La inmigración española al Uruguay, 1946-1958

Un caso para repensar los procesos de inclusión/exclusión social

 EUGENIA RAMÍREZ GOICOECHEA Universidad Nacional de Educación a Distancia – Madrid

eramirez@fsof.uned.es

 


La inmigración española a Latinoamérica durante el período 1946-1958 constituye el capítulo final de la emigración a este continente que comenzó en el XIX y tuvo su momento álgido en el siglo XX. La tradición emigratoria española al Uruguay hunde sus raíces en el tiempo. [1] Uruguay fue una colonia española desde el siglo XVII y hasta la primera parte del XIX, bajo el nombre de Banda Oriental, dependiente del Virreinato del Río de la Plata, con capital en Buenos Aires, desde 1776. Se trataba de un territorio semivacío, de importancia estratégica como frontera con la poderosa influencia lusa ejercida desde Brasil. Sólo el puerto comercial de Montevideo tenía interés económico para la corona española. La Constitución de Uruguay se aprobó en 1830, [2] siendo uno de los principales objetivos de la élite gobernante la construcción de un Estado a partir de un vasto país de 187.000 km² casi vacío, con una población de 74.000 habitantes (1830) (Zubillaga, 1993:18) y una capitalidad, Montevideo, donde se concentraba la mayoría de la población (Puiggrós, 1991).

Ya desde mediados de siglo se proclamaron diversas leyes y se constituyeron instituciones diversas para el estímulo y patrocinio de la llegada y establecimiento de inmigrantes en el país, así como para su protección (Comisión de Inmigración, 1855; Comisión de Migración, 1865; Ley de Inmigración, 1890; etc. Cf. González, 1992), incluyendo algunos derechos políticos (Zubillaga, 1992). [3] Para 1853, Uruguay contaba ya con una comunidad española migrante lo suficientemente numerosa y activa como para constituir la primera Asociación Española de Socorros Mutuos en territorio latinoamericano (Cagiao, 1991:160), inaugurando un modelo de prestación y cobertura social que tan hondas consecuencias habría de tener para tantos países del continente.

Si al principio la mayoría de las familias se establecían como colonos agrícolas y ganaderos, ya a fines de siglo Montevideo y su área portuaria constituyen el mayor foco de atracción para los migrantes españoles, iniciando una tendencia que se consolidará a lo largo del siguiente siglo (Mariani, 1977). Si las políticas migratorias iniciales tenían un sentido de repoblamiento, lo cierto es que el temprano desarrollo industrial del país requería de suficientes trabajadores para constituir una infraestructura productiva suficiente (Beretta Curi, 1996). La construcción del Estado moderno y liberal propugnado por el régimen de J. Batlle exigía la disponibilidad de suficiente mano de obra. Modernidad e Inmigración fueron dos procesos que caminaron juntos en la construcción del Uruguay durante estos dos siglos (Caetano y Alfaro, 1995).

La inmigración española tuvo su momento álgido entre 1907-1912 y 1919-1931, siendo que, comparados con otros lugares de procedencia (Italia, Siria, Líbano, Turquía, judíos centroeuropeos, rusos, polacos, británicos), [4] los españoles siempre son mayoría (Puiggrós, 1991; Zubillaga, 1993; Naranjo, 1992).

El contexto para la emigración
Después de la práctica interrupción de la emigración española transoceánica entre 1936 y 1945, a partir de 1946 se reanuda la corriente migratoria hacia el continente latinoamericano. El contexto sociohistórico para que estos españoles abandonen su país durante el período de 1946-1958 es el de una España principalmente agraria, bajo la dictadura política del régimen de Franco, aislada política y económicamente de Europa. Además, también hay que tener en cuenta la fuerte impronta de la migración masiva anterior y su poder de llamada. Este período reabre la tradición migratoria española, aunque con intensidad disminuida, reactivando las redes migratorias previas (Moya, 1989) inactivas durante la guerra civil española y la segunda guerra mundial. Tres son los principales destinos: las ciudades españolas, algunos países latinoamericanos en claro despegue económico y con tradición de acogida precedente --Argentina, Venezuela, Brasil y Uruguay (Palazón, 1995)-- y, después, los países industriales europeos (Alemania, Reino Unido, Suiza, Francia).

La cantidad de personas en cuestión no es elevada demográficamente hablando, [5] pero, como veremos, representa un caso de estudio digno de atención. Como dijimos, representan la nacionalidad mayoritaria de migrantes al Uruguay durante este período (Zubillaga, 1993). He aquí algunos datos.

 

Tabla 1. Evolución anual del movimiento migratorio español a Uruguay. 1946-1958
Fuente: Palazón (1995:327)

AÑO EMIGRACIÓN RETORNO SALDO
1946 131 34 -97
1947 294 92 -202
1948 386 167 -219
1949 926 163 -763
1950 1.618 258 -1.306
1951 2.737 459 -2.278
1952 4.707 581 -4.126
1953 3.888 1.005 -2.883
1954 3.824 1.163 -2.661
1955 6.050 1.245 -4.805
1956 4.850 1.607 -3.243
1957 4.611 1.502 -3.109
1958 3.021 1.619 -1.402
TOTALES 37.043 9.895 -27.148

 

Vemos que 1955 es el año punta, descendiendo a partir de entonces, en directa relación con la evolución de las condiciones socioeconómicas del país y otros factores internos de la propia España. El total de emigrantes durante este período asciende a 37.043 personas.

Para darnos una idea del peso relativo y comparativo de estos migrantes con respecto a otros lugares de destino americano, hemos elaborado la siguiente tabla sobre volumen de inmigración a cada país:

Tabla 2. Número de entradas de inmigrantes españoles
Fuente: Palazón (1995:311 y ss). Elaboración nuestra.

AÑO URUGUAY ARGENTINA VENEZUELA BRASIL
1946 131 2.366 368 438
1947 294 8.498 423 739
1948 386 13.901 323 1.004
1949 926 33.368 2.749 1.460
1950 1.618 38.758 8.293 3.269
1951 2.737 32.320 10.819 7.561
1952 4.707 25.474 8.734 14.384
1953 3.888 13.560 12.306 11.861
1954 3.824 12.576 22.033 10.825
1955 6.050 13.504 26.277 10.206
1956 4.850 8.530 27.542 8.307
1957 4.611 11.319 30.184 8.456
1958 3.021 10.723 23.811 6.080
TOTAL   37.043 224.897 173.862 84.590

 

Como puede verse, las cifras de emigrantes al Uruguay son mucho menores que las de Argentina o Venezuela, incluso Brasil. Por tanto, no representa, dentro del conjunto de estos países latinoamericanos, un destino preferente, tal como ha sucedido en el cómputo general de la emigración española a Latinoamérica (Sánchez Alonso, 1985). Los años con más emigrantes tampoco coinciden. Si es 1955 el pico para Uruguay, es antes para Argentina (1950) y Brasil (1952), lo que quiere decir que Uruguay está por detrás de estos países en cuanto a su incorporación al proceso de inmigración española (Hernández, 1992). Venezuela es la más tardía, siendo 1957 el año en que más emigrantes recibe de esta nacionalidad.

Las razones por las que Uruguay atrajo a los españoles durante este período de 1940-1960 son diversas. [6] Uruguay era entonces un país en desarrollo con una pujante economía basada principalmente en la agricultura y el ganado. Argentina y Uruguay eran los principales proveedores de grano y carne para una Europa devastada por la guerra, así como para los Estados Unidos, enredados en su guerra con Corea (Rock, 1994; Bulmer-Thomas, 1998), lo que en términos de divisas permitió la distribución de la riqueza hacia otros sectores de actividad, principalmente el terciario. Pero también Uruguay había desarrollado el sector secundario, pues el Censo Industrial de 1936 hablaba de aproximadamente 100.000 personas trabajando en la industria (Hernández Borge, 1992).

