaron entre sí por su coincidencia en inversiones en la industria textil y en la banca, así como en la religión católica, los vínculos familiares y, en muchos casos, el origen español, elementos todos que fortalecieron la cohesión interna del grupo.

Inserta en un mundo predominantemente agrario y en donde muchos empresarios se reconocían como agricultores, comerciantes y, en menor medida, como industriales, la industria textil recibió, sin embargo, un gran impulso debido a la ampliación del mercado, el incremento de las inversiones, la instalación de más fábricas y la mecanización del proceso textil, además de que el grupo mayoritario de los empresarios de la industria textil concentró un gran poder financiero. Dichos empresarios empezaron muy pronto a crear organizaciones relacionadas con los negocios que establecieron vínculos con los representantes del régimen en tanto su antagonismo con los trabajadores se agudizaba, asuntos que se abordan en la segunda parte del libro.

El importante lugar alcanzado por los empresarios en el mercado nacional los colocó muy cerca del poder político, lo que extendió su influencia, incidiendo en el gobierno, sobre todo local. A pesar de que casi nunca ejercieron el poder político de manera directa, los empresarios tuvieron gran ascendiente sobre los funcionarios, lo que les garantizó el control del espacio fabril. Esta cercanía con el poder político aseguró a los empresarios una política fiscal favorable: disposiciones que les facilitaron la apropiación de recursos públicos como el agua; una red ferroviaria que trasladó materia prima, trabajadores y maquinaria; teléfonos y telégrafos, elementos todos que contribuyeron a crear un mercado interno. El gobierno mantuvo además una política de laissez faire, laissez passer en lo relativo a las relaciones de trabajo que complementó con un estricto control social en las áreas productivas.

Por distintos caminos, los empresarios extendieron su primacía a la esfera política y social. Sin embargo, no pudieron controlar del todo el mundo de los trabajadores, que a finales del siglo XIX empezó también a organizarse de manera estructurada y combativa, a pesar de ser todavía una clase en formación. Por ello, los empresarios empezaron a preocuparse por lo que llamaron "el problema obrero".

En la tercera parte se analiza la manera en que algunos trabajadores de las fábricas textiles se unieron a los movimientos antirreeleccionista, maderista o zapatista a partir de 1910, desafiando no sólo la autoridad de los industriales sino enfrentando el poder del Estado. Ya desde 1906 empresarios y obreros se habían enfrentado a raíz de la elaboración de las bases que debían regir la producción y la convivencia en las fábricas. A pesar de ciertas propuestas comunes, el entendimiento se agotó y el enfrentamiento se hizo cada vez más violento, convirtiendo el conflicto en un asunto nacional. La administración porfirista resguardó las posiciones de los industriales, pero el conflicto demostró que había un nuevo agente social que habría de ser tomado en cuenta. Aunque los empresarios siguieron reivindicando un fuerte control sobre los trabajadores, el gobierno debió empezar a buscar una opción política que tomara en cuenta tanto a los obreros como a los empresarios, quienes debieron aceptar la intervención del Estado en asuntos que tradicionalmente habían considerado de su exclusiva competencia.

Estas nuevas condiciones en las relaciones entre los empresarios, los obreros y el Estado se estudian en la cuarta parte. La libertad política vivida en México durante el gobierno de Francisco I. Madero alentó la actividad de los trabajadores y los empresarios terminaron por aceptar la negociación que corrió por cuenta del recién creado Departamento del Trabajo. A través de él, los obreros lograron que se empezaran a discutir algunos de sus derechos. Madero le legó a Victoriano Huerta la conflictividad social en la rama textil, y los empresarios se aferraron a los acuerdos de la Convención textil de 1912 al tiempo que aplicaron medidas represivas. Los revolucionarios de la facción constitucionalista cambiaron estas cosas. Muchos jefes revolucionarios emitieron disposiciones beneficiando a los trabajadores industriales, reduciendo jornadas de trabajo y estableciendo el salario mínimo. A pesar de este ambiente favorable, la organización obrera en estos años fue errática, inestable y no se tradujo en una clara conciencia de clase, lo que terminó por integrarla al sistema político.

La investigación de Coralia Gutiérrez, elaborada a partir de una exhaustiva revisión documental y bibliográfica, pone bajo una lupa la región Puebla-Tlaxcala y el mundo obrero empresarial de las épocas del Porfiriato y la Revolución. El detallado análisis de las formas de organización empresarial, de su relación con un Estado complaciente y la conflictividad con el universo de los trabajadores, radicalizado primero por los magonistas y luego al calor de la Revolución, entreteje y estructura información que, hecha extensiva al conjunto del país, profundiza en un momento clave no sólo del proceso industrializador mexicano, sino de la formación de la clase obrera.

 

Anna Ribera Carbó INAH-México




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