Redes sociales y asociacionismo: las "parroquias" gallegas de Buenos Aires (1904-1936)
XOSÉ M. NÚÑEZ SEIXAS Universidade de Santiago de Compostela
 
Una característica que distingue a la comunidad gallega dentro del conjunto de las colectividades ibéricas emigradas es su alto índice de dispersión asociativa en entidades que, adoptando como ámbito espacial de actuación entidades geográfico-administrativas propias del país de origen (la parroquia, el municipio y la comarca), proliferaron desde 1904 tanto en La Habana como en Buenos Aires, alcanzando en 1936 un número superior al medio millar. Este fenómeno, común (en menor medida) a la colectividad asturiana de La Habana, podría ser comparado con la proliferación de asociaciones locales italianas y judías en los Estados Unidos y la misma Argentina, y nos lleva a plantear la cuestión de sus orígenes, sus funciones y las razones de su supervivencia.

El surgimiento de un tejido asociativo local de ámbito gallego estuvo condicionado por tres conjuntos de factores:

a) La consideración de la emigración como una estrategia económica temporal, en la que la imbricación entre emigración, retorno y mantenimiento de redes microsociales de relación y circulación de la información jugaba un papel fundamental. En el período considerado, algunos autores (Eiras 1992) estiman que hasta el 70% de los gallegos emigrados a América habría retornado a su país. En Argentina, en concreto, sabido es que la mayoría de los inmigrantes españoles procedían de Galicia: entre 1885 y 1895, el 55,8% de todos los españoles arribados eran gallegos. Y durante el primer tercio de este siglo, los gallegos constituían de forma estable alrededor del 50% del contingente de españoles residentes en Buenos Aires, es decir, más de 150.000 hacia 1914. Por aquel entonces, la capital argentina era la ciudad con más habitantes gallegos de todo el planeta. En su mayoría, eran de origen campesino: agricultores o jornaleros, según las profesiones declaradas a su llegada (Moya 1998: 1-16).

b) La interrelación entre movilización política y social a escala local en Galicia durante el primer tercio del siglo XX y su traslación a una parte del colectivo emigrante, que jugaba un importante papel en esa dinámica de cambio social y acción colectiva. Desde principios de siglo, los emigrados ausentes constituyeron un importante factor en el proceso de modernizaciónde sus lugares de origen. Primero, con su financiación de obras públicas y su ejercicio, individual o colectivo, de la beneficencia, con lo que suplían la ineficacia del Estado español. En segundo lugar, por su contribución a la articulación de la sociedad civil en las zonas rurales, fundamentalmente mediante su apoyo a la constitución y funcionamiento de asociaciones de campesinos (sociedades agrarias), con el fin de acceder a la plena propiedad agraria y promover la modernización de la agricultura. Se sumaba a ello la intervención de los emigrados en las luchas políticas locales, apoyando a facciones que habrían de contribuir a quebrar el dominio caciquil en las zonas rurales y a extender la democracia participativa, sobre la base de la regeneración de la vida pública y la redención del campesinado mediante la instrucción. En este sentido, fue muy significativa la influencia de los ausentes, y particularmente de los retornados, en la lenta propagación en las zonas rurales de Galicia de un nuevo espíritu cívico, considerado base eficaz del patriotismo y de la democracia, y que se extendería a los planos de la moral pública y las costumbres modernas (Núñez Seixas 1998).

c) El surgimiento de una elite dentro de la colectividad gallega interesada en la promoción y el mantenimiento de esas formas asociativas como parte de su capital simbólico dentro de la propia comunidad gallega y española emigrada, tanto en la sociedad receptora como en la sociedad de origen. Aquella elite estaba compuesta tanto por emigrantes favorecidos por el ascenso económico como por intelectuales, periodistas y exiliados, que a menudo vivían en un esporádico vaivén entre dos mundos. Y contribuyó, igualmente, a moldear la imagen de la colectividad gallega frente al exterior, la dotó de una identidad codificada y compartida, y coadyuvó a articular su apoyo a reivindicaciones políticas y movimientos sociales en el país de origen. Desde el despertar del asociacionismo gallego en América, la presencia de una elite de exilados republicanos federales gallegos que abandonaron España tras 1874 se reveló como un factor catalizador para la formación del tejido asociativo de ámbito gallego, al mismo tiempo que participaban en el de ámbito español. Y hasta comienzos del siglo XX, esa elite se fue renovando generacionalmente y diversificando políticamente. A ello se unía el impacto que sobre esa elite ejercía su propia participación en la vida política y social de la Argentina.

Los factores aludidos contribuyeron a que durante el primer tercio del siglo XX la Galicia europea y la Galicia de ultramar se complementasen y se influyesen mutuamente, sustentando una reinterpretación respecto de los enfoques clásicos, tanto de la emigración de retorno como de la relación existente entre asociacionismo emigrante y política. Por un lado, no se trata de un fenómeno unidireccional que implique únicamente el trasvase de recursos económicos e influencias sociales y políticas desde la sociedad de destino (América) hacia la sociedad de origen, que permanecería supuestamente inmóvil y atrasada. Por otro lado, en la relación entre movilización política y asociacionismo inmigrante apenas se ha tomado en consideración el papel que jugaba la relación con las comunidades de origen en el surgimiento y evolución de los tejidos asociativos de los inmigrantes en América.

Y es que nos hallamos ante una retroalimentación constante que sigue ritmos diferentes entre América y la sociedad de partida. Esta última también experimenta cambios, y en ella el impacto de los retornados y de las colectividades de emigrantes sólo puede operar en sentido transformador si existían aliados potenciales, así como una estructura de oportunidad política que haga posible y multiplicadora la intervención de los ausentes. Ello estimulaba asimismo a los vecinos emigrados para actuar colectivamente con fines definidos, adoptando formas de organización que responderían a necesidades y objetivos precisos, tanto en la sociedad de destino como en la sociedad de origen. Igualmente, sabido es que la integración de los inmigrantes también coexistió con su participación en una colectividad o comunidad emigrante, que conformaba un espacio de interacción social que recreaba aquél del que procedían sus integrantes. Para ello, influyeron factores como la proximidad de residencia y trabajo, la densidad de las redes microsociales informales y formales (el tejido de asociaciones étnicas de ayuda mutua y recreo) que proporcionaban protección al recién llegado y la existencia de una prensa periódica que canalizaba tanto la comunicación con el país emisor como con el resto de la colectividad inmigrada. Por ello, podemos hablar de un modelo alternativo y más dinámico de interacción, que aquí denominaremos interacción osmótica, y que tiene lugar, con diferentes ritmos, entre las dos orillas del océano.

¿Quiénes eran los aliados potenciales que se ofrecían a los emigrados como compañeros de viaje en la acción sociopolítica en Galicia, y que incentivaban su organización colectiva? Se trataba, ante todo, de dos grupos de actores: a) sociedades agrarias de ámbito parroquial o municipal y b) "bandos", periódicos y fracciones en lucha por el poder local, organizados en torno a sectores sociales interesados por lo general en atraerse el apoyo tanto de las sociedades agrarias como de los emigrantes para desalojar a los caciques del consistorio municipal. Más tarde, este segundo grupo será complementado o sustituido por un tercero: fuerzas políticas opuestas al régimen de la Restauración borbónica (1874-1923) o a la dictadura de Primo de Rivera (1923-30). Estas últimas fueron principalmente de tres tipos: las diversas organizaciones agraristas que intentaron coordinar y unificar a nivel territorial galaico la acción aislada de los cientos de asociaciones agrarias que surgieron en Galicia a partir de 1900; las organizaciones nacionalistas galaicas y, en menor medida, el movimiento obrero, tanto de orientación socialista como anarcosindicalista.