Durante esta época, un consolidado y fuerte sector agrícola está en la base del desarrollo del sector industrial (Hernández, 1992:652 y ss.). Aunque se comienza a percibir una fuerte emigración rural hacia las ciudades, esto no es suficiente para satisfacer la demanda de trabajadores que contribuyan al proceso de modernización de infraestructuras del país. Varias leyes se dictaron entre 1947 y 1954 para organizar y fomentar la llegada de nuevos inmigrantes que ocuparan los puestos vacíos en el sector industrial y de servicios. [7] Además, el Uruguay del período neobatllista (1946-1958) vivía en una democracia estable, con un buen sistema de bienestar social y una clase obrera fuerte y bien organizada. [8] El mito de la 'Suiza americana' caló hondo en las miras de posibles migrantes españoles (Caetano & Alfaro, 1995) y, sobre todo, el tirón de la generación precedente, que con sus cartas 'de llamada' facilitaron el acceso a los nuevos al país.

 

Tabla 3. Lugar de procedencia de los emigrantes españoles al Uruguay
Fuente: Camou (1997). Registrados en el Consulado desde 1940 en adelante.

Asturias 3.975 5,0%
Andalucía 2.393 3,0%
Baleares 1.319 1,7%
Canarias 1.534 1,9%
Castilla 6.667 8,4%
Cataluña 3.355 4,2%
Extremadura 246 0,3%
Galicia 52.154 65,7%
Levante 2.947 3,7%
País Vasco 3.183 4,0%
Valencia 1.598 2,0%
TOTALES 79.371 100,0%

 

Como muestra la tabla 3, encontramos gentes procedentes de casi todas las regiones españolas, pero la inmensa mayoría venían de Galicia (Palazón, 1995), [9] seguida muy de lejos por Castilla, Asturias, Cataluña, el País Vasco y Levante.

Galicia es una región costera rural, ubicada en el noroeste de España. La mayoría de estos gallegos eran campesinos cuya vida era muy dura en sus pequeños pueblos, con un sistema de herencia y de propiedad --el minifundio-- [10] que impedía la concentración suficiente para hacer rentables las tierras. No obstante, también encontramos elementos de otras regiones y zonas urbanas de la geografía española que no responden necesariamente al mismo perfil. Veamos la siguiente tabla, que representa a 15.478 emigrantes que describen su actividad de los 37.043 que podemos contabilizar para el período 1946-1958. Las cantidades son absolutas y en porcentajes:

Tabla 4. Sectores de actividad de los emigrantes españoles al Uruguay
Fuente: Palazón (1995:329).

AÑO Agricultura Industria Comercio Liberal Otros Totales
1946 20(39,2) 7(13,7) 12(23,5) 3(5,9) 9(17,6) 51(100)
1947 61(45,2) 25(18,5) 32(23,7) 3(2,2) 14(10,4) 135(100)
1948 87(43,1) 50(24,8) 52(25,7) 1(0,5) 12(5,9) 202(100)
1949 234(53,4) 146(33,3) 53(12,1) 4(0,9) 1(0,2) 438(100)
1950 417(52,9) 263(33,4) 75(9,5) 15(1,9) 18(2,3) 788(100)
1951 853(62,7) 388(28,5) 89(6,5) 14(1,0) 16(1,2) 1.360(100)
1952 1.365(60,1) 622(28,5) 227(10) 15(0,7) 43(1,9) 2.272(100)
1953 832(52,8) 449(28,5) 224(14,2) 23(1,5) 49(3,1) 1.577(100)
1954 718(47,7) 410(27,2) 277(18,4) 23(1,5) 77(5,1) 1.505(100)
1955 1.259(48,6) 983(38) 240(9,3) 27(1) 80(3,1) 2.589(100)
1956 886(45,9) 810(41,9) 147(7,6) 21(1,1) 67(3,5) 1.931(100)
1957 666(43,4) 667(43,5) 115(7,5) 17(1,1) 68(4,4) 1.533(100)
1958 448(40,8) 435(39,7) 111(10,1) 16(1,5) 87(7,9) 1.097(100)
TOTALES 7.846(50,7) 5.255(33,9) 1.654(10,7) 182(1,17) 541(3,5) 15.478(100)

 

Esta tabla nos permite hacer algunas interpretaciones. En primer lugar, que en 1946 se diera el mayor porcentaje de profesiones liberales de todo el período puede explicarse por el exilio español. De lo que también podemos darnos cuenta es que si el 62,7% de los emigrados en 1951 declaran ser agricultores, esta cifra va bajando progresivamente a favor de los que se declaran dedicados a la industria, que iguala en porcentaje a los primeros en 1957. Si en los primeros años de la tabla el comercio representa un elevado porcentaje, superando para esos tres primeros años incluso a los trabajadores industriales, decrece para luego recuperarse en los primeros años de los 50 y volviendo a decrecer poco a poco.

La apertura del gobierno uruguayo a nuevos inmigrantes estaba basada en la necesidad de personas semicualificadas para el trabajo técnico e industrial, reparadores, personal de servicios y pequeño comercio, etc. Ya no se precisaban campesinos europeos como en épocas anteriores (Betancur, 1997). En general, aquellos procedentes de áreas urbanas sí tenían alguna experiencia como obreros semicualificados. Pero no es el caso de la mayoría de origen rural, entre los que se encontraba la mayoría de los gallegos. ¿Cómo salvaron este desajuste entre capacitación en origen y exigencias del nuevo mercado de trabajo al que acudían? El migrante necesitaba un patrocinador, normalmente un paisano o un familiar, que le proveyera de una carta de llamada aceptando dar cobijo y ayuda al recién llegado hasta que se situase laboralmente, responsabilizándose de él. Y lo que hacían éstos era escamotear la profesión original del demandante, consignando en los impresos de inmigración una profesión más acorde con el perfil ocupacional que las autoridades uruguayas exigían. No era difícil reclamarlos como artesanos, reparadores, ayudantes de comercio, trabajadores industriales o de servicios, a pesar de no tener ninguna experiencia de tal tipo (Zubillaga, 1993:29).

La mayoría de esta población estaba compuesta de hombres activos, en edad de trabajar. Sin embargo, en contraste con las oleadas migratorias del primer tercio de siglo, se encuentran también muchas mujeres como parte de procesos de reunificación familiar, al llamado de maridos o incluso padres o hermanos que emigraron antes (Cagiao, 1991:92 y ss.). [11] No hay que olvidar que la reagrupación familiar estaba en la base del establecimiento permanente de inmigrantes en las políticas de ocupación del vasto territorio uruguayo (Palazón, 1995:304). Algunas mujeres trabajaron como niñeras, criadas, limpiadoras, lavanderas, encontrando trabajo habitualmente a través de conexiones interétnicas (Cagiao, 1991:168-169). En general, los niveles de alfabetización eran indudablemente más altos que aquellas generaciones que les precedieron durante las primeras décadas de siglo, [12] evolucionando favorablemente para todos los emigrantes españoles a Latinoamérica a lo largo de los 50 (Fernández, 1992). Casi todos viajaron por barco y todos nuestros informantes tenían muy vivos recuerdos sobre el viaje, su llegada al país, las fechas bien grabadas en la memoria, y las primeras experiencias, incluyendo su sorpresa ante la inversión de las estaciones en comparación con el hemisferio septentrional.

Prácticamente la totalidad se ubica en la capital, Montevideo, lugar donde ya estaban asentados la mayoría de los que llegaron antes de 1930 y donde se genera gran parte de los empleos que los nuevos emigrantes van a ocupar (Palazón, 1995:331). El asentamiento para estos recién llegados no fue difícil, en la medida en que, como hemos dicho, tenían un contacto, un familiar, un paisano que los acogiese, les diera comida y cobijo o incluso les encontrara trabajo pronto o los empleara en su propio negocio. La existencia de una nutrida y activa red de organizaciones de ayuda, como las 'sociedades de socorros mutuos' y otras organizaciones colectivas étnicas, fueron decisivas en la no traumática instalación de estos nuevos migrantes. [13]

Movilidad social ascendente
Creemos que el caso de la emigración española al Uruguay [14] durante este período es un caso, en general, de movilidad social ascendente [15] debido tanto a factores económicos y políticos como a culturales e ideológicos.

