Adjustment, poverty and employment in Mexico


ARACELI DAMIÁN: Burlington: Ashgate, 2000.

Desde hace años, casi todos los analistas coinciden en señalar que la pobreza en México ha aumentado en las últimas dos décadas y que la distribución del ingreso social y regional se ha venido deteriorando. Se discute la intensidad del fenómeno, las causas que lo han originado y la forma de combatirlo, pero existe una cierta unanimidad en reconocer que la "década perdida" de 1980 tuvo efectos sociales dramáticos y que las políticas ortodoxas de choque implementadas durante la década de 1990 no han generado los logros prometidos. Unos señalan que hay que esperar todavía para ver los resultados positivos, mientras que otros subrayan la necesidad de cambiar de estrategia.

Algunos autores, como Sergio Orduño Ríos y Gabriel González Vela (Los indicadores de bienestar en México, 1940-1995, Instituto de Investigación Económica y Social Lucas Alamán, México, 1998) y Nydia Iglesias, ("¿Qué política social?", Nexos, 265 [enero 2000], pp. 55-60) sostienen que la pobreza alcanzó el 50% de la población mexicana en 1994. Otros, como Julio Boltvinik y Enrique Hernández (Pobreza y distribución del ingreso en México, Siglo XXI Eds., México, 1999) denuncian que la realidad es más dramática y hablan de que el número de pobres en México subió hasta la cota del 70% en 1989. Las cifras oficiales publicadas por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática muestran que la pobreza representaba el 42,5% en 1984, que subió hasta el 47,8% en 1989 y que bajó hasta el 44,1% en 1992. Los trabajos de Fernando Cortés y Ana María Rubalcava sobre el comportamiento y evolución del ingreso de los hogares en México, así como los de Nora Lustig para el conjunto de América Latina, han puesto de relieve que en la última década se ha dado un claro deterioro de la distribución del ingreso con el agravante de que ha estado acompañado de un aumento de la autoexplotación de la mano de obra (mecanismo de sobrevivencia).

La "guerra de cifras" tiene múltiples explicaciones. La ubicación del listón a partir del que se puede considerar a un individuo como "pobre"; las distintas técnicas de medición (directa o indirecta); y las diferentes fuentes empleadas (ingresos monetizados y no monetizados) generan importantes variaciones en los resultados. Hay que recordar también que la medición de la pobreza está cruzada por intereses políticos e ideológicos. Constatar que el número total de pobres ha aumentado en las dos últimas décadas se ha convertido para unos autores en la demostración más palpable de que se ha aplicado una política económica errónea y que ésta ha estado acompañada de una mala gestión y de altos niveles de corrupción y de incompetencia políticas. Reconocer que la pobreza ha crecido en términos totales como consecuencia de un impulso demográfico excesivo, pero defender al mismo tiempo que el número de pobres se ha reducido en términos porcentuales con respecto al total de la población, a la par que subrayar que se han mejorado algunos importantes indicadores sociales (esperanza de vida, tasas de mortalidad infantil, educación, sanidad) se ha convertido en uno de los argumentos utilizados con más regularidad por los defensores de la implementación de las políticas económicas de choque ortodoxas.

El libro de Araceli Damián, profesora-investigadora de El Colegio de México, arroja una nueva luz tanto sobre el problema de la medición de la pobreza y la desigual distribución del ingreso, como sobre la interpretación de las consecuencias generadas por las políticas económicas utilizadas en México durante los tres últimos sexenios [Miguel de la Madrid (1982-1988), Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) y Ernesto Zedillo (1994-2000)]. Basado en un conocimiento exhaustivo de las distintas fuentes existentes, los distintos métodos de medición de la pobreza ensayados hasta el momento, los presupuestos teóricos que han dirigido a unos y otros analistas, y un trabajo de campo intenso realizado en la ciudad de México y Xalpa, la autora presenta un argumento bien construido y dotado de una sólida apoyatura empírica. En un primer capítulo se realiza un repaso de las distintas teorías del ajuste implementadas en América Latina en las décadas de 1980 y 1990. En un segundo capítulo la autora explica las tendencias del crecimiento económico de México y las políticas económicas que se llevaron a cabo entre 1982 y 1994. En el tercer capítulo analiza las ventajas e inconvenientes de los distintos métodos utilizados hasta la fecha para medir la pobreza y propone uno nuevo (en el que pone de manifiesto la improcedencia de relacionar mecánicamente el nivel de pobreza con los ingresos monetizados). En el cuarto capítulo estudia el argumento utilizado por bastantes analistas de que los períodos de crisis estuvieron acompañados en México por un aumento de la autoexplotación de la mano de obra (mecanismo de sobrevivencia). Finalmente, en el capítulo quinto investiga la evolución del mercado laboral en la ciudad de México y Xalpa entre 1979 y 1996.

La tesis central que maneja Araceli Damián es clara. La política económica de choque ortodoxa utilizada a partir de la crisis de 1982 para tratar de reflotar la economía de México ha tenido un impacto social negativo por haber generado un aumento en la pobreza y haber empeorado aún más la ya de por sí mala distribución del ingreso. Para probar la veracidad de su tesis, demuestra que si bien han mejorado algunos de los indicadores sociales (salud, educación), que se han alcanzado apreciables avances en infraestructuras públicas (aumento del número de hogares con acceso a agua canalizada, alcantarillado y electricidad), y que hay que reconocer que la apertura comercial ha logrado reducir el precio de algunos artículos, se constata que no existe evidencia empírica suficiente para demostrar que los hogares lograron incrementar sus ingresos en una brecha inflacionaria por medio de un aumento de las horas de trabajo empleadas. Todo ello prueba que no existe evidencia empírica para seguir sosteniendo que el nivel de empleo en México está determinado por la oferta de trabajo, por lo que parece más acertado plantear que el empleo está altamente determinado por la demanda laboral.

La conclusiones que extrae Araceli Damián de su estudio son precisas. En primer lugar, defiende que el control de la inflación debe dejar de ser una de las prioridades de la política económica. En segundo lugar, subraya la urgencia de abandonar el control de precios como un instrumento válido para dominar la inflación. En tercer lugar, recuerda que es sumamente importante fomentar políticas económicas que tengan como meta la expansión del gasto social en aquellas sociedades que, como la de México, tienen fuertes desajustes y desigualdades sociales, así como importantes cuellos de botella en su economía. Concluye el texto haciendo una alusión directa a la necesidad que tiene México de realizar un urgente cambio de rumbo en el diseño de sus estrategias políticas, económicas y sociales.

Sin duda, se trata de un texto valiente, bien construido y excelentemente documentado, que pone en entredicho algunas de las interpretaciones tenidas hasta la fecha como "sacrosantas". Un libro de referencia obligado para los investigadores por las reflexiones sobre el método de medir la pobreza que se incluye, como para los responsables en la toma de decisiones políticas por las pruebas empíricas que aporta.

 

Pedro Pérez Herrero Centro de Estudios de México
en la Unión Europea

 





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