Las sociedades microterritoriales o de instrucción: la parroquia de ultramar

La presencia de la emigración en la vida cotidiana y en la realidad social de Galicia se hizo patente, en primer lugar, a nivel local y dentro de los marcos más inmediatos de relación social y organización comunitaria, que eran básicamente --aunque no con la misma intensidad en toda Galicia -- las parroquias. En 1919 existían en Galicia 322 municipios y 3.785 parroquias, con una media de 11 parroquias por municipio y 545 habitantes por parroquia (6.150 por municipio). A su vez, las parroquias se forman por agregación de aldeas y lugares o núcleos de población, de los que se contabilizaban entonces en toda Galicia 16.613 (Villar 1919).

Existe cierto consenso en que la parroquia constituyó hasta fechas recientes el marco de interacción social más inmediato de la Galicia rural, pese a ser también una realidad social construida (Rodríguez Campos 1994), lo que cabe atribuir sobre todo a dos grupos de factores: (a) la organización administrativa eclesiástica, vigente desde tiempo atrás, que configuró fidelidades comunitarias cimentadas por ritos, cultos, fiestas y actividades que tenían centro alrededor de la iglesia parroquial; y (b) la posesión de recursos comunes que debían ser gestionados colectivamente (montes comunales y agua, en particular), la regulación de la propiedad y gestión privadas (servidumbres de paso, utilización de las agras, etc.), y los sistemas de ayudas recíprocas (colaboración intervecinal en trabajos agrícolas, por ejemplo). Esos fuertes vínculos comunitarios persistieron en la metrópolis argentina. Durán (1982) se ha referido así a la "parroquia de acá y de acolá" para describir la relación entre dos comunidades locales separadas por el océano, pero que siguieron conservando sus lazos, reforzados con la comunicación epistolar, las remesas materiales y el trasiego más o menos periódico de emigrantes y retornados a través de redes microsociales. Ello configuraba, a la vez que redimensionaba, un espacio característico de relación social, introduciendo el ámbito local en una red más amplia de interacciones macro y microsociales.

Las asociaciones étnicas microterritoriales reproducían así, como marco de referencia, ámbitos de relación e interacción social de origen de los emigrantes, y que eran inferiores a la provincia. Se trataba de la parroquia, pero también de la comarca y del municipio, a veces el partido judicial o distrito (denominaciones no exentas de cierta indefinición espacial en muchos casos), poco después o prácticamente al mismo tiempo que se formaban y consolidaban los grandes centros mutualistas y benéfico-asistenciales de ámbito macroterritorial (Centro Gallego [1907], Hospital Español, Casa de Galicia [1918], etc.). Las solidaridades locales pervivieron en la otra orilla del océano, y fueron en un principio de carácter más inmediato y vinculante que las "regionales" o "nacionales". Ello tenía causa en la propia estructura de las cadenas migratorias y en la reproducción de lazos de paisanaje en América para la búsqueda de colocación, protección inmediata al recién llegado, espacios para el ocio y tiempo libre, etc., lo que se veía facilitado por la frecuente proximidad residencial en los mismos barrios de los procedentes del mismo lugar, si bien el índice de segregación espacial de la capital argentina era inferior al de otras metrópolis de inmigración. En Buenos Aires, al menos hasta los años cuarenta del siglo XX, los gallegos tendían a concentrarse en los distritos del centro de la ciudad y los meridionales de Barracas, Constitución y Parque Patricios, así como en la localidad vecina de Avellaneda (Scobie 1986: 46-49; Moya 1998: 123-204).

Este fenómeno sorprendió a muchos observadores contemporáneos, incluyendo a la elite republicana española de Buenos Aires. Pero no debemos caer en sus explicaciones simplistas, basadas en los consabidos tópicos sobre el carácter "localista" o regionalista de los emigrantes ibéricos. Se puede considerar que, en principio, el mayor número de inmigrantes gallegos en Buenos Aires (más que de cualquier otra región española) hacía posible reproducir esquemas y vínculos de identidad colectiva semejantes a los ya existentes en el país natal, a través de los cuales los individuos procedentes del medio rural vehiculizaban su proceso de socialización. Así, las pautas asociativas de los emigrantes gallegos tradujeron, en buena parte, una jerarquización de lealtades e identidades funcionales, sin considerarlas contradictorias. El inmigrante recién llegado podía asociarse al Centro Gallego o al Hospital Español, pero también tendía a buscar la compañía de sus convecinos para organizar su sociabilidad y tiempo libre, y por esa vía asociarse a una sociedad comarcal, local o parroquial, a fin de reproducir en América los espacios de interacción social que le eran familiares. En ello jugaban un papel destacado la organización de fiestas, romerías para celebrar los santos patronos locales o simples tertulias. Los testimonios orales y escritos de que disponemos inciden, sobre todo, en ese carácter de recreación del espacio de sociabilidad de origen que poseían las asociaciones microterritoriales, y particularmente las veladas recreativas por ellas organizadas, vinculándose el diluido, pero existente, sentimiento de patria con el más definidor y movilizador de patria chica, ya que, como resumía el médico gallego Ángel Anido (1898), "reconocemos la conveniencia de declararnos hijos de la patria grande, especialmente cuando nos hallamos entre extraños, pero el corazón nos vende; el primer impulso es para la patria pequeña. Y es que allí están la casa donde nacimos y la calle donde, siendo niños, hemos jugado".

La pervivencia de esas solidaridades locales y el alto promedio de retornos, junto al generalmente corto período de estancia de los emigrantes allende el mar, fueron factores que favorecieron el mantenimiento de vínculos con las comunidades parroquiales y municipales de origen. En este sentido, la pervivencia de redes sociales trasplantadas desde el país de origen, de solidaridades comunitarias y de incentivos locales, proporcionó una adecuada estructura de movilización para la acción colectiva de los inmigrantes gallegos en cuanto se presentaron objetivos concretos. [1] En más de una ocasión, el tener que hacer frente a necesidades coyunturales y concretas en sus comunidades de origen convocaba a la asociación de sus vecinos ausentes en Buenos Aires (o La Habana). El catalizador podía ser el llamamiento de auxilio de los habitantes de las parroquias o lugares de origen a sus convecinos residentes en América para un fin concreto (una colecta para una obra pública, la iglesia o el cementerio, por ejemplo), a través de uno o varios emigrados de buena posición económica o de prestigio profesional. Éstos formaban una comisión provisional, ponían en marcha cierta dinámica de acción colectiva, y a menudo concebían al final la idea de constituir una sociedad de ámbito comarcal o parroquial que tuviese continuidad, figurando automáticamente como miembros de una comisión iniciadora. Aunque de esas comisiones no siempre surgía de manera inmediata una sociedad de instrucción, se mantenía una base de organización informal que en determinados momentos espoleaba a la acción colectiva de los emigrados en favor de su lugar de nacimiento. Así se observa, desde al menos 1898, cuando los naturales de Ribadeo (Lugo), a iniciativa del comerciante Domingo G. Villamil, se juntaron para contribuir con una suscripción en favor del hospital de su villa de origen. A ellos siguieron comisiones para construir cementerios, escuelas u obras públicas por parte de los naturales de varias localidades (Merza, Santiago de Compostela, Santa Mariña de Fraguas o San Xulián de Sales). En otras ocasiones registramos llamamientos explícitos de las sociedades de agricultores de alguna villa o parroquia a sus vecinos ausentes para que éstos coadyuvasen económicamente a su labor política y social, valiéndose para ello de intermediarios diversos. Particularmente, los periódicos de la colectividad sirvieron de vehículo de contacto y de acicate para la formación de sociedades, en especial Nova Galicia, el semanario fundado en 1901 por el procurador Fortunato Cruces, quien fue un decidido promotor de la constitución de sociedades locales frente a las prevenciones de otros periódicos étnicos --por ejemplo, el influyente El Eco de Galicia, de Manuel Castro López-- ante lo que consideraban un minifundismo estéril.