En primer lugar, la integración socioeconómica de estos migrantes es a una economía pujante y en desarrollo, donde la actividad empresarial y de autoempleo con el tiempo es posible con suficientes ahorros y contactos. El perfil laboral pretendido al entrar en el país con el tiempo se convierte en realidad: el campesino cambia de trabajador industrial a empleado de servicios o de comercio. Después de años de trabajo, encontramos a inmigrantes convertidos en propietarios o socios de líneas de transporte, pastelerías, bares, cafeterías, restaurantes, carnicerías, tiendas de pasta, ferreterías, etc. La mayoría de los entrevistados eran no sólo propietarios de sus negocios sino también de los locales. Y no digamos de sus casas; [16] todos tenían su "Sociedad" "paga". [17]

En segundo lugar, la larga y fuerte tradición emigrante al país supone el encontrar una consolidada red de asistencia social y apoyo, no sólo por medio de inmigrantes anteriores sino por todas estas Asociaciones y Sociedades de Socorros Mutuos que mencionamos y que han sido fundamentales a la hora de una acomodación más atemperada de los inmigrantes a las nuevas necesidades surgidas como trabajadores extranjeros en el país, tal como ha sucedido en otros contextos inmigratorios próximos (Moya 1998; Devoto, 1992). La vida política y ciertos derechos también fueron relativamente accesibles. En poco tiempo podían obtener la 'Carta de Ciudadanía', la cual, aunque no les permitía ejercer el derecho al voto [18] o tener un puesto oficial, les garantizaba el status legal como residente. La nacionalidad uruguaya también era una posibilidad, sin tener que abandonar la española, aunque este aspecto ha sido siempre cuestión de elección personal dependiendo de razones de vínculo emocional con el país de origen y los planes para el retiro cuando llegara el momento. [19] También invirtieron en la educación de sus hijos. La segunda generación terminó su educación secundaria, tanto en colegios públicos como en algunos religiosos, e incluso se graduaron en la Universidad. [20] Médicos, abogados y otros profesionales cualificados se encuentran entre esta segunda generación. [21] Por último, sus prácticas y apertura social hacia la sociedad uruguaya, participando en la vida política, social y cultural uruguaya, es otro factor a tener en cuenta a la hora de valorar la inserción social positiva de estos migrantes y el escaso número de retornados que podemos encontrar en esta comunidad. [22]

El español no representa la alteridad en Uruguay
Tal como reclamábamos al inicio de este artículo, la inclusión/exclusión social de una comunidad migrante no depende sólo de factores socioestructurales, económicos y políticos. El imaginario social, el sistema clasificatorio, las imágenes, actitudes y discursos hacia quién es el 'otro' y cómo este se define, son fundamentales a la hora de valorar e interpretar los procesos de integración o segregación.

Aparte de que no puede decirse que haya un discurso étnico contra los inmigrantes en la sociedad de acogida, [23] los españoles han sido ubicados en el sistema clasificatorio en un lugar mejor que otros inmigrantes. [24] Creemos que el imaginario étnico de los migrantes españoles en el Uruguay era bastante mejor que aquel que operaba para otras comunidades, con lo que coincide la autopercepción de los propios españoles, quienes son también activos constructores de este discurso. [25]

¿Cuáles pueden ser las razones para este imaginario social? En primer lugar, aunque todavía se les denomina 'gallegos', como sinónimo de 'rural', 'campesino', 'ignorante', [26] en correlación con el tipo sociodemográfico de muchos de los que llegaron, este etnónimo también tiene una connotación positiva de trabajador duro, leal y honesto, que se integró bien en el contexto uruguayo (Zubillaga, 1993:39). Ninguno de nuestros informantes había experimentado o recordado este nombre como peyorativo, sino como apelativo incluso cariñoso. Esta idea de los españoles como los más trabajadores de todos, comparados incluso con los propios 'uruguayos', fue importante a la hora de ubicarlos en el mejor de los puestos de la escala étnica.

En nuestro trabajo de campo con la comunidad española encontramos una fuerte ética del trabajo. Ellos mismos se percibían como gente con visión de futuro que está dispuesta a sacrificar el presente para un porvenir mejor, a ahorrar para no volver a pasar las penalidades de su vida en España. Por contra, encontraban a los 'uruguayos' como gente que vive para el presente, gastando incluso lo que no tienen, sin voluntad de ahorro ni de futuro. Como nos dijo una gallega, "los uruguayos viven (del trabajo) de los españoles, los polacos, los italianos ….". Como nos dijo otro, un español retirado de 50 años, "El criollo nunca quiso nada con el 'laburo' (trabajo)". Algunos de nuestros entrevistados estaban orgullosos de emplear nacionales uruguayos en sus negocios, como muestra de cómo las relaciones sociales y económicas entre grupos étnicos pueden invertirse: "Antes, los gallegos eran los empleados; ahora es al revés, son los uruguayos. Es que son más vagos que nadie" (mujer inmigrante, dueña de diferentes tiendas y negocios). Este discurso sobre los 'uruguayos' era incluso compartido por algunos sectores de esta nacionalidad. [27]

La existencia de una segunda, tercera o incluso cuarta generación de migrantes españoles en la élite intelectual y política contribuyó también al establecimiento de una opinión favorable hacia estos recién llegados. [28] La relevancia de una población española preexistente en la configuración de estas actitudes la expresaba un informante así: "Porque ellos son descendientes de los españoles, nos han aceptado mejor que otros, aunque hayan aceptado a todos. Los primeros en construir la nación uruguaya son (fueron) los españoles …".

Factores de índole político-ideológica también cuentan. La República del Uruguay, con una sólida tradición democrática hasta 1970, no aceptaba la dictadura de Franco, considerada la última reliquia del fascismo en Europa después de la caída de Alemania e Italia. Los inmigrantes eran percibidos como víctimas de un régimen político contrario a los principios democráticos de la sociedad uruguaya, gente a la que había que dar la bienvenida y ayudar. Aunque los emigrantes españoles de esta época no eran en su mayoría refugiados políticos, eran no obstante el resultado de una situación política y económica de deprivación e injusticia social. Esto sin contar que más de uno tenía una fuerte mentalidad antifranquista y que entre la propia comunidad de acogida se contaba con españoles de ideología izquierdista que incluso colaboraron en la propaganda política contra Franco. [29]

La lengua fue otro marcador diferencial, no sólo por su valor instrumental (Zubillaga, 1993:30&31) sino por sus connotaciones simbólicas, [30] hundiendo sus raíces en la historia política del país como colonia de la monarquía española. [31] La lengua española es la lengua oficial de la República del Uruguay. En la medida en que todos los inmigrantes españoles eran hispanófonos (la mayoría de los gallegos, catalanes y vascos también hablaban su lengua de origen), éstos eran percibidos como más cercanos que otros extranjeros. [32] Algunos españoles insistían en que esto los distinguía de los italianos, quienes no renunciaban a usar su propio idioma en algunas ocasiones. [33]

Las dinámicas e intercambios de la vida cotidiana también facilitaron la buena integración de estos inmigrantes en la sociedad uruguaya. [34] El hecho de que una cantidad importante de ellos tuviera un empleo que implicaba contacto cara-a-cara con los 'uruguayos', en el contexto de la interacción comerciante-cliente, en el suministro de bienes de consumo diario (carnicerías, panaderías, cafés, bares, autobuses), ayudó decisivamente en la presencia cotidiana de éstos en los barrios. Aunque no pensamos que ésta sea una condición suficiente, sí que su conjugación con otros factores coadyuvó decisivamente a esta implantación social positiva en el universo de las diferencias colectivas del uruguayo. El contexto de las relaciones inmediatas, como de las interacciones de la vida cotidiana, han sido siempre importantes a la hora de las prácticas de los estereotipos étnicos (Ramírez Goicoechea, 1996).

La sociabilidad y revitalización de las asociaciones migrantes, creando nuevas a partir del paisanaje, extendiendo otras, [35] en donde primera y segunda generación participan junto con otros uruguayos vinculados por matrimonio o amistad, en donde las dobles lealtades hacia el país de origen y el de acogida son parte de la conducta expresiva y la manipulación de símbolos, es sin duda otro factor de inserción social positiva en el país. [36] Otra muestra de esta apertura hacia el país de recepción ha sido el buen conocimiento de la historia de Uruguay que mostraron muchos de los inmigrantes entrevistados: la constitución del país, la historia política y militar de su independencia, su desvinculación de España y de las órbitas de influencia argentina y brasileña. Como nos dijo un inmigrante: "Todo lo que tengo se lo debo a este país y a mi trabajo. Nosotros los españoles siempre hemos sido apreciados en este país".

Por lo tanto, no parece que los migrantes españoles constituyan la alteridad, un 'otro', [37] ni en términos de prácticas sociales ni de discurso. Son más bien unos 'otros' los que entran a ser definidos desde la distancia étnica y social. [38] Su integración con éxito en la vida económica y social del país, [39] unida a su buena posición en la jerarquía étnica, les garantiza un status social normalizado en el sistema clasificatorio, siendo ellos mismos activos protagonistas también de este discurso. Representan un interesante caso para analizar la compleja articulación de distintas variables a la hora de definir la posición de un grupo en la estructura social y el sistema clasificatorio.

Conclusiones
A pesar de seguir manteniendo su status formal de inmigrantes y extranjeros, que tuvieron que entrar en el país con una carta de llamada, que no disfrutaron de algunos beneficios sociales y políticos, los inmigrantes españoles al Uruguay encontraron un nicho económico apropiado desde donde iniciar una carrera de movilidad social a partir del trabajo y del ahorro. Se beneficiaron de una nutrida red de asistencia e información, construida por la generación inmigrante precedente. Pero su inclusión social no se justifica exclusivamente en estos términos. No puede menospreciarse la historia cultural del país, su vinculación histórica con España y, sobre todo, el imaginario construido sobre los distintos grupos inmigrantes al país. Los españoles se beneficiarion de una percepción y aceptación positiva, en donde prácticas y discursos se constituyen mutuamente: una ética del trabajo, una actitud política favorable a la bienvenida de estos migrantes, un discurso intelectual y político inclinado al asentamiento de la población española, el dominio de la lengua oficial del país, prácticas e interacciones cotidianas de intercambio de bienes y servicios con la población autóctona, una apertura a la sociedad uruguaya y sus tradiciones políticas y culturales, un proyecto a largo plazo de inversión en los hijos, su educación y estabilidad profesional y residencial, y un afán de reconocimiento y respeto hacia el país de acogida.

Por medio de este caso etnográfico, hemos intentado subrayar que un concepto de inclusión/exclusión social que no tenga en cuenta no sólo cómo los colectivos construyen activamente sus entornos por medio de prácticas localizadas, sino cómo las personas son clasificadas y percibidas por otros en el contexto de las relaciones sociales en las que se implican, un concepto tal de inclusión/exclusión social pierde todo contenido sustantivo de lo que la vida social significa.

Dentro de una línea de investigación que cuenta con el análisis de otros casos etnográficos de exclusión social (Ramírez Goicoechea, 2000), hemos pretendido mostrar las complejidades de estos fenómenos y cómo las esferas socioeconómicas y políticas son ámbitos autónomos determinantes exclusivos de los fenómenos de inclusión/exclusión social. Creemos que se puede llegar a una mejor comprensión e interpretación en el contexto amplio de cómo la gente construye el mapa de grupos y diferencias en la sociedad y cómo practican distancia o proximidad social con sus otros, si tenemos en cuenta no sólo el acceso o deprivación de recursos económicos y políticos, sino también aquellos dominios relativos a la sociabilidad, la definición moral, la proximidad afectiva, la solidaridad, el parentesco, etc. Por fin, sólo teniendo presente una perspectiva integrada que dé cuenta de una trama compleja de elementos sociológicos, históricos y antropológicos, podemos comprender procesos de inclusión/exclusión de grupos concretos en contextos sociopolíticos y culturales específicos.

 

 

NOTAS

    La autora agradece especialmente a la Dra. E. González (CSIC) por su continuo apoyo y consejo. Asimismo, su reconocimiento al Profesor C. Zubillaga (Universidad de la República, Montevideo) por su inestimable ayuda y valiosos comentarios a lo largo de la investigación de campo en Montevideo.