De la combinación de esas reuniones informales más o menos festivas y de las llamadas de auxilio desde los lugares de origen surgió también un buen número de comisiones iniciadoras que podían dar lugar a asociaciones microterritoriales. La mayor densidad de inmigrantes gallegos en Argentina durante las dos primeras décadas del siglo XX hizo posible la canalización de esfuerzos al nivel local y comarcal. Pero también influyó en este proceso la proliferación de asociaciones agrarias en el campo gallego desde 1900, y el fenómeno paralelo de articulación social que tenía lugar en amplias zonas rurales de Galicia, con surgimiento de periódicos, extensión relativa de la alfabetización y diversificación de la lucha política a nivel local.

Todo un enjambre de sociedades gallegas de ámbito parroquial, municipal y comarcal surgió en Buenos Aires, al igual que en La Habana (y, en menor medida, Montevideo), entre 1904 y 1936, con un período de máxima intensidad global entre 1907-1925. La primera sociedad de instrucción conocida en Buenos Aires surgió en abril de 1904. Se trataba de La Concordia, una asociación de los naturales de la parroquia de Fornelos da Ribeira (Salvaterra de Miño, Pontevedra). En su génesis, La Concordia resumía los factores que harán posible el desarrollo de las sociedades microterritoriales: redes microsociales de vecindad y parentela operantes en Buenos Aires, proximidad residencial y/o de lugar de trabajo, y combinación de intereses en su liderazgo entre notables y activistas políticos. La entidad nació a iniciativa de 37 inmigrantes procedentes de Fornelos, muchos de los cuales trabajaban en la fábrica de herramientas, propiedad de los coterráneos Manuel y José M. González, en una calle céntrica de Buenos Aires, con el primer objetivo de dotar a la parroquia de origen de un nuevo cementerio civil y religioso. El peso de los emigrados de éxito en la primera directiva elegida era elocuente: Manuel González asumió la presidencia, y su hermano José la tesorería. Pero como vicesecretario figuraba el comerciante y activo miembro de la Liga Republicana Española [LRE] en la Argentina, Ricardo Sestelo, quien al poco tiempo enfatizaba el carácter regenerador de la nueva entidad. Dentro de ella, el mecenazgo informal de los hermanos González, de Ricardo Sestelo y su hermano Constante, y del jurista coterráneo residente en Bahía Blanca, Rogelio Estévez Cambra, continuó siendo primordial: entre los cinco aportaron el 74,4% de los fondos recaudados en la primera suscripción pro-cementerio de Fornelos. En 1906, La Concordia ya colaboraba en el sostenimiento del colegio público de su lugar de origen. [2] Procesos semejantes se registran en la fundación de otras entidades.

A partir de ese año se multiplicó el número de asociaciones microterritoriales en Buenos Aires. Los diversos testimonios elevan la cantidad de sociedades de instrucción gallegas en la capital federal de 12 en 1907 a 42-50 en 1913, 98 en 1916, y 146 (157 en toda Argentina) en 1926. [3] Podemos afirmar por ahora que sólo en Buenos Aires existieron hasta 348 sociedades de instrucción entre 1904 y 1936, que abarcaban casi el 50% de los municipios gallegos en ese período. Su ámbito territorial de actuación ofrece la siguiente distribución (cuadro 1).

Cuadro 1 - Ámbito territorial de actuación de las sociedades gallegas de Buenos Aires, 1904-36.

 

Provincia A, L P 2 o
+p
M 2 o
+m
PJ Prov Total
A Coruña 1 37 7 59 2 10 1 117
Lugo 1 5 - 34 6 6 4 56
Ourense - 14 - 25 4 5 3 51
Pontevedra 1 41 6 59 10 6 1 124
GALICIA 3 97 13 177 28 27 9 348
Porcentaje (%) 0,86 27,87 3,73 50,86 8,04 7,75 2,58 100

(A, L: Aldea, Lugar; P: Parroquia; M: Municipio; PJ: Partido judicial; Prov: provincia) Elaboración propia

Elites y conflictos

¿Por qué en unos casos se formaban sociedades parroquiales, en otros casos comarcales, y en otros municipales? No siempre existe una correlación directa entre la existencia de un contingente lo suficientemente nutrido de naturales de una parroquia o de un municipio para la constitución de una asociación parroquial o municipal. De hecho, comarcas de alta emigración hacia Buenos Aires no presentan gran densidad asociativa en el período aquí considerado. Ciertamente, el número concreto de emigrantes que residiese en una misma ciudad o un mismo barrio era un factor condicionante para la formación de asociaciones microterritoriales; pero esto no era siempre así, pese a las apreciaciones de algunos observadores coetáneos, como Castrillo Sagredo (1926), que suponían que el reagrupamiento asociativo de los emigrantes gallegos y asturianos en las sociedades de instrucción seguía una lógica territorial ascendente: una vez que se cumplían los primeros objetivos de índole local, se plantearían fines de ámbito municipal y después comarcal.

Este proceso no seguía una periodización tan nítida. Se requería un catalizador, por lo general una elite que asumiese un rol dirigente. Y según las preferencias, opciones y divisiones internas de esa elite, las asociaciones podían asumir uno u otro ámbito territorial. La presencia de sociedades de ámbitos territoriales diferentes, coexistentes e incluso rivales tenía mucho que ver con dos factores:

1) La existencia de notables, de emigrantes de cierta posición económica que apadrinasen la fundación de asociaciones, o de activistas políticos, intelectuales y periodistas interesados también en la promoción del asociacionismo y que tendían a hacer valer un ámbito territorial de actuación acorde con sus intereses y objetivos. Cierto es que a veces ese marco territorial de referencia se podía corresponder con fidelidades o ámbitos de interacción social trasplantados del país de origen. Pero en la mayoría de los casos, en nuestra opinión, la elección no siempre reflejaba marcos de sociabilidad reproducidos miméticamente en Argentina, sino que dependía de los objetivos y, en su caso, divisiones internas de las elites. [4]