    1
    Los españoles en Uruguay han sido investigados en un trabajo de campo realizado in situ durante 1999, en el contexto de una investigación más amplia titulada "Retorno o Permanencia. Los emigrantes españoles tardíos al Río de la Plata. 1940-1960", gracias a la financiación de la 'Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología' (CYCIT, PB96-0869, 1997-2000, coord. por E. González, CSIC) y el Ministerio Español de Cultura (1999). La revisión teórica sobre los procesos de inclusión/exclusión social en el Estado moderno y en relación a los procesos étnicos fue realizada gracias a una beca de investigación del Ministerio Español de Ciencia y Educación (PR95-390, 1996-1997) y a un permiso sabático de la Universidad Nacional de Educación a Distancia para una estancia como Visiting Scholar en la Universidad de Cambridge (UK) 1995-1997.
    2
    La integración del país en una unidad social y políticamente coherente fue uno de los principales objetivos ya durante la aprobación de su Carta Magna. La federación propuesta por Artigas con otras regiones del Virreinato del Río de la Plata fracasó por el centralismo de la provincia de Buenos Aires. Conflictos sobre el nombre apropiado del nuevo Estado reflejan, asimismo, la fractura ya original entre la capital, Montevideo, y el resto del país. Véase Cose & Markarian, 1996:24.
    3
    Para una comparación con el caso argentino, véase Devoto, 1989.
    4
    Podemos decir que, en general, 1920 marca el comienzo de la llegada de inmigrantes no mediterráneos: polacos y judíos alemanes, rusos, húngaros. Después de la segunda guerra mundial esta corriente se intensifica, aunque son Argentina y otros destinos latinoamericanos los principales. En el caso de los judíos en Uruguay, observamos una destacada movilidad social y una compacta y exclusiva red de asociacionismo étnico. Algunos alcanzaron puestos intelectuales y académicos, otros se dedicaron a la intermediación comercial, comercio en general, equipamiento electro-doméstico, joyería, etc. Los armenios se han dedicado al comercio del calzado y al bazar. Los siriolibaneses se han concentrado en torno a la fabricación y venta de telas. Muchos rusos se ubicaron en la zona rural, dedicados a la agricultura, siguiendo a compatriotas que datan su establecimiento desde 1911 (Betancur, 1997). Italianos se han dedicado al cultivo hortofrutícola y a la producción de aves de granja principalmente.
    5
    Palazón habla de 72.754, según el censo de población de Uruguay de 1963. Cf. Palazón, 1995:331.
    6
    Existe un sinfín de razones por las que emigrar, pero es la inserción de los aspectos biográficos de los actores individuales con los límites y posibilidades de las estructuras y fuerzas históricas lo que interesa al investigador y justifica su posible labor interpretativa, el interplay de factores macroestructurales y micrológicos (Moya, 1998; Ramírez Goicoechea, 1990, 1991, 1992).
    7
    A partir de 1940, Uruguay, al igual que otros países latinoamericanos como la Argentina, restringió la llegada de inmigrantes. En 1943 un decreto exigía que el 90% de los obreros no especializados de una obra con financiación pública fueran nacidos uruguayos. Por lo mismo, otro decreto, éste de 1940, establecía que los foráneos no podían explotar empresas de navegación área, ni ocupar puestos de jerarquía en las mismas. Sin embargo, terminada la guerra mundial, esta actitud se relajó, facilitando otra vez la entrada de inmigrantes.
    El decreto de 1947 refiere a la estimulación de la inmigración permanente, pero a condición de cumplir una serie de requisitos sanitarios, políticos y de conducta (Hernández, 1992). Además, debía demostrarse tener acreditación de oficio o profesión que garantizase la posibilidad de mantenerse por sí mismo en el país de llegada. También por este decreto se creó la Comisión Asesora de Inmigración que dirigió, coordinó, controló y seleccionó el proceso de recepción de inmigrantes. La ley de 1954 supuso la activación de un plan para la reagrupación familiar y el asentamiento de otros que tuvieran una carta de llamada (Hernández, 1992). También hay que decir que a diferencia de otros países como Brasil, Argentina o Venezuela, España no firmó con Uruguay ningún convenio migratorio específico. Comparada con la política migratoria de Argentina, lo que se aprecia es cierto retardamiento en el caso de Uruguay con respecto a la primera. Ya los decretos de 1932 y 1938 se anticipan a no permitir la entrada de inmigrantes en Argentina, sobre todo con el ánimo de reprimir el ingreso clandestino de refugiados, mayoritariamente judíos centroeuropeos procedentes de la Europa nazi, que hasta el momento entraban al país a través de Uruguay y Brasil (González y Ramírez, 1995). A partir de 1945, Argentina retoma el liderato en cuanto a país principal de destino de los españoles en Iberoamérica. El Plan Quinquenal peronista (1948-1952), aun con todas sus restricciones y condiciones, junto con el Convenio Hispano-Argentino de Emigración (1948), suponen un reactivo para la reanudación de la llegada de nuevos españoles a ese país.
    8
    Uruguay era líder en leyes que beneficiaban a la clase obrera: Ley de Prevención de Accidentes del Trabajo (1914); Jornada Laboral de Ocho Horas (1915); Ley de Vejez e Invalidez (1919); Ley de Indemnización de los Accidentes de Trabajo (1920); Descanso Semanal Obligatorio (1920) (Cagiao, 1991).
    9
    Esto explica por qué los inmigrantes españoles fueron denominados 'gallegos' en general.
    10
    Blanca Sánchez Alonso, en su estudio sobre la emigración española a Latinoamérica entre 1880 y 1930, señala la importancia de este tipo de propiedad, que si es factor para la emigración por su escasa rentabilidad, también lo es porque permite una primera acumulación de capital por medio de la venta o hipoteca de todo o parte de la propiedad, para sufragar los gastos de viaje y primera instalación. La emigración es una decisión familiar que adquiere todo su sentido a la hora de complementar los ingresos familiares, mejorar la propiedad o afrontar los gastos de la modernización (Sánchez Alonso, 1995). Ver también Vázquez (1988) y García Lombardero (1985).
    11
    España se adhirió en 1956 al CIME (Comité Intergubernamental para las Migraciones Europeas), creado en 1951, por medio del cual se estableció un plan de reunificación familiar, en colaboración con el Comité Católico Español de Migraciones (Cagiao, 1991:92).
    12
    Parece que el nivel de alfabetización de las generaciones precedentes tampoco era tan bajo como al principio pudiera parecer, en relación al sector de edad en que se produce. Cf. Sánchez Alonso, 1985:162 y ss.
    13
    Asociación Española 1ª de Socorros Mutuos (1853), Club Español (1878), Cámara Oficial Española de Comercio, Industria y Navegación (1888), Hospital Español (1886), Centro Gallego (1879), Euskal-Erría (1912), Casal Catalá (1926) (Puiggrós, 1991). Para mayor información sobre estas organizaciones durante los siglos XIX y XX, ver Zubillaga, 1998b.
    14
    El trabajo de campo se realizó en Montevideo, en 1999. Además del uso de diversas fuentes de datos y documentación, el trabajo se basó en 14 entrevistas con emigrantes españoles y 6 a informantes cualificados. También consulté otras 6 historias de vida que me fueron facilitadas por el Prof. Zubillaga. La observación participante, mediante invitaciones, comensalía, estancia en los negocios y lugares de trabajo, también fue fundamental en la investigación. Asimismo, me beneficié de las discusiones de un seminario con otros colegas realizado durante mi estancia en Montevideo.
    15
    También podemos encontrar casos de movilidad social ascendente entre aquellos que llegaron en oleadas anteriores, aquellos que precisamente actuaban como sponsors de estos recién llegados, que a menudo los empleaban en sus propios negocios y comercios. Tampoco hay que olvidar la presencia de españoles que emigraron entre 1860 y 1830 en la élite intelectual (médicos, abogados, políticos), así como en el empresariado y la industria (Beretta, 1987), y que, sin duda, ejercieron un indudable papel de liderazgo étnico. Cf. infra.
    16
    Un caso extremo que entrevistamos fue el de una pareja de 'gallegos', propietarios de más de 13 propiedades que incluían casas, carnicerías, tiendas de pasta italiana, terrenos y parecelas urbanas, etc. Ambos eran personas mayores de 65 años que todavía trabajaban 12 horas al día, tal como habían hecho toda la vida. Sus estilos de vida y consumo de bienes estaban muy por debajo de sus posibilidades económicas, llevando todavía una vida de ahorro y austeridad, aunque estaban orgullosos de no tener ninguna necesidad que no pudieran pagar.
    Parte de esta mentalidad de inmigrante se mostraba en el hecho de que ambos se encargaban de todos los trabajos de reparación de sus casas, producían su propio vino, etc., tanto para ellos como para su hija. Otros entrevistados podían estar ya retirados, pero mantenían sus acciones en compañías de transporte urbano o recibían una mínima pensión, la cual les parecía escasa e injusta después de tantos años de trabajo. Otros eran dueños de pastelerías, panaderías o bares, pensando ya en el retiro y el traspaso del negocio a los hijos. En la compañía de transporte urbano por autobús (CUTCSA), organizada como cooperativa, uno podía ser empleado, socio o dueño de una unidad de producción. Nuestros últimos datos dicen que para 1.100 autobuses, existen 2.800 socios, de los cuales el 80% son también trabajadores en la compañía.
    17
    Este aspecto fue subrayado por diferentes entrevistados como una señal de bienestar y seguridad económica. Las sociedades médicas comenzaron como asociaciones para la protección y asistencia sanitaria de los inmigrantes. Para ser atendido, uno tiene que pagar mensualmente una cuota estipulada que depende de la edad y el tiempo como miembro.
    18
    Algunos de los inmigrantes todavía votan en comicios electorales nacionales y autonómicos españoles, normalmente por correo. Es éste un comportamiento expresivo de mantenimiento de la identidad de origen a pesar de tantos años ya en el Uruguay, que hunde sus raíces en una tradición histórica de revitalización ideológica y étnica de las excelencias de la región de origen (Núñez Seixas,1992; Moya, 1998; Bresciano, 1999). El voto inmigrante representa para algunas Comunidades Autónomas como la de Galicia (España) un valor para el que se movilizan distintos personajes de la vida institucional y política gallega, visitando en campaña electoral a la diáspora española dispersa por los diversos países americanos que los acogen. Estas campañas se iniciaron sobre todo a partir de los 90, intensificándose en la mitad de la década. Para poder votar, es necesario estar inscrito en el Consulado español. El censo electoral de los españoles con derecho a voto ha aumentado en Uruguay desde 1990 (20.568) a 1998 (42.116) (Anuario de Migraciones 1998). Obviamente, aquí se están incluyendo aquellos registrados en el Consulado a partir de su reclamación de españolidad, como segunda generación de migrantes españoles, quienes desean un pasaporte comunitario como es el español (lo mismo está sucediendo en Argentina, en el momento de escribir estas líneas). Datos sobre la participación electoral de los españoles residentes en el exterior (incluyendo también los países europeos) dan cifras al alza: de 8.537 (1990) a 56.594 (1997) (Anuario de Migraciones, 1998). A partir de estos datos generales de todos los emigrantes, no podemos deducir la participación electoral de los españoles de Uruguay, pero es probable que algún peso tenga en estas cifras. Camou da una población total de 77.857 residentes españoles para 1997 (sin incluir a posibles hijos naturalizados), a partir de datos de los registros consulares (Camou, 1997:80). Hay varias razones por las que pensamos que buena parte de los españoles están inscritos en el Consulado. Aparte de los indicios hallados en nuestra propia experiencia etnográfica, la importancia de poder reclamar una pensión de jubilación al Gobierno español no ha de menospreciarse, lo mismo que poder acceder a otras ayudas asistenciales y de viaje como las de la Operación Añoranza, por la que pueden viajar una vez de visita a su lugar de origen en España.
    19
    Pocos inmigrantes españoles piden la nacionalidad uruguaya, aunque la inmensa mayoría de sus hijos tiene ambas.
    20
    Encontramos un interesante fenómeno. La propia movilidad social de la primera generación ha colaborado decisivamente en el status y las perspectivas de la segunda. Aparte de haberles ayudado a ingresar y graduarse en la Universidad, son también decisivos por el momento en la inserción laboral de éstos. Dado que la economía uruguaya ha sufrido una recesión estructural en las últimas décadas y que la mayoría de los puestos a los que accedería esta segunda generación lo sería en el sector público, poco y mal pagado, la inversión y esfuerzo de sus padres en sus pequeños negocios son la posibilidad inmediata para éstos de tener un sueldo decente y mantenerse por el momento. Muchos padres están empleando a sus propios hijos, lo que hace que, de alguna manera, estén sobrellevando la crisis de mejor manera que muchos uruguayos, que, o bien están desempleados o tienen que tener varios empleos para sobrevivir.
    21
    Durante la dictadura de los 70, algunos de esta segunda generación de migrantes que fueron perseguidos políticamente volvieron a la tierra de sus padres como refugiados políticos.
    22
    No obstante, hay diferencias en relación a orígenes y perfiles diferentes. Como uno de nuestros informantes contaba --de Valencia, dueño de una ferretería-- "aquellos que vinieron de las ciudades y con cierta formación, aquellos fueron los primeros en volverse a España. Aquellos que vinieron sin nada (en referencia principalmente a los de Galicia), aquellos prefirieron quedarse. La mayoría de los catalanes se volvieron ya".
    23
    Todos nuestros informantes insistieron en que Uruguay es un país abierto donde todos los inmigrantes eran bienvenidos. Cf. infra para matices a este respecto.
    24
    Es importante mencionar los nombres que los uruguayos daban a los distintos orígenes nacionales de los inmigrantes: 'gringos' en general para los no hispanohablantes, 'tanos' (de 'napolitanos') para los italianos, 'turcos' para libaneses, sirios, armenios y turcos; 'rusos' para judíos centroeuropeos y rusos; 'gallegos' para los procedentes de España, independientemente de su provincia de origen. Ver Zubillaga, 1993.
    25
    Una mujer española, inmigrante, dueña de una tienda de helados, ofrecía el siguiente panorama étnico de Uruguay: "Los 'turcos' (siriolibaneses, armenios) no tienen contactos con otros grupos; los musulmanes no se abren, no se integran, son una comunidad cerrada. Trabajan en negocios de ropa. Cogen unos ladrillos, un techo de hojalata y te construyen un puesto, una tienda. Los judíos son más abiertos con los españoles pero todavía nos echan en cara que les echamos de España. Nosotros vinimos sin un duro pero ellos trajeron dinero.
    Italianos y españoles se llevan bien. Pero son orgullosos, saben español pero no quieren perder su italiano, te dicen 'un gelato de crema, de chocolato'." Otro informante cualificado, buen conocedor y organizador de la trama de asociaciones inmigrantes españolas, aunque reconociendo que Uruguay estuvo siempre abierto a todos, distinguía entre los españoles "mejor aceptados por su honestidad y trabajo duro", los armenios "chapuceros, de manejos turbios", y los judíos "patronos crueles". Para actitudes respecto de otras nacionalidades, véase Segman, 1982.
    26
    Sobre estereotipos del gallego en Argentina durante el XIX y primer tercio del XX, ver los interesantes trabajos de Moya (1998:323 y ss., y 1989) en donde toma en cuenta la multiplicidad de discursos y contradiscursos de los distintos agentes individuales y colectivos implicados.
    27
    También encontramos este discurso entre algunos miembros de la clase media cualificada de Buenos Aires, que confesaban que gastaban todo lo que tenían, en contraste con los inmigrantes, que siempre tenían ahorros para emergencias o proyectos a largo plazo.
    28
    Preferencia por algunos orígenes frente a otros ha sido una constante en los debates intelectuales y políticos sobre políticas migratorias, en los que los españoles siempre eran defendidos (Betancur, 1997). Como hemos mencionado en otro lugar, los migrantes españoles del primer tercio de siglo y antes, gracias a sus organizaciones, actividades culturales, periódicos, emisiones de radio y su penetración en las élites políticas e intelectuales, se convirtieron en activos productores de una corriente de opinión favorable a los españoles.
    Merece la pena mencionar El Diario Español (1906), que, aunque circulaba entre la comunidad española sólo por subscripción, tuvo una considerable influencia en la construcción de una opinión pública favorable gracias a su amplia circulación también entre no españoles. Lo mismo puede decirse de las emisiones de radio españolas. Muchos uruguayos sintonizaban estos programas y consumían cultura española en forma de música, noticias, radionovelas, etc. La presencia de tipos españoles en la literatura uruguaya y en la música ha sido bien documentada como un testimonio más de la 'españolidad' en el país (Zubillaga, 1998a; Lago, 1998; Suárez, 1998).
    29
    La ideología izquierdista de muchos de estos primeros inmigrantes españoles ha sido mencionada como fundamental en el establecimiento de las organizaciones sindicales uruguayas (Zubillaga, 1997).
    30
    Para distintas evaluaciones del español hablado en otros casos migratorios, ver Ramírez Goicoechea, 1996:III.
    31
    No tenemos que olvidar la presencia histórica de los españoles como exploradores y colonos en esta parte de Latinoamérica, que perteneció a la corona española.
    32
    Zubillaga menciona la bienvenida de gente hispanohablante durante las últimas décadas del XIX como una forma de control de la influencia portuguesa procedente del Brasil, estimulando el asentamiento de granjeros españoles en las provincias limítrofes. Las políticas de repoblación de frontera se basaron en "el dominio y control de la tierra, la unidad de la raza y el vínculo de la lengua española" (Francisco Bauza, 1876, citado en Mariani, 1977:128). La importancia dada al español en la Ley de Reforma de la Escuela Pública (1877) (en la que participaron muchos maestros españoles), como parte del proyecto de modernización del país en torno a la 'españolidad' de los uruguayos frente a otras influencias étnicas, refleja la importancia de este tema (Zubillaga, 1993:32).