2) Las dinámicas sociales y políticas existentes en sus lugares de origen, que asimismo condicionaban en momentos concretos la formación de entidades en América siguiendo las directrices asociativas imperantes en Galicia. El nivel de articulación relativa de la sociedad civil en el medio rural gallego también conocía un paralelo allende el mar, y viceversa. Es más, hay varios casos de sociedades microterritoriales en Buenos Aires que, al igual que en La Habana, se constituyeron como reflejo de la formación de sociedades agrarias, facciones políticas o movilizaciones circunstanciales alrededor de un "bando" local o un periódico anticaciquil en sus lugares de origen. [5]

En consecuencia, el asociacionismo microterritorial gallego era algo más que una reproducción mimética de lazos y vínculos comunitarios de origen, como a menudo se afirma, sin mayor reflexión. Se trataba también de una recreación del espacio social, en la que se mezclaba el recuerdo del lugar de origen con la construcción de una nueva identidad, superpuesta o adyacente a otras esferas de identidad. Naturalmente, en América, el marco de interacción social a lo largo del tiempo sufría cambios irreversibles en la percepción de buena parte de los emigrantes. El contacto con la sociedad receptora, así como con gallegos de otras zonas y los demás inmigrantes españoles, adaptaba su mentalidad e introducía una escala de identidades concéntricas sujetas a códigos situacionales. Con todo, la fidelidad a los espacios de interacción social más inmediatos de origen no desaparecía, incluso en las sociedades de ámbito territorial municipal o comarcal, en las que eran frecuentes las disputas, superponiéndose rivalidades locales a los problemas internos de gestión y de administración, o de definición político-social.

La relevancia de las disensiones articuladas alrededor de núcleos de interacción social reducidos se manifestaba sobre todo a la hora de repartir recursos en forma de iniciativas benéficas en Galicia. Con frecuencia, sucedía que los procedentes de una parroquia concreta constituían la mayoría de los fundadores de una sociedad de ámbito municipal o comarcal, por lo que era preciso establecer después en qué parroquia o lugar se invertían los fondos sociales. Ello daba lugar a numerosas disensiones, ya que, de no haber acuerdo, el núcleo parroquial más fuerte podía escindirse y fundar una sociedad de ámbito territorial inferior. Por ello, dentro de las sociedades de proyección municipal o comarcal se cuidaba escrupulosamente que cada parroquia tuviese un representante en la directiva. Cuando una entidad de ámbito parroquial devenía de ámbito municipal por mor de la incorporación de nuevos núcleos menos numerosos procedentes de otras parroquias, la primera escuela o la primera inversión de importancia había de efectuarse en la parroquia de la que procediese la mayoría de los socios, lo que se imponía a pesar de la grandilocuencia de los manifiestos. Así acaeció en el caso de la Sociedad del Ayuntamiento de Trasparga (Lugo), que echó a andar en 1924 como sociedad parroquial Hijos de San Bréjome y cambió su radio de acción y denominación en 1925, después de incorporar residentes de las parroquias de Parga y Santa Leocadia. Condición del acuerdo fue que la primera escuela proyectada se construyese en San Bréxome. Igualmente, la unanimidad en torno al proyecto de construir una escuela en Coirós (A Coruña) dentro de los diversos núcleos parroquiales integrantes de la sociedad Hijos del Ayuntamiento de Coiróssólo se logró en 1915, cuando se escogió un lugar para su erección que fuese equidistante de todas las parroquias. En la sociedad Residentes del Ayuntamiento de Mos (Pontevedra), fundada en 1918, fracasó el acuerdo inicial de erigir la primera escuela en un punto central del municipio y equidistante de todas las parroquias, y sólo se accedió por asamblea a fundar la primera escuela en 1924, siempre y cuando aquélla se levantase en el linde entre las parroquias de Tameiga y Petelos, que aportaban la mayoría de los socios. [6] Algunas entidades, como la coruñesa Hijos del Partido de Negreira (1925), llegaron al extremo de asegurar la distribución del capital social en partes equivalentes al número de cotizantes de cada municipio y parroquia de origen, para que así los socios de cada municipio pudiesen disponer de cada parte cuando lo creyesen conveniente. Pero si las disputas interparroquiales no surgían en América, podían brotar entre las delegaciones en Galicia en el momento de repartir los recursos remitidos desde Buenos Aires, incluso al nivel intraparroquial, surgiendo tensiones entre los naturales de diferentes aldeas a la hora de ubicar los recursos enviados por los "americanos".

Algunos observadores contemporáneos lamentaban ya desde la primera década del siglo el fenómeno de la dispersión asociativa y organizativa de las colectividades galaicas, y atribuían aquélla a causas tópicas, como el individualismo o el espíritu particularista característico de los gallegos. Pero también señalaban como causa el anhelo de "predominio personal y de mando", cuando no las "grandes vanidades" que se esconderían "tras esas pequeñas sociedades en que se divide y extenúa nuestra colectividad". [7] Y es que donde hubiese líderes en potencia, fuesen comerciantes de cierto éxito o intelectuales, periodistas o profesionales, existían mayores probabilidades de que se fundase una sociedad de recreo de ámbito microterritorial.

La cohesión comunitaria de las entidades microterritoriales se mantuvo en un nivel muy apreciable a lo largo del primer tercio de este siglo. Pero en la mayoría de los casos existían predominios internos de marcos comunitarios inferiores. Así, el Centro de Protección Agrícola (CPA) de Salceda de Caselas (Pontevedra), fundado en 1913, contaba en 1914 con 121 socios, de los que el 95% había nacido en alguna de las siete parroquias de aquel municipio. Pero el predominio de dos parroquias sobre las otras cinco era abrumador: los oriundos de Entenza llegaban al 47,9%, y los de la parroquia homónima y central del municipio (Salceda) al 39,6%. [8] De los 25 socios fundadores de Residentes de Mos en 1918, el 48% procedía de Tameiga y el 24% de Petelos, sobre 10 parroquias con las que cuenta Mos; ese predominio se mantuvo en los años siguientes, de modo que en 1920, de 205 socios, el 29,7% procedía de Tameiga y el 23,9% de Petelos, proporción que seguía siendo similar en 1933. [9]De los 589 socios de la Unión Progresista de Salvaterra de Miño en 1923, el 90,5% procedía de alguna de las 12 parroquias del municipio de Salvaterra (Pontevedra), y entre éstas destacaban particularmente tres (Salvaterra, con el 18,5% de los socios; Oleiros, con el 17,4%, y Arantei, con el 11,5%), manteniéndose la proporción de modo aproximado en 1931. [10] La cohesión comunitaria se mantuvo en los años sucesivos, con la sola salvedad del ligero incremento del número de argentinos, consecuencia de la incorporación de hijos de asociados.