    33
    De lo que algunos no eran conscientes era que, a pesar de que su español hablado había sufrido las influencias de la modalidad de esta lengua en el país (Barrios y Rivero, 1999), ellos también mantenían cierta inflexión vernácula del idioma, aquella derivada de la forma de habla de sus lugares y provincias de origen.
    34
    A lo largo de este texto hemos hecho referencia varias veces a los 'uruguayos' y a la 'sociedad uruguaya'. Utilizamos aquí la categoría 'emic' de los propios sujetos que hablan, perspectiva a la que siempre hemos dado relevancia teórica y empírica, especialmente cuando se trata de clasificaciones étnicas (Ramírez Goicoechea, 1991). A lo que nos referimos con 'uruguayo' es a aquel sujeto nacido en el Uruguay, siendo que uno puede considerarse más o menos 'uruguayo' dependiendo de la lejanía de su ascendencia migrante. 'Criollos' o aquellos descendientes de los primeros colonos contarían como el epítome de la 'Uruguayanidad'. Para otros criterios de 'Orientalidad' como 'Uruguayanidad' en contextos políticos específicos, ver Cosse & Markarian, 1966. Cuando hablamos de 'sociedad uruguaya', nos referimos en términos muy abiertos y acríticos, en donde prevalece la idea de una población heterogénea preexistente informada de una identidad particular, producto de un discurso étnico organizado en torno a una experiencia política, militar, social y cultural, con diverso grado de evidencia social. Obviamente, esta es una acepción algo acrítica, cercana a una categoría experiencial intuitiva de los propios implicados, próxima a una clasificación popular de las diferencias y distinciones entre pueblos y gentes. En todo caso, no es el objeto de este trabajo extendernos sobre tan complejo tema. Para una discusión más profunda sobre este particular, véase Ramírez Goicoechea 1991 y 1998.
    35
    Una evaluación precisa de los índices de participación actual en dichas asociaciones exigiría un trabajo muy pormenorizado que, lamentablemente, no hemos tenido la oportunidad de realizar.
    36
    Merece la pena resaltar el doble vínculo de la lealtad de los españoles tanto hacia su lugar de origen como hacia el propio Uruguay. Toda asociación étnica celebra, como su tradición más añeja, tanto las festividades patrias uruguayas como las regionales y nacionales españolas. Ambas banderas ondean en sus sedes y lugares de reunión. A pesar de que también ha habido una revitalización de las otras lenguas del Estado español (catalán, gallego, vasco) al hilo de la constitución de las autonomías políticas de sus distintas regiones, y que hay seminarios, conferencias e incluso clases del idioma de origen, lo cierto es que la mayoría de las actividades se realizan en español "porque vivimos en Uruguay y no estaría bien para los uruguayos que quieran venir". Además, la transmisión del gallego a las segundas generaciones es muy escasa (Barrios y Rivero, 1997). El habla en la lengua vernácula distinta del español suele darse en contextos de interacción específica. Participamos en una reunión de grupo de gallegos que eran amigos y habían compartido vivienda en sus primeros años de migrantes en el país. Algunos trataban de convencer al más pudiente, aunque considerado también como el más 'aldeano', para que colaborara con algunos sacos de cemento para la construcción de un nuevo parque en la vecindad. Ésta era una iniciativa de una asociación inmigrante gallega como oferta de ocio para los niños y jóvenes del lugar. Como se resistía argumentando en contra de la iniciativa y los otros le rebatían, la conversación subió de tono y terminó hablándose en gallego.
    37
    En cualesquiera de sus formas y encarnaciones de distancia social situacional e institucionalmente definida.
    38
    Preguntamos a algunos de nuestros entrevistados, migrantes y no migrantes, informantes clave en algunos casos, qui´nes eran el/los otro/s en Uruguay y cómo y por qué eran definidos así. Esta pregunta sorprendió a la mayoría, siendo como es Uruguay un país receptor durante años, en donde no puede encontrarse un discurso formal público sobre esta cuestión. En el contexto de un seminario que di en la Universidad, se entabló una discusión sobre este particular. La inmigración no era considerada como materia para la construcción de la alteridad, a pesar de las diferencias mencionadas en el sistema clasificatorio sobre los distintos orígenes nacionales. La respuesta era: "Todos somos 'otros'." No obstante, el profesor Zubillaga mencionó que, paradójicamente, en la historiografía uruguaya no hay ninguna referencia a la inmigración como fundamento demográfico de la construcción nacional del país, que gira en torno a una concepción criolla de la 'Uruguayanidad', tal como muestran los textos escolares. Esto no impide que los uruguayos se sientan ellos mismos fuertemente vinculados en su identidad a Europa y la Europeidad (lo mismo que ocurre para los bonaerenses). La 'indianidad' no puede tampoco considerarse fuente de alteridad social en la medida en que no quedaron indios en Uruguay, ni hay ningún grupo sociodemográfico que reclame una tal identidad. Tampoco hay discurso intelectual o político en este sentido. 'Negritud' fue otra de las cuestiones debatidas. Montevideo fue un puerto importante en el tráfico de esclavos siendo que, a fines del siglo XVIII, un tercio de la población de Montevideo era de origen africano. Ancinas, el lugarteniente y amigo de Artigas en sus 30 años de exilio en Paraguay, fue un hombre de color (debo esta información a Mortimer Arias y su esposa, Beatriz Ferrari). Parece haber una suerte de invisibilidad de la negritud, tanto en el discurso público como el privado y el imaginario de las gentes sobre el mapa étnico. "Es en el Carnaval cuando los ves, con sus tambores y músicas, el 'Candombé'. Cuando se les pregunta a los uruguayos sobre las diferencias con los argentinos, con los que tienen tanto en común, te dicen el 'Candombé', con su ritmo africano y sus textos de protesta. No hay racismo diario pero excepto unos pocos futbolistas, bailarinas o locutores de televisión, no verás movilidad social en esta comunidad" (un informante clave, trabajador social de la comunidad). A pesar de exisitir una separata quincenal llamada 'Mundo Negro' e incluida en un conocido periódico, no parece existir ningún movimiento de reivindicación identitaria de este colectivo. No obstante, la 'negritud' puede asociarse de alguna manera con la gente de la 'frontera', aquellos que viven en tierra fronteriza con Rio Grande do Sul (Brasil), por donde muchos atravesaron la línea en el siglo XIX, y que parece sigue ocurriendo en una región donde la frontera consiste algunas veces en sólo un río o una calle (el 'Chuy' uruguayo y el 'Chui' brasileño). Otro eje del discurso sobre la alteridad gira en torno a los argentinos porteños, sus formas y vanidad, especialmente cuando visitan Punta del Este, un centro turístico exclusivo y muy caro de la costa uruguaya. Élites intelectuales añaden a este discurso la memoria política de Artigas, que luchó contra el centralismo de Buenos Aires en su proyecto federalista para la región. Un discurso de exclusión social en el que muchos estaban de acuerdo está relacionado con la experiencia contemporánea de crisis económica y de pauperación reciente del Uruguay. Refiere a un creciente sector de la población, cada vez más marginada, que ha ingresado en la economía sumergida o bien se ve obligada a robar o a pedir. Esta gente está compuesta por las clases bajas empobrecidas, inmigrantes rurales de áreas subdesarrolladas, inmigrantes procedentes del Paraguay, Bolivia, Perú. Se asientan normalmente en las áreas marginales que rodean a la capital, Montevideo, en una sucesión de nichos y ocupación de hábitats, como ha sucedido en El Cerro, un asentamiento ocupado en tiempos por los migrantes europeos y que han revitalizado una identidad propia frente a los nuevos residentes (Romero Gorski, 1995). Este discurso sobre la alteridad y el miedo a perder privilegios y una estabilidad social difícilmente conquistada en años de bonanza económica se detecta sobre todo en la clase media, que está sufriendo muy cruelmente la recesión. Una entrevistada, inmigrante dueña de una pastelería, nos contó que el día anterior a nuestra visita su tienda fue asaltada por dos hombres que la amenazaron con una pistola. El episodio se repitió al día siguiente por los mismos asaltantes, pero a diferente hora: "No puedo hacer nada. La policía no hace nada. No me puedo proteger y lo saben. Les doy lo (el dinero) que tengo". Durante otra de nuestras visitas, un grupo de chicos entró pidiendo comida y leche. Ella sólo les cobró la leche, dándoles pan, bollos y otras cosas: "Son chicos de la calle (sin hogar), viven en la calle. Me dan pena, pero ya me conocen y me respetan. Saben que siempre les ayudo si no abusan. Si no colaboras, te pueden romper el escaparate con una piedra". De todo esto se deduce que la 'experiencia' y discurso de la alteridad en Uruguay es policéntrico y no ha sido formalizado intelectual ni políticamente.
    39
    Esto no quiere decir que estos inmigrantes españoles no estén sufriendo duramente la larga crisis económica que es común a varios países latinoamericanos. Pero lo están sobrellevando mejor que otros nacionales uruguayos.