Las divisiones por causas político-ideológicas de la elite traducían también, de hecho, rivalidades localistas entre núcleos de socios de diferentes parroquias. Un buen ejemplo fue la sociedad Unión del Partido de Lalín, fundada en 1921 (escindida deHijos del Partido de Lalín y alineada con orientaciones socialistas, patentes en su dirigencia). De los 242 socios que ingresaron en la entidad entre febrero de 1921 y enero de 1925, el 58,5% (141) procedía de cuatro parroquias del municipio de Lalín, que hasta entonces apenas habían estado representadas significativamente en Hijos del Partido de Lalín: Cristimil (63, el 26%), Gresande (36, el 14,8%), Donsión (21, el 8,6%) y Prado (21, el 8,6%), distribuyéndose el resto en pequeñas cantidades entre las demás parroquias del municipio de Lalín y los municipios limítrofes. [11]

Pero las divisiones también tenían otras causas: la división entre los socios que preferían anteponer los fines de instrucción e intervención en Galicia a los de recreo y mutualidad, y los que preferían convertir a las sociedades en meros clubes recreativos y mutualistas. Lo que podía traducir la disparidad de intereses entre una elite dirigente, que prefería practicar la filantropía en el lugar de origen como estrategia de consolidación de su prestigio social, y los sectores más "populares", interesados ante todo en fines inmediatos de protección y recreo. Así acaeció en 1909, al producirse una escisión de la sociedad Hijos del Partido de Lalín, de Buenos Aires. Los separados adoptaron el nombre de Asociación Hijos del Partido de Lalín (Protección), con fines exclusivamente de recreo y mutualidad. Un promotor de esta última afirmaba que "los artesanos queremos lo más práctico, rápido e indispensable o sea la protección, el socorro y el trato íntimo entre los naturales de Lalín en América", mientras los interesados en construir un Hospital en Lalín serían quienes "se creen ya más arriba del artesano y cortejan la autocracia, por compromisos o conveniencias". [12]

No obstante, este género de disputas no siempre se retrotraen a esa causa. Podemos suponer que ello fue así porque la retórica anticaciquil de la gran mayoría de las sociedades gallegas, su vinculación con el movimiento societario campesino que se desarrollaba de modo paralelo, cuando no interrelacionado, en la misma Galicia, y la apelación a la instrucción como vehículo de regeneración social y política permitían crear un mayor consenso en cuanto a los fines teóricos de las sociedades, cementado en una mayor solidaridad comunitaria. En este sentido, las entidades galaicas mantuvieron un carácter plurifuncional más acusado que las asturianas, tanto en Cuba como en Buenos Aires, para satisfacer a unos y otros. La invocación de los fines de instrucción permitía satisfacer el anhelo de los sectores más acomodados por ejercer la beneficencia, legitimar su ascenso social ante la comunidad de origen y procurar que la cualificación de los nuevos inmigrantes fuese lo más alta posible (evitando que fuesen blanco de desprecio y de burlas por parte de la sociedad argentina, lo que desprestigiaba al conjunto de la colectividad galaica); y, al mismo tiempo, se correspondía con los intereses de empleados y obreros manuales y no manuales, para quienes invertir en instrucción en su lugar de origen suponía también una apuesta por el ascenso social de sus familias y convecinos que habían permanecido en Galicia, y a la vez un reconocimiento de lo que la falta de instrucción supuso de obstáculo en su inserción sociolaboral en la Argentina. Tanto es así que hacia 1926 tenía lugar el fenómeno contrario: los más interesados en los fines de instrucción eran los sectores más populares. [13]

¿Cuál era la composición social de las sociedades de instrucción? Aunque no disponemos de datos globales, sí podemos ofrecer el siguiente cuadro:

 

Cuadro 2 - Composición socioprofesional de cuatro sociedades microterritoriales de Buenos Aires, 1918-1944

Grupo profesional Centro Renovación Ponteareas
(1935-39)
Unión Progr. Distrito de Covelo
(1926-44)
Círculo SocialValle Miñor
(1942-44)
Residentes de Mos
(1918-41)
Rentistas, industriales y propietarios 3,6 % 0,64 % 4, 14 % 3 %
Pequeños industriales, propietarios de establectos. artesanales 2,7 % 0,64 % 7, 25 % 3 %
Profesiones liberales - 0, 64 % 1, 03 % 2,63 %
Comerciantes 18 % 10,96 % 32, 6 % 24,43 %
Funcionarios, maestros 1,8 % 1, 29 % - -
Empleados del comercio y servicios 57,65 % 53,5 % 30,05 % 19,17 %
Obreros manuales, sin cualificación, "mozos", jornaleros 2,7 % 10, 32 % 3, 62 % 22,18 %
Obreros cualificados, no manuales, de oficio 7,2 % 7,09 % 14,5 % 13,9 %
Servicio doméstico 4,5 % 9, 03 % - 10,15 %
Jubilados - 1, 29 % 1,03 % -
Estudiantes - 1, 93 % 5,69 % 1,5 %
Otros 1,8 % 2, 58 % - -
Total numérico de la muestra 111 (100%) 155 (100%) 193 (100%) 266 (100%)

Elaboración propia a partir de: Registro de Socios del Centro Renovación de Ponteareas (AFSG); fichas de solicitud de ingreso y Registro de Socios de la UP de Covelo (AFSG); fichas de solicitud de ingreso del Cículo Valle Miñor (Archivo del Centro Valle Miñor, Buenos Aires); Libro de Registro de Socios de Residentes de Mos (Archivo de Residentes de Mos, Buenos Aires). Se consigna la profesión declarada al ingresar en la asociación.

Las categorías socioprofesionales consignadas en los libros de registro de socios son en algún caso de difícil adscripción, por lo que cabe jugar con un razonable margen de error. En todo caso, podemos apreciar que la clientela mayoritaria en las asociaciones gallegas microterritoriales estaba compuesta de empleados y dependientes de comercio, seguidos de comerciantes y obreros manuales cualificados y sin cualificación. Pero hay matices más importantes entre las diversas instituciones. Por un lado, tanto el Centro Renovación como la UP Covelo son entidades con un claro y activo compromiso político en favor de sus lugares de origen, a los que enviaban fondos con regularidad para empresas políticas relacionadas con el agrarismo local de tendencia izquierdista, por lo que su oferta de servicios mutualistas y recreativos era menor. Por otro lado, Residentes de Mos era una entidad con fines de instrucción, pero con un mensaje más populista e integrador en base al vínculo de identidad comunitaria, y por tanto más apolítica en la praxis que las dos anteriores, con una oferta más extensa de cobertura mutualista y oferta recreativa. Finalmente, el Círculo Social Valle Miñor era una sociedad fundamentalmente recreativa. Se aprecia claramente que el porcentaje de obreros manuales, con cualificación o sin ella, y empleados/as del servicio doméstico es mayor en la sociedad de Mos (46,2%) que en las demás, mientras los empleados sólo en esta última descienden por debajo del 20%; por el contrario, los pequeños comerciantes aportan casi un tercio de los socios de la entidad valmiñorana, a los que se unía un apreciable porcentaje de sectores acomodados y medio-altos (12,4%), bastante superior al de las otras entidades (sólo en la de Mos alcanza un 8,6%).

Caben algunas hipótesis a la luz de estos datos. Se confirma que los obreros manuales y no cualificados tendían a asociarse poco en asociaciones voluntarias, mutualistas o étnicas (Moya 1988: 288); pero, de hacerlo, buscaban aquéllas que combinaban oferta mutualista-recreativa con algún tipo de compromiso de inversión de recursos en Galicia (sociedad de Mos). En cambio, las sociedades de izquierda militante, cuyo objetivo era sobre todo la "regeneración" política de sus municipios de origen, atraían más bien a empleados, comerciantes y, en menor medida, obreros manuales cualificados y empleados del servicio doméstico. Se podría pensar, en consecuencia, que los obreros gallegos preferían entrar en asociaciones con amplia oferta recreativo-asistencial, y que el compromiso con la instrucción y con la movilización política en sus lugares de origen sólo adquiría importancia una vez que las necesidades "primarias" habían sido cubiertas, o una vez que, tras algunos años, se había conseguido un cierto ascenso social. Los socios de la UP de Covelo muestran un perfil intermedio, en el que todavía hay un 26,4% de obreros y mucamas, un porcentaje amplio de empleados y uno más reducido de comerciantes, rentistas o industriales. Por el contrario, en el Círculo Social Valle Miñor nos encontramos con un perfil social más mesocrático, en el que --se trata de la década del cuarenta-- figuran ya estudiantes (hijos de inmigrantes), y donde apenas aparecen obreros manuales ymucamas, mientras los sectores medios están ligeramente infra-representados y los medio-altos están sobre-representados, como corresponde a una sociedad que ya no ofrecía servicios mutualistas.

No está de más recordar, sin embargo, la importancia de los lazos de paisanaje a la hora de condicionar el ingreso de nuevos miembros en estas sociedades. Muchos de los empleados y obreros de la entidad valmiñorana lo son en negocios o establecimientos de la propiedad de convecinos, según muestran los datos cruzados del registro de socios, e ingresan llevados por el patrón. Lo mismo se puede afirmar de los de Mos. Ello nos lleva también a tener en cuenta la fuerza de atracción de las redes sociales informales, después cristalizadas en una red social formal (asociativa).

Diferente era, lógicamente, el perfil de la dirigencia. Se precisaban dos cualidades para convertirse en dirigente societario --forma visible de liderazgo que con frecuencia traducía otras formas menos visibles de influencia (laboral, social, de mediación) sobre los coterráneos. Primero, una posición económica acomodada que permitiese disponer de tiempo y de recursos dinerarios, lo que incluso posibilitaba que algunos fuesen socios y hasta directivos de varias asociaciones al mismo tiempo. Segundo, un cierto "prestigio" y respetabilidad derivados tanto de la propia posición económica adquirida dentro de la sociedad receptora y de la colectividad galaica (que podía constituir buena parte de su clientela), como de la posesión de una cierta formación y capacidades intelectuales. Asimismo, era importante disfrutar de un buen tejido de relaciones privadas entre los coterráneos, trasplantados del lugar de origen, o vínculos forjados en la sociedad de destino. A partir de los varios ejemplos conocidos, podemos afirmar que en las directivas predominaban pequeños y medianos comerciantes, seguidos a distancia de empleados, artesanos y trabajadores manuales cualificados. [14] Ello dibujaría un perfil social comparativamente más popular que el de las asociaciones mutualistas de alcance hispánico o regional (Devoto/Fernández 1990; Ruibal/Barros 1989). Sin embargo, los datos existentes no parecen indicar que las sociedades de instrucción gallegas desempeñasen un papel instrumental de domesticación del conflicto social mediante el fomento de la solidaridad étnica y el mutualismo, al menos en la medida en que lo cumplieron varias asociaciones italianas de Buenos Aires para los intereses de los industriales que figuraban en sus directivas (Gandolfo 1992).

¿Qué utilidad reportaba, entonces, desempeñar puestos directivos en una sociedad de instrucción para los emigrados de éxito? Como ya apuntamos, podemos afirmar provisionalmente que los líderes de sociedades microterritoriales eran de extracción tendencialmente medio-alta o pequeñoburguesa (pequeños industriales o comerciantes modestos con pocos empleados). Por su parte, los grandes nombres de la colectividad, los consejeros de bancos y propietarios o accionistas de empresas importantes, se concentraban preferentemente en las directivas de las instituciones de ámbito territorial gallego o español, a pesar de figurar en varias ocasiones como iniciadores de las entidades microterritoriales. Los dirigentes de sociedades de instrucción solían ser aquéllos que no podían acceder a corto o medio plazo a las directivas de grandes instituciones. Los incentivos de la elite dirigente de las sociedades microterritoriales consistían sobre todo en la búsqueda de capital simbólico, con vistas a su participación en la vida social argentina y el acceso a posiciones de poder dentro de la propia comunidad inmigrante gallega (y el conjunto de la española). Es cierto también que en algunos casos las entidades vestían redes clientelares más o menos informales: el acceso de los asociados a las entidades a mejores servicios u oportunidades laborales podía verse favorecido por la intermediación de los líderes societarios, quienes actuaban en este sentido como verdaderos notables, con un radio reducido de influencia. Y no menos importantes eran las perspectivas de un retorno temporal o definitivo al lugar de origen, donde el ser copartícipe de la gestión de entidades que desempeñaban una notable labor benéfico-asistencial, educativa y/o política, contribuiría a realzar su posición y, dependiendo de las circunstancias, podría permitir el acceso al poder local. Presidir una sociedad de instrucción reportaba, además, un inmediato reconocimiento en el plano simbólico: recepción de diplomas y distinciones, portadas de revistas y un anecdótico etcétera.

Pero también contarán los líderes políticos. Se trataba de activistas del republicanismo, del socialismo y del movimiento obrero argentino, y --desde los años 20-- nacionalistas gallegos, influidos por el regeneracionismo hispanoamericanista de principios de siglo, con status social medio o medio-alto (empleados, pequeños comerciantes, profesionales liberales y, principalmente, periodistas), y en un buen porcentaje exiliados voluntarios de la España de la Restauración, que emigraron al Río de la Plata para hacer carrera profesional (Duarte 1998). Su propósito consistía sobre todo en utilizar el asociacionismo étnico como vehículo de movilización política, conjuntando sus esfuerzos en esa empresa con las elites económicas y reforzando asimismo su papel de mediadores con las elites políticas argentinas, a la vez que con las de Galicia. En muchos casos fueron estos líderes intelectuales los auténticos galvanizadores que formularon los fines y la dinámica de actuación de las entidades, aspirando por esa vía al liderazgo del conjunto de la colectividad. De este modo, periodistas, profesionales y comerciantes de orientación republicana estuvieron en el origen de muchas asociaciones microterritoriales gallegas. Como también lo estuvieron, desde la segunda década de este siglo, activistas comprometidos en el socialismo argentino. No todos los líderes sindicales gallegos en Buenos Aires mostraron interés por extender su actividad al asociacionismo étnico; pero, en el caso porteño, una parte importante de aquéllos encontró un campo de actividad complementario en el tejido asociativo galaico. Los móviles para ello eran resumidos de modo ejemplar en 1928 por el socialista gallego Vicente Paz Infante. Ante todo, el hecho de que las sociedades del Sur de Galicia, mayoritarias en Buenos Aires, tendían a ser más radicales en su posicionamiento sociopolítico por estar en aquella zona del país de origen más extendida la demanda por la abolición de los foros, con lo que la receptividad a la prédica agrario-socialista era mayor; la posibilidad de extender a Galicia y a los familiares de los emigrados allá residentes los ideales por los que luchaban en Argentina; y porque así se intentaba evitar que el mutualismo étnico cayese en manos de una elite que manipulase aquél para engrandecer su influencia política y ponerse al servicio del poder. [15] Otras veces, las entidades surgían a partir del ejemplo de otra sociedad con líderes comprometidos políticamente y unidos por fuertes lazos de colaboración, que incitaban a la organización de asociaciones propias a otros núcleos de correligionarios naturales de una misma demarcación geográfica, y que incluso podían sustituir en la dirección de sociedades o núcleos informales de carácter local a antiguos notables o padroni benefactores.