 

REFERENCIAS

BARRIOS, G. y RIVERO, R. 1997. "El proceso de asimilación lingüística en los inmigrantes gallegos residentes en Montevideo", Anuario del Centro de Estudios Gallegos, Montevideo: Universidad de la República. 232-251.

-1999. "La competencia sociolingüística en español de los inmigrantes gallegos residentes en Montevideo", Anuario del Centro de Estudios Gallegos, Montevideo: Universidad de la República. 209-223

BERETTA CURI, A. 1987. "El concurso de la inmigración en el desarrollo de una clase empresaria en el Uruguay (1875-1930)",Estudios Migratorios Latinoamericanos, 2, 6-7. 181-198.

- 1996. El Imperio de la voluntad. Una aproximación al rol de la inmigración europea y al espíritu de empresa en el Uruguay de la temprana industrialización. Montevideo: Fin de Siglo.

BETANCUR, A.A. 1997. "Políticas migratorias en España y Uruguay", en C. Zubillaga (ed.), Españoles en el Uruguay. Características demográficas, sociales y económicas de la inmigración masiva. Montevideo: Universidad de la República. 9-52.

BRESCIANO, J.A. 1999. "El Centro Gallego de Montevideo bajo la presidencia de Constantino Sánchez Mosquera", Anuario del Centro de Estudios Gallegos, Montevideo: Universidad de la República. 141-172.

BULMER-THOMAS, V. 1998. La historia económica de América Latina desde la independencia. México: FCE.

CAGIAO, P. 1991. "Problemas planteados en el estudio de la inmigración gallega en Montevideo, 1900-1970", Estudios migratorios latinoamericanos, 13. 563-582

CAMOU, M.M. 1997. "Volumen y características demográficas de la inmigración española", en C. Zubillaga (ed.), Españoles en el Uruguay. Características demográficas, sociales y económicas de la inmigración masiva. Montevideo: Universidad de la República. 53-92.

CAETANO, G. & ALFARO, M. 1985. Historia del Uruguay contemporáneo. Materiales para el debate. Montevideo: Fundación de Cultura Universitaria.

COSSE, I. & MARKARIAN, V. 1996. 1975: Año de la Orientalidad. Identidad, memoria e historia en una dictadura. Montevideo: Trilce.

DEVOTO, F. 1989. "Políticas migratorias argentinas y flujo de población europea. 1876-1925", Estudios migratorios latinoamericanos, 11, Abril. 135-138.

- 1992. "La experiencia mutualista italiana en la Argentina: un balance", en F. Devoto y E. Míguez (comps.), Asociacionismo, trabajo e identidad étnica. Los italianos en América Latina en una perspectiva comparada. Buenos Aires: CEMLA/CSER/IEHS. 169-188.

FERNÁNDEZ VARGAS, V. 1992. "Análisis cuantitativo", AA. VV., Historia General de la Emigración Española a Iberoamérica.Vol. I. Madrid: Cedeal/Historia 16/ Quinto Centenario.

GARCÍA LOMBARDERO, J. 1985. "Transformaciones de la economía de Galicia en los siglos XIX y XX", en N. Sánchez-Albornoz (ed.), La modernización económica de España. 1830-1930. Madrid: Alianza.

GONZÁLEZ, E.E. 1992. "La llegada", en AA. VV., Historia General de la Emigración Española a Iberoamérica. Vol. I. Madrid: Cedeal/Historia 16/Quinto Centenario. 259-274.

HERNÁNDEZ BORGE, J. 1992. "Factores de atracción de los países de destino", en AA. VV., Historia General de la Emigración Española a Iberoamérica. Vol. I. Madrid: Cedeal/Historia 16/Quinto Centenario. 635-656.

HUGARTE, R.P. 1998. "La presencia del terruño en los nombres del comercio". Anuario del Centro de Estudios Gallegos.Montevideo: Universidad de la República. 225-237.

LAGO, S. 1998. "Presencia del inmigrante gallego en una novela uruguaya actual: 'Angeles Apasionados' de Jaime Monestier",Anuario del Centro de Estudios Gallegos. Montevideo: Universidad de la República. 141-164.

MARIANI, A. 1997. "Inserción de los inmigrantes españoles en la economía uruguaya", en C. Zubillaga (ed.), Españoles en el Uruguay. Características demográficas, sociales y económicas de la inmigración masiva. Montevideo: Universidad de la República. 117-153.

MINISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES. 1999. Anuario de Migraciones 1998. Madrid.

MOYA, J.C. 1989. "Parientes y extraños. Actitudes hacia los inmigrantes españoles en la Argentina en el S. XIX y comienzos del S. XX", Estudios migratorios latinoamericanos, 13, Dic. 499-524.

- 1998. Cousins and Strangers. Spanish Immigrants in Buenos Aires. 1850-1930. Berkeley: University of California Press.

NARANJO, C. 1992. "Análisis cuantitativo", en AA. VV., Historia General de la Emigración Española a Iberoamérica. Vol. I. Madrid: Cedeal/Historia 16/Quinto Centenario. 177-200.

NÚÑEZ SEIXAS, X.M. 1992. O Galeguismo en América. 1979-1936. A Coruña: Edicios do Castro.

PALAZÓN, S. 1995. Capital Humano Español y desarrollo económico latinoamericano. Evolución, causas y características del flujo migratorio )1882-1990). Valencia: Conselleria d'Educaciò y Ciència. Institut de Cultura Juan Gil-Albert.

PUIGGRÓS, E. 1991. "El proceso inmigratorio en el Uruguay. 1830-1940", en E. Puiggrós, M.C. Medina Pintado y U.R. Vega Castillos, La inmigración española en el Uruguay. Catalanes, Gallegos y Vascos. México: Instituto Panamericano de Geografía e Historia. 6-43.

RAMÍREZ GOICOECHEA, E. 1990. "Urban Studies from an Interdisciplinary Approach. Theory and Method for an Integration of Micro and Macrosociologies", XII Congreso Mundial de Sociología. Asociación Internacional de Sociología/CECOMS. Madrid.

- 1991. De jóvenes y sus identidades. Socioantropología de la Etnicidad en Euskadi. CIS/S. XXI.

- 1992. "Estructura e Interacción Social: Hacia un modelo de articulación teórica y metodológica en Ciencias Sociales", Anuario Antropológico, 89, Rio de Janeiro: Tempo Brasileiro. 47-91

- 1995. Condiciones de vida e identidad de los emigrantes españoles en Brasil. Informe II. Madrid: CIS.

- 1996. Inmigrantes en España. Vidas y experiencias. Madrid: CIS/S. XXI. - 2000. "Sociosymbolic aspects of social exclusion. Some clues in the study of migrant integration". En prensa.

ROCK, D. (ed.). 1994. Latin America in the 1940's. War and Postwar Transitions. Berkeley: University of California Press.

ROMERO GROSKI, S. 1995. "Una cartografía de la diferenciación cultural en la ciudad: el caso de la identidad 'cerrense'," en A. Gravano (comp.), Miradas urbanas. Visiones barriales. Montevideo: De Nordau-Comunidad. 91- 122.

SAMUELLE, C. 1991. Situación actual de los gallegos y sus descendientes en Uruguay. Xunta de Galicia.

SEGMAN, L. 1982. Los refugiados indeseables. Buenos Aires: Eudeba.

SUÁREZ SUÁREZ, M. 1998. "Los gallegos y el tango. Presencia gallega en el tango uruguayo", Anuario del Centro de Estudios Gallegos. Montevideo: Universidad de la República. 239-252.

VÁZQUEZ, A. 1988. "La emigración gallega. Migrantes, transportes y remesas", en N. Sánchez- Albornoz (ed.), Españoles hacia América. La emigración en masa. 1880-1930. Madrid: Alianza. 80-104.

ZUBILLAGA, C. 1966. "Los gallegos en el Uruguay. Apuntes para la historia de la immigración gallega hasta fines del S. XIX".

- 1992. "Participación política. Bases para su estudio", en AA. VV., Historia General de la Emigración Española a Iberoamérica.Vol. I. Madrid: Cedeal/Historia 16/Quinto Centenario. 359-387.

- 1993. Hacer las Américas. Estudios históricos sobre la inmigración española al Uruguay. Montevideo: Fin de Siglo.

- 1996. A prensa galega de inmigración en Uruguay. Santiago de Compostela: Consello da Cultura Gallega.

- 1997. "Los inmigrantes españoles en la configuración del movimiento sindical uruguayo", en C. Zubillaga (ed.), Españoles en el Uruguay. Características demográficas, sociales y económicas de la inmigración masiva. Montevideo: Universidad de la República. 93-115.

- 1998a. "Identidad inmigratoria: los gallegos y la literatura gauchesca en el Uruguay de la modernización", en Anuario del Centro de Estudios Gallegos. Montevideo: Universidad de la República. 191-223.

- 1998b. "Asociacionismo e inmigración española en Uruguay", en C. Zubillaga, La Utopía Cosmopolita. Tres perspectivas históricas de la inmigración masiva en Uruguay. Montevideo: Facultad de Humanidades, Universidad de la República.





© 2017 Tel Aviv University