La mayoría de las sociedades de instrucción contaba con un capital social modesto y un número de socios que podía oscilar entre un mínimo de 40-50 y un máximo de 1.000. Las entidades más pudientes disponían de biblioteca propia, y hasta el 12% contó con un órgano de prensa propio. No muchas disponían de sede social propia o en alquiler, y la mayoría se reunía en una taberna, en el establecimiento comercial de algún directivo, en locales de sindicatos o del Partido Socialista argentino, o en los salones de otras instituciones gallegas. Más de una estableció su sede oficiosa en el domicilio de alguno de los directivos, contando además con la labor auxiliar de las hijas y mujeres de aquéllos. De hecho, buena parte de las sociedades de instrucción nacían del dinamismo social y de la movilización de contactos y redes relacionales a partir de un núcleo reducido de familias o individuos. [16] De la densidad de esas redes sociales dependía también el nivel de implantación que estas formas asociativas microterritoriales alcanzaron entre el conjunto de sus connaturales emigrados en Buenos Aires. Sobre este aspecto sólo tenemos datos parciales, que sugieren un índice que oscila entre el 33% y el 50%, en el mejor de los casos. No todas las sociedades de instrucción conseguían el mismo nivel de representatividad y aceptación entre los emigrados de su ámbito geográfico de actuación, lo que parecía depender mucho de la personalidad y dinamismo de los iniciadores, de la orientación sociopolítica de la entidad, de los servicios mutualistas que ofreciese, de su oferta recreativa y de la presencia o no de sociedades parroquiales que entraban en competencia con una de ámbito geográfico más amplio (municipal o partido judicial). En el caso de sociedades municipales, la implantación alcanzada era variable, aunque tendencialmente inferior al de las parroquiales, pero podía oscilar entre el 70% de Residentes de Trazo, en 1926, o el escaso 5% que declaraba Hijos de Silledaen 1909. [17]

Además de ello, la participación de la masa asociada en las asambleas era baja, y buena parte de las cuotas eran satisfechas con gran irregularidad. A pesar de eso, los dirigentes seguían interesados en mantener la afiliación teórica de las sociedades para así seguir presentándose como las elites de la colectividad, fortaleciéndose en ocasiones relaciones de tipo clientelar entre aquéllos y la masa asociada. Sólo cuando surgían disputas por el liderazgo, o se convocaban elecciones en las entidades locales con vistas a elegir miembros en la Junta Ejecutiva de las federaciones (como ocurría en el seno de la Federación de Sociedades Gallegas [FSG] durante la segunda mitad de los años 20), se fomentaba realmente la participación de la masa asociada. Continuas eran en la prensa étnica las quejas sobre la falta de interés de las asociaciones locales en la estructura federativa, así como las denuncias de la "manipulación" de las mismas por dirigentes cuyo único interés era político, y los lamentos de los dirigentes sobre el escaso interés por parte de los socios en concurrir a las asambleas. [18] Con todo, la participación era más elevada que en las grandes asociaciones mutualistas de dimensión gallega o española. En 1925, el Centro Gallego de Buenos Aires contaba apenas quince mil socios, menos del 20% del total de inmigrantes gallegos residentes en la capital. Y en 1914, la media de varones españoles, mayores de edad, residentes en la Argentina, que pertenecían a una sociedad mutualista, se estimaba en un 25%.

Desde el punto de vista de su evolución y naturaleza sociopolítica, las sociedades microterritoriales presentan características muy diversas. Algunas de ellas tenían origen en montepíos obreros de base étnica, creados a través del contacto de los emigrantes con el movimiento obrero argentino, registrándose así varios casos de sociedades que nacieron con el respaldo del Partido Socialista. Pero no era ésta la tónica mayoritaria. La mayoría de las sociedades de instrucción presentaba un ideario político-social de contornos bastante más moderados, vinculado ante todo con un proyecto democrático de imprecisos contornos y centrado en un comienzo en problemáticas relacionadas con el poder local, y que en general es definible comoanticaciquil, de construcción de la sociedad civil, y de regeneración democrática. El mutualismo no se asociaba a un proyecto de clase, pero sí permitía concebir un impreciso horizonte utópico de democratización y extensión del progreso entendido en clave positivista. Y ello también podía preparar el terreno para otras formas de acción colectiva.

Cierto es que este conjunto de iniciativas tuvo un ámbito de actuación preferentemente local, en particular en el campo benéfico y escolar. Pero en las actividades sociopolíticas tendrá lugar, sobre todo a partir de 1912-15, un proceso de coordinación de los esfuerzos que habían comenzado de modo multiplicado y disperso, y asimismo la elaboración de un cierto proyecto común. En la conformación de ese proyecto a nivel macroterritorial gallego jugaron un papel fundamental tanto las propias elites intelectuales y políticas de los emigrantes como el influjo y proyección, a diferentes niveles (local o territorial), de los movimientos sociopolíticos actuantes en Galicia de carácter anticaciquil, particularmente del movimiento agrarista (Núñez Seixas 1998). De hecho, todas las sociedades de instrucción nombraban delegados en Galicia, a ser posible ex-socios que retornaron a Galicia, quienes en lo sucesivo mantenían informados a los emigrados de la marcha de la vida social en sus lugares de origen, cuidaban de la buena marcha de las inversiones en el país, sobre todo de las obras escolares y de la dotación de los establecimientos educativos, o en otros casos de las relaciones con las sociedades agrarias; labor que devenía a menudo en nueva fuente de conflictos, tanto en Galicia como en América, ya que no siempre los delegados respondían a los requerimientos exigidos por las sociedades de emigrados, que con frecuencia se veían obligadas a recurrir a personas de su no entera confianza, en el caso de no poder delegar en algún ex-socio retornado --lo que era más usual-- o en alguna asociación agraria. Igualmente, las desavenencias entre las entidades bonaerenses, sus delegaciones en Galicia y las sociedades agrarias, o los bandos y periódicos anticaciquiles, financiados desde Argentina, acostumbraban a explotar en cuanto los agraristas aceptaban entrar en componendas y pactos de carácter local con los "caciques". Así ocurrió, por ejemplo, entre los agraristas de la comarca de Lalín y la Unión del Partido de Lalín a principios de los años 20; entre la Federación Agraria municipal de Salceda de Caselas (Pontevedra) y el Centro de Protección Agrícola de Salceda en Buenos Aires tras 1917, o entre los agraristas de izquierda de Moraña (Pontevedra) y la sociedad de sus paisanos en Buenos Aires hacia 1923.

 

NOTAS

* Este artículo se encuadra dentro del proyecto de investigación XUGA 21004B97, financiado por la Xunta de Galicia. Para economizar espacio, el aparato crítico se ha reducido al mínimo indispensable.
    1
    Diversos autores han insistido en el papel que las redes sociales y comunitarias pueden tener a la hora de proporcionar estructuras de movilización, es decir, canales organizativos previos para la acción colectiva que disminuyen los costes de la iniciativa individual: ver Tarrow 1997: 54-56, y Taylor/Singleton 1993. 
    2
    El relato sobre la fundación de La Concordia, en memorándum de la sociedad Juventud Progresiva Hijos de Fornelos y Anexos de Buenos Aires (fundada en 1920, pero sucesora de La Concordia) a la corporación municipal de Salvaterra de Miño, Buenos Aires, s.f. [ca. 1935], en [A]rchivo de la [F]ederación de [S]ociedades [G]allegas de Buenos Aires. 
    3
    Datos en Núñez Seixas 1998: 90-91, y Teo, 15.2.1916, 5-6. 
    4
    Un buen caso fue el de las desavenencias dentro del núcleo iniciador de la sociedad de Corcubión acerca del ámbito de referencia territorial de la entidad en 1922. En un principio, la asociación adoptó el nombre de Muxía y Cee, municipios de donde procedían sus iniciadores; al concurrir socios de otros municipios limítrofes (Dumbría, Vimianzo, Fisterra, Zas), se produjeron las primeras divisiones entre los partidarios de ampliar el radio de acción al partido judicial de Corcubión, los que optaban por elegir la demarcación Muxía y Cee, o bien fundar sociedades por municipio que después se federarían; el industrial J. Oreiro, junto con otros notables, prefirió encabezar una escisión, agrupando a los naturales de Muxía en 1923. Más tarde, otro núcleo se separó para fundar una entidad de ámbito municipal fisterrán (Finisterre en América). 
    5
    Se pueden citar varios ejemplos. La creación de la sociedad Hijos de Silleda en 1908 fue prácticamente paralela a la constitución de la sociedad de agricultores del municipio de Silleda y al envío y publicación de su reglamento en el periódico Nova Galicia de Buenos Aires, donde se estipulaba que, si los emigrantes silledanos se asociaban y le prestaban apoyo moral y material, aquélla ampliaría sus funciones al campo de la enseñanza y del crédito cooperativo. Un núcleo de naturales de Silleda en Buenos Aires ya había fundado la entidad, con fines de instrucción. Al poco tiempo, esta última estableció un acuerdo de reciprocidad con la sociedad de agricultores de Silleda, según el cual los socios de ésta que emigrasen a la Argentina ingresarían automáticamente en Hijos de Silleda, y los miembros de esta última que retornasen a Galicia se asociarían a la sociedad agraria. Por su lado, laSociedad Agraria y Oficios Varios de Moraña en Buenos Aires se constituyó en 1918, al calor del surgimiento de un fuerte bando anticaciquil en Moraña (Pontevedra), secundado por los agraristas y la sociedad de Oficios Varios, que demandaron ayuda a sus convecinos emigrados. Y el Centro de Protección Agrícola (CPA) de Salceda de Caselas (Pontevedra) se fundó en 1913 como correlato de las campañas de los agraristas de Salceda, y como reacción a las dificultades políticas que sufría el promotor del periódico anticaciquil local El Despertar, el farmacéutico J. Fernández Sestelo. 
    6
    Acta de la asamblea general del 28.11.1915, en Libro de Actas de Asambleas Generales (1906-1933)de la sociedad Hijos del Ayuntamiento de Coirós ([A]rchivo de [H]ijos del [A]yuntamiento de [C]oirós, Buenos Aires); Otero 1993. 
    7
    "Las sociedades gallegas (I). Lamentable profusión", El Eco de Galicia, 30.10.1906, 5-6, o "En la colectividad gallega. El mal de la vanidad", Correo de Galicia, 16.11.1924, p. 2. 
    8
    Elaboración propia en base al Libro de Registro de Socios (1914-24) del CPA de Salceda de Caselas (Archivo de la Casa Tui-Salceda, Buenos Aires). 
    9
    Sociedad Protección Hijos del Ayuntamiento de Mos, Memoria del segundo ejercicio, 1º Mayo de 1919 a 30 Abril de 1920, Buenos Aires, 1920, 10-11, e Id., Memoria del XV Ejercicio, 1º de Mayo de 1932 a 30 de Abril de 1933, Buenos Aires, 1933, 10-11. 
    10
    Sociedad Unión Progresista del Distrito de Salvatierra de Miño, Memoria y Balance General correspondiente al 2º Ejercicio 1922-1923, Buenos Aires, 1923, e Id., Memoria y Balance General correspondiente al ejercicio 1929-1931, Buenos Aires, 1931. 
    11
    Elaboración propia a partir de los registros de socios de Hijos del Partido de Lalín (1908-1912 y 1918) y Unión del Partido de Lalín (1921-1925), [A]rchivo del [C]entro [L]alín de Buenos Aires. 
    12
    J. Cotavá, "Hijos del Partido de Lalín", Nova Galicia, 8.8.1909, 2-3. Una desavenencia semejante dentro de la sociedad Hijos del Ayuntamiento de Coirós (fundada en 1906) terminó con un acuerdo salomónico, después de que 20 socios insistiesen en incluir entre los fines de la entidad la instrucción: los fondos de la sociedad se destinarían a la construcción de una escuela en Coirós, pero una parte se reservaría para sufragar repatriaciones y veladas festivas (Acta de la asamblea del 11.7.1910), en Libro de Actas de Asambleas Generales (1906-1933) de la sociedad Hijos del Ayuntamiento de Coirós(AHAC). 
    13
    En este sentido, la sociedad Cultural de El Pino se veía obligada en 1926 a apelar especialmente a los comerciantes para que se afiliasen a la entidad, pues "los vecinos humildes, los hombres de El Pino que en la emigración vivimos de un jornal -siempre reducido- entregamos con cariño nuestra cuota mensual, porque sabemos que va destinada a realizar una obra meritoria para los niños de la tierra que nos vio nacer". Ver El Despertar Gallego, 14.10.1926, p. 5. 
    14
    Así lo hemos podido comprobar, tras cruzar diversas fuentes, al estudiar la composición de la junta directiva de la Unión Provincial Orensana en los años 30, de la Asociación Chantada y su Partido en 1928, de Residentes de Mos entre 1929 y 1940, del Centro Ayuntamiento de Guitiriz, Villa de Parga y su Comarca en 1934, o de Residentes del Partido Judicial de Órdenes en el mismo período. 
    15
    V. Paz Infante, "La obra de nuestra Federación. ¿Perdemos el tiempo los hombres ideológicos?", El Despertar Gallego, 1.11.1928, p.3. 
    16
    Por ejemplo, de los 408 asociados que ingresaron en Hijos del Partido de Lalín entre septiembre de 1908 y mayo de 1912, nada menos que 114 (27,9%) fueron presentados por el socio fundador Guillermo González, natural del municipio de Lalín. El resto de los socios fundadores hizo una media de seis asociados por cabeza, por lo general procedentes de sus mismas parroquias de origen (elaboración propia a partir del libro de registro de socios de Hijos del Partido de Lalín, 1908-1912, ACL). 
    17
    Ver Céltiga, 25.7.1926; acta de la asamblea general, 15.8.1909, Libro de Actas de Asambleas Generales de Hijos de Silleda (1908-1939), ACL. 
    18
    La media de asistencia de socios a las asambleas anuales de Hijos de Silleda entre 1908 y 1936 fue inferior al 10% del total; y en la sociedad de Coirós, el porcentaje, aun siendo algo mayor, osciló entre el 5% de 1911, el 17,2% de 1928 y el 16,2% de 1933 (Libro de Actas de Hijos de Silleda, ACL; libros de registro de socios y Libro de actas de asambleas generales de Hijos de Coirós, AHAC). 

 